La razón del principal (Orbitando la Lleialtat Santsenca, 1_4)

Harquitectes ha devuelto la Lleialtat Santsenca a la ciudad de Barcelona (o más concretamente al barrio de Sants) en forma de hotel de entidades. A mi entender la complejidad y la calidad de la propuesta la convierten en una buena piedra de toque para entender diversos aspectos tanto de la historia de Cataluña como de la tipología de edificio donde se enclava. La manera en que se ha afrontado el proyecto y la obra reciente de Harquitectes forman también parte del contexto, y he decidido reseñar estos aspectos antes de hacer una crítica más canónica del edificio en un fresco de cuatro artículos que quieren relacionar esta obra con otros aspectos de nuestro patrimonio arquitectónico y social.

Este primer artículo de la serie es común a la Sala Becket, proyecto imprescindible obra de Eva Prats y Ricardo Flores, y será válido cuando aborde ese edificio.

Empezaré refiriéndome al tipo de edificio que ha alojado la Lleialtat Santsenca desde 1928. Este edificio se construyó de nueva planta expresamente para este programa. Se ubica en una de las calles principales de Sants, entre medianeras, con el límite norte volcado a la pequeña calle de Altafulla, más un pasaje que una calle, de hecho. Tiene una fachada principal y representativa consta de dos plantas de gran altura: una inferior para su uso cuotidiano y un principal que alojaba los lugares de reunión de los cooperativistas. Es decir: el edificio es, fundamentalmente, un principal con sus servicios accesorios.

Los pisos principales nacen por tres razones independientes. La primera de ellas es la necesidad de alejarse del suelo, un suelo a menudo inclinado o insalubre. Un piso principal, pues, es un buen recurso para disponer de una planta limpia, relativamente independiente de las dificultades que plantea el terreno, y de un espacio gratuito bajo suyo donde poder disponer dependencias auxiliares al programa. La distinción entre espacios servidores y servidos se hace, en este caso, en vertical.

La segunda razón para un principal es la ciudad. La ciudad es presión, la ciudad es circulación, la ciudad es densidad. La ciudad es altura. El contacto con la calle es el contacto con el flujo, con la prisa, con el movimiento. Levantarse invita a la pausa. Levantarse poco (tan solo una planta) permite todavía una relación simbiótica con esta calle: se puede controlar, saludar, celebrar, representar, hablar e incluso se puede usar la terraza ubicada sobre el acceso (cuando existe) como prolongación del espacio urbano para conversación y relación.

La tercera razón es representativa, y es la más compleja de las tres. Ubicar las partes importantes de un programa en un principal implica la necesidad de un desplazamiento en vertical: una escalera, una rampa, más modernamente un ascensor. Implica un recorrido que puede tornarse ceremonial. Implica, pues, un respiro, una preparación. Un principal es perfecto para cualquier razón representativa por el trabajo que implica acceder a él.


Caserío vasco: Todas las plantas tocan el suelo. El principal domina las vistas.

Esta razón representativa pasó a la arquitectura ya en un primer momento. A menudo solemos pensar en el sistema estructural de un edificio a partir de la estructura que cubre un principal, generalmente con más luz, técnicamente más compleja y más cara. El forjado que soporta el principal no es importante por su cara inferior. Las estructuras usadas para sustentarlo son invariablemente más baratas, a menudo más circunstanciales: pilares dispuestos de cualquier manera, vueltas robustas, cualquier cosa que soporte a un gran número de gente en el mismo lugar en el mismo momento. Más modernamente hemos admirado estas estructuras secundarias de soporte por su economía, por las dosis de ingenio que supone cubrir una gran superficie por poco dinero. El piso inferior es el mundo del palafito y de la vuelta: desde las espectaculares vueltas de acceso del Ayuntamiento de Barcelona o el aparcamiento del palacio de la Generalitat, todo en la plaza de Sant Jaume, quizá el mejor monumento al principal jamás erigido en Cataluña, hasta los más modestos pilares de piedra de los hórreos cantábricos.


Hórreo cantábrico: el principal da la salubridad.


Plaça de Sant Jaume, Barcelona: dos principales enfrentados tensan el espacio público.


Planta baja del Palau de la Generalitat desde la Plaça de Sant Jaume: lo que sujeta los salones nobles (usado habitualmente como aparcamiento).Fotos adaptadas de Google Street View.

Todos estos edificios, sin embargo, no se caracterizan por estas estructuras, sino por las que cubren las de sus pisos superiores incluso cuando éstas han sido revestidas: desde los arcos del Saló de Cent o el del Tinell hasta cualquier estructura con lucernarios o dientes de sierra que se abra a la luz y al espacio.


Saló del Tinell de Barcelona (ubicado en un principal), ejemplo gótico tan perfecto que definió el paradigma estructural del modernismo catalán, que sustituyó los arcos de medio punto por arcos catenáricos.

Los principales tienen una gran capacidad de unir las funciones urbana y representativa en una. Será difícil, pues, encontrar un ayuntamiento en planta baja, al menos en el arco mediterráneo. En el renacimiento estos edificios llegarán a ser palafíticos y a superponer dos funciones independientes: mercado en la planta baja, consistorio en la primera. Sólo hace falta viajar al Matarranya para comprobarlo.


Ayuntamiento renacentista de Vallderroures: mercado en su planta baja, Ayuntamiento en la primera. Foto: Jaume Prat

Grandes edificios como el Palacio Ducal de Venecia, con capacidad para marcar una ciudad entera, se erigirán como monumentos al principal(1). Sin dejar Venecia recuperaremos una de las obras mayores del arquitecto Jacopo Sansovino: la Scuola Nuova della Misericordia, dos plantas nobles superpuestas de características muy semejantes. Lo que las distingue es, precisamente, la estructura. La planta inferior tiene tres crujías separadas por unos bellísimos órdenes de columnas. La superior se cubre con una cubierta a dos aguas ligera que hace que el espacio estalle literalmente, soportado sobre las delgadas paredes perimetrales sin casi ninguna otra información al respecto, lo que convierte este edificio en un manifiesto sobre la representatividad de la estructura, una estructura que tiene tanto interés en la planta baja como en el primer piso sin que podamos dejar de admitir que es más osada y bella arriba.


Óleo de Canaletto (1730) que lee perfectamente el principal que es el Palacio Ducal.


Scuola Nuova della Misericordia, Jacopo Sansovino (1583): dos principales uno encima de otro. El inferior, con columnas. El superior, sin ellas. La sala es tan diáfana que se llegó a usar como pista de baloncesto del equipo local. Fotos: Alessandra Chemollo.

Cuando Alvar Aalto decide prescindir del principal en el Ayuntamiento de Säynätsalo(2) para simbolizar una democracia más cercana y menos intimidante se verá obligado a hacer dos trampas: la primera será montar el edificio sobre una pequeña loma para acceder a él siempre subiendo. La segunda, más significativa todavía, es disponer el salón de plenos en la única primera planta existente en todo el edificio, artefacto que hubiese podido evitar perfectamente con muy poco esfuerzo. Pero no: la necesidad del principal es perentoria incluso en una democracia tan madura como la finlandesa.


Ayuntamiento de Säynätsalo, Alvar Aalto (1949): Edificio elevado para que pueda funcionar sin principal. La estructura por la que es conocido tan sólo cubre su pequeño segundo piso. Su fama pasa por encima de todo el resto, bastante más convencional.

Volviendo a Cataluña (y quizá pensando el país como un país netamente mediterráneo) descubriremos que, al margen de la dificultad de encontrar Ayuntamientos sin principal, el riquísimo tejido asociativo que ha caracterizado más que ningún otro rasgo nuestra sociedad ha escogido representarse de una manera casi invariable mediante el principal. Casi todos los teatros de comarcas presentes en nuestra geografía (como los dos de Reus, por ejemplo) se ubican canónicamente en un principal. También los dos históricos de Barcelona: el Liceo y (cómo no) el Principal. Dos ejemplos: uno de los pocos, sino el único, edificio promovido por el anarquismo en Cataluña, la Federación Obrera de Molins de Rei, obra de Cèsar Martinell, ubica su sala en un principal(3).


