Vidrio reflectante, anfetaminas y gafas de sol que no filtran

Tics de posguerra, rastros del extraperlo que aún se mantienen hoy en día, licor barato, tabaco de contrabando, medicamentos ilegales, comida comprado siempre en demasiada cantidad. Andorra es un país antitético: intenta venderse como un lugar donde gozar de la naturaleza mientras la consume inclementemente, hasta el extremo de convertir en condiciones definitorias de su estructrua la desmesura, el consumo, la huída hacia delante.
Viajé a Andorra la Vella la pasada semana , buscando , precisamente, hacer fotos del caos del lugar y un buen restaurante que conozco, escondido entre tanta confusión , donde pasa desapercibido alimentado por los escasos clientes que lo conocen y le garantizan la continuidad hace tiempo . Adoro, por cierto, su fantástica mesa de quesos. Derrotado, al cabo de media hora de intentarlo me di cuenta que alguna cosa no funcionaba : normalmente, en el momento de disparar fotografías, siempre acabo, por instinto, encontrando “la” foto, la que quiero hacer en cada momento: sea por la luz, sea por el encuadrado , en ocasiones por azar buscado, normalmente un poco de todo. Cuestión: no había manera. Reflexionando sobre lo que me sucedió , me di cuenta de la solución, de la obvia solución: Andorra no ha tenido en cuenta el suelo al crecer. Es mas, Andorra no ha tenido en cuenta nada de lo que la ha definido como pueblo , ninguna de las características definitorias que hacen de ella una ciudad de montaña. He probado de reunirlas aquí, por observación directa:

El agua : la ciudad queda pegada al río , al agua, a las escorrentías. El flujo de agua queda, normalmente, asociado a otros flujos : caminos principales, etc etc, y es por donde se mueve la gente. Obvio, pero importante a tener en cuenta
-Las pendientes: se utilizan siempre a favor o en contra . Normalmente, la pendiente se evita, asociando las edificaciones a las partes planas, pero se usa siempre que se necesita suelo, luz, una protección contra los vientos dominantes. También queda asociada a fines simbólicos, como iglesias, con sus sagreras ,lugares tradicionales para guardar el trigo. La ruta hasta los lugares simbólicos puede conformar (y lo hace normalmente) urbanismo, siempre asociado a caminos que llevan de un lugar a otro.
-El clima: el sol, el viento, el mismo frío. Infinidad de variables ya mencionadas , necesidad de asoleamiento óptimo, de resguardo contra el viento, de infinitas casuísticas.

-El moviment humà. Camins gent, bèsties, places de mercat, llocs de cult, places de poder, establiments militars, llocs especialitzats on aconseguir aigua, menjar, intercanvi.

Andorra la Vella descuida todo ésto . La ciudad nueva queda superpuesta a la vieja, siempre más grande que ella, i, a menudo, la palabra “superposición” es literal: una capa sobre otra capa existente. Una carretera de tres carriles sobre una de uno, un edificio de ocho plantas sobre uno de dos. Demasiado grande , tosca , irrespetuosa con sus propias fronteras, con las pendientes, con el sol . Sin ningún tipo de planificación. Los técnicos se descuidan, hasta que , siempre a posteriori de un problema que ya se veía claro que se crearía, encuentran soluciones ingeniosas para seguir creciendo y perpetuando el problema , solucionando simplemente una parte, sin ir a la raíz, , sin ver que su concurso sólo lo acentua más porquelohacecrecer y lo magnifica, hasta llegar al riesgo de colapso.

La ciudad ha crecido, pues , al margen de toda planificación, desestructurada: calles viejas se borran, devoradas por las nuevas, cruzadas por ella, bajo edificaciones que, en ocasiones , les siguen las trazas, siempre hipertrofiadas, alienas al el entorno, seguidoras de una ley de la economía a corto plazo que obliga colonizar perpetuamente un espacio antes habitado, definido por unas reglas sencillas y precisas, y sobre todo , por una escala. Ahora, abigarrada, la sensación de estar en un lugar que si soporta mucha gente más gente de la que puede sostener, balcón tras balcón , desorden, poca cualidad urbana. De tanto en tanto, un andorrano , pegado al móvil, hablando , saliendo de alguna tienda, paseando por la calle : habitante furtivo de un espacio que no pertenece a nadie , lugar de paso hasta que las condiciones no canvien . Andorra se ha negado el confort por un plato de lentejas.
¿Y donde están los arquitectos ? Antes lo he mencionado: soluciones técnicas a posteriori, hilvanar problemas que conducen al colapso final si alguien no se opone antes, decorar fachadas , halls, escaparates . Combinar colores, obviar el suelo , el viento, con todo lo que he dicho antes. No planificar, no hablar, no avisar. No proponer , y el fantasma del fantasma de Miralles a quien han derribado la nueva urbanización de la Avenida Meritxell, sin saber nunca si era solución, nuevo hilvanado o simple ilusión de un problema que todavía no ha acabado de estallar.

Puede cambiar a peor ………..

Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *