Espacios sagrados 2_7: la permanencia.

Planteé mi proyecto final de carrera en los términos más indolentes y acomodaticios posibles: un edificio aislado en un campo arruinado (por aquello de que pusiese lo que pusiese no podía dejarlo peor de lo que estaba) con las mínimas preexistencias posibles a dos quilómetros del pueblo más cercano. El programa era lo más parecido a no hacer nada que se me ocurrió: un centro de investigación que permitiese preservar el paisaje agropecuario a base de conseguir que las explotaciones fuesen rentables y sostenibles. Cuando me lo empecé a tomar en serio me di cuenta de que había cometido un terrible error de cálculo, situándome en un paraje bastante más complejo que un solar urbano, pero como ya me había enamorado seguí investigando, analizando la distribución de centros de investigación en el territorio catalán, su relación con alguna facultad de agrónomos, con los agricultores, investigando su accesibilidad, etcétera. Paralelamente empecé a entender el significado de aquel paisaje que quería proteger. Un paisaje agropecuario es mucho más que unos campos de cultivo. Es un sistema complejo de producción, procesamiento y distribución del que vive una gente con voluntad de representarse a sí misma. No es posible hablar de paisaje sin una mirada humana que valore un territorio como tal. Mi sorpresa fue darme cuenta que los lugareños tienen perfectamente claro que habitan un paisaje.

El territorio que controla Granollers de la plana (con mi PFC dibujado a la izquierda). Dibujo: Jaume Prat, 2001.

La manera ancestral de hacer aparecer el paisaje es sacralizarlo. El foco de la sacralización se ubica en medio de la nada a dos quilómetros de Manlleu y cuatro de Vic en una trama agrícola producto de la colisión de una primera trama romana de parcelas cuadradas a 45º respecto del norte y de una segunda trama medieval generada a partir de los vectores que comunicaban por la vía directa las diversas partes del territorio. El lugar sagrado es la ermita de Sant Esteve de Granollers de la Plana, en la cima de una loma redondeada en una posición canónica para las ermitas cristianas consistente en cabalgar uno de los márgenes que limitan esta cima. Esto se hacía con el doble criterio de maximizar la visibilidad de la ermita y de generar un espacio para la sagrera. Una sagrera, palabra catalana sin traducción conocida al castellano, no es solo un topónimo. Es el nombre con que se conocían en Cataluña los silos de grano comunales ubicados en el único lugar indiscutible para los villanos: el terreno sagrado que rodea la iglesia. El carácter agrícola del lugar aparece incluso en el nombre de la ermita: Granollers, otro nombre recurrente en el territorio catalán, de a raíz latina (Granularios: graneros), que remite al grano depositado en las sagreras.

Darnius, municipio ampurdanès que debe la posición de su iglesia a la sagrera de treinta pasos que la rodeaba.

El lugar más visible del territorio era el lugar que lo sacralizaba y el lugar que guardaba el bien común. También señalaba todos los momentos de paso de la vida de sus habitantes: nacimientos, tránsito a la madurez, matrimonios, muertes. Era el punto que generaba el paisaje. Mientras investigaba para el proyecto tuve oportunidad de hablar con diversos expertos locales que me comentaron que Granollers de la Plana ya era un lugar sagrado para los celtíberos, una civilización que sacralizaba los puntos de control. Estos expertos discrepaban sobre la manera en que el Imperio Romano significó arquitectónicamente el lugar. En lo que sí estaban de acuerdo era en que jamás había dejado de ser sagrado, por lo que el cristianismo se limitó a edificar una ermita para controlar la sagrera y mantener el estatus del lugar.

Esta manera de operar es recurrente en muchas civilizaciones. Gran parte de los lugares sagrados han sido sagrados literalmente desde siempre. Y los que no han sido ancestralmente sagrados se sacralizan convirtiéndolos en paisaje. Se suele comentar que los templos sintoístas japoneses dejan siempre un vacío al lado del templo donde éste se reconstruirá para evidenciar que lo sagrado es el lugar, no la construcción, siempre transitiva. Occidente no trabaja así, sino con construcciones con voluntad de permanencia. El vacío, sin embargo, sigue estando. Es aquello que solemos llamar plaza de la iglesia, que sirve tanto de espacio de respeto como de marco que convierte lo sagrado en paisaje. Pasaba igual en Grecia y Roma.

