Razones estéticas (Orbitando la Lleialtat Santsenca 2_4)

La Lleialtat Santsenca(1) es un edificio finalista por lo que respecta a los postulados estéticos de los Harquitectes contemporáneos, siempre teniendo en cuenta el desfase que existe entre lo que proyectas y lo que presentas producto de los años que dura el proceso de construcción de un edificio: es decir, que puedo estar haciendo el ridículo afirmando esto porque puede ser que el estudio tenga algún proyecto sobre el tablero que evolucione, niegue o simplemente supere la Lleialtat derivando su estética hacia no sé dónde.

Hablo de estética en la obra de los Harquitectes animado por una afirmación (obvia, si se quiere) que Josep Ricart(4) me hizo en el curso de una visita a Cristalleries Planells, a saber: que el estudio tiene un discurso estético que atraviesa toda su obra. Discurso que Josep no nos hizo para centrarse exclusivamente en una descripción técnica que justificaba todos y cada uno de los aspectos formales de la obra. Lo que vuelve a pasar en la Lleialtat Santsenca. Haré el esfuerzo consciente de obviar esto para aventurar unos cuantos rasgos que puedan alimentar un diálogo entre los postulados objetivos (externos y autoimpuestos) que puedan justificar la composición de un edificio y la voluntad formal que caracteriza una obra.

Harquitectes son un muy buen caso de estudio para analizar su evolución estética: construyen mucho, construyen bien. Realizan una actividad constante de difusión de su obra tanto a través de un canal propio (una página web) como a través de publicaciones especializadas. También (y es importante) son profesores y conferenciantes habituales. Su evolución ha sido coherente y relativamente lineal(5), y eso es lo que me permite afirmar lo que afirmo sobre la Lleialtat: culmina (por ahora) un grupo de proyectos que exploran los rasgos que ahora mencionaré, a los que usa uno específico: la flexibilidad a que está obligado alguien que interviene en un edificio complejo, cargado de historia, muy intervenido previamente, sometido a una especie de regalo envenenado: un reúso (una especie de reset, si se quiere) con un programa que se parece al original pero no mucho: suficiente como para que pueda parecer lo mismo, insuficiente para que las estructuras previas puedan encajar. Esto ha obligado a Harquitectes a sumar un grado de improvisación importante al sistema que acostumbra a animar a sus edificios. Con resultados emocionantes.


Lleialtat Santsenca, Harquitectes, 2017. Foto: Jaume Prat.

Comencemos.

1_La desnudez.

Hay una visión de la arquitectura que la postula como una especie de prolongación fractal de un vestido lo suficientemente especializado como para poder alojar la función de relacionarse con los demás. De esta afirmación, que como todas las definiciones de arquitectura tiene un punto falaz y un punto serio, me interesa la noción de vestido.

La arquitectura es fundamentalmente un revestimiento para la actividad humana.


Estadio olímpico de Munich, Günther Behnisch, Frei Otto arqs: un vestido colectivo.

Conjugar en esto la idea de desnudez es dificultoso, pero no imposible. Pasa por considerar la autonomía de la arquitectura y considerar su desnudez como una cualidad esencial(6).

Esta desnudez se podría equiparar a la representación ideal de un cuerpo más o menos antropomorfo(7) análoga a cualquier estatua más o menos antropomorfa que nos haya podido legar la historia del arte. Estatuas que se acaban, o que se empiezan, desnudando desde la propia Venus de Willendorf(8) hasta Antonio López pasando por quien queráis: Fidias, Miguel Ángel o Brancusi. Esta desnudez se aprende.


La Venus de Willendorf y el taller de Brancusi: diversos tipos de desnudez.

Harquitectes aspira a esta desnudez.

Es la desnudez de la ausencia de revestimiento, pero no porque lo hayas sacado, sino porque no hace falta. Es la desnudez de la hoja de ladrillo de sesenta centímetros de grosor comprimido, donde sus tensiones internas, incluso a nivel molecular, le otorgan una estabilidad a los elementos que le permiten cumplir cualquier característica de estanqueidad y de aislamiento térmico sin ningún tipo de adición.

La desnudez que practica Harquitectes reivindica el material en crudo, la estructura vista, los colores naturales. Es la desnudez propia de la construcción húmeda, de los materiales porosos, de la arquitectura que respira e interactúa y necesita una ducha de vez en cuando. Es la desnudez que admite ser vestida por capas, complementada. La desnudez perfectible.