Foto: Adrià Goula


Federació Obrera de Molins de Rei, Cèsar Martinell (1922): Fachada restaurada (lo único salvable del proyecto de reforma) y sala interior, ahora desaparecida. La fotografía es de pocas semanas antes de su derribo.

El segundo ejemplo es “el” ejemplo: el Palau de la Música Catalana, obra mayor de Domènech i Montaner. La sala del Palau está en un principal. La crujía de acceso previa a esta sala, a pesar de las obvias escaleras de acceso, es de tal elegancia que muchos usuarios de Palau juran que ésta se ubica en una planta baja. De nuevo la estructura de soporte de la sala principal (ahora convertida en el bar), con aquellos pilares de ladrillo con capiteles floreados, tiene un enorme interés a pesar de su conservadurismo estructural: lo que decíamos.


Palau de la Música Catalana, Lluís Domènech i Montaner (1908): la sala en el principal y el espacio inferior ahora acondicionado como bar.

El cooperativismo catalán también se representará de esta manera ya desde el primer edificio cooperativo construido en el país en Canet de Mar, obra del gran Rafael Masó. El edificio fijará el tipo a la primera: planta baja con tienda, oficinas y espacios accesorios y una sala principal con terraza. Esto se repetirá por todo el país dentro y fuera de Barcelona(4) dando edificios con unas enormes posibilidades de reforma. Dos ejemplos: la Cooperativa Justícia i Pau, que el estudio Flores i Prats convirtió en la Sala Beckett, y la Lleialtat Santsenca que nos ocupa, concebidos exactamente igual que este primer proyecto de Rafael Masó y felizmente reusados, uno para emplazar un importante teatro, el otro para retornarlo a la ciudad actualizando más o menos su función primigenia.


Cooperativa Odeón Canetense, Rafael Masó, 1920: fijando el tipo.


Cooperativa la Lleialtat Sansenca, 1928.


Cooperativa Justícia i Pau (ahora Sala Beckett): la consolidación del tipo (fotografías cortesía de Flores & Prats)

(1) Con episodios arquitectónicos tan sentidos como el Puente de los Suspiros, en buena parte tan intenso porque conecta dos plantas altas y no tiene bajo suyo nada más que un canal de agua.
(2) Y si os ponéis a pensar seriamente en la obra de Aalto descubriréis que es de las pocas veces en que lo hará.
(3) No busquéis la sala porque no la vais a encontrar. El edificio fue destrozado por el arquitecto Jordi Garcés en una celebrada intervención. Celebrada, me sabe mal decirlo, en virtud de la ignorancia del público, desconocedor que el edificio que se había desgraciado para realizar esta intervención estaba en perfectas condiciones y era salvable y valioso. Adicionalmente, en Molins de Rei se encuentra una honrosa excepción al principal en el edificio del Foment, perfectamente conservado (este sí) en la parte baja del pueblo, donde el enorme solar y la poca presión urbana hicieron disponer el teatro en planta baja tras el bar. Vale la pena visitarlo.
(4) Un caso curioso serían las Bodegas Cooperativas del arquitecto Martinell, que obriaré por su enorme complejidad. Investigad.

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El Movimiento Moderno se quedó en la cuneta.

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El casco antiguo del pueblo de Medinaceli se ha salvado de la especulación gracias a que la actividad económica del pueblo ha llevado a la creación de un segundo núcleo(1) sobre el antiguo trazado de la carretera N-2 de Madrid a Barcelona, separado un par de quilómetros del primero, donde disponer los pequeños hoteles y restaurantes de carretera y servicios asociados y viviendas. El casco antiguo, alejado del trazado de la carretera, está en la cima de la falla que marca el límite sur de Castilla-León vigilando un paisaje árido, alucinante, bellísimo. Medinaceli tiene de todo: ruinas romanas que indican el origen de la ciudad y están bien conservadas e incluyen un arco de triunfo que convierte las vistas lejanas en paisaje e iglesias cristianas y una plaza renacentista y corralas y estructuras de piedra y de madera i de barro y unas calles bien tensionadas y unas alturas preservadas bajitas con una volumetría urbana íntegra y preciosa, e incluso alguna intervención de arquitectura contemporánea convenientemente sensible y mimetizada y construida y preservada con buen gusto.

