El arquitecto sin atributos, 2_ El edificio tiresiano.

Principios de los años cuarenta. Serrano Súñer(1), primero desde el Ministerio de Gobernación ya antes de que terminase la guerra y luego desde el Ministerio de Asuntos Exteriores, que comandará hasta 1942, ha impreso a la dictadura una ideología filonazi que, en términos estéticos, arrasará cualquier corriente que huela a vanguardia. Antes de la guerra el GATCPAC ha sido un corriente cohesionado, mucho más que el GATEPAC, y con contactos políticos de alto nivel: Plan Macià, Ciudad de Reposo y Vacaciones, etcétera. Durante la guerra, a través de la revista AC, que empezará a publicarse en catalán, el GATCPAC combate directamente el bando fascista. Torres Clavé irá al frente como capitán y encontrará la muerte el 39 cubriendo el camino del exilio de los civiles republicanos indefensos. Este corriente estará estructuralmente partido en dos: algunos arquitectos jóvenes, singularmente Sert, Illescas, Torres Clavé y Rodríguez Arias, se han formado en el Racionalismo más puro y radical y serán militantes de todo lo que esto representa, estéticamente y políticamente. Otros arquitectos de más edad llegarán al Racionalismo (o se acercarán a él) desde el Novecentismo, el corriente cultural que identifica Cataluña con sus raíces helénicas y romanas(2). Estos arquitectos llevan tiempo depurando el lenguaje clásico hasta el límite. El Racionalismo, para ellos, es tan sólo un paso más de esta evolución. Hablo de nombres como Folguera, Gumà, Monravà, Goday, Rubió i Tudurí, los hermanos Puig i Gairalt o nuestro Duran Reynals, entre otros(3).

Algunos arquitectos todavía más jóvenes tendrán una actitud tan ambigua como sus mayores novecentistas. Pongamos el ejemplo extremo: Josep Maria Soteras, nacido en 1907. Soteras es tan solo cinco años más joven que Josep Lluís Sert, pero ya es otra generación. Los representantes de esta nueva generación estarán marcados por una actitud totalmente pragmática. Formados, o al menos influenciados (fuertemente influenciados), por el racionalismo empiezan a operar seriamente inmediatamente después de la guerra. Algunos, como Bonet Castellana, nacido en 1913, se exiliarán. Otros, como el mismo Soteras, Francesc Mitjans, nacido en 1909, o Coderch (también del 13), abrazarán el franquismo sin ambages. Coderch se pasará toda la década de los cuarenta pivotando entre una especie de regionalismo castellano neomanchego y algunas veleidades racionalistas, todas ellas arquitecturas estimables, por cierto. Hay una que, de puro evidente por lo visible que llega a ser, ha pasado casi desapercibida: el primer Chiringuito, bautizado así por González Ruano, construido en la playa de Sitges, donde todavía aguante en un estado de conservación aceptable. Mirad bien esta pequeña maravilla: es puro GATCPAC.


El Chiringuito de Sitges. Reconstrucción: José Antonio Coderch, 1949. (gracias a la historiadora Beli Artigas por el dato)

Y con esto nos volvemos a plantar en los cuarenta. El Racionalismo es, lisa y llanamente, Entartete Kunst. O, dicho en castellano, Arte Degenerado. Inadmisible desde cualquier punto de vista(4).


Adolf Hitler visitando en Munich la exposición sobre Arte Degenerado (1937), que recopilaba lo mejor de las vanguardias de entreguerras. Es imposible calcular el daño que hizo esta foto.

Los arquitectos que construyen en esta época pensarán con razón que con el Racionalismo no había para tanto. Ya no es cuestión de evitar un Arte Degenerado. El tema es que el sueño ha producido monstruos, de modo que están obligados a revisarlo y avanzar.

El prestigio del Racionalismo está basado principalmente en tres puntos:

-El primero de ellos es su sensibilidad social. Se puede matizar y discutir, pero ahí está. Aunque no es el único corriente que lo tendrá: el Novecentismo lo ha tenido, el Modernismo también. Lo que venga después lo tendrá que conservar.

-El segundo es una gran economía expresiva, a menudo superior a las tecnologías de la época. A veces esta economía expresiva debilita los edificios, que funcionan mejor con materiales en crudo y/o con algunas impostas y voladizos que creen una primera capa de protección contra los elementos. Esta economía expresiva, que también tiene buena parte de la arquitectura popular, será deseable en tiempos de austeridad, desposeída, sin embargo, de todo el carácter ideológico que ha tomado en los años 30.


Viviendas en la calle Rosselló (1929). Josep Lluís Sert, arquitecto: máxima economía expresiva.

-El tercer punto es el más controvertido. El Racionalismo ha dado mucho gato por liebre. Este origen ambiguo del movimiento, la dificultad de su implementación, la torpeza de algunos que lo practican ha llevado a la creación de muchos híbridos llamados racionalistas sin serlo realmente: más bien son arquitecturas clásicas pintadas de blanco y con barandillas de tubo. Y, para rematarlo, Philip Johnson y Henry Russell-Hitchcock lo han convertido en un estilo.


Viviendas en la calle Vallhonrat de Barcelona. Ramon Puig i Gairalt, arquitecto: hacia el Racionalismo desde el Novecentismo. Foto: Jaume Prat.

Los arquitectos de postguerra, por todo esto, llegarán rápidamente a la conclusión que la arquitectura no tiene por qué tender naturalmente a este Racionalismo. Hay muchas maneras de ejercer la profesión que no pasan por él y son igualmente válidas.

No seguir este Racionalismo libera a estos arquitectos de sus postulados, de sus dogmas, del lastre del discurso. Estos arquitectos han oído cantos de sirena y se han adaptado, sin que esta adaptación tenga que ser considerada una traición. No son arquitectos renegados ni travestidos. Han hecho sus críticas y han sacado conclusiones.

Hay un edificio en Barcelona que ejemplifica a la perfección todas estas contradicciones. Se trata de un gran edificio de viviendas construido por Francesc Mitjans en 1944 para Dubler y Meyer en la codiciada parcela que forman las calles de Balmes y Atenas cuando se cruzan con la avenida del General Mitre.
Esta parcela ha sido estudiada previamente por Francesc de Paula Nebot, un buen arquitecto historicista(5) que ensayará unos pisos de distribución enteramente clásica: pasillos, habitaciones exteriores e interiores, espacios no especializados, una colección de habitaciones jerarquizada más por el carácter de los espacios (es decir, por las costumbres asociadas y por la decoración) que por su función. La distribución es un reflejo de su sistema constructivo en muros de carga: las habitaciones se comunican las unas con las otras mediante puertas en una lógica que tiende al compartimento estanco.
La aproximación de Mitjans será más sensible al lugar.


Casa Dubler Meyer. Francesc Mitjans, arquitecto. Fotógrafo desconocido.


Croquis de Fc. de Paula Nebot para la misma parcela. Foto y plano: Fondo Nebot del Archivo del COAC.

El frente urbano de la parcela coincide con las orientaciones este-norte-oeste. La orientación sur se reserva a un patio interior abierto a la calle de Atenas, enfrentado con la falda de la loma de Monterols, con unos cuantos árboles crecidos. Mitjans distribuirá el programa de viviendas de gran superficie para gente acomodada(6) en tres bandas: noche, con las habitaciones volcadas a las calles, una franja central de servicios y una franja de día abierta a sur y a la tranquilidad del patio interior. Aparecerán espacios caracterizados por su función, y éstos se complementarán con una relativa falta de especialización de los espacios día/noche. Los patios crecerán de tamaño y se especializarán de una manera que ahora entendemos como canónica pero que entonces no lo era tanto.


Planta redibujada por Iñaki Tarragó. Apareció en la revista DPA 31.

Esta distinción día/noche de las fachadas será convertida por el arquitecto en el rasgo más interesante del proyecto. Las fachadas urbanas de habitaciones se resuelven de una manera óptima con ventanas, mientras que a la fachada de día la ve de perlas una gran terraza.

Las ventanas y los órdenes clásicos se llevan de perlas.

Las terrazas y las bandas corridas asociadas al Racionalismo se llevan de perlas.

Por tanto el edificio tendrá una fachada urbana clásica y una fachada interior racionalista.

