El arquitecto sin atributos, 3_ Jano en Barcelona.

La familia Duran es uno de los paradigmas de la cultura novecentista catalana: extensa, ramificada, se significará en cualquier campo de actuación que define una sociedad civil: la política, las artes, las ciencias, la educación, el derecho. Uno de sus miembros, Ramon Duran i Duran, morirá prematuramente en 1907 con 42 años. Antes le habrá dado tiempo de fijar el paradigma del saber durante algunas generaciones, la Enciclopedia Espasa, dar clases de Teoría del Arte en la Escuela de Bellas Artes y generar con su mujer Agnès Reynals cinco hijos barones. Eudald, el primogénito, será poeta. Estanislau acabará siendo el abogado del execrable Julio Muñoz Ramonet. Francesc, el pequeño, conseguirá ser uno de los oncólogos de más prestigio del mundo(1) a pesar de morir, como todos sus hermanos, bastante joven, en este caso con 59 años. Estanislau lo hará con 56. Eudald batirá el record con 26: un artista, un abogado, un científico. Ramon, el tercero, completará el cuadro estudiando arquitectura.

El Novecentismo, recordemos, es un corriente que nace por oposición al más conocido Modernismo, que nace como la exaltación del éxito individual de los indianos enriquecidos en las Américas (a menudo gracias al tráfico de esclavos), exuberante, hedonista, de corto vuelo, incapaz de hacer ciudad, siempre singular, jamás repetible: un corriente (el Novecentismo) que significará exactamente lo contrario: la idea de la Polis, la civilidad, la convivencia, la armonía.

Recordemos, casi al azar, dos proyectos modernistas paradigmáticos: La Pedrera y la casa Lleó Morera, proyectadas por los dos arquitectos rivales Antoni Gaudí y Lluís Domènech i Montaner, que darán respuestas diversas a la misma pregunta: cómo convertir un chafán canónico en una obra singular. Gaudí obviará la esquina convirtiéndola en un espacio fluido. Domènech i Montaner, forzado a operar sobre medio chaflán, se inventará la esquina de la esquina afirmando su arista como si no hubiese otra, haciendo desaparecer visualmente el chaflán a través de una fachada que tan sólo se expresa en vertical(2).


La finca que se reformó para convertirse en la casa Lleó Morera, antes y después: la continuidad urbana no es tan importante como la singularidad del edificio.


La Pedrera de Gaudí o la esquina sin esquinas.

Un Novecentista no hace eso. Un Novecentista hace ciudad. Para un Novecentista la arquitectura es la repetición de un elemento que sirve tanto a las voliciones de un cliente como a un bien mayor, la civilización. La discreción, la máscara, la intimidad, el filtro serán su marca, nada reñida ni con la elegancia ni con la creatividad ni con ninguno de los valores que acompañan la buena arquitectura.

Para el Novecentismo la arquitectura, y singularmente la fachada de un edificio, son un vestido: aquello que pones a la arquitectura para relacionarla con la ciudad. En el caso Novecentista este vestido es un canto al europeísmo mediterráneo: el clasicismo, Empúries, la Polis(3). Cuando más tarde llegue el Racionalismo los arquitectos que operan así lo entenderán exactamente del mismo modo: como un vestido, en este caso un vestido calvinista, esencial, fuertemente ideologizado, que se deberá de adaptar a nuestra realidad constructiva y climática. No estarán nada desencaminados.


La Ville Saboye en obras: racionalismo impostado por métodos convencionales llevados al límite.

Recordemos que Raimon Duran Reynals (1895-1966) ya ha nacido siendo Novecentista. Para él el cambio de vestido que impone el Racionalismo será tan fácil de entender que, sin ser jamás en su vida un Racionalista convencido, producirá algunos de los mejores edificios modernos de Barcelona.
No será un caso aislado: algunas de las mejores muestras racionalistas serán producidas por arquitectos que, como él, provienen de una cultura que lo entiende como un pasoi más, como otro estilo que suma y complementa aquello que ya han venido realizando. Uno de los ejemplos españoles más divertidos (enclavado en su equivalente madrileño de la Generación del 27) es el de Luís Feduchi, que proyectará el Edificio Capitol en el mismo corazón de Madrid al tiempo que edita una revista cuyo título lo dice todo: Cortijos y Rascacielos.