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El arco de triunfo romano de Medinaceli.

Cuando entramos en el pueblo viejo encontramos un aparcamiento gigantesco con vistas (todo lo que no sea estar dentro del pueblo se recompensa con estas vistas flipantes) limitado por una pequeña construcción de ladrillo revocada y pintada de un ocre bastante cutre ubicada justo al límite de la falla, alineada con el arco de triunfo, controlando vistas en forma de proa. Si miramos esta construcción más de cerca comprobaremos que está formada por un edificio principal relativamente pequeño, de dos plantas, coronado por un tejado a cuatro aguas con teja árabe de baja pendiente, tejado contenido dentro de los límites de la volumetría, marcando un volumen puro sin aleros. A este cuerpo se le adosan una serie de cuerpos más pequeños y una valla. Uno de estos cuerpos es un pabellón de planta baja cilíndrico que se macla armoniosamente con el cuerpo principal. Los otros son cuerpos auxiliares sin interés que se han adosado posteriormente sin orden ni concierto.

El estado de la construcción es preocupante. El tejado a cuatrto aguas aguanta bien. Se insinúa una pérgola de acceso de la que tan sólo quedan dos hierros retorcidos. El cuerpo cilíndrico tiene el tejado hundido y llueve dentro.
Una segunda mirada se fija en la composición del volumen, en su armonía con el paisaje, en la organización lineal y en el juego de proporciones entre el cuerpo alto y el cuerpo cilíndrico. Esta segunda mirada detecta fácilmente los añadidos, los borra y se queda con los rastros de un edificio estimable construido con mucha intención. La tercera mirada se fija en detalles tales como las ventanas sin aristas verticales (el muro se dobla y se mete dentro), una cierta voluntad de horizontalidad, la estructura del cuerpo cilíndrico y algunos pequeños detalles más que han sobrevivido gracias a su composición cuasi-estructural, ya que cualquier sobreañadido ha desaparecido.

Mi visita detectó todo esto ya la primera vez que visité Medinaceli, quedando impresionado por esta pequeña construcción. Mi cerebro la catalogó como algo que valía la pena tener en cuenta y la archivó hasta que este octubre una fotografía me permitió identificarla.

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Aquella construcción son las ruinas de uno de los albergues de carretera que los arquitectos Carlos Arniches y Martín Domínguez construyeron allí. La identificación se produjo gracias a la visita guiada que el museo ICO tuvo la amabilidad de hacerme a pesar de que la exposición (que se podrá visitar hasta enero y es imprescindible) todavía no estaba terminada de montar. Interpelados sobre el proyecto de los albergues, ICO me puso en contacto con la arquitecta María José Rodríguez Pérez, que, juntamente con el arquitecto Antonio Ceresuela Puche se pueden considerar una referencia al respecto gracias a un artículo exhaustivo sobre el tema que incluye el redibujo de todo el material.

Los albergues de carretera son un proyecto inventado por Carlos Arniches y Martín Domínguez en las páginas del periódico El Sol en el que solían escribir artículos en su juventud. La asociación de estos dos arquitectos nace circunstancialmente: el mucho trabajo que tenía Arniches lo lleva a tener que estar en dos sitios diferentes a la vez en el principio de su carrera (Bilbao y Madrid) de manera imperiosa. El arquitecto lo va a resolver pidiendo a su amigo Martín Domínguez que asista a la reunión de Madrid en su nombre. De este favor nace una asociación profesional que sólo podrá romper la salvaje represión de la dictadura, que desposeerá a Domínguez de su título y lo condenará al exilio en Cuba primero y en los Estados Unidos más tarde, donde desarrollará una interesantísima carrera que comprende la construcción de un buen número de edificios de gran calidad y una importante carrera académica, y que condenará a Arniches a un doloroso exilio interior que lo llevará a la construcción de grandes obras (un mínimo de dos poblados de colonización y el Centro de los Estudios del Tabaco en Sevilla, todas ellas de una calidad nada despreciable) desde una posición voluntariamente marginal que lo relega al estatus de vieja gloria que ya no se codea con los arquitectos que se sienten cómodos (o al menos capaces de decir cosas interesantes) bajo el régimen de Franco. Arniches morirá prematuramente a los 63 años.

