Sancho, con la iglesia hemos topado


Siempre he creído que uno de los rasgos que nos conforma como arquitectos es nuestra relación respecto a las grandes obras de la historia. Estamos obligados a tener una opinión (opinión propia). Porqué sí. Porque somos lo que hemos comido, lo que vemos. Porque la arquitectura pertenece al reino de las emociones, al de la trascendencia. Forma parte de nuestro corpus de identidad como seres humanos que hacen alguna cosa más que arrastrarse-haciéndose preguntas que de otro modo sería mucho más complicado responder sobre que somos, donde estamos y a donde vamos.
Visité la capilla de Ronchamp por primera vez hacia los veintidós o veintitrés años , armado con una cámara de fotos analógica, y tomé las fotografías que ilustran este artículo.
Lo que más me sorprendió de la obra es su carácter de sistema. Edificaciones dispersas encogidas contra una espalda formada por la parte del bosque que no se ha limpiado. Porqué si , la capilla tiene una espalda. En parte, ella misma es una espalda.Para mí (sea cierto o no: nunca en la vida he visto refutada esta hipótesis de trabajo de una manera coherente), la primera operación de