Blanquear la dictadura

(Apuntes sobre el proyecto de resignificación del Valle de los Caídos.)

Foto aparecida en la presentación del proyecto en Informes de la construcción.

La arquitectura es la construcción física de una sociedad, abarcando desde sus necesidades más prosaicas hasta su representación. La arquitectura fija cómo nos vemos, y lo hace con cierta precisión. El mes de noviembre de 2025 ha visto cómo se fallaba el concurso que debía de cristalizar la deuda histórica de hacer algo con el Valle de los Caídos, con un resultado que ha decepcionado primero para caer en una indiferencia que tiene mucho de cansancio y de derrota después. Únicamente Vox, partido político que, cargando frontalmente sobre los conceptos de intervención, reflexión o pensamiento, ha capitalizado la protesta contra un (el) proyecto más favorable a sus intereses manteniendo momentáneamente viva una polémica que, sin su participación, apenas habría llegado al público. Este texto es una reflexión sobre cómo un tema tan sensible ha devenido en la nada.

1_ Una pequeña reflexión sobre la arquitectura del Valle de los Caídos.

El Valle de los Caídos es el monumento más importante de la dictadura de Francisco Franco, el lugar donde estuvo enterrado hasta 2019 acompañado en un lugar preeminente por José Antonio Primo de Ribera, exhumado en 2023, y por una gran cantidad de muertos de su propio bando -los caídos del título- que les hacían de claque, más un número indeterminado de muertos del bando republicano, necesarios para establecer la jerarquía que perpetuase la memoria de los Caídos en la Cruzada de Liberación, para honra de quienes dieron sus vidas por Dios y por la Patria, según reza el decreto-ley de fundación del monumento, publicado el 23 de agosto de 1957.

Resulta complicado estimar su coste. Los cálculos de dirección de obra elaborados por Diego Méndez hablan de mil millones de pesetas. Las estimaciones del periodista Diego Sueiro elevan el coste a 5.500 millones. Paul Preston, en Franco, Caudillo de España (Mondadori, 1993), lo vuelve a elevar a 20.000, lo que lo equipara al Escorial, pagado, en este caso, por un país tan arruinado que tardó casi 30 años en recuperar el nivel de renta de 1936, justo antes del golpe de estado, dinero sacado de obras públicas necesarias. El Valle de los Caídos es inseparable de los centenares de miles de muertos de hambre1, de los barrios de barracas que poblaban las periferias de las ciudades, de las condiciones deplorables en que se encontraban la sanidad y la educación públicas.

Los arquitectos del monumento fueron Pedro Muguruza y su alumno Diego Méndez, que se sumaron a un elenco destacable de artistas como Juan de Ávalos, estupendo escultor creador de la Piedad de la fachada principal o el egarense Santiago Padrós, autor de la cúpula central de la basílica2. Lo cierto es que el Valle de los Caídos es obra de magníficos profesionales3 profundamente comprometidos con el régimen. Muguruza fue Procurador en Cortes en un momento en que muchos de sus compañeros fueron depurados y desposeídos de su título por razones ideológicas y/o de género y algunos de ellos, condenados a muerte. Los directores de obra tenían que conocer forzosamente las condiciones de vida inhumanas de los obreros, gran parte de ellos prisioneros de guerra esclavizados por el régimen que trabajaban en condiciones de seguridad insuficientes, lo que se mantuvo incluso con el Plan Marshall implantado. Los autores del proyecto, pues, son cómplices de la peor versión del régimen sin posibilidad alguna de alegar ignorancia.

La Piedad de Juan de Ávalos en la fachada principal. Wikipedia.

