Si una noche de invierno un arquitecto… 2/2

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Cerraba el artículo anterior afirmando que la ligereza no es un valor para muchos arquitectos de mi generación. Este hecho no es debido tanto a que se niegue la ligereza como valor como a que no se ha trabajado con ella de manera consciente.
No trabajar este valor no implica que estos arquitectos estén trabajando la pesadez. Implica más bien pensar que el valor propuesto es un valor alternativo.

El valor que describe mejor el trabajo de todos estos arquitectos es el enraizamiento.

El enraizamiento nos habla de este punto fijo difícil de identificar en un momento en que todo cambia a velocidad de vértigo. El enraizamiento identifica. El enraizamiento reivindica y colapsa el lugar y su historia. En enraizamiento proporciona una cierta sensación de refugio, incluso un retorno a algún punto del pasado que se considere arquitectónicamente más relevante que una condición presente heredera de un panorama construido que nos ha llevado a una crisis financiera y de valores mientras se reclama insuficiente para cumplir con las demandas de nuestras sociedad.

En enraizamiento empieza desde la física pura. El enraizamiento empieza desde la tierra. Estos arquitectos de mi generación(1) acostumbran a prescindir de los Cinco Puntos de la Arquitectura Moderna y arrancar sus edificios desde el suelo. La burbuja se rompe. Los materiales son minerales. Las formas, rotundas y contundentes. Terrenales. A menudo eso pasa por la elección, motivada por unas construcciones con presupuestos bajos, de sistemas constructivos verdaderamente ligeros que a menudo tienen como lógica de expresión una contundencia formal y un sentido de la compacidad que provoca que la percepción de la obra contradiga su sistema constructivo. El extraordinario consultorio local de Paüls, obra de vora arquitectura, ejemplifica esta actitud a la perfección: una gran austeridad constructiva, una forma cerrada que parece salir directamente del suelo. Inquietud por el envejecimiento. Construcción ligera que parece que haya crecido a la vez que es capaz de expresarse como artificio en una doble condición que se asume con una gran (y muy difícil de conseguir) madurez.

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Consultorio en Paüls, vora arquitectura. Fotos: Adrià Goula.

Un segundo ejemplo de esta actitud se podría explicar con una anécdota sobre el proceso de proyecto del Centro de Distribución de Alimentos del Camplar (SDA), obra de Nua arquitectures(2), edificio que empezó su singladura con una cubierta aguas adentro para acabar expresado mediante un arquetípico volumen a dos aguas sin elementos de escala intermedia que arranca directamente desde el suelo. De hecho empieza y termina en el suelo desde el momento en que el material de cubierta se pliega para formar las fachadas laterales sin ningún tipo de canalón. El agua de lluvia cae directamente sobre el sablón.

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SDA en el Campclar, Tarragona. Nua arquitectures.

El enraizamiento se dirige también hacia aquellas partes de la historia que se han escogido como relevantes y mejores que las que nos ha tocado vivir. Es un enraizamiento fuertemente crítico hacia una realidad que, números en mano, está formada por un parque construido por enanos que han decidido apearse de los hombros de sus gigantes sin saber que su horizonte se ha limitado. Es un enraizamiento contra los ensanches despiadadamente grises y anodinos, contra las viviendas construidas a toque de normativa, contra el estilo institucional de la Generalitat que tan sólo juega a no fallar. Es un enraizamiento que busca identificarse con unas formas que han creado ciudad y cultura, que busca actualizarlas cuestionando a menudo la propia formación y los postulados del Movimiento Moderno. Es un enraizamiento que busca expresarse con el mínimo común denominador de la autoría. Y no es sólo su cuestión: los Pritzker Herzog & de Meuron han restaurado el Armory Club ubicado en la Park av. de Nueva York con una intervención totalmente invisible. La autoría del estudio se reduce a la decisión de potenciar y recuperar la espacialidad antigua. La intervención resulta totalmente invisible. Voluntad que también han expresado arquitectos como Eduardo Souto de Moura (galardonado también con un Pritzker) o David Chipperfield, que ha declarado que su voluntad principal al emprender la restauración de la Galería National de Berlín de Mies van der Rohe es ser invisible(3).

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Armory Club, Nueva York: En la primera foto es obra del arquitecto Charles W. Clinton. En la segunda es obra de Herzog & de Meuron.