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Perspectiva de concurso para los Albergues de carretera.

En sus años de gloria Arniches y Domínguez constituirán el paradigma del arquitecto comprometido capaz de entender cualquier pieza que toquen como una obra de país. Formarán parte de la vida cultural del país como miembros activos del GATEPAC y asesores arquitectónicos de la Institución de Libre Enseñanza, entre mil cosas más que la exposición o el catálogo de ICO pueden ilustrar. Este compromiso los llevará a analizar el plan de carreteras estatal, que pavimentará centenares de quilómetros de vías rápidas y permitirá, especulan, que los urbanitas puedan visitar el territorio con su propio automóvil con total independencia para ir donde quieran.

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Salón interior del albergue de Quintanar de la Orden con el plano de la red de albergues grafiado en la pared.

El encargo será propuesto al recientemente creado Patronato de Turismo de España (1929), que se lo cree, se compromete y convoca un concurso de arquitectura para la creación de un proyecto tipo “moderno” de albergue(3) a montar en una parcela de unos 2000m2 ubicada al lado mismo de una carretera. La parcela ha de ser de propiedad municipal. La distancia a la carretera puede ser mínima porque el tránsito de la época era escaso y su velocidad media de unos cuarenta quilómetros por hora. El albergue incluirá diez habitaciones para turistas, pensadas para que éstos hagan estancias cortas de unas pocas horas, una noche o dos máximo, una vivienda para el administrador y estancias de servicio para un parque de mecánicos, ya que los coches no son lo suficientemente fiables como para pensar que podrán emprender un viaje sin ser revisados constantemente. La instalación se completa con una pequeña gasolinera.

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Planos del proyecto tipo para los Albergues de carretera en la versión finalmente construida.

Arniches y Domínguez se presentan al concurso y barren a sus rivales ganando por unanimidad: lógico si pensamos que ellos han concebido el proyecto. La calidad del resto de las entradas de concurso será tan alta que moverá al jurado a crear bastantes accésits y a remarcar otros proyectos(4). Hay que pensar que Arniches y Domínguez ganan porque lo tienen todo pensado: el tipo de construcción que han de emplear, las mediciones, la manera de combinar proyectos tipo, su capacidad para variarlo. Los arquitectos no están especulando. Están comprometidos con una tarea que ellos consideran de país y los quieren construir.

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Perspectiva de la versión descartada de Arniches y Domínguez.

Y los construirán.

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Albergue de Quintanar de la Orden y su relación con la carretera.

El tema del proyecto tipo tiene algo de manifiesto: el Movimiento Moderno considera que los proyectos no tiene tanto que ver con el lugar como con su funcionamiento interno. El mismo proyecto, por tanto, será susceptible de ser montado, pongamos, en Argel y en Moscú(5). La construcción no estará nada forzada: luces cortas, teja inclinada (rematada inferiormente con aristas vivas por aquello de que lo verdaderamente moderno es el cubo), muros de carga. Los elementos que dan a la construcción un aspecto verdaderamente moderno están superpuestos: la marquesina triangular, eventualmente usada coma surtidor de gasolina, y un bellísimo grafismo tanto a la hora de dibujar los planos como de elaborar la señalética. Cosas del posibilismo con que el racionalismo entró en nuestro país a través de la Generación del 25 madrileña (a la que podríamos adscribir a Arniches y Domínguez) u de los arquitectos novecentistas catalanes (que encuentra su máxima expresión en los hermanos Puig i Gairalt).