Con todo esto, el monumento tiene sus cualidades arquitectónicas. Tampoco ha sido el único en ser construido en estas condiciones deplorables. Sí uno de los más recientes en nuestro país, hasta el extremo que la memoria de su construcción ha sido transmitida por generaciones que todavía no han desaparecido. El recurso arquitectónico principal del monumento es la exageración. Se trata de lo que ha sido hasta hace poco la mayor basílica de la cristiandad, excavada con dinamita en la roca granítica de Cuelgamuros4 en forma de un enorme túnel que el Vaticano obligó a partir porque su tamaño se comía al mismísimo San Pedro. A un extremo del túnel está la entrada. Al otro, un monasterio benedictino que, todavía hoy en día, ruega por los valores de la dictadura. Encima, una gigantesca cruz de hormigón del tamaño de un rascacielos: un monumento al exceso que hace las delicias de cualquier psicólogo al construir el complejo de inferioridad de Franco de la manera más dolosa y perjudicial posible.

Planta del proyecto. Informes de la construcción.

2_ Resignificar.

El Valle de los Caídos no es una excepción. Muchos regímenes autoritarios han desangrado sus países con proyectos faraónicos que, por su tamaño y su ambición, los suelen sobrevivir. En los períodos de democracia hay que hacer algo con ellos para evitar que sigan glorificando las circunstancias de su creación.

El año 1975, la editorial Farrar, Straux & Giroux publicaba La palabra pintada, donde Tom Wolfe se cargaba buena parte del arte de su época por haberse convertido en pura charlatanería, ya que no pocas instalaciones minimalistas, performances, cuadros o esculturas se basaban en un gesto mínimo -o, incluso, en la total ausencia de éste- apoyado en extensas explicaciones escritas: arte como literatura como el camino más corto a quedarse sin arte y sin literatura contrapuesto a cualquier manifestación artística autorreferencial, no necesariamente clásica ni reaccionaria. No en vano estoy escribiendo sobre el autor que inspiró Learning from Las Vegas a Scott Brown, Venturi e Izenour5.

Resignificar un monumento con carteles o señalética -con literatura- es tan fácil como ineficaz. Un monumento a un dictador con una placa explicativa en la puerta sigue siendo un monumento a un dictador. La arquitectura tiene un poder similar al de la música y es capaz, como ella, de conmover desde la más absoluta visceralidad. La arquitectura es capaz de hacernos sentir. Y aquí radica su dificultad. La arquitectura de los regímenes totalitarios es, como el mismo Valle, la arquitectura del exceso, de la grandilocuencia, de la intimidación. Si es grande, oscura y pesada nos asusta sin necesidad de explicaciones. Si, además, tiene algún elemento grácil -como, pongamos, una cruz del tamaño de un rascacielos- es, incluso, capaz de hacernos sentir una cierta, peligrosa, indulgencia hacia su promotor. Esto es lo que hace que resignificar la arquitectura sea tan difícil, porque sólo puede hacerse desde el punto justo. Quedarse corto es dejarla igual. Pasarse es caer en la literatura y la afectación, y vuelta al primer punto.

Pero se puede hacer. Se hizo en Matthausen. Se hizo en Verdún. Se hizo -más de una vez- en Berlín, y en París, y en Viena. Suma y sigue.

La rehabilitación del Reichstag, en Berlín (Foster + Partners). Uno de los mejores proyectos de resignificación jamás construidos.

3_ El concurso del Valle de los Caídos.

Sabemos poco de él: que hubo una primera fase con muchas propuestas, que hubo una segunda fase con diez finalistas bien pagados. Conocemos la propuesta ganadora. Conocemos a sus autores: Óscar Pérez y Carlos Pereda, asociados con Héctor Fernández Elorza, que firma como parte de la empresa Lignum, SL.