Es la desnudez de las cicatrices, de las estrías, de las texturas: no hay ninguna idea de tersura ni de la tensión que esta comporta. No hay ninguna idea platónica de superficie o volumen ideal: es la desnudez de la complejidad. Es la desnudez del cuerpo vivo.


Foto: Jaume Prat.

2_ Las referencias.

Harquitectes juega con la memoria. Memoria de una arquitectura tradicional de muros, oscura, refugio elemental que distingue claramente el interior del exterior, una memoria que hemos de ser precisos recordando, porque la arquitectura tradicional, la arquitectura popular, en su afán por la durabilidad y por protegerse, se reviste constantemente(9). Estos revestimientos tienden a ornamentarse, a (como diría Josep Llinàs) vestirse de domingo.

Memoria de una cierta arquitectura culta caída en desuso, o vulgarizada, hace décadas: las arquitecturas nórdicas con sus interiores sin revestir y la Escuela de Barcelona con sus fachadas de ladrillo visto y las baldosas de la Bisbal y su teja árabe y las vueltas a la catalana y las viviendas sociales ennegrecidas por el humo de los tubos de escape: arquitecturas olvidadas hasta hace muy poco(10), abandonadas a su suerte a menudo con resultados insospechadamente buenos.


Viviendas en la Calle Pallars, Josep Martorell, Oriol Bohigas arqs, circa 1959. Foto: Jaume Prat.

Memoria de estudios como Clotet-Tusquets, creadores de una línea de trabajo con muchos puntos de conexión con la de Harquitectes, que han empleado recursos de este estudio de un modo tan literal como genuino al habérselos apropiado no como rasgo estético, sino como un procedimiento capaz de resolver un problema constructivo complejo. Pienso, por ejemplo, en la ya citada pared de cerramiento del Banco de España de Gerona, que aparece en Cristalleries Planells tal cual y a la vez transformada: todo lo que en Gerona es grandilocuencia y voluntad de monumentalización a la romana en Les Corts aparece como domesticidad, consiguiendo que dos edificios de altura y volumen relativamente similares no tengan nada que ver excepto para un observador muy atento e informado.


Viviendas en Cerdanyola, Lluís Clotet, Òscar Tusquets arqs, 1974. Foto: Jaume Prat.


Cristalleries Planells, Harquitectes, 2016. Foto: Adrià Goula.

Los referentes de Harquitectes son mucho más complejos que esto, incorporando una buena cantidad de estudios contemporáneos usados como una oportunidad de aprender y afinar sus propias arquitecturas. No pongo nombres para evitar que el lector pueda prejuzgar, considerando que la lista pueda ser exhaustiva o que jerarquiza unos arquitectos por encima de otros.

3_ La escala.

El cuestionamiento de las medidas de la arquitectura producto de las normativas, del uso o de la convención: los techos suben o bajan en función de las características del espacio. Los volúmenes tienden a percibirse puros. La consideración de la verdadera magnitud de el edificio es clave para entender su trabajo: raro es el proyecto que no esté estructurado desde un espacio representativo que provea de orientación al usuario.


Casa en Mira-Sol, Harquitectes, 2013: las alturas del techo. Foto: Adrià Goula.

4_ La ventana.

Combinar este punto con el anterior. La ventana es un agujero en un muro para que el edificio respire. El agujero se cubre con un sistema complejo de capas transparentes, translúcidas y opacas que permita modificar sus características.
La ventana es siempre parte de un sistema: toma aire, respira, se autoprotege. se reivindica como un espacio propio a través de dos recursos: el grueso del muro donde se abre, a menudo exagerado expresamente y su escala, que suele trascender de un modo u otro la medida estándar de este elemento producto de una convención que no siempre funciona.


Casa en Mira-Sol, Harquitectes, 2013. Foto: Jaume Prat.

5_ La flexibilidad.

Espacios no especializados: cajas, no estuches(11). Tratar los exteriores como una habitación más. Cuestionar las tipologías. Ser exigente con el usuario, que encuentra cuestionada la manera convencional de usar un determinado programa de diversas maneras diferentes: desde su relación con el exterior hasta sus condiciones climáticas o la necesidad de ser activo con el edificio para irlo recorriendo en función del sol y el frío: otra vez no estamos hablando de la idea platónica de flexibilidad, sino de la flexibilidad orgánica de una mano que tanto sirve para escribir como para cavar la tierra.


ICTA, Harquitectes + Data AE, 2016: espacios indiferenciados, cajas. Movimiento. Fotos: Adrià Goula.


Casa en Palau de Plegamans, Harquitectes, 2017: espacios enfilados y no especializados. Foto: Adrià Goula.

