Frank Gehry, arroz con cosas

Frank Gehry inauguró su Guggenheim de Bilbao en 1997. Tenía 68 años. A la edad en que muchos están pensando en jubilarse, él empieza la etapa más exitosa de su carrera, muy dilatada por su extraordinaria longevidad. Ahora que ha muerto es tiempo para reflexionar sobre ella.

El grueso del cuerpo de edificios federales estadounidenses representativos se construye en un estilo neoclásico heredero de la formación beauxartiana que, todavía hoy en día, impera en las escuelas de arquitectura del país. El estilo institucional del país produce edificios pensados para estar aislados, poco urbanos, difíciles de ampliar, que terminan organizándose en conjuntos anárquicos, sobreescalados y muy dependientes del coche, que respiran solemnidad y, sobre todo, estabilidad2. El Gehry institucional -Guggenheim de Bilbao incluido- es una actualización cosmética de este modo de entender la arquitectura, una actualización fascinada y acrítica que fusiona los códigos neoclásicos con el arte contemporáneo obviando cualquier idea de modernidad3.

Capitolio de Illinois (1888), cortado por el mismo patrón que los de muchos otros estados. Arquitecto: Alfred H. Piquenard. Fotógrafo desconocido.

La arquitectura suburbial estadounidense es un reflejo fiel de su sociedad al definir un solo tipo de casa para un solo tipo de vida, una casa que va adaptándose a los diversos estratos económicos, una arquitectura aspiracional y representativa, muy popular y difundida, con algunos componentes que la vuelven más interesante que su hermana institucional: es orgánixa y flexible, basada en un tipo estructural -el balloon frame– realizado en madera, barato y probado, que organiza las diversas estancias en módulos autoportantes fáciles de montar y ampliar. La chimenea es el elemento vertical más importante, uniendo la simbología del punto de unión familiar con un carácter estructural que permite estabilizar el conjunto. Es una arquitectura expresada a través del uso, de la relación, de la seriación, que muta estilísticamente como un camaleón, adquiriendo la propiedad casi invariable de convertir cualquier estilo que se le aplique en conservador. Desde sus inicios en el siglo XIX se intenta dotarlas del aspecto más estadounidense posible. Frank Lloyd Wright, el arquitecto más importante de todo el país excepto su costa este, conseguirá dotar esta frase de significado. Su paso por California en la década de 1920 dotará a este estulo de un cierto color local al ser adoptado y mutado por sus discípulos más talentosos, desde su hijo Lloyd a Albert Frey, Richard Neutra, John Lautner y, especialmente, Rudolph Schindler, precedente directo de Gehry al transmitirle su pragmatismo y un dinamismo basado en la fragilidad entre unas estructuras al límite de la precariedad, una domesticidad extraordinariamente cálida y una relación estructural con el arte4.  

Casas suburbiales estándar en Estados Unidos. Fotógrafo desconocido.
Casa Kallis (1946). Rudolph Schindler, arquitecto. Gehry aprendió mucho de aquí.

La arquitectura de Frank Gehry sólo puede entenderse a partir de estos dos bagajes complementarios, que le dan una libertad compositiva y una gran flexibilidad para afrontar proyectos envarados y conservadores, arquitectura aspiracional para nuevos ricos sin ideas que quieran asociarse a su valor de marca.

El Guggenheim de Bilbao culmina un larguísimo periodo inicial -casi una carrera entera- que habrá producido resultados consistentes e incluso memorables: desde unos inicios muy queridos por los arquitectos por lo que tienen de trazables a la arquitectura corporativa pasando por su propia casa como punto de inflexión, un proyecto extraordinario que sorprende todavía por su desparpajo, que conserva todavía una frescura que la vuelve ampliamente superior a cualquiera de sus múltiples intentos de imitación, no pocos de ellos de la mano del propio Gehry.

El grueso de su carrera posGuggenheim estará dedicada a la emulación de este proyecto, sea en edificios tan malos como el Biomuseo de Panamá (2014), poco más que un cosplay de sí mismo, la Torre danzante en Praga (1994), toda fachada sin apenas espacio útil interior ni propuesta urbana alguna que, aun así, conserva intacto su extraño carisma o, directamente, guggenheimxplotations tan descaradas com el Hotel Riscal en Elciego (2005) o el Walt Disney Concert Hall (1989-2003), un auditorio absolutamente convencional del tipo caja de zapatos revestido de formas blandas y espejadas sorprendentemente bien resuelto5.

Walt Disney Concert Hall, o el valor de la marca. Foto: Hufton & Crow.

Luego, enormes rascacielos como la Torre Beekman de Nueva York (2011), uno de sus mejores proyectos, donde una estructura convencional de 300 metros de altura se reviste de una fachada alucinante resumen de muchas arquitecturas, vibrante, enérgica, más consistente todavía por lo que tiene de contenida incapaz, la constatación que, haga lo que haga, siempre será perseguido por Bilbao. En la misma ciudad, el Edificio IAC (2007), otro prodigio de contención que lleva el muro cortina a nuevas cotas de expresividad que, sumado a proyectos tan buenos como el Campus Facebook (2019), evidencian lo reaccionario de sus planteos, con su talento puesto al servicio de un turbocapitalismo depredador sin alma.

La torre Bekman: gran fachada para una arquitectura conservadora. Foto: Piotr Redlinski.
El Campus Facebook, o cómo una arquitectura de calidad excepcional no puede tapar las miserias de una empresa. Foto: Nick Otto.

Y ninguna peineta podrá tapar esto.

Gehry ha muerto poco antes de ver completado el despropósito más grande de toda su carrera, el Guggenheim de Abu Dhabi, que ya ha entrado en la fase final de su construcción después de haber cubierto aguas, un proyecto hiperbólico, un edificio innecesario y vacuo destinado a la pena y al olvido, un Bilbao a lo bestia al que se han extraído cuidadosamente todas las calidades positivas de Bilbao, un rato para las agencias de comunicación y márquetin que han de intentar popularizarlo. Mal colofón para un arquitecto que, a pesar de sí mismo, tuvo mucho y bueno que decir. Tanta paz se lleve como nos deje.

El Guggenheim de Abu Dhabi: arquitectura absurda para una anticiudad.