Las dos fachadas se resolverán con brillantez. La fachada a la calle es la más interesante: un zócalo de dos plantas aplacado de piedra marca la línea del arbolado de la calle, la línea que tiene un carácter más urbano, más dedicado al peatón. Canónicamente se dispone un fuste con unas ventanas de buen tamaño abiertas sobre un muro de carga de ladrillo visto. La coronación dispone de una última planta con ventanas más pequeñas y un sombrero que protege el conjunto.


Fotos: Jaume Prat.

La fachada interior consta simplemente de unas bandas de terraza con un antepecho mixto formado por un murete de ladrillo y una baranda corta de barrotes. El antepecho se revoca y se pinta de color crema. Esta fachada interior es más sencilla que la otra por el hecho que tiene menos implicaciones urbanas. No tiene que tratar con la calle. No necesita ninguna coronación extraña, ya que está formada enteramente por terrazas. Es, pues, una fachada racionalista clásica dispuesta donde aparentemente no se ve.


Foto: Jaume Prat.

No os perdáis la fachada a la calle Atenas, donde Mitjans, simplemente, hace chocar las dos composiciones a sangre de una manera tan radical que parece que estemos ante dos edificios hechos por dos arquitectos distintos. Incluso el zócalo se rompe. El mensaje es diáfano: clasicismo a la ciudad, racionalismo donde no estorba. El estado de conservación del edificio es bueno, y, por tanto, todo esto es comprobable mediante observación directa.


Foto: Jaume Prat.

Mitjans, que antes de la guerra habrá construido un aceptable chalet racionalista en Sitges, combinará estas dos maneras de hacer muchos años: sólo tenéis que mirar la fotografía superior para apreciar que, en primer término, hay un edificio clásico de piedra que enmarca las vistas al Banco Atlántico (uno de los Mitjans más conocidos, una copia tan descarada del edificio Pirelli de Gio Ponti que se dice (no lo tengo comprobado) que tuvo que pagarle derechos de autor): también es de Mitjans, en este caso con una fachada interior desnuda, desangelada, ni carne ni pescado, experimento que repetirá a menudo cuando y donde no lo vean.


Chalet en Sitges (circa 1935), Fc. Mitjans, arquitecto. Fotógrafo desconocido.

Estas veleidades clasicistas cambiarán de golpe entre los años 51 y 55. Y es que en 1951 Francisco de Asís Cabrero y Rafael Aburto entregarán su espectacular Casa de Sindicatos ante el Prado, en Madrid (otro edificio sin atributos homenaje a la arquitectura fascista italiana), y en 1955 se inaugura en la calle de Serrano la Embajada Americana de España, obra de los arquitectos Ernest Warlow y Leland King, de un racionalismo de segunda generación bastante elegante. Franco, necesitado del Plan Marshall, pedirá a sus arquitectos de cámara (singularmente al brillante Gutiérrez Soto, que construiriá el Estado Mayor del Aire este mismo año) a ver qué pueden hacer con este nuevo estilo.


Casa de Sindicatos, Madrid. Fco. Asís Cabrero, Rabael Aburto arquitectos. Fotógrafo desconocido.


Estado Mayor del Aire, Madrid. Luís Gutiérrez Soto, Arquitecto. Fotógrafo desconocido.

El resto es nuestro presente.

(1) En realidad era Sunyer (pronunciado “suñè”), pero de alguna manera tenía que disfrazar sus orígenes catalanes.
(2) Y es curioso como un corriente ideológicamente tan potente se forme a la contra: el Novecentismo es una reacción contra el Modernismo, el estilo escogido por los indianos nuevos ricos que quieren distinguirse de la nobleza y la burguesía que se ha quedado y que los desprecia.
(3) Puig i Cadafalch, el patriarca de toda esta generación y probablemente el arquitecto más completo que jamás haya dado Cataluña no hará este salto y se quedará practicando este clasicismo estilizado. El Movimiento Moderno (auspiciado por políticos que no son enteramente de su cuerda) le pasará por encima.
(4) Se les ha olvidado demasiado rápido que la facción vasca del GATEPAC ha sido abanderada por un arquitecto de ideología fascista: el gran José Manuel Aizpurúa, injustamente fusilado en 1936 por el bando Republicano tres días antes de la entrada de las tropas fascistas en Donostia. Tenía treinta y cuatro años. Qué hubiese sido del Racionalismo español si este arquitecto hubiese sobrevivido a la guerra.
(5) El gran Oriol Bohigas lo llamaba “primoderrivista”.
(6) Léase “estraperlistas”.