Edificio Capitol, Madrid. Foto de presentación. Autor desconocido.


Portada del número 1 de Cortijos y Rascacielos. Se seguiría editando durante lustros.

Pero el ejemplo máximo de esta manera de operar se encuentra en la parte alta de la calle Pau Claris en Barcelona, en dos esquinas idénticas de la misma manzana, las que limitan con las calles Còrsega i Provença. Allí Raimon Duran Reynals construirá a la vez dos casas de idéntico programa en dos parcelas casi idénticas: la casa Cardenal y la casa Espona, las dos entregadas en 1935.

Can Cardenal, sobre la calle Còrsega, es de un purísimo Racionalismo.

Can Espona, sobre la calle Provença, es neobrunelleschiana.

Las dos plantas son más o menos parecidas, con pequeños patios interiores, pisos laterales pasantes y pisos centrales monoorientados que intentan optimizar la difícil geometría de las parcelas del chaflán(5).

Can Cardenal se resuelve mediante unas poderosas fajas horizontales que forman las terrazas y los antepechos de las tribunas. Como corresponde a una idea su materialidad se disolverá tras un revocado pintado de un color ocre apagado que desconozco si alguna vez fue el blanco que empleó en otros proyectos. Los elementos verticales se tratan con enorme habilidad para que queden difuminados como telón de fondo contra estas fajas que dominan la composición. El resultado es una de los edificios racionalistas más poderosos que hay en toda la ciudad. Más teniendo en cuenta su gran visibilidad. Can Cardenal es una casa horizontal que gira la esquina con gran eficacia redundante en la continuidad espacial de la ciudad en aquel punto.


Can Cardenal, foto y planta tipo. (Foto: Jaume Prat, mayo 2018)

Can Espona se resuelve mediante ventanas de buena medida protegidas por persianas de madera enrollables con guías proyectables hacia fuera de esas que crean una cámara de aire entre el elemento que está en contacto directo con el sol y el elemento a proteger. Las ventanas tienen una proporción vertical. La construcción es más adecuada y precisa que su vecina, lo que lanzó la casa al fuera de tiempo ya desde un inicio: nació vieja y se ha mantenido en un fantástico estado de conservación hasta hoy en día. Los elementos clásicos que la pautan permiten que fachada se proteja a sí misma con bastante más eficacia que su vecina revocada. La composición será más vertical y contribuirá a hacer de la Diagonal, o al menos de ese tramo de la Diagonal, la avenida burguesa y solemne que todos tenemos en la cabeza. La continuidad viene dada en este caso más por el ritmo de las ventanas que por los grandes elementos a escala urbana.
El contraste entre las dos casas se acentúa todavía más cuando pensamos en la familia propietaria de la casa Espona, que poco antes habrá encargado a Duran Reynals una primera casa ubicada en la parte alta de la calle Aribau, una de las composiciones racionalistas por excelencia de la ciudad, considerada por algunos la obra más perfecta del arquitecto: Duran habrá hecho una casa racionalista y una neobrunelleschiana para la misma familia con aquella tranquilidad.


Raimon Duran Reynals. Primera casa Espona.


Can Espona, foto y planta ático. (Foto: Jaume Prat, mayo 2018)

Paradójicamente las dos casas tienen una fachada posterior casi idéntica, que hoy en día se puede apreciar perfectamente gracias a Google Earth.

Y es aquí cuando resulta pertinente recordar las palabras de Enric Massip: Quizá un arquitecto como Duran Reynals nos facilita entender algunos de los mecanismos más abstractos de la creación arquitectónica. Quizá. Considerar dos casas idénticas construidas simultáneamente por un mismo arquitecto nos lleva a poder abstraer lo que queda tras estos dos vestidos. Aventuraría una doble respuesta. La primera y quizá más obvia: quedan dos magníficas obras de arquitectura hablando entre sí perpetuamente, un par que nos recuerda que nuestro arte es mucho más que hacer fachadas. Queda un diálogo entre dos maneras de entender la cultura, la civilidad, el gusto, la ciudad.

