Una biblioteca de la Mancomunidad

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Foto: Jaume Prat

(Gracias al Archivo COAC y, particularmente, a Andreu Carrascal. Parte de las fotografías se han extraido de un magnífico artículo de la bibliotecaria Carme Mayol publicado por la Universidad de Barcelona)

La villa del Vendrell, capital del Baix Penedès, no pasa por su mejor momento. Poseedora de un patrimonio cultural envidiable(1), y bastante descuidado, caminar por sus calles evidencia problemas económicos y sociales, traducidos, entre otras cosas, por la segunda representación en importancia en el territorio catalán del partido fascista Plataforma por Cataluña.

En la parte baja de su rambla, que desemboca en la estación de ferrocarril, encontramos un edificio clasicizante, inaugurado en 1917, de unos seis o siete metros de ancho por doce o quince de largo (veinte como mucho), ligeramente elevado sobre un podio a modo de pequeño templo donde, entre pendones de propaganda del Ayuntamiento, todavía se puede leer un rótulo que lo bautiza como Biblioteca Municipal sobre su puerta de entrada.

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Foto: Jaume Prat

Para entender la importancia de esta pequeña construcción hemos de retroceder hasta 1833, año en que el poeta Bonaventura Carles Aribau(2) publica su Oda a la Pàtria(3), pistoletazo de salida de lo que ahora se llama la Renaixença (el Renacimiento. Mantengo el término catalán por considerarlo un nombre propio). La Renaixença será un movimiento vertical de raíz popular, que configurará la estructura social catalana hasta hoy en día(4), basado en asociaciones populares laicas de raíz cultural: agrupaciones de teatro, grupos de danza, corales, bastoners (un tipo de danza folklórica basada en entrechocar bastones de madera), castellers, agrupaciones sardanistas, excursionistas y un largo etcétera que llega hasta las cooperativas agrícolas. Esta estructura social es la que ha conseguido mantener la identidad nacional ocupándose, entre otras cosas, de la imporantísima tarea de integrar la inmigración. La Renaixença vertebrará la sociedad civil: diarios como la Veu de Catalunya o el Diario de Barcelona(5), editoriales como la Montaner y Simon(6), Sociedades como la Savigny o la Filosófica, el Centro Excursionista de Cataluña, la Acadèmia del Gai Saber, la de Les Bones Lletres, el imprescindible Ateneo Barcelonés y los Jocs Florals (los Juegos Florales, que premiaban poesía en catalán) partirán del movimiento, entre muchas otras cosas. Sin la Renaixença será imposible entender el Modernismo y su reacción, el Novecentismo, de base más conservadora, que, lentamente, postulará la necesidad de vertebrar políticamente este excepcional magma cultural.

La oportunidad será brindada por el primer ministro conservador Eduardo Dato Iradier, gallego de origen, jefe de los Idóneos, que, opuestos a Antonio Maura, deberán gestionar la profunda crisis-de-la-crisis en la que España se sumerge después del mandato liberal del Conde de Romanones(7). Un decreto del mismo 1913, el año en que sube al poder, permitirá que las diputaciones que así lo deseen se puedan agrupar en entidades mayores. Sólo cuatro de ellas aprovecharán este decreto: las cuatro diputaciones provinciales catalanas que, a sugerencia del diputado Manuel Folguera, formarán la Mancomunitat de Municipis (Mancomunidad de Municipios), impulsada y controlada por un partido de nueva creación, la Lliga Regionalista, fundado en 1901(8), dirigido, entonces, por el tándem Francesc Cambó-Enric Prat de la Riba, de ideología católico-conservadora. Prat de la Riba(9) demostrará que la llama que quema con el doble de intensidad dura la mitad de tiempo(10) muriendo a los cuarenta y seis años, en 1917, después de haber establecido las bases de actuación de la institución. Será sucedido por el arquitecto Josep Puig i Cadafalch(11), que ocupará el cargo hasta 1924. La dictadura de primo de Rivera reducirá la institución a una parodia vulgar de lo que era dirigida por el industrial Alfons Sala primero para, seguidamente, ser aniquilada.

