Sobre pletinas de hierro dobladas

Recuerdo la primera visita que hice a la fábrica Casa Ramona reformada. La abordé por la parte posterior , ignorando la nueva pérgola de Arata Isozaki, la cual sólo cubre los accesos que se han querido construir subterráneos con tal de no interrumpir un alzado que, al final, acaba siendo alterado en su visión cercana por los grandes huecos que han abierto en el suelo con esta voluntad de no alterar nada, alterándolo todo.

Había, hay , unas barandas muy interesantes de forja, diseñadas por el propio Puig y Cadafalch, que me hiciero reflexionar. Estas barandas estan hechas a base de pletinas de dos centímetros que giran sobre su propio eje y , si no recuerdo mal , se empotran una a una al zócala de ladrillo. Por encima , el pasamano . Todas las pletinas son, aparentemente, iguales. Todas las pletinas deberían ser iguales. Puig y Cadafalch, por tanto, prescindió totalmente del espirítu de los artesanos, de su saber hacer más allá del conocimiento immediato que tenían de redoblar platabandas. Artesanos, por tanto anónimos, intercambiables, anodinos y que, en última instancia, prefiguran el poder de la máquina. Poder que acaba afirmándose , tomando sentido, en el cercano pabellón de Mies van der Rohe, sólo un poco posterior a la construcción de la fábrica. Cuando Mies encarga que lo fotografíen , por otro lado , se preocupa mucho de que la cercana torre de la Casa Ramona aparezca.

Mucho mása adelante , grupo R, Coderch,barandas de barrotes convencionales que acaban siendo, también poéticas por el contexto , por su propia simplicidad, por lo que representan.

Mucho más adelante , Herzog &de Meuron, Basilea otra vez , depósito de señales 4 Auf den Wolf. Bandas de cobre todas exactamente iguales, retorcidas todas ellas alrededor de un edificio, configurando la fachada, actuando de jaula de Faraday de faraday, permitiendo una lectura como un objecto autónomo del edificio. La máquina, la artesanía conjugadas para conseguir que un edificio parezca una idea. Ningún rastro humano , ni tan solo en escala. El mismo depósito de señales sería una luz de mesa fantástica.

Después , el contexto lo legitima. Cables, catenarias del tren colgadas .Su propio depósito ferroviario , muy cercano. Los colores grises, la luz bruta. Un buen edificio, en suma.

Ahora hace , dos años, RCR, Olot. Aranda, Pigem, Vilalta arquitectes. Casa M-Lidia. Restaurante les Cols, sobre todo el restaurante les cols. Algún día tendré que hablar de ello , lo veo.

Bandas de hierro retorcidas, otra vez manualmente . Bandas de hierro pintado de color hierro, con pintura que tiene pigmentos metálicos. Humedad, se entra por la vertiente norte sobre un suelo mojado Paredess y techo revocados , la sala dorada , todo penumbra y contraluz. Y las bandas de hierro.

Hechas una a una. Todas diferentes. Una única razón : la mano . La mano se cansa, es imperfecta, unas las hace del derecho y otras del revés . La mano . Fijadas a un marco metálico . Controladas tan perfectamente como en el caso de los suizos. Pero con una regla de juego que permite la existencia de estas imperfecciones de la mano. Que las legitima. Que mejoran el proyecto . La mano.

Y, en el recuerdo , Jujol retorciendo hierros en la Pedrera , en el Mas Bofarull. Quejándose al propio hierro porque no es dejava doblar lo suficiente, porque se rompía . Martilleando . Picando , serrando. Apoyado sobre una puerta de cobre que repicó , clavo a clavo , centímetro cuadrado a centímetro cuadrado.

La mano

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