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El albergue del Manzanares y su estilo de construcción “razonable”.

Se van a construir doce de estos albergues. Algunos de ellos sobreviven, la gran mayoría desfigurados, mutilados, deformados de tanto uso que han tenido. En este aspecto el de Medinaceli es una buena muestra y volveré a centrarme en él.

El albergue de Medinaceli se empieza a construir en 1932 sobre una parcela de titularidad municipal. La adaptación del proyecto tipo y su construcción correrán a cargo de Carlos Arniches en solitario. El año 1935 será por fin inaugurado. A principios de la Guerra Civil será requisado por las tropas golpistas como alojamiento. Después de la guerra el edificio volverá a su función original. En algún momento el arquitecto Manuel Sáinz de Vicuña lo somete a las obras de ampliación que lo desfiguran por detrás. El albergue seguirá funcionando como tal hasta 1972, cuando ser cerrado por su insalubridad. Medinaceli lo seguirá explotando como hostería casi hasta el 2000, momento en que algunas partes del mismo se empiezan a usar como almacén municipal hasta la actualidad. Cada vez que cambia de uso se malogra una parte.

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El edificio, sin embargo, aguanta. Y más: esta resistencia lo ha convertido (pensemos: un organismo de servicio concebido para visitar, estimar y preservar el patrimonio) en patrimonio. Es, en cierta medida, el patrimonio del patrimonio. Parte de la historia del desarrollo de un país que luchaba por construir estructuras de estado que permitiesen lentamente variar una condición que en cuarenta años de dictadura y cuarenta más de democracia apenas se ha paliado(6). No se trata sólo de la calidad de este edificio, todavía reconocible y apreciable: es lo que éste significa. Es su historia, la historia de la implantación de estos albergues cruzada con la historia de las bibliotecas, de las escuelas, de los centros de salud, etcétera, una historia de progreso que haríamos bien recordando y siguiendo.

El edificio es recuperable. La parcela sigue siendo de propiedad municipal. Su función principal (hotel para turistas), perfectamente viable. Tan sólo se requeriría voluntad y una adecuación de las habitaciones, que actualmente montan unos requerimientos de calidad más altos, para recuperar este y otros albergues de la red. Desde aquí lo reivindico y hago un llamamiento a que el patrimonio de Medinaceli cuente, en un futuro, con una obra del GATEPAC.

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La privilegiada relación con el paisaje del albergue de Medinaceli: esto es recuperable.

(1) Que todavía no se ha transformado en paisaje a pesar de ser un lugar más que interesante en esta configuración de edificios urbanos y anónimos en un lugar que no tiene nada de urbano y poco de anónimo si se conoce bien (aunque la velocidad de la carretera lo transforma todo) y que incluso tiene perlas arquitectónicas tan estimables como una pequeña iglesia de los hermoanos Fco. Javier y Juan Bellosillo(2)
(2) Y los Bellosillo, todos ellos (y son saga), tienen una historia absolutamente apasionante e injustamente olvidada que me he prometido escribir algún día pero que no sé cómo porque están todos en Madrid y eso me obligaría a un Verkami o así. Un flipe, ya os digo.
(3) Los albergues no son el origen de los paradores. Ya desde el primer momento coexisten las dos tipologías y se considerará que la tipología de parador requerirá de un proyecto específico para cada uno de ellos.
(4) Como podéis imaginar no tengo información sobre ellos y por tanto tengo que usar estas vaguedades. Pero el clima cultural de la época y las ganas que tenían todos hace pensar que esta afirmación no es nada exagerada.
(5) Que es donde Le Corbusier propondrá exactamente los mismos edificios. Por no hablar de sus Unités, cinco construidas y todas casi clónicas.
(6) Liso y llano: España está seriametne desequilibrada, con un déficit de población importante y una dependencia excesiva de la capital y del litoral mediterráneo. Esto, que ya se intuía durante la dictadura de Primo de Rivera, se convierte en el caballo de batalla principal de la República y se usa como arma política durante el franquismo, cuando convenía un país subdesarrollado. Después poco se ha hecho al respecto.
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