Si la Renaixença fija la estructura social catalana, la Mancomunidad creará de la nada una estructura estatal moderna. La institución es el resultado de una demanda social pura de un país que, aun habiendo sido una de las pocas zonas de la Península Ibérica donde hubo Revolución Industrial (y su consecuente promoción económica) se siente derrotado después de los hechos de 1714 y sus ecos posteriores(12). El país no está vertebrado. Las comunicaciones hacia el Maresme (hasta el tren de Mataró de 1848) y Tarragona se realizan por mar: desde la Vía Augusta romana no se ha realizado ninguna carretera que recorra el litoral. Apenas hay ferrocarril. La escasa red de soporte social se debe a iniciativas privadas más o menos bienintencionadas ligadas a empresas y zonas del territorio concretas, como las cuencas de los ríos Ter y Llobregat. La cuota de analfabetismo se acerca al 50%. Y el principal órgano de gobierno del país, la Generalidad, lleva doscientos años disuelta. La Mancomunidad, antes que nada, abrirá una etapa: la etapa propositiva. La etapa de hacer, de creérselo, de obviar un gobierno central que sólo ha sido capaz de reprimir, de comportarse como un gobierno de ocupación. Casi sin dinero, sin la posibilidad de una hacienda propia, la Mancomunidad creará prácticamente todas las instituciones necesarias para cohesionar, dotar de identidad y de operatividad al país.

Se impulsarán líneas nuevas de ferrocarril promovidas de manera privada, dirigidas por ingenieros ingleses que trabajan con ancho de vía europeo(13) bajo las órdenes del ingeniero Esteban Terradas i Illa(14), de formación alemana. Estas líneas irán hacia Manresa (y hacia Francia, de no haberlo interrumpido la dictadura de Primo de Rivera), bordearán el Llobregat por la orilla opuesta a la del ferrocarril de Madrid hasta el núcleo industrial de Igualada y vertebrarán el área metropolitana de Barcelona con nuevas líneas de metro. En 1921 se fundará el Servicio Meteorológico de Cataluña(15) y el Servicio Geológico. Se procurará comunicar telefónicamente el territorio. Se crearán las Zonas Francas, todavía existentes actualmente, para el fomento de la industria(16).

E irán más lejos: un país no es un país sin una lengua. La Mancomunidad pactará con el recién formado Instituto de Estudios Catalanes (1907: siete años de vida cuando empieza a caminar) para modernizar la lengua catalana. Para esta tarea será clave el concurso de un personaje genial, el catedrático de química y filósofo aficionado Pompeu Fabra(17), que, casi por generación espontánea, habrá terminado, en 1912, la primera versión de la Gramàtica Catalana(18) y, en 1917, la primera versión del Diccionari Ortogràfic(19): el catalán será, a partir de entonces, un idioma de referencia con el que poder publicar cualquier estudio científico, con capacidad de adaptación y creación de neologismos, y una Academia detrás que vele por su salud(20).

A nivel cultural, la Mancomunidad comprará cuatro manzanas cerca del Hospital Clínico de Barcelona, en pleno ensanche, para la creación de la Universidad Industrial(21), donde se formarán fundamentalmente maestros (el mismo 1914 Alexandre Galí funda la Escuela de Maestros) y bibliotecarios (1915). Estas escuelas serán clave, adicionalmente, para la integración de la mujer al trabajo: en realidad la escuela de bibliotecarios será, sobre todo, de bibliotecarias(22). En palabras de Prat de la Riba, Que no hi hagi un sol Ajuntament de Catalunya que deixi de tenir, a part dels serveis de policia, la seva escola, la seva biblioteca, el seu telèfon i la seva carretera. (Que no haya un solo Ayuntamiento de Cataluña que deje de tener, a parte de los servicios de policía, su escuela, su biblioteca, su teléfono y su carretera). Palabras de un estadista.

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Escuela de bibliotecarias.

