Transportar sensaciones

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La Real Academia de la Lengua Española define habitar como vivir y morar. Como si el término fuese el fiel de una balanza que equilibra, junta, activa y da sentido estos términos, complementando su vertiente biológica con la cultural. Convirtiendo el acto en una acción consciente que las vicisitudes de nuestra sociedad han complejificado a ritmo de los nuevos modos de vida producidos por fenómenos tales como internet, los vuelos baratos o los mecanismos de inmigración asociados al tráfico internacional de títulos, cerebros o mano de obra especializada.
Emiliano Roia, arquitecto romano nacido en 1971, ha debido encontrar sentido al término habitar a través de sus propias circunstancias: su práctica profesional tiene base en dos países tan distantes como Italia y Australia, y se dispersa por los campos de la arquitectura, el interiorismo, el paisajismo, la docencia y la fotografía. Él mismo narra su atracción por esta última disciplina así: Cuando me mudé a Australia hace unos años, mi manera de pensar la fotografía empezó a evolucionar, ganando un cierto grado de metodología y conciencia en sus valores expresivos. En aquel tiempo recuerdo haber sentido una fuerte necesidad de expresar las emociones que surgieron de esta nueva experiencia, y al mismo tiempo quería buscar un medio que fuese más rápido y ligero que la arquitectura. En resumen: Emiliano Roia habita a través de la fotografía. Su entorno cambiante necesita ser comprendido y sedimentado a través de ella.

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Roia, adicionalmente, decidió cursar el agosto de 2012 el workshop RCR-LABA, para lo que se trasladó a Olot, lugar que decidió habitar exactamente del mismo modo. Olot, para Roia, se identifica en gran medida con la arquitectura de RCR y, al margen de la carga docente del curso, decidió documentarla a través de una serie de fotografías, 52 de las cuales forman parte de una exposición itinerante titulada RCR Landscapes. Pilgrimage to Olot: A photographic insight into the World of RCR Arquitectes, que también se ha convertido en un libro de edición limitada editado por RCR-Bunka. Tanto la exposición como el libro documentan nueve proyectos del estudio a través de la mirada del arquitecto. La lógica y el valor de las fotografías es la de la sensación. Roia no se preocupa en absoluto por hacer comprensible el proyecto desde el punto de vista de quien quiera estudiarlo entero. Ni el libro ni la exposición ofrecen la más mínima documentación planimétrica de las obras. Tampoco se hace ningún esfuerzo por mostrarlas enteras de modo comprensible. A cambio de esto se ofrece la mirada del arquitecto como acompañamiento a lo que las obras, en sí, pretenden expresar y evocar. A cambio de esto se ofrece un viaje a los motivos que han inspirado todo el esfuerzo que implica la gestión de esos proyectos: su definición, su investigación sobre los materiales y procesos constructivos, y, por encima de todo, su diálogo con el lugar. Que queda (si no lo era ya) convertido en un paisaje trabajado, valorado y potenciado hasta que sus leyes permitan expresar su máximo potencial.
He oído expresar a Ramon Vilalta la actitud de RCR frente al proyecto en más de una ocasión. Temas como la función, el presupuesto o la sostenibilidad son sobreentendidos como parte irrenunciable de lo que significa el oficio de arquitecto: la arquitectura empieza precisamente aquí, trascendiendo estos términos en función de lo que realmente necesita ser expresado a través de ella. Una reflexión constante sobre el habitar. Sobre el vivir previo, o paralelo a esta acción. Sobre la intimidad, sobre el placer, sobre la sensación. Sobre nuestra relación con el entorno. Con el clima. Con la naturaleza, los materiales, la tecnología. La ciudad y el campo. RCR aboga por una arquitectura compleja, tejida a través de una red de relaciones multifactorial a todas las escalas. Y es aquí donde las fotografías de Roia intervienen. Los proyectos aparecen siempre vacíos. Mudos. No a la manera artificiosa de una presentación de revista de arquitectura (estilismos, escenas artificiales que componen cuadros autorreferenciales), sino a la de los cuadros de Antonio López: Roia fotografía marcos de cuadros. Marcos vivos, activos, desnudos de actividad, en un paréntesis de la vida que ya los ocupa.

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Antonio López: La Gran Vía.

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El arquitecto no se limita a habitar a través de la fotografía. Roia, a través de su mirada, consigue transportar este habitar a los diferentes sitios por donde pasa. El primer cliente de esas fotografías (impresas sobre papel de buena calidad en un formato parecido a un A2) es él mismo: no exactamente postales como una manera de revivir las sensaciones que evoca un determinado lugar. En Roma, Perth o donde sea.

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Una respuesta a Transportar sensaciones

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