6_ El módulo.

Harquitectes tiende a modular sus espacios en función de los elementos constructivos que emplea. Por ejemplo: dos ladrillos de treinta a testa soportan un techo formado por una bovedilla(12) de cincuenta y una vigueta de diez. La equivalencia es inmediata, pero no perfecta: Los ladrillos de treinta no miden exactamente treinta, las viguetas de diez no miden diez, etcétera, Hablamos de modulaje en construcción húmeda. Modulaje a palmos o a centímetros, modelaje que fuerza a pequeñas decisiones constantes, a replanteos en seco. No es el modulaje de una estación espacial o del hi-tech británico o incluso de los paneles de hormigón prefabricado. Es el modulaje de esta belleza estriada producto de querer cuadrar elementos aparentemente pensados para que no cuadren entre ellos para hacer aparecer un sistema que tanto sirve para una comprensibilidad total del proyecto como para su expresión.


ICTA, Harquitectes + Data AE, 2016: módulos a lo bestia. Foto: Adrià Goula.

7_ La materialidad.

Existe una arquitectura que busca expresarse mediante la escenificación de una idea, de un orden superior a los materiales que la componen que convierte la construcción en un accesorio para adquirir una determinada apariencia: es la arquitectura del templo griego(13), del edificio revocado, de la forma impuesta a los elementos.


Columnas caidas ante un templo griego: la construcción de la apariencia.


Vanna Venturi House, Robert Venturi arq, 1964: La construcción no importa.

Opuesta a esta hay una arquitectura que busca expresarse mediante la propia construcción, una arquitectura tan diversa como la anterior: desde los muros de La Tourette, que explican incluso los cambios de humor de los albañiles que los hicieron hasta las murallas incas o, pongamos, el Centro Pompidou.
Es cierto que hay híbridos entre las dos: aquellas arquitecturas que buscan representar un sistema sin que realmente estén animadas por él. Buena parte de los inicios del Movimiento Moderno están ligados a este tipo de arquitectura. Allá queda la Ville Saboye para testimoniarlo.


La Tourette, Le Corbusier, 1957: un diario de obra arquitecturizado.


La Ville Savoye, Le Corbusier, 1929: escenografía de la construcción sincera. Foto: Montse Zamorano.

Harquitectes buscan la expresión a través del material: desde el ladrillo hasta el policarbonato pasando por la madera el edificio presenta siempre la lógica fractal del organismo que se expresa mediante la suma de componentes.


Casa en Castelldefels, Harquitectes, 2017. Foto: Adrià Goula.

8_ El movimiento del aire.

Respirar: tomar aire, calentarlo, sacarlo. Impulsarlo con aspiradores solares. Dejar atrios enteros sin calefactar como última parte de un circuito que antes ha calentado otras partes de la casa. Jugar con la lógica del invernadero como espacio-cojín.
Harquitectes practica una arquitectura orgánica en el sentido que se comporta literalmente así: como un organismo. Respira, expira, exhibe sus venas, la musculatura, los huesos. Tiene cabeza y corazón y fluidos y no tiene, en cambio, ningún tipo de voluntad mimética ni posibilitan el funcionamiento del edificio: la estética es coherente con esto, lo reconoce pero no se doblega a ello. Mas bien se trata de un proceso complejo que tiene en cuenta muchos otros factores. Tampoco se trata de que sea la combinación de todos ellos. La intuición de estos cuatro arquitectos está, cuenta y se conforma surfeando entre todos estos factores, dirigida, consciente de sí misma, de todas las conexiones culturales, del lugar que un edificio ocupa en una ciudad.
Porque el arte no sintetiza: salta. No se trata tanto de combinar estos factores (ninguno de ellos exclusivo de Harquitectes, por cierto) como de ser consciente que están incluidos en un edificio que se compone siguiendo sus propias leyes, su propia combinación de factores. No se ha de ser demasiado literal. El día que sea así las máquinas ocuparán nuestro lugar y ya no hará falta que existan los arquitectos.


Diversos ejemplos de atrios concebidos para actuar de pulmón: el espacio central del ICTA, la doble fachada y las expresivas chimeneas solares de Cristalleries Planell y los dos espacios de relación de la Casa de Castelldefels (2017). Harquitectes (con Data AE en el Icta). Fotos: Adrià Goula.

(1) En el interludio entre el primer artículo y este va el edificio y gana el Ciudad de Barcelona: Enhorabuena a Harquitectes y enhorabuena al jurado(2).
(2) Sir Peter Cook (si no estoy errado era Peter Cook) decía que en los premios se examina el jurado(3), y en este caso ha estado de diez por mil razones, y sospecho que me meteré en otro jardín si oso nombrarlas.
(3) Lo que no saca que te de MUCHA rabia si no lo ganas tu.
(4) Harquitectes está formado por cuatro socios: David Lorente, Xavier Ros, Roger Tudó y el ya citado Josep Ricart, todos ellos del Vallès, todos ellos formados en la ETSAV.
(5) Hostia, no me fío de las evoluciones completamente lineales. Quien tiene boca se equivoca.
(6) Me estoy saltando de nuevo trescientas pantallas afirmando esto. Respecto de la autonomía: considerar desde misticismos hasta la simple voluntad de representación. Respecto de la esencia: conjugar así como trescientas veces “menos es más” y saldrá una cosa X que lo mismo os sirve.
(7) Desantropomorfizar la arquitectura vuelve a ser un aprendizaje de los bestias.
(8) Es tan bonito que se pueda volver a considerar la Venus de Willendorf como un ideal estético contemporáneo que no tengo palabras para describirlo.
(9) Este rasgo es tan vivo que a veces obliga a modificar proyectos para que los usuarios se los puedan apropiar. El equipo Nua arquitectures tuvo que pintar los interiores de su Centro de Distribución de Alimentos del Campclar porque quien lo tenía que usar no lo veía acabado con los materiales en crudo: no lo aceptaban ni lo entendían, confirmando que la desnudez es un rasgo aprendido con mucho esfuerzo que pertenece mayormente a la arquitectura culta.
(10) Cuando estudiaba nadie me dijo que las viviendas de Pallars de Bohigas-Martorell no tan sólo estaban en pie, sino que disfrutaban de un estado de conservación más que aceptable. Las primeras veces que las visité (pongamos hará unos veinte o veintidós años) la gente me preguntaba estupefacta que cómo podía fotografiar eso.
(11) La frase es de Ignacio Paricio, socio histórico de Lluís Clotet y uno de los referentes si hablamos de la construcción de la estética de la desnudez. También, y muy importante, un profesor de los que marcan época.
(12) Que no es una bovedilla, sino una pieza prefabricada muy barata que puede realizar las funciones de bovedilla: eso que vas a una ferretería y compras una pieza no por lo que sirve, sino por lo que puede servir.
(13) Que no os engañen las fotografías aquellas de columnas desmontadas al pie de los templos en ruinas que evidencian el ingenio empleado en su construcción: en realidad lo que se quería era que pareciesen una columna. Esta comprensión de su funcionamiento es una lectura contemporánea e interesada, pero no es la lectura que querían sus arquitectos ni la que hacían sus usuarios originales.
(14) Toda arquitectura se puede leer como una metáfora del cuerpo humano. Dentro de esto las hay de más literales (clasicismo, pies, cabeza, cuerpo, triparticiones, simetrías y tal) y menos. La de Harquitectes sería de estas últimas.

Publicado en crítica, Harquitectes | Etiquetado , | Deja un comentario

Herzog & de Meuron: Dos espacios

El primer espacio ya no existe. Ha quedado registrado, que yo sepa, en una única fotografía química de no demasiada calidad tomada con algo parecido a una cámara compacta. Hay un vidrio entre el fotógrafo y el objeto de la fotografía: un ambiente conformado por cuarenta monitores de diversa índole apoyados directamente en el suelo por su cara posterior erguidos de algún modo que permita que la pantalla esté perfectamente horizontal dispuestos siguiendo una trama regular más o menos cuadrada. A la altura de la vista encontramos el rayote blanco de un forjado como límite. Bajo suyo una banda horizontal cruza la fotografía dejando entrever que nuestro espacio no está limitado, sino que se escapa hacia la ciudad presente tras suyo. Estamos en 1990. El edificio que aloja este espacio es el la sede del Colegio de Arquitectos de Cataluña. Estamos mirando la sala de exposiciones semisubterránea (conocida como la bañera). El fotógrafo se ha amorrado al primer vidrio que queda alineado con la calle a mano derecha de la puerta de entrada y está mirando la primera exposición internacional importante de Herzog & de Meuron. La instalación es obra de los autores en colaboración con el artista Enrique Fontanilles.