La segunda es más profunda y tiene que ver con quien identifica la arquitectura con el cuerpo humano de una manera más o menos explícita. Si volvemos a Grecia podremos recordar la etimología de la palabra persona. Persona no hace referencia originariamente al cuerpo humano, ni a su mente, ni a nada que se relacione de manera directa con nuestro cuerpo. Una persona es la máscara que el actor de una tragedia griega lleva para interpretar un personaje. Una máscara que congela un estado de ánimo, que amplifica una voz, que impide ver el rostro del actor. Una persona es un filtro.

Estos dos edificios, y toda la arquitectura, son personas. No es posible ver, ni tan solo hablar, de la esencia de estas dos casas, o de toda la arquitectura, más que por aproximación. Como el personaje de La Caverna de Platón no somos más que seres que vemos las sombras de quien se mueve detrás nuestro. Después de siglos de intentar significar ideas platónicas, puras, abstractas, con nuestras construcciones Duran Reynals nos enseña que todo esto es imposible: la arquitectura, como nosotros mismos, es una máscara. Los mecanismos abstractos de los que habla Enric están allí, intangibles como aquellos espacios indecibles de los que hablaba Le Corbusier. Duran Reynals, con estas dos construcciones, nos revela la que puede que sea la única manera de entender la arquitectura.

(1) Tan así es que el Hospital Oncológico de Cataluña lleva su nombre.
(2) Bastante más tarde Óscar Tusquets convertirá los bajos de la casa Lleó Morera en una boutique Loewe. Acusado de atentar contra la arquitectura de Domènech i Montaner, el arquitecto se defenderá explicando la verdad: él no destruyó nada. Quien lo hizo fue nuestro hombre, Raimon Duran Reynals, en una reforma hecha después de la Guerra Civil. Su sensibilidad se revela contra el acto de vanidad y procurará enmendarlo sacando parte de la ornamentación.
(3) Estas referencias girarán hacia el norte de Europa y hacia América de la mano de arquitectos como Puig i Cadafalch, Adolf Florensa o Rafael Masó.
(4) Digo sobre la calle Provença pero también podría decir sobre la Diagonal, porque la casa forma la caja urbana de esta última. La distinción viene del hecho que la casa Espona está enclavada en una chaflán estándar del Ensanche y no en una de las esquina singulares que la Diagonal forma en contacto con las calles que la atraviesan.
(5) Siempre me ha resultado conmovedora la confianza ilimitada de Ildefons Cerdà en los arquitectos. Cerdà postula el Ensanche estableciendo normas generales. Cualquier excepción (y Cerdà considera un chaflán como tal), cualquier entrega, cualquier singularidad se deja a criterio del arquitecto que la haya de resolver. Generalmente esta postura se revelará acertada y creará algunos de los episodios más emocionantes de nuestra ciudad.

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El arquitecto sin atributos, 2_ El edificio tiresiano.