Volvamos a la arquitectura: los dirigentes de la Mancomunidad son conscientes que toda esta tarea se ha de visibilizar y dignificar. Los arquitectos, en ese momento, tienen una presencia política que apenas sospechamos ahora, culminada por Puig i Cadafalch, que la presidirá del 17 al 24. El estilo de su arquitectura será el novecentismo: abstracto, perteneciente al mundo de las ideas, ejecutado con presupuestos bajos, expresándose más a través de las formas, de las proporciones, alejado de unos métodos de construcción y unos materiales circunstanciales. Un estilo que quiere dignificar hitos construidos, literalmente, con cuatro duros.

El año 1915, la institución promueve un concurso al que concurren(23) un mínimo de cinco arquitectos: Isidre Puig Boada, Lluís Bonet Garí, Porta, Bergós(24) y Ramon Puig i Gairalt. Puig i Gairalt resultará ganador. El concurso demandará un proyecto tipo para una pequeña biblioteca a construir en diversos municipios de Cataluña.

El proyecto del Puig(25) es un pequeño templete de obra de fábrica, largo y estrecho, elevado sobre una plataforma, con una puerta de entrada central coronada por un frontón, con una fuente ante el acceso: cuatro paredes de obra de fábrica revocada con una serie de pilastras que lo harán virtualmente tetrástilo y períptero. Pequeñas ventanas laterales cuadradas y, en el interior, un espacio central iluminado cenitalmente como pequeña sala de lectura, con muebles de madera oscura adosados a las paredes y cuatro puertas de acceso. Un espacio sencillo para un edificio barato, dignificado por la altura de techo y la luz. Un edificio quizá más alemán o inglés que clásico(26), diseñado para ser usado y para que su uso signifique algo para quien lo usa y posee: ayuntamientos necesitados de infraestructuras y representatividad.

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Ramon Puig i Gairalt: proyecto tipo para una biblioteca pública para la Mancomunidad, 1915. Fotos de maqueta. Fondo Puig i Gairalt- Archivo COAC

Las bibliotecas se pondrán rápidamente en obra mediante un arquitecto (no necesariamente el propio Puig: de hecho, es probable que no llegase a dirigir ninguna personalmente) que elabore un proyecto complementario al proyecto tipo para adaptarlo al lugar específico. Teniendo en cuenta los recursos disponibles, se van a construir muchas, en municipios tan diferentes (y tan esparcidos por el territorio) como Vic, Sabadell, Olot, Canet, Valls o Figueres, incluso una en Lleida. Hay dos modelos tipo, mas algunas construidas ad hoc en espacios cedidos o adaptados, como la de Granollers: los modelos son uno sin identificar, construido en Valls, Figueres (con una variación) o Les Borges Blanques(27), y el de Puig i Gairalt, edificado como mínimo en el Vendrell y en Vic. El edificio de Vic montaba una cubierta a cuatro aguas de teja árabe, y estaba ubicado en lo que ahora es la plaza del Bisbe Oliva, en el lateral de la Catedral. O sea, fue derribada para crear un espacio de respeto(28) ante la nueva sede del Museo Episcopal, proyectada(29) por Federico Correa y Alfonso Milà.

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Biblioteca Pública de Figueres. Foto recogida por Carme Mayol

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Biblioteca Pública de Sallent. Foto recogida por Carme Mayol

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Biblioteca Pública de Valls, proyectada con el mismo proyecto tipo que la de Sallent. Foto recogida por Carme Mayol

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Biblioteca Pública de Vic, desaparecida, como el edificio tras suyo, sustituida por el espantoso Museo Episcopal. Foto: Fondo R. Puig i Gairalt- Archivo COAC

Nos ocupa la Biblioteca del Vendrell. Se inaugura en 1917 con la presencia de todo el pueblo. El terreno anteriormente descrito, de forma triangular, obliga a la colocación del edificio, paralelo a la Rambla en lugar de perpendicular a ella, como sería deseable. Se trata de un terreno cedido por el abogado de Vilanova i la Geltrú Joan Ferrer Nin(30), ya que los terrenos de propiedad municipal no se juzgaron lo suficientemente céntricos, y se quería un lugar concurrido. La colocación extraña obligó a ubicar un segundo portal de acceso en el lateral del edificio, en realidad la puerta principal, que altera la volumetría pero que lo ancla al lugar: un gesto claramente hecho in situ, delicado, con un punto de indolencia que singulariza el edificio y lo hace pertenecer al lugar: esta biblioteca se carateriza por configurar una especie de proa, ahora protegida por barandillas metálicas robustas, que los automovilistas tienen que evitar en su tránsito por el Vendrell. El interior se construyó según los deseos de Puig i Gairalt, claraboya incluída.