La operación del patio de maniobras del Banco de España realizada por vora arquitectes + virai se adscribe dentro de esta lógica. Lo más importante de la intervención es lo que no se ve: los esfuerzos realizados por sacar cosas, la construcción del vacío. La pavimentación uniforme y la voluntad de realzar lo existente como autoría. Una operación parecida a la del entorno del Born, proyecto más complejo y ambiguo realizado, sin embargo, con la misma voluntad de discreción, respeto y realce de las múltiples capas de historia (más vigentes que nunca) presentes en el lugar.

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Patio de Maniobras del Banco de España, vora arquitectura + Virai arqs. Foto: Adrià Goula.

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Urbanización del entorno del Born, vora arquitectura. Foto: Adrià Goula.

Un segundo caso que ejemplifica esta manera de hacer es el edificio de viviendas que MAIO ha construido recientemente en la calle Provença de Barcelona. El día que lo fui a buscar expresamente constaté dos cosas: que había pasado mil veces ante el edificio sin haberme dado cuenta y que Philip Johnson tenía razón: cuando visitó el fabuloso M.D. Anderson Hall en el corazón del a Universidad de Rice, obra de James Stirling, su crítica arquitectónica tenía una sola frase: Fui a buscar el edificio y no lo encontré. El campus Rice es neoclásico, armonioso, bajito, de un ladrillo discreto y uniforme: un campus en el sentido literal de la expresión donde el todo da la calidad de las partes. Aunque estas tienen que estar bien diseñadas, claro. El Anderson Hall es invisible excepto para un ojo muy entrenado. Cuando se entra al edificio éste estalla: trabajado como un volumen unitario, siempre en verdadera magnitud y a toda altura, blanco, con luz cenital: un paraíso.

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Campus de la Universidad de Rice. En la foto aparece el edificio de Stirling bien visible. Intentad encontrarlo.

El edificio de MAIO es exactamente esto: invisible desde fuera, el interior es una colección de viviendas proyectadas según una tipología que barre los pasillos de toda la intervención. cada piso cuenta de cuatro a cinco habitaciones, con las estancias de servicio organizadas como media habitación, que permiten una lectura unitaria de toda la intervención a través de los huecos de conexión. Al exterior invisibilidad. Al interior es espacio estalla.

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110 rooms, MAIO. Fotos: José Hevia.

La distinción dentro-fuera es una de las claves que caracteriza la arquitectura de esta generación. Se han recuperado los filtros y los espacios intermedios. Se ha recuperado la ventana. Se han recuperado los espacios-cojín. Los exteriores son siempre compactos, discretos hasta el límite de la invisibilidad. El interior es un microcosmos lujuriante que identifica toda la intervención y la unifica. La obra de Harquitectes o Arquitectura G ejemplifica esto. Este último estudio presenta obras como la Casa Luz o su ambiciosa rehabilitación de una masía en algún paraje desconocido de l’Empordà donde un exterior rotundo e inaccesible da paso a un interior con todas las características descritas en el primer artículo sobre la ligereza.

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Bellísimo (e inaccesible al público) espacio-colchón interior exterior en las Cristalerias Planells de Harquitectes. Foto: Adrià Goula.

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Fotos arquitectura G: José Hevia.

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Foto: Adrià Goula.

De arriba abajo: Casa Luz, Masia en el Empordà, arquitectura G. Talleres Gon-Gar, Nua arquitectures: Hacia la ligereza.

Esta distinción interior-exterior tan marcada y filtrada por esta contundencia formal ha llevado a definir edificios de una gran autonomía. Su relación con el lugar no es tanto la de una pieza que lo defina o potencie por la vía de la acomodación, sino por la vía de la colocación precisa de una pieza que tiene o puede tener sentido descontextualizada. Una operación parecida a la que se produce cuando se amuebla un espacio con muebles de gran carga formal diseñados por otros arquitectos: la autoría de la propuesta estará vinculada a la disposición de estas piezas más que a su manipulación. El estudio Barozzi Veiga(4) ha llevado esto al extremo en la ampliación del Museo de Arte de Chur, Suíza, donde una pieza casi monolítica queda enchufada al edificio existente mediante una serie de sutilísimas operaciones que engañan la vista sin esconder lo que son: la gigantesca puerta de entrada de la ampliación queda dispuesta en el centro de una fachada que se podría leer como la principal del proyecto… si no fuese porque éste se organiza según el eje de simetría del museo original. Es decir: la puerta se abre a un lateral quedando encajonada entre una escalera de emergencia y un montacargas. Esta disposición otorga al sistema de la puerta resonancias berninianas al conseguir que el espacio principal de la ampliación estalle lateralmente(5).