Principios de los años cuarenta. Serrano Súñer(1), primero desde el Ministerio de Gobernación ya antes de que terminase la guerra y luego desde el Ministerio de Asuntos Exteriores, que comandará hasta 1942, ha impreso a la dictadura una ideología filonazi que, en términos estéticos, arrasará cualquier corriente que huela a vanguardia. Antes de la guerra el GATCPAC ha sido un corriente cohesionado, mucho más que el GATEPAC, y con contactos políticos de alto nivel: Plan Macià, Ciudad de Reposo y Vacaciones, etcétera. Durante la guerra, a través de la revista AC, que empezará a publicarse en catalán, el GATCPAC combate directamente el bando fascista. Torres Clavé irá al frente como capitán y encontrará la muerte el 39 cubriendo el camino del exilio de los civiles republicanos indefensos. Este corriente estará estructuralmente partido en dos: algunos arquitectos jóvenes, singularmente Sert, Illescas, Torres Clavé y Rodríguez Arias, se han formado en el Racionalismo más puro y radical y serán militantes de todo lo que esto representa, estéticamente y políticamente. Otros arquitectos de más edad llegarán al Racionalismo (o se acercarán a él) desde el Novecentismo, el corriente cultural que identifica Cataluña con sus raíces helénicas y romanas(2). Estos arquitectos llevan tiempo depurando el lenguaje clásico hasta el límite. El Racionalismo, para ellos, es tan sólo un paso más de esta evolución. Hablo de nombres como Folguera, Gumà, Monravà, Goday, Rubió i Tudurí, los hermanos Puig i Gairalt o nuestro Duran Reynals, entre otros(3).

Algunos arquitectos todavía más jóvenes tendrán una actitud tan ambigua como sus mayores novecentistas. Pongamos el ejemplo extremo: Josep Maria Soteras, nacido en 1907. Soteras es tan solo cinco años más joven que Josep Lluís Sert, pero ya es otra generación. Los representantes de esta nueva generación estarán marcados por una actitud totalmente pragmática. Formados, o al menos influenciados (fuertemente influenciados), por el racionalismo empiezan a operar seriamente inmediatamente después de la guerra. Algunos, como Bonet Castellana, nacido en 1913, se exiliarán. Otros, como el mismo Soteras, Francesc Mitjans, nacido en 1909, o Coderch (también del 13), abrazarán el franquismo sin ambages. Coderch se pasará toda la década de los cuarenta pivotando entre una especie de regionalismo castellano neomanchego y algunas veleidades racionalistas, todas ellas arquitecturas estimables, por cierto. Hay una que, de puro evidente por lo visible que llega a ser, ha pasado casi desapercibida: el primer Chiringuito, bautizado así por González Ruano, construido en la playa de Sitges, donde todavía aguante en un estado de conservación aceptable. Mirad bien esta pequeña maravilla: es puro GATCPAC.


El Chiringuito de Sitges. Reconstrucción: José Antonio Coderch, 1949. (gracias a la historiadora Beli Artigas por el dato)

Y con esto nos volvemos a plantar en los cuarenta. El Racionalismo es, lisa y llanamente, Entartete Kunst. O, dicho en castellano, Arte Degenerado. Inadmisible desde cualquier punto de vista(4).


Adolf Hitler visitando en Munich la exposición sobre Arte Degenerado (1937), que recopilaba lo mejor de las vanguardias de entreguerras. Es imposible calcular el daño que hizo esta foto.

Los arquitectos que construyen en esta época pensarán con razón que con el Racionalismo no había para tanto. Ya no es cuestión de evitar un Arte Degenerado. El tema es que el sueño ha producido monstruos, de modo que están obligados a revisarlo y avanzar.

El prestigio del Racionalismo está basado principalmente en tres puntos:

-El primero de ellos es su sensibilidad social. Se puede matizar y discutir, pero ahí está. Aunque no es el único corriente que lo tendrá: el Novecentismo lo ha tenido, el Modernismo también. Lo que venga después lo tendrá que conservar.

-El segundo es una gran economía expresiva, a menudo superior a las tecnologías de la época. A veces esta economía expresiva debilita los edificios, que funcionan mejor con materiales en crudo y/o con algunas impostas y voladizos que creen una primera capa de protección contra los elementos. Esta economía expresiva, que también tiene buena parte de la arquitectura popular, será deseable en tiempos de austeridad, desposeída, sin embargo, de todo el carácter ideológico que ha tomado en los años 30.


Viviendas en la calle Rosselló (1929). Josep Lluís Sert, arquitecto: máxima economía expresiva.

-El tercer punto es el más controvertido. El Racionalismo ha dado mucho gato por liebre. Este origen ambiguo del movimiento, la dificultad de su implementación, la torpeza de algunos que lo practican ha llevado a la creación de muchos híbridos llamados racionalistas sin serlo realmente: más bien son arquitecturas clásicas pintadas de blanco y con barandillas de tubo. Y, para rematarlo, Philip Johnson y Henry Russell-Hitchcock lo han convertido en un estilo.