Acceso al proyecto ganador del Valle de los Caídos en Metalocus:  https://www.metalocus.es/es/noticias/la-base-y-la-cruz-gana-el-concurso-para-resignificar-el-valle-de-los-caidos

La propuesta sustituya la escalinata monumental de acceso por un porche bajo que, sin alterar la fachada, defina una línea horizontal tras la que se inscribe un poderoso círculo que alberga un memorial a cielo abierto. La eliminación de la escalinata define, también, un nuevo acceso a través de una excavación que atrasa la subida a la basílica, trasladándola a la antesala que la empequeñece, tan parecida al maravilloso Metro de Moscú, porque los extremos se tocan, convirtiéndola en un espacio todavía más vertical y más solemne. La calidad estética de los espacios propuestos es incuestionable: están bien tensionados, son bellos, obra de una unión de profesionales competentes. He tenido el privilegio de visitar diversas obras de Óscar Pérez y Carlos Pereda: impecables. Sin reservas. Su multipremiada Guardería La Milagrosa, en Pamplona, podría oficiar como una especie de precuela de este proyecto al definirse como un proyecto-zócalo -de la trasera de un edificio de viviendas protegidas, en este caso- que define una especie de microcosmos de patios interiores y luz cenital donde los niños puedan educarse rodeados de belleza, dignidad, privacidad y seguridad. El proyecto, magníficamente construido, se ubica en la plaza Alfredo Floristán. Parece haber envejecido perfectamente.

Pero.

La propuesta de resignificación del Valle de los Caídos no resignifica nada. Más bien continúa lo existente, actualizándolo y dignificándolo. Primero, el lema: La Base6 y la Cruz, que podría ser el nombre de un partido falangista creado por un grupo de gymbros aficionados a las criptomonedas. Luego, el proyecto, tan continuista y respetuoso que eliminando la señalética -es decir, la literatura- a la que se fía el éxito de la operación lo deja convertido en el Valle de los Caídos 2.0, mejor incluso que el original. No es extraño: a las referencias más o menos obvias a Tadao Ando o David Chipperfield7 se suman otras a Heliodoro Dols e Ignacio Vicens, magníficos arquitectos de referencia del Opus Dei, y guiños a arquitecturas inequívocamente fascistas como las de Giuseppe Terragni, creador de la rama fascista del Movimiento Moderno, y a las del propio Albert Speer8, que definen un proyecto tan respetuoso con el original que el propio Pedro Muguruza estaría orgulloso de él.

La arquitectura de la propuesta niega frontalmente el propósito que la ha originado. La elección de este proyecto pone en jaque la propia Ley de Calidad de la Arquitectura al proponer unos espacios que poseen esta calidad de manera inequívoca al tiempo que la banalizan al convertirla en un agente al servicio del inmovilismo. Es decir: el proyecto tiene calidad. Vaya si la tiene.

Y la calidad del proyecto es irrelevante.

Esto permite escribir sobre el jurado, que parece haber sido elegido expresamente para escoger un proyecto de estas características. Un respeto por los participantes: proponer es libre si se cumplen las bases del concurso. El verdadero compromiso está en la elección, que transmite un mensaje, a saber, no estorbar. No estorbar la integridad del proyecto original. No estorbar al Valle de los Caídos.

No es difícil imaginar que el nuevo memorial pudiese convertirse en un dignísimo lugar donde reubicar las tumbas de Franco y José Antonio, que podrían ser devueltas al monumento convenientemente rediseñadas para armonizar con un conjunto que las haría brillar con más fuerza.

Esta es la propuesta escogida desde la representación de los arquitectos españoles10. No nos ganaremos el favor de la ciudadanía, pero -y es de lo que va el proyecto- tampoco estorbaremos al poder.

El escenario del proyecto. Foto: Sergio Pérez / Reuters.
El Palacio de la Prensa de Muguruza de la Gran Vía de Madrid. Fotógrafo desconocido.

1 comentario

  1. Jaume Prat (com no ser a on va dirigit el comentari, segueixo en castella), me parece un articulo realmente profundo i valiente. La arquitectura va mas alla de su belleza. La arquitectura ha de hablar de su tiempo y, en este caso, provocar la inquietud necesaria para recordar momentos convulsos….. ¡cuanto da que pensar, tu articulo, asi como el resultado final! ¡Te felicito!

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