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Biblioteca Pública del Vendrell. Foto recogida por Carme Mayol

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La entrada lateral de la Biblioteca Pública del Vendrell, hacia la Rambla: la verdadera entrada principal como gesto de circunstancias que completa el edificio. Foto: Jaume Prat

La Guerra Civil acabó definitivamente con el Plan de Bibliotecas, después de hacer esfuerzos derivados de este Plan inicial para llevarlas al frente en forma de autobuses para que los soldados de permiso pudiesen leer. El biblio-bus de guerra será el medio de transporte en que escritores como Mercè Rodoreda cruzarán la frontera francesa hacia el exilio.

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El bibliobus del Frente. Foto recogida por Carme Mayol

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La Biblioteca Pública de les Borges Blanques (perteneciente al mismo tipo que Sallent o Valls), destruida en el curso de la Guerra Civil: el fin de un sueño, el principio del exterminio. Foto recogida por Carme Mayol

La Blblioteca del Vendrell ha perdido su función inicial para pasar a alojar las oficinas de cultura del Ayuntamiento. En el interludio han asesinado su interior: la sala a doble altura ha quedado anulada por un forjado que ha matado la dignidad del edificio. El espacio central, la biblioteca propiamente dicha, es ahora un lugar mediocre. Los muebles diseñados por el propio Puig i Gairalt han desaparecido. Mobiliario de oficina vulgar ocupa el espacio sin orden, concierto ni proyecto.

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Boceto de trabajo de Ramon Puig i Gairalt sobre una foto de la Biblioteca del Vendrell en obras. Fondo R. Puig i Gairalt- Archivo COAC

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Interior de la Biblioteca del Vendrell en funcionamento. Fondo R. Puig i Gairalt- Archivo COAC

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La Biblioteca Pública del Vendrell, sin interior. Las ventanas son nuevas y han afectado a las fachadas laterales. Fotos: Jaume Prat

La Biblioteca del Vendrell no es tan sólo una fachada, o una volumetría: es, o era, un interior y una función. Sin ésta el edificio no tiene sentido. Perderlo es perder parte de nuestra identidad. Perderlo es perder la representatividad de esta obra de gobierno, y buena parte de nuestras raíces en positivo: como si recordar una derrota fuese más fácil que recordar, y mantener vivo el recuerdo, de cuando el país se construía. Recuperar la integridad de este pequeño edificio y su significado, así como su funcionamiento (y una posible catalogación) en red (una red formada por lo que queda de estas bibliotecas) evitaría que el genocidio cultural al que nos vemos sometidos tenga(31) una parte de suicidio.

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Foto: Fondo Puig i Gairalt- Archivo COAC

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Foto: Jaume Prat

(1) Y de un patrimonio arquitectónico notable, dividido entre dos (que son tres) núcleos de población definidos, el propio Vendrell y Sant Salvador, su barrio marítimo (dividido en dos por una zona de marismas), bien tensionados, relativamente respetados por la especulación urbanística (gran mérito teniendo en cuenta su ubicación), con decenas y decenas de edificios que, sin ser obras maestras, son perfectamente reivindicables.

(2) Sí, el mismo de la calle.

(3) Poema literariamente espantoso, que debe su emoción precisamente a su precariedad: la lengua había dejado de ser un vehículo de cultura. El poema a penas tiene recursos para expresar sus emociones. Esta contención y pobreza expresiva describe mejor que ningún otro manifiesto el pozo del que el país intentaba salir.

(4) Con la excepción, matizable, de Barcelona Ciudad.

(5) Fundado originariamente en castellano, en 1792, adquirirá identidad y popularidad a partir de 1814 gracias a la presidencia de Antoni Brusi, que dará el nombre que llevará el diario a la popularida: el Brusi.