Publicado en Coderch, crítica, Duran Reynals, Francesc Mitjans, GATCPAC, GATEPAC, Gutiérrez Soto | Etiquetado , , , , , , | 2 comentarios

El Arquitecto Sin Atributos, 1

Lo que me fascina de él [de Duran Reynals], es cómo se puede ser un arquitecto de pies a cabeza, pero sin atributos. O cómo se puede ser un arquitecto sin estilo, que sería otra manera de decir lo mismo. Hace una arquitectura de gran calidad con independencia de si es racionalista o brunelleschiana. En el fondo, nos pone ante la gran pregunta de cómo se pude medir la calidad de la arquitectura, y tenemos que tener claro que esta cuestión es independiente de la relevancia cultural que pueda tener una obra determinada para una sociedad concreta. Quizá un arquitecto como Duran Reynals nos facilita entender algunos de los mecanismos más abstractos de la creación arquitectónica. Quizá. Es una hipótesis de trabajo que se debería de confirmar, evidentemente. (…) Creo que ahora tendríamos que intentar una arquitectura sin atributos. Sin adjetivos, substantiva. Intentar un grado cero de la arquitectura, intentar que tenga valor en sí, y no por cómo se adjetiva.

[Enric-Massip-Bosch, en conversación con Jaume Prat grabada el 19-11-2005]

El diccionario de la RAE define arquitectura como el arte de proyectar y construir edificios. Esto nos remite a la arquitectura como hecho individual. Cada edificio se construye individualmente y sólo puede ser comprendido cuando lo visitas y lo relacionas con su entorno.
Si queremos entender la arquitectura a partir de un canon formado por una serie discreta de edificios con algún tipo de relación entre ellos (formal, programática, representativa, etc.) o a partir de la relación de una serie de edificios con el arquitecto que los ha creado tendremos una comprensión de este arte que ya no tendrá que ver con la construcción física, sino con una construcción cultural hecha a partir de la elección de un conjunto discreto de construcciones, proyectos o carreras que formen un canon que cree un relato que tendrá poco o nada que ver con el hecho individual anteriormente mencionado.
La primera definición de arquitectura es incremental, sometida al juicio de creaciones que sólo tienen sentido tomadas individualmente. La segunda es relacional y, por tanto, artificial, producto de un trabajo crítico razonado seleccionando, sacando conclusiones que cubran y abstracticen la parte común de razonamiento que pueda haber cuando queremos analizar muchos edificios.
Esto presenta riesgos. Riesgos como jerarquizar edificios a partir de autores, de situaciones urbanas, programas o módulos presupuestarios que, juntos o por separado, puedan crear un sistema llegue a anular a los edificios por sí mismos.
El panorama arquitectónico actual ha caído en uno de estos riesgos: el de considerar que un nombre, una carrera, una ciudad o un programa puedan pasar por encima del hecho individual de un edificio.