Viviendas en la calle Vallhonrat de Barcelona. Ramon Puig i Gairalt, arquitecto: hacia el Racionalismo desde el Novecentismo. Foto: Jaume Prat.

Los arquitectos de postguerra, por todo esto, llegarán rápidamente a la conclusión que la arquitectura no tiene por qué tender naturalmente a este Racionalismo. Hay muchas maneras de ejercer la profesión que no pasan por él y son igualmente válidas.

No seguir este Racionalismo libera a estos arquitectos de sus postulados, de sus dogmas, del lastre del discurso. Estos arquitectos han oído cantos de sirena y se han adaptado, sin que esta adaptación tenga que ser considerada una traición. No son arquitectos renegados ni travestidos. Han hecho sus críticas y han sacado conclusiones.

Hay un edificio en Barcelona que ejemplifica a la perfección todas estas contradicciones. Se trata de un gran edificio de viviendas construido por Francesc Mitjans en 1944 para Dubler y Meyer en la codiciada parcela que forman las calles de Balmes y Atenas cuando se cruzan con la avenida del General Mitre.
Esta parcela ha sido estudiada previamente por Francesc de Paula Nebot, un buen arquitecto historicista(5) que ensayará unos pisos de distribución enteramente clásica: pasillos, habitaciones exteriores e interiores, espacios no especializados, una colección de habitaciones jerarquizada más por el carácter de los espacios (es decir, por las costumbres asociadas y por la decoración) que por su función. La distribución es un reflejo de su sistema constructivo en muros de carga: las habitaciones se comunican las unas con las otras mediante puertas en una lógica que tiende al compartimento estanco.
La aproximación de Mitjans será más sensible al lugar.


Casa Dubler Meyer. Francesc Mitjans, arquitecto. Fotógrafo desconocido.


Croquis de Fc. de Paula Nebot para la misma parcela. Foto y plano: Fondo Nebot del Archivo del COAC.

El frente urbano de la parcela coincide con las orientaciones este-norte-oeste. La orientación sur se reserva a un patio interior abierto a la calle de Atenas, enfrentado con la falda de la loma de Monterols, con unos cuantos árboles crecidos. Mitjans distribuirá el programa de viviendas de gran superficie para gente acomodada(6) en tres bandas: noche, con las habitaciones volcadas a las calles, una franja central de servicios y una franja de día abierta a sur y a la tranquilidad del patio interior. Aparecerán espacios caracterizados por su función, y éstos se complementarán con una relativa falta de especialización de los espacios día/noche. Los patios crecerán de tamaño y se especializarán de una manera que ahora entendemos como canónica pero que entonces no lo era tanto.


Planta redibujada por Iñaki Tarragó. Apareció en la revista DPA 31.

Esta distinción día/noche de las fachadas será convertida por el arquitecto en el rasgo más interesante del proyecto. Las fachadas urbanas de habitaciones se resuelven de una manera óptima con ventanas, mientras que a la fachada de día la ve de perlas una gran terraza.

Las ventanas y los órdenes clásicos se llevan de perlas.

Las terrazas y las bandas corridas asociadas al Racionalismo se llevan de perlas.

Por tanto el edificio tendrá una fachada urbana clásica y una fachada interior racionalista.

Las dos fachadas se resolverán con brillantez. La fachada a la calle es la más interesante: un zócalo de dos plantas aplacado de piedra marca la línea del arbolado de la calle, la línea que tiene un carácter más urbano, más dedicado al peatón. Canónicamente se dispone un fuste con unas ventanas de buen tamaño abiertas sobre un muro de carga de ladrillo visto. La coronación dispone de una última planta con ventanas más pequeñas y un sombrero que protege el conjunto.


Fotos: Jaume Prat.

La fachada interior consta simplemente de unas bandas de terraza con un antepecho mixto formado por un murete de ladrillo y una baranda corta de barrotes. El antepecho se revoca y se pinta de color crema. Esta fachada interior es más sencilla que la otra por el hecho que tiene menos implicaciones urbanas. No tiene que tratar con la calle. No necesita ninguna coronación extraña, ya que está formada enteramente por terrazas. Es, pues, una fachada racionalista clásica dispuesta donde aparentemente no se ve.


Foto: Jaume Prat.

No os perdáis la fachada a la calle Atenas, donde Mitjans, simplemente, hace chocar las dos composiciones a sangre de una manera tan radical que parece que estemos ante dos edificios hechos por dos arquitectos distintos. Incluso el zócalo se rompe. El mensaje es diáfano: clasicismo a la ciudad, racionalismo donde no estorba. El estado de conservación del edificio es bueno, y, por tanto, todo esto es comprobable mediante observación directa.


Foto: Jaume Prat.

Mitjans, que antes de la guerra habrá construido un aceptable chalet racionalista en Sitges, combinará estas dos maneras de hacer muchos años: sólo tenéis que mirar la fotografía superior para apreciar que, en primer término, hay un edificio clásico de piedra que enmarca las vistas al Banco Atlántico (uno de los Mitjans más conocidos, una copia tan descarada del edificio Pirelli de Gio Ponti que se dice (no lo tengo comprobado) que tuvo que pagarle derechos de autor): también es de Mitjans, en este caso con una fachada interior desnuda, desangelada, ni carne ni pescado, experimento que repetirá a menudo cuando y donde no lo vean.


Chalet en Sitges (circa 1935), Fc. Mitjans, arquitecto. Fotógrafo desconocido.

Estas veleidades clasicistas cambiarán de golpe entre los años 51 y 55. Y es que en 1951 Francisco de Asís Cabrero y Rafael Aburto entregarán su espectacular Casa de Sindicatos ante el Prado, en Madrid (otro edificio sin atributos homenaje a la arquitectura fascista italiana), y en 1955 se inaugura en la calle de Serrano la Embajada Americana de España, obra de los arquitectos Ernest Warlow y Leland King, de un racionalismo de segunda generación bastante elegante. Franco, necesitado del Plan Marshall, pedirá a sus arquitectos de cámara (singularmente al brillante Gutiérrez Soto, que construiriá el Estado Mayor del Aire este mismo año) a ver qué pueden hacer con este nuevo estilo.


Casa de Sindicatos, Madrid. Fco. Asís Cabrero, Rabael Aburto arquitectos. Fotógrafo desconocido.


Estado Mayor del Aire, Madrid. Luís Gutiérrez Soto, Arquitecto. Fotógrafo desconocido.

El resto es nuestro presente.

(1) En realidad era Sunyer (pronunciado “suñè”), pero de alguna manera tenía que disfrazar sus orígenes catalanes.
(2) Y es curioso como un corriente ideológicamente tan potente se forme a la contra: el Novecentismo es una reacción contra el Modernismo, el estilo escogido por los indianos nuevos ricos que quieren distinguirse de la nobleza y la burguesía que se ha quedado y que los desprecia.
(3) Puig i Cadafalch, el patriarca de toda esta generación y probablemente el arquitecto más completo que jamás haya dado Cataluña no hará este salto y se quedará practicando este clasicismo estilizado. El Movimiento Moderno (auspiciado por políticos que no son enteramente de su cuerda) le pasará por encima.
(4) Se les ha olvidado demasiado rápido que la facción vasca del GATEPAC ha sido abanderada por un arquitecto de ideología fascista: el gran José Manuel Aizpurúa, injustamente fusilado en 1936 por el bando Republicano tres días antes de la entrada de las tropas fascistas en Donostia. Tenía treinta y cuatro años. Qué hubiese sido del Racionalismo español si este arquitecto hubiese sobrevivido a la guerra.
(5) El gran Oriol Bohigas lo llamaba “primoderrivista”.
(6) Léase “estraperlistas”.

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