(6) Fundada por Ramon Montaner, tío del arquitecto Domènech i Montaner, que construirá su sede ocupada actualmente por la Fundació Tàpies, y Francesc Simon, no será la última vez que salga en este blog: avanzando acontecimientos, su última etapa quedará marcada por dos nombres ilustres geniales: Pere Calders y Jesús Moncada.

(7) Un lobo vigilando el ganado: ah, la historia del país.

(8) Con el impulso, de, entre otros, Lluís Domènech i Muntaner: Domènech se separará de la Lliga en 1904 descontento por el alejamiento del partido de su ideología liberal.

(9) No, no es familia mía, por desgracia. Al menos, directamente: sus (y mis) raíces familiares se hunden en la comarca del Moianès (de visita obligada), lo que todavía me hace albergar esperanzas de tener algún gen común despistado.

(10) Sí, la cita es de Blade Runner: como todas las mejores frases de la película se debe a la pluma de David Peoples.

(11) No se ha de cometer el error de considerar a Puig como un arquitecto modernista. Empezará su Carrera muy joven y a los treinta y un años ya habrá proyectado la Casa Amatller. A los treinta y dos, las Bodegas Codorniu. A los cuarenta, el arquitecto ya construye, sin perder jamás su calidad excepcional, siguiendo los postulados novecentistas. Morirá a los ochenta y nueve años después de una carrera total, de un alcance que a penas se ha empezado a estudiar.

(12) Entre los que se cuenta un bombardeo contra la población civil realizado en 1842 por el regente Baldomero Espartero, que causará daños a la estructura económica de la ciudad: España es especialista en dispararse al pie.

(13) Contra la creencia popular, el ancho de vía español no es debido a una decisión política (aunque sí se usará con esta finalidad a posteriori), sino a la incompetencia de un equipo de ingenieros convencidos de que montar el ancho de vía europeo en los trenes los haría descarrilar debido a la orografía accidentada de la Península Ibérica.

(14) Sí: padre del arquitecto Robert, y, por tanto, el primero de la dinastía.

(15) Sobrevivió a todo, hasta que, el otro día (no hace de esto ni un trimestre) el gobierno español actual del Partido Popular intentó, infructuosamente, cerrarlo.

(16) (otro) de los planes aprovechados por los tecnócratas de Franco para el desarrollo económico posterior de España, junto con el Plan de Pantanos, el de Regadío y el de Nuevos Poblados, todos ellos redactados por la República dirigida por Indalecio Prieto

(17) Gran amigo de Miguel de Unamuno, por cierto.

(18) Publicada finalmente en 1918 por el IEC, bajo los auspicios de la Mancomunidad.

(19) Conocido popularmente como el Diccionario Fabra y coloquialmente como el Pompeu.

(20) Tan potente es la tarea de Fabra que cuando Franco autoriza las primeras representaciones teatrales en catalán después de la Guerra Civil tan sólo lo hará para autores precios a esta reforma, como el popular Frederic Soler Pitarra (figura clave, por otro lado, para la popularización del teatro en catalán en la primera Renaixença), ya anticuado en ese momento.

(21) Obviamente rebajada de categoría por Franco, convertida en Escuela Industrial, manteniendo, sin embargo, buena parte de su importancia intacta.

(22) La escuela perdurará hasta convertirse en la actual Facultad de Biblioteconomía y Documentación. A pesar de la preponderancia femenina de su alumnado no será hasta 1973 que una mujer, Rosalia Guilleumas, la dirigirá por fin.

(23) Según la documentación en mi poder. La lista podría ser incompleta.

(24) A los que no he conseguido identificar.

(25) Personaje clave del novecentismo catalán, desaparecido, como su hermano Antoni, en el curso de la Guerra Civil. Su obra apenas se ha empezado a estudiar. Puig i Gairalt será un gran animador cultural de la Cataluña de entonces. Músico (su hermano Antoni será un pianista notable), intelectual de gran consciencia social… y amigo de Le Corbusier. Será él, y no Josep Lluís Sert, quien lo traerá por primera vez a Barcelona.

(26) Los maestros de la arquitectura clásica con interior. Unos interiores que se diferencian de la arquitectura clásica mediterránea (Bernini o Borromini, a lo bestia) por saberlos dotar de domesticidad.