Herzog & de Meuron acaban de terminar el Depósito de Señales, las primeras colaboraciones con Ricola y el centro deportivo Pfaffenholz: la etapa de los edificios tatuados, para entendernos(1). Es esa época en que se los conoce como los arquitectos de la epidermis, de los volúmenes rotundos vibrantes, tensos, capaces de convocar entorno desde una contención casi absoluta.
Este espacio es todo lo contrario: si lo miramos en planta, cosa fácil al estar dispuesto en un semisótano, lo encontraremos difuso, centrípeto, no contenido. Ni tan sólo sabemos cuando estás dentro. ¿Cuando estás mirando la exposición? ¿Cuándo estás en sus alrededores inmediatos? ¿Está dentro del espacio el autor de la fotografía aun estando separado por un vidrio del interior?
La luz que sale de los monitores rebota directamente contra el techo, un cielo raso plano, acotando la dimensión del espacio en sección.
Este espacio define perfectamente el ámbito de la exposición y da un primer mensaje potente: la exhibición del músculo de un estudio entonces joven, capaz de convertir una simple exhibición de proyectos en una obra autónoma que prefigurará intervenciones posteriores como el Edificio Fórum en la misma Barcelona: una trama regular de patios (producto del conflicto de dos directrices) controla el espacio de la planta baja, indeterminado e ilimitado, capaz de apropiarse para su definición de la torre adyacente(2). Tras esta primera lectura se esconde una segunda: la de mirar los monitores y apreciar la información sobre los proyectos del estudio que se exhibe.
La exposición es capaz de conectar la globalidad de la primera lectura con la particularidad de cada obra sin que ninguna de las dos lecturas se vea perjudicada.
Cuando digo que el espacio ya no existe no es sólo que la exposición se haya desmontado: el merchandising se ha apropiado de la zona ocupada por una tienda de souvenirs y por una maqueta que funciona como una atracción turística. Incluso los vidrios se han visto alterados al colocarse en ellos un filtro de protección solar(3).

El segundo espacio ha sido bien documentado y fotografiado. He escogido esta foto porque el punto de vista permite un paralelismo obvio con la primera. En este caso el espacio ya existía a finales del siglo XIX y sigue existiendo hoy en día: estamos en la Park av. Armory, la sede de una institución dedicada al fomento del arte que los arquitectos han decidido preservar en una de estas intervenciones invisibles que muchos estudios de prestigio empiezan a realizar actualmente: limpiar lo que existe, consolidarlo, hacer cambios mínimos, reiluminar y el edificio sigue funcionando.
La sala principal aparece iluminada con una trama regular de luminarias ubicadas en el centro de una especie de baldaquino que actúan de cielo raso virtual posibilitando que las exposiciones que se hacen funcionen. El techo de verdad, una vuelta salvada con una delicada estructura metálica(4), queda en penumbra como una reserva de espacio posibilitando, en este caso, tres lecturas diferentes: la vuelta en sí, la potencia del volumen primario de la exposición (como antes) y cada una de las piezas.
Adicionalmente esta trama regular de luces permite establecer múltiples recorridos por la sala.
El mismo recurso de disponer una trama regular de luces crea dos tipos de espacios diferentes: la activación de un semisótano abierto a la calle con toda franqueza y el uso de una gigantesca sala como espacio de exhibición de arte contemporáneo. Los recursos empleados para adaptar una solución tan abstracta al lugar son arquitectura pura: una decisión (iluminar hacia arriba o hacia abajo) y un juego de escala: espaciar más o menos la trama en función de las dimensiones del lugar. Nada más. No hay originalidad. No hay más que adaptar una trama universal, abstracta, regular, aparentemente aburrida, a dos espacios para que queden activados: misma solución, mismo resultado, diversidad y flexibilidad máxima tanto en su aspecto como en su funcionamiento.

(1) Y esa duda ontológica que nos queda de pensar como puede ser que sea tan elegante que un edificio esté tatuado y una persona no, pero de hecho ya conozco la respuesta: se puede ser más consecuente tatuando un edificio al convertirlo desde el primer momento en un objeto acabado y completo.
(2) Magníficamente diseñada por EMBA-Enric Massip-Bosch, que tuvo el acierto de prescindir de todo zócalo y arrancarla directamente desde el suelo como un monolito que pasase por ahí: justo el gesto contario (casi especular) del Edificio Fórum.
(3) El mismo que se ponen los quillos en los cristales de los coches, para entendernos.
(4) A la vista. Y seguro que cumple normativa antiincendios. Son estos detalles los que hacen estas intervenciones tan valiosas: todo es como antes, todo cumple normativa.

Publicado en crítica, Herzog & de Meuron | Etiquetado , | Deja un comentario