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© Simon Menges c/o Brigitta Horvat

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Ampliación del Museo de Arte, Chur. Barozzi Veiga arqs. La enorme puerta que da al lateral del edificio, la extensión del eje que lo organiza y su espacio central de la planta baja. Fotos: Simon Menges.

He mencionado previamente que el enraizamiento no es un valor que se contradiga con la ligereza. Se trata de un valor paralelo, de un valor con capacidad para fusionarse con ella: las carreras de los arquitectos van evolucionando y enriqueciéndose. A un rasgo se le suma otro y evolucionan o derivan desde unas premisas iniciales que pueden dar resultados coherentes y emocionantes desde el primer día(6).
Dos estudios catalanes tienen obras en esta línea.

El estudio mallorquín Te d’A (formado por Irene Pérez y Jaume Mayol), expresa sus construcciones mediante unas volumetrías rotundas y expresivas que tienen más de recinto que de fachada al no ser raro que cierren pequeños patios tan exteriores como el aire que está al otro lado del muro límite. Últimamente la estructura de sus edificios crece, se eleva, se ramifica en altura adquiriendo una vibración vegetal a menudo expresada mediante elementos estándar: es el concepto, no una mímesis literal sin interés. La estructura de Can Jaume i n’Isabelle, casa todavía inconclusa, se dilata y se esponja para convertirse en un verdadero colchón de aire. El atrio central de la escuela de Orsonniers en Suiza, recientemente terminada, se dispone alrededor de un pilar central que se abre y se ramifica desde una base que cambia de hormigón a madera en un corte en espiral que explica por sí solo toda la organización del edificio: el pilar de hormigón es único mientras que el pilar de madera está formado por la unión en cuadrado de cuatro pilares cuadrados más pequeños de madera laminada.

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Can Jaume i n’Isabelle y escuela en Orsonniers, Te d’A arquitectes. Estructuras que crecen como árboles. Hacia la ligereza.

Josep Ferrando, arquitecto afincado en Gràcia que actualmente está desarollando el grueso de su carrera en Suramérica (Brasil, Chile, Argentina, Uruguay, de momento) está evolucionando su arquitectura a través de una identificación casi absoluta entre estructura y sistema. Concretamente el tema principal de trabajo es el nudo estructural. Los proyectos de Ferrando crecen. Crecen literalmente de la misma manera que crece un árbol: si se observan los gigantescos voladizos que generan especies vegetales como un algarrobo o una higuera, entre muchas otras, nos encontraremos rápidamente que no sólo pueden explicarse a través de las fibras vegetales de las ramas. Los nudos juegan un papel clave. Ídem con las gigantescas ménsulas que representan los bambúes.
Josep Ferrando organizan sus edificios mediante los nudos estructurales. Éstos conforman la planta, pautan los espacios principales y los espacios de servicio. Su relación con el límite del edificio da una relación interior-exterior mucho más rica y ambigua que la de los otros arquitectos de su generación. El proyecto para la casa en OchoQuebradas, un damero en que resulta contingente saber qué se cubre, qué se climatiza y qué se deja a la intemperie, es de momento la expresión más madura de esta relación entre el enraizamiento y la ligereza que nos ha dado este arquitecto.

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Josep Ferrando, Eugeni Bach et al. (dicen que los de Urbanus hicieron noséqué pero a ver quién se lo cree): Pabellón Identidad en re.set, Barcelona: estructuras de nudos con lógica vegetal.

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Casa en OchoQuebradas, Josep Ferrando arq. Hacia la ligereza.