Plaza de la iglesia de Ullastret. Josep Lluís Mateo, arquitecto. El lleno y el vacío.

Granollers de la Plana se puede entender como una maqueta del Partenón. O, siguiendo la broma, el Partenón se podría entender como una maqueta de Granollers de la Plana, porque la construcción es obviamente más moderna pero la sacralización del lugar fácilmente podría ser contemporánea o incluso más antigua. Este carácter sagrado funciona por capas superpuestas.

Granollers de la Plana como lugar en alto que controla un territorio. Dibujo: Jaume Prat, 2001.

Bajo la catedral de Tarragona encontramos el templo principal de la Tarraco romana dedicado a Júpiter.

Bajo la Mezquita de Córdoba encontramos un templo cristiano. Para construirla se reusaron piedras provenientes de templos griegos, algunas de las cuales ya podían haber sido reusadas en el templo cristiano previo. Y no, no es una medida de dominación: es una medida de respeto. Lo más sagrado de una construcción, su base, su cimiento, aquello que soporta la fe, es el legado de sus antepasados. Son las construcciones sagradas ancestrales. La catedral de Córdoba posterior… bien, me ahorro los comentarios.

Esta lógica de superposición hace pensar que lo sagrado es una invariante apriorística más antigua que el propio Homo Sapiens. Cada época la manifiesta como puede. Lo interesante es buscar esta invariante en aquello en lo que menos atención prestamos, en aquello que hacemos colectivamente de modo inconsciente, porque es lo que tenemos grabado indeleblemente en nuestra consciencia. Es la manera de no equivocarse.

(1) Granollers, sagreras, silos. Imaginad la cantidad de topónimos y patronímicos que ha dado el paisaje agropecuario. Y más que debe haber.

Posted in Uncategorized | Tagged , | Leave a comment

Espais sagrats 1_7: una introducció

La finalitat primera de l’arquitectura és construir la República. República. Re-pública. Res-publica, expressió llatina que vol dir el lloc comú. L’espai de relació és a la base de tot. Hi ha un tipus d’espai comú escàs en número però present a totes les cultures de la Terra: el lloc sagrat. El lloc sagrat és aquell que aplega un col·lectiu per a commocionar-lo, fer-lo reflexionar, posar-lo en actitud reverent, pensarosa, “complexa” segons l’única paraula de tota la definició del diccionari que podria estar d’acord.

El terme religió torna a venir del llatí. Religió: re-ligare. Relligar. La religió és aquell fet complex que aplega i identifica un col·lectiu. La religió, doncs, és prèvia a qualsevol idea de Déu. És la religió que crea Déu, i no a l’inrevés. Com és el lloc sagrat el que crea la religió dins la lògica heideggeriana del construir-habitar-pensar.

El lloc sagrat és una singularitat. L’arquitectura apareix com una petita intervenció que fixa el focus d’atenció sobre el lloc i el preserva. La singularitat que crea el lloc sagrat ens comunica amb l’estructura profunda de la Terra, amb la seva estructura geològica que, amb el pas dels anys, acomoda fluxos naturals: aigua, vent, un microclima determinat, un gradient de temperatura especial, petites diferències que fan el lloc diferent i que després són explicades comunament com una energia, una vibració, un puls o un miracle.

Grosso modo m’atreviria a qualificar els llocs sagrats en dues tipologies:
-L’atzucac. La direcció, el punt de partida, aquell lloc que queda al final d’un camí on s’hi ha d’anar expressament.
-El creuament. Aquell lloc al marge del camí estratègicament emplaçat com un punt de trobada o de control.

Aquest és el primer d’una sèrie de set articles sobre el lloc sagrat. Partiré dels espais consagrats a una religió per acabar amb el sagrat laic, un concepte especialment pertinent en aquests temps en que l’espiritualitat de la nostra societat està en un període de canvi profund. El cristianisme ha estat la religió hegemònica de la península ibèrica des de l’arribada dels pobles germànics(1).

Ara està en franca davallada per tot un seguit de raons prou conegudes, essent substituït per una multiplicitat de cultes que tenen diversos trets interessants en comú:
-No s’enuncien com a tals, fins a l’extrem que molts dels seus practicants podrien arribar a ofendre’s si s’eleva el seu sistema de creences a la categoria de culte. És a dir, són cultes inconscients.
-Són cultes pragmàtics. La seva relació amb l’espiritualitat és immediata, fràgil i poc compromesa, gairebé individual, preparada per a ser fragmentada en múltiples escissions.
-Presenten una base intel·lectual molt fràgil.
-Ultraliberalisme. Es mercantilitzen amb molta facilitat, resultant usual que la seva ortodòxia estigui barrejada amb algun tipus de consum.

Òbviament el cristianisme no és aliè a alguns d’aquests trets. N’incorpora, però, un de propi que, tot sovint, el segueix fent desitjable a molts dels cultes que el supleixen, principalment la seva complexitat, una complexitat que el porta a ser moltes coses alhora: una institució apegada al poder, uns encobridors de delictes greus, els dipositaris d’un corpus intel·lectual mil·lenari base del pensament occidental. El cristianisme gaudeix d’una relativa bona salut a l’estranger que ha permès a molts intel·lectuals i persones de ciència incorporar-lo sense fissures, estridències o excessives contradiccions a les seves creences, i que també ha estat capaç de renovar-se tant a sí mateix com a la cultura d’un país(2)

Aquesta crisi no ha anul·lat en absolut la gran set d’espiritualitat de la nostra societat, potser fins i tot superior a la de moltes èpoques precedents degut al complexíssim panorama social del planeta que, de fet, incorpora aquesta mateixa noció, un concepte relativament nou que no sabem com tractar a les beceroles de no sabem exactament què.

Escriure un article així m’obliga a posicionar-me. Sóc un ateu de base cristiana, perquè aquesta ha estat la meva educació(3). Crec en l’espiritual, en el sobrenatural i en el sagrat. L’espiritual i el sobrenatural són, per a mi, atributs humans. Allò que som, allò en que creiem, allò que som capaços de fer, la nostra pròpia voluntat de transcendència és inherentment sobrenatural. Per tant poso l’ésser humà en el centre de les meves creences. Allò sagrat és el que ens connecta amb el lloc on habitem. I aquest vincle, en tant que forjat per nosaltres, és també sobrenatural.

El sagrat comença prenent consciència de la natura, de la nostra indefensió, de l’hostilitat del lloc. De com el treball que es fa per condicionar-la és incessant i pot ser revertit en qualsevol moment, com s’adona el grup de passatgers accidentats protagonistes de la inquietant The Grey (Joe Carnahan, 2011), enfrontats amb un bosc primigeni que els anihilarà.

L’escala de la natura, la consciència del nostre cos oposada al que ens envolta, del cos concebut com a espai, és un altre pas per a la concepció del sagrat, com fa el personatge de DH Lawrence el primer cop que es vesteix d’àrab a Lawrence of Arabia (David Lean, 1963).

La singularitat, l’excepció, el discontinu, l’inexplicable evidenciat en allò que es percep diferent de l’entorn és el darrer pas per a la concepció del sagrat. En alguns casos aquest pas és suficient, com es pot entendre davant d’aquesta imatge de Ayers Rock, Austràlia, indret sagrat pels aborígens.

La petita acció davant de tot això pot ser tan senzilla i alhora tan sofisticada com el matrimoni de roques (Meoto Iwa, a la prefectura de Mie) que els budistes van practicar al Japó com a sacralització de la natura.

Per últim apareix l’habitació dels llocs sagrats, estat que els consolida i els manté com a tals. Seria el cas d’aquest monestir al cim de les roques de Meteora, a Grècia.

(1) Que, de fet, practicaven un arrianisme(4) que al cap de poc seria declarat herètic, si no ho havia estat ja en aquell moment. Posteriorment es convertirien en massa a altres corrents hegemònics dins el cristianisme, però seria massa llarg d’explicar.
(2) L’arquitecte David García-Asenjo Llana és autor d’una tesi doctoral on argumenta l’art cristià com a porta d’entrada de l’art modern a l’Espanya de postguerra.
(3) Recordem Buñuel i el seu gracias a Dios que soy ateo. Semblant.
(4) L’arrianisme és una vessant del cristianisme que treu el caràcter diví al fill (Jesucrist) i el supedita al Pare. Per tant assimetritza la Santíssima Trinitat. Després faria fortuna com a base de la tercera religió monoteista del planeta: l’Islam, parcialment inspirat en les seves doctrines.

Posted in crítica | Tagged | Leave a comment