(27) Que, probablemente, corresponda a un segundo concurso de 1916.

(28) ¿¿¿¡¡¡ De respeto!!!???

(29) Perpetrada, más bien. Se trata de uno de los peores proyectos públicos de la Cataluña contemporánea.

(30) Ignoro su relación con el Vendrell, más allá de poseer los terrenos en cuestión. La villa ya tarda en dedicarle una calle.

(31) Como lo tiene, ciertamente.

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3 respuestas a Una biblioteca de la Mancomunidad

  1. Ignasi Bonet dijo:

    Fantástico artículo, Jaume!

    Me gusta porque defines el contexto cultural, político y social, el proyecto de país Noucentista, en el que cobra sentido la red de bibliotecas que puso en marcha la Mancomunitat.

    Ciertamente, debería dignificar-se esta red de edificios y recuperar su sentido original. Yo he visitado el de Canet de Mar y me temo que está en una situación similar (no pude ver el interior).

    Hay información interesante sobre estos proyectos en el libro “Les Biblioteques populars de la Mancomunitat de Catalunya : (1915-1925)” de Teresa Manyà (ISBN 9788497795197 ). En él se especifica que las tres primeras bibliotecas en construirse, Sallent, Valls y Olot, fueron en base al proyecto del arquitecto Lluís Planas Calvet (que era arquitecto de la Mancomunitat), y detalla algunos pormenores del concurso así como virtudes e inconvenientes de los distintos proyectos, en base a los anuarios y boletines de la época.

    Es un tema sobre el que podemos ir ampliando la información, con la inestimable ayuda del Arxiu del COAC (qué tesoro!).

    Me quedo con las ganas de saber más sobre los ineptos ingenieros de las vias de ancho español (y las virtudes del equipo de Terradas!), así como de tu gen despistado que te podría vincular con Prat de la Riba! 🙂

    Un abrazo,

    Ignasi Bonet

  2. Jesús G. dijo:

    Interessant article, que posa en valor uns edificis que trobo que passen molt desapercebuts i que, amb els col·legis municipals de Barcelona, algunes parts de la Via Laietana i potser algunes estacions dels Ferrocarrils Catalans, són la mostra més representativa i efectiva de l’arquitectura noucentista civil. Una puntualització, només. L’Escola de Bibliotecàries es deia així: “de Bibliotecàries”, perquè només s’hi admetien dones. Els fundadors, entre els quals Eugeni d’Ors, consideraven que el tarannà femení seria millor per a l’ofici, que hi hauria més dones ben preparades (de bona família i amb bona educació) que voldrien fer un ofici de no gaire prestigi llavors (els homes en preferirien altres) i, sobretot, que no cobrarien tant com el que s’hauria de pagar a un home. El primer estudiant home que va estudiar-hi es matriculà els anys setanta, quan l’Escola era ja de Biblioteconomia i Documentació. Una altra cosa: la biblioteca de Vic ja havia desaparegut quan comencen les obres de l’edifici de Correa i Milà. La deurien enderrocar cap al 1961, que és quan s’instal·la la biblioteca en una altra banda. És llavors quan es fa la plaça que permet la visió lateral de la catedral i el campanar romànic, i del mateix museu antic. Una cosa és que no t’agradi el nou museu (que funciona molt bé i té unes instal·lacions més que interessants), però una altra és que els acusis, pobres, d’una cosa on no tingueren res a veure. :’)
    De les quatre primeres biblioteques (una per província), que seguien el model de Planas (Valls, Olot, les Borges Blanques i Sallent), amb torres laterals, només en queda la de Valls, restaurada. La de les Borges s’enderrocà després de la guerra, la de Sallent es va modificar molt (com després la de Canet) i la d’Olot fou enderrocada els anys seixanta, sense cap motiu aparent.
    Encara trobaries un tercer model, el de Puig Boada, en la biblioteca de Pineda (1922). Puig Gairalt, a Figueres també en 1922 i enderrocada en 1962, fa un edifici similar al de Planas, però sense torres. La resta es van ubicar en edificis preexistents (Granollers, Ulldecona, etc.) o destinats a escoles (Calella), com a part de l’edifici.

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