Ya lo hemos visto: la ligereza puede tener (tiene) raíces. El ejemplo extremo de todo lo que hemos descrito podría ser el Rascainfiernos de Fernando Higueras. El Rascainfiernos es uno de los espacios con más calidad y cantidad de luz que conozco. Y está enterrado bajo un metro de tierra. La sensación que uno siente cuando lo visita es totalmente inexplicable: a las resonancias de cámara anecoica se le suma una sensación de contacto con el medio total. Es por eso que no lo fotografié: las fotos existentes del espacio son muy buenas. Pero la sensación no está. El Rascainfiernos es todo raíces. Y a la vez es una construcción que tiene la ligereza como su atributo principal. Una ligereza que viene de la luz que lo baña, de su construcción blanca sin aristas, de la sensación de conexión de la tierra con el cielo sin ningún tipo de intermediación. El tipo de ligereza al que se podría aspirar ahora que sabemos quiénes somos gracias a haber echado raíces.

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El Rascainfiernos, Fernando Higueras: Enraizamiento y ligereza en estado puro.

(1) La mejor manera de definir esto es mojarse con una pequeña lista: si estáis, u orbitáis las edades de, o os sentís identificados con alguno de estos arquitectos, que representan dos o tres grupos con maneras de hacer relativamente heterogéneas con bastantes puntos en común, estáis dentro: Anna & Eugeni Bach, Harquitectes, Arquitectura-G, Vora arquitectura, Te d’a, NUA arquitectures, cooperativa La Col, Barozzi Veiga, Josep Ferrando, Roger Sauquet, Un parell d’arquitectes, Bosch Capdeferro, MAIO, Jordi Adell, Aixopluc, cooperativa LaBaula… Me dejo gente y a lo mejor he enchufado dentro a alguien que no se sienta identificado. Pido disculpas por ello, así como por algún error de omisión imperdonable que haya podido cometer. Pero imagino que ya se me entiende.
(2) Está recogido en una entrevista (en tres tomas: casi nos matan) que Isaki Lacuesta, Jelena Prokopljevic y yo les hicimos allá por los inicios de 2016.
(3) Sobre el tema del enraizamiento y el desaparecer y la voluntad de superación o de pasar por el lado del Movimiento Moderno se puede examinar el proyecto que Hezog & de Meuron construirán al lado de la Galería Nacional restaurada. Escribí sobre ello un texto llamado Un templo más en la Acrópolis.
(4) Lo mismo alguien esperaba que hiciese algún comentario sobre BV y Blade Runner 2049. Pero es que eso da para un artículo entero que lo mismo escribo o no.
(5) Bernini produce el ingreso a la plaza del Vaticano a través de su eje mejor. El espacio estalla lateralmetne en uno de los espectáculos arquitectónicos más espectaculares de la historia, particularmente si lo estudiamos a través de la relación coste-beneficio: un giro de noventa grados a una forma autónoma y todavía no nos hemos recuperado del shock.
(6) Se han hecho muchos estudios sobre primeras obras de arquitectos. Normalmente suelen estar así así, pero hay casos en que éstas han pasado a lo bestia a la historia de la arquitectura. Se me entenderá todo si me limito a destacar los apartamentos Novocomum de Terragni.

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Si una noche de invierno un arquitecto… (1/2)

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En el año 1907 el banquero, hombre de letras y filántropo James Loeb crea las Charles Eliot Norton Lectures(1), un ciclo de seis (siempre seis) conferencias sobre poesía en sentido amplio que representa una de las cumbres del prestigio de la universidad de Harvard. En sus 110 años de historia este ciclo ha ido aumentando más y más su relevancia a base de arriesgar con sus invitados para aumentar cada vez más este sentido amplio de la poesía: del T.S. Eliot de 1932 a Aaron Copland, Jorge Luís Borges, Herbie Hancock, Umberto Eco, Harold Bloom, John Cage(2) o Franco Stella: personajes diversos, complementarios e indicadores de cómo evoluciona el espíritu del tiempo. También unos pocos (demasiado pocos) arquitectos. ¿Os suena Space, time and architecture, la obra central de Sigfried Gideiion? Pues no es un libro: es la recopilación de sus conferencias Norton de 1938. Un año antes de que lo hiciese Stravinski, por cierto. En el curso 61-62 el ciclo se preparte entre tres arquitectos: Pier Luigi Nervi, Félix Candela y Richard Buckminster Fuller. Interesante notar como la poesía en sentido amplio se expresa mediante discursos sobre la estructura y la técnica. Diez años más tarde un arquitecto hablará por última vez en este ciclo. Y ya van cuarenta y seis sin. Bien, arquitecto, cineasta y hombre orquesta: Charles Eames.

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Jorge Luís Borges, conferenciando en Harvard. Las otras dos fotos corresponden al ciclo Eames.

Mi generación se ha visto fuertemente influenciada por las conferencias que en el curso 85-86 pronuncia el escritor italiano Italo Calvino, conferencias que nos han llegado como si sello Norton no existiese, hecho absurdo si se tiene en cuenta que Calvino se va a obsesionar con la voluntad de trascendencia del ciclo y nos regalará el último gran esfuerzo intelectual de toda su carrera: los Six memos for the next millennium(3), o cómo la poesía en sentido amplio puede ayudar a la humanidad a ingresar en este nuevo estado mental. Seis propuestas que serán cinco: un ciclo como este necesitaba el final dramático de la propia muerte del escritor antes de pronunciar (y de escribir) la sexta conferencia.

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Las seis propuestas, manuscritas por Calvino.

Paradójico que un texto tan influyente para la arquitectura verse exclusivamente sobre literatura.

Las seis propuestas consisten en seis (cinco) conceptos que han de guiar a la humanidad hacia estos nuevos tiempos.

Me centraré en la primera de ellas: la ligereza. Para los que tengáis pereza de leer: Calvino escribe la conferencia sobre 1984. Internet es sólo un experimento constreñido a cuatro militares y a alguna universidad. Es la época de Chernenko, Reagan y su astrólogo y el Teléfono Rojo. Todo parece encallado. Todo parece inmóvil. Todo parece farragoso y aburrido y desesperante. Proponer la ligereza opuesta a esta pesadez como uno de los valores del nuevo milenio parece no tan sólo lógico sino también deseable y valiente.

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Fotograma de una escena descartada por razones técnicas de Brazil (Terry Gilliam, 1985): Las nubes donde sueña el protagonista se abren y muestran esto. El espíritu de los tiempos.

La ligereza de la que hablaré aquí es un valor sensorial. La ligereza en términos físicos es un debate relacionado con la economía: optimización de procesos, sostenibilidad, superficie versus grueso, etcétera. La ligereza en términos físicos y la ligereza en términos sensoriales no están relacionadas. La ligereza en términos sensoriales es, de hecho, una metáfora.

La ligereza es un valor en arquitectura exactamente por lo mismo que lo es en poesía. La ligereza es inestable. Dinámica. Propensa a los cambios. Volátil. La ligereza saca gravedad a la arquitectura y nos permite pensar en ella como en un cuerpo relacional capaz de dialogar con su entorno. Capaz de fundirse con su entorno. Capaz de ser entorno convocado. Me mojo para apoyar a Calvino: la ligereza es, en un mundo donde todo está construido, uno de los valores a reivindicar en el próximo milenio.

La conjunción compleja de una serie de factores perceptivos en una obra determinada son los que permitirán que esta no pese. Y una vez esta obra no pesa estos factores perceptivos trascienden inmediatamente para convertirse en un valor. Es complicado tomar estos factores por separado, pero intentaré hacerlo en la medida de lo posible mediante ejemplos extremos.

La esquina es el elemento que más afirma la masa de un edificio. Separarla de la estructura, alterar su forma o sacarla puede aligerar hasta el límite un edificio. Mies van der Rohe se da cuenta de ello en la casa 50×50 y lo construye en la Galería Nacional de Berlín.

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Una serie de elementos verticales repetidos, tanto si estos se disponen seriados como si son aleatorios, dan una gran impresión de ligereza. Herzog & de Meuron han conseguido sacar toda la gravedad a una construcción tan enorme como un estadio casi exclusivamente en virtud de este recurso. Todo lo que vibra no pesa.

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Foto: Roland Halbe.

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Propuesta de concurso para la rehabilitación de la Tour Montparnasse de MAD architects: inversión y vibración de la Torre Eiffel.

La entrada de un edificio puede conseguir que este no pese. RCR en la Lira o Gordon Bunshaft en el edificio PepsiCo de Nueva York (entre muchos otros) lo ensayaron. En el primer caso encontramos un vacío donde debería de haber un edificio entre medianeras. En el segundo toda una crujía del edificio parece levitar sobre el porche de acceso.

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Foto: Hisao Suzuki.

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Foto: Ezra Stoller.