Así que en esta serie de artículos volveremos un paso atrás para concentrarnos en determinados arquitectos que han decidido ir edificio a edificio, haciendo una carrera a partir de la acumulación de proyectos individuales adecuados a cada circunstancia: un lugar, un cliente, un presupuesto y un programa determinados.
La carrera de estos arquitectos es una carrera forzosamente más irregular que la de aquellos arquitectos que adjetiven su obra mediante un proceso que regularice, uniformice y catalogue cada obra individual en función de su posición en una trayectoria. La suya será una carrera con altibajos, que va proyecto a proyecto. Si un proyecto sale bien allí quedará. Si sale mal la chapuza será más visible y aprehensible.
Estos arquitectos (a menudo mejores que los que escogen adjetivar sus carreras) configuran el grueso de nuestra profesión.
Es más difícil catalogarlos. Es más difícil publicarlos. Su obra, sujeta al lugar y a las circunstancias de cada construcción requiere de un esfuerzo crítico considerable al resistirse a su categorización.
Estos arquitectos forman el grueso de aquella parte de la profesión que se dedica a la construcción.
Estos arquitectos son los que Enric llama Arqutectos Sin Atributos.
La cita que ha motivado esta serie de artículos se produjo en el contexto de una conversación(1) sobre la obra de Enric Massip-Bosch. Enric es un arquitecto muy generoso, buen conversador, siempre dispuesto a huir de su propia obra para contar mil anécdotas, vivencias o reflexiones que sólo están al alcance de alguien con tanta cultura como él. En un momento salió a la conversación Sixte Illescas(2), arquitecto del GATCPAC que escogió el exilio interior. No sólo fue represaliado personalmente, sino que también lo fue como arquitecto racionalista, siendo forzado a pasarse a un clasicismo que odiaba y que eventualmente le hizo perder gran parte del amor que tenía por la profesión, produciendo por el camino una obra interesante y reivindicable. De Illescas pasamos a Duran Reynals, uno de los camaleones por elección de la arquitectura catalana(3), y de allí al Arquitecto Sin Atributos en un grado de discurso progresivamente más abstracto que al final remitía a este hecho individual.
Dedicaré una serie de artículos a las obras de estos Arquitectos Sin Atributos. Serán parejas de obras (buenos edificios) muy diferentes entre ellas. El arquitecto (ya os avanzo que es poco probable que lo conozcáis) se siente cómodo en las dos situaciones. No es un travestido. Es un arquitecto que reacciona a un contexto, lo valora y hace una obra adaptada a sus circunstancias. Una reflexión por parte del lector sobre esta capacidad de adaptación puede llevarnos a descubrir, como dice Enric, los mecanismos más abstractos de la creación arquitectónica.

Primer par de obras: La Sagrada Familia (1882-) vs. Viviendas en la calle Valls i Taberner (circa 1950). Arquitecto: Isidre Puig Boada.

Isidre Puig Boada, con título de 1915, es, conjuntamente con Lluís Bonet Garí, el responsable de retomar las obras de la Sagrada Familia en 1944. La tarea de dirigir las obras fue encargada a Francesc Quintana (último arquitecto contratado por el mismo Gaudí para trabajar en la SF), que fue relevado por el mismo Puig Boada en 1966.


Vista interior de la Sagrada Familia (fotógrafo desconocido).

Puig Boada es el redescubridor del Gaudí más sistemático y racional. Sus estudios sobre la Colònia Güell, publicados en forma de libro en 1976(4), fueron clave para entender el proyecto de la Sagrada Familia en toda su magnitud. Se podría afirmar que Puig Boada fue el autor de la reconstrucción del proyecto de la Sagrada Familia, perdido desde el incendio de 1936.


Isidre Puig Boada, viviendas en la calle Valls i Taberner, circa 1950. Fotos: Jaume Prat.

Las viviendas de la calle Valls i Taberner son una muestra de su calidad como arquitecto: una buena distribución, buscar el sol, reventar la esquina con unas terrazas dispuestas como habitaciones exteriores, incorporar el jardín a la calle, las texturas, las sombras, los materiales. El edificio está impecable y es una delicia visitarlo.

Foto superior: Isidre Puig Boada y Lluís Bonet Garí en la Sagrada Familia, circa 1970. Foto: autor desconocido.

(1) Ya puestos, este es el enlace a la conversación (que editamos Enric y yo. En cuanto estuvimos de acuerdo con el resultado paramos sin prestar mucha atención a si coincidía o no con lo que grabamos. Esta cita se ha cocinado de manera similar).
(2) Enric es coautor de un espléndido libro (ya descatalogado) que el hijo de Sixte, Albert (magnífico profesor de la ETSAB ya desaparecido), escribió en memoria de su padre. Los dos compartimos admiración por este arquitecto.
(3) Su equivalente madrileño sería Luís Gutiérrez Soto.
(4) Descatalogado, como el libro anterior. Que estos dos libros de arquitectura excepcionales estén descatalogados debería de hacer caer la cara de vergüenza a más de uno.

Publicado en crítica, Isidre Puig Boada | Etiquetado , , | Deja un comentario