Todas las fotos: Jesús Granada, excepto indicadas.

Sin Lily Reich, a Mies solo le quedaba la potencia. Lejos de las sutilezas espaciales de su última etapa europea, el Mies americano basa todas sus intervenciones en grandes decisiones llevadas hasta las últimas consecuencias gracias al tratamiento virtuoso de la epidermis del edificio. El resto importa, pero menos: detalles cuidados sí. Sutileza, menos.
La carrera americana de Mies empieza en 1937 en Jackson Hole, Wyoming, donde proyecta, pero no construye, la Casa Resor. En la línea de casas flipantes que provocan reuma a sus propietarios empezada tres años antes por el Wright de la Casa de la Cascada, Mies cabalgará un riachuelo para construir un mirador sobre el pico triple Teton. El resultado será su mejor proyecto: arquitectura reducida a un marco que sólo construye sus límites horizontales, reduciendo los verticales a dos pilares mínimos que humanizan el paisaje. El estar de la casa, única estancia que parece importar al arquitecto, se conforma como un puente que repite la misma configuración a nuestra espalda. El espacio que importa es el exterior, que no tan sólo preside la casa, sino que la atraviesa. No hay espacio interior. Tan sólo existe intemperie controlada1.

La OAC2 de Tapia Figueiras sigue la misma estrategia que la Casa Resor. Una OAC es una poderosa herramienta de gestión del territorio, más en una provincia y una comarca donde un elevadísimo porcentaje de sus ingresos proviene de la tierra —la aspiración, recordemos, de cualquiera que crea mínimamente en la soberanía alimentaria—. La OAC gestiona permisos y subvenciones, prestando servicio a agricultores y ganaderos. El programa se complementa —por aquello de la economía de medios— con un BUO3. El equipamiento se ubica en Meira, cabeza de la comarca de su mismo nombre que, con unos 1800 habitantes, corre el riesgo de convertirse en un pueblo colgado de la carretera N-640. El ayuntamiento intenta evitarlo a base de disponer cualquier equipamiento importante donde sea menos en la carretera. El parque Profesor Rio Baixa, cruzado por el Miño, poblado árboles tan exuberantes que apenas necesita diseño, aglutina a su alrededor una escuela, un hogar para gente mayor y un edificio de viviendas de promoción pública. Sus bajos acogen la OAC.

El local original, un espacio más o menos diáfano volcado al parque, está partido por los dos núcleos de acceso a las viviendas. Su fachada posterior era casi ciega, con un ventanuco superior que suministraba una luz insuficiente.
El proyecto hace mucho con el número mínimo de decisiones para convertir un espacio monoorientado en unas oficinas isótropas. Las distribuciones se reducen a una espina central. La entrada es un porche que lleva la calle hasta ella. El ventanuco posterior se abre tanto como les han permitido. Al ser todavía insuficiente, la ventana crece hacia adentro, convirtiéndose en una caja de luz atravesada por cuñas de vidrio que más tarde se transformarán en tabiques, transformada en una verdadera lámpara que aprovecha hasta el último lux5, otorgando una solución de continuidad espacial al conjunto. Esta caja de luz, común a la OAC y al BUO, es el recurso más singular y potente del conjunto.


La arquitectura resultante es fuertemente abstracta. Lo que importa es hacer sentir el exterior, así que todos los tabiques paralelos a fachada son de vidrio. Los otros, cartón yeso blanco, por la luminosidad. Las personas —y los muebles— animan el local.

La oficina presenta una curiosa inversión de jerarquías en fachada. Diseñada de dentro hacia afuera, lo más luminoso y aparente son los espacios de oficina en contacto con el parque. Las entradas, por el contrario, son sombrías y pesadas, muy pesadas: una caligrafía de perfiles HBE-140 suspendidos a poco más de 2,5m. de altura, inclinados, acompañados por una pared curva, metálica, grecada, oscura, que conduce directamente a la puerta: un espacio que hace sentir el acto de entrar donde desconectar del mismo exterior al que te volcarás segundos más tarde. La entrada se enfrenta sin transición a la ventana posterior. Lo que, unido a la dirección transversal del pasillo, refuerza la isotropía del conjunto.


Los cielorrasos y el pavimento se desfasan entre ellos para encadenar los espacios deshaciendo —o alargando— las transiciones, evitando el efecto umbral, fundiendo los diversos espacios. Algo del espíritu que Mies perdió al prescindir de —o al abandonar a— Lily Reich sobrevive aquí.

Tras las vistas enmarcadas de la sala principal de la OAC tenemos una espalda. No podía ser de otro modo. Los espacios, sin embargo, están tan bien encadenados, las luces naturales tan bien equilibradas, que el efecto es el mismo que en la Casa Resor. El edificio rentabiliza un espacio complejo, más un resto que un local concebido como tal. El resultado final es tan natural y elegante que parece haber sido concebido así de origen. La oficina mira el territorio que controla.
No hace falta nada más.

1_ El proyecto es tan bueno que podría ser de RCR. Ellos lo llevarán más lejos al construir lo mismo, pero abierto a los elementos, Un tan sólo el vidrio es necesario4.
2_ OAC: Oficina agraria comarcal.
3_ BUO: Base de unidad operativa para Brigadistas y Técnicos forestales.
4_ Y esta es la diferencia entre el Modernismo catalán y el Novecentismo6.
5_ Como una especie de versión contenida del lucernario de la biblioteca de la Facultad de Arquitectura de Oporto, de Siza, o una versión corrida de la esquina de la Gipsoteca Canoviana de Scarpa.
6_ Que, recordemos, derivó en el Movimiento Moderno.