Los reflejos, la transparencia, el ver a través de un edificio le saca gravedad: Jean Nouvel horada todo el corazón de un rascacielos en el Hospitalet. Los desplazamientos verticales timan la forma de la caída de una pluma. Las plantas introducen vibración y tensión.

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Foto: Roland Halbe.

Si es profundo no pesa.

Los voladizos, los cantos adelgazados de arquitectos como Eduardo Souto de Moura son buenos ejemplos de edificios que no pesen.

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Centro cultural Miguel Torga, de Eduardo Souto de Moura. El canto del forjado está detrás. La arista de vidrio tiene que ser pura y no puede pesar. Los aplacados de pizarra miden cuatro metros por la misma razón.

Que no haya estructura dentro de una enorme sala de límites imprecisos puede ayudar. Rem Koolhaas lo sabía muy bien cuando proyectó el corazón (vacío de nuevo) de la Biblioteca de Caén.

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Los grandes espacios bajos de techo sin estructura no pesan. Las vueltas no pesan. Eladio Dieste lo sabía.

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Prueba de carga en las bóvedas de la fábrica TEM de Eladio Dieste y su vista interior: la ligereza soporta la pesadez (y el mismo Dieste da ejemplo situándose en la clave).

Todas estas muestras de arquitectura nos hablan de una manera determinada de entender el espacio, la relación con el medio, la relación con la sociedad. Un rascacielos con el corazón vacío elimina jerarquías verticales: el espacio dignifica el individuo independientemente de su posición relativa. Una biblioteca flotando en medio de una ciudad simboliza la cultura como un elemento central. Una vivienda que parezca levitar se relacionará con el entorno de una manera más abierta que otra conformada por un volumen definido con ventanas. Un espacio ligero es un espacio continuo amalgamado, condensado, difuso y concentrado en función de nuestra posición. Es un espacio que une. Naturalmente proponer este tipo de espacio tendrá riesgos, y nos los encontramos cada día: todos parecemos vivir siempre en el mismo aire. Nuestra percepción global del mundo ha colapsado en una sola identidad cultural donde toda la ropa parece fabricada en el extremo oriente, todos los ordenadores diseñados en Silicon Valley y toda la cultura clásica concentrada en Europa: la cara negativa de una hiperconexión propiciada por esta ausencia de peso.

La ligereza es un valor de madurez. El mismo Calvino la invoca así: mi labor ha consistido las más de las veces en sustraer peso; he tratado de quitar peso a las figuras humanas, a los cuerpos celestes, a las ciudades; he tratado, sobre todo, de quitar peso a la estructura del relato y al lenguaje. La ligereza es, pues, el final de un proceso. Paradójicamente la ligereza es una tarea pesada.

La ligereza ha sido un valor para las épocas en que se necesitaban cambios. La ligereza es un valor importante en buena parte del siglo XIX. La ligereza es el valor de la parte más optimista del siglo XX.

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Manufactures Hanover Trust, New York. Gordon Bunshaft / SOM. Foto: Ezra Stoller.

Nosotros somos hijos de estos cambios. También de sus excesos. Quizá por eso la ligereza no es un valor para gran parte de los arquitectos relevantes de mi generación. Cuando estos han tenido oportunidad de construir obras interesantes y de calidad han propuesto otros valores que han considerado relevantes.

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Can Lluís i n’Eulàlia, Te d’A arquitectes: una arquitectura de calidad excepcional que no tiene la ligereza como valor.

Explorarlos va a ser el objeto de la segunda parte de este artículo.

(1) Charles Eliot Norton es un flipe de personaje: él catapulta el prestigio de Harvard mientras enseña, escribe y se codea con personajes de la talla de John Ruskin o John Lockwood Kipling (sí: el padre de Rudyard). Norton constituye uno de los paradigmas del hombre de letras comprometido y no es extraño que las conferencias honren su nombre.
(2) Cage, fiel a su estilo, dará a sus conferencias los títulos más chulos de toda la historia del ciclo: I, II, III, IV, V, VI. Woah.
(3) Editada en castellano por Siruela bajo el título Seis propuestas para el próximo milenio. El libro se puede encontrar muy fácilmente en ediciones electrónicas piratas. Preguntádselo a google, que si pongo el enlace aquí me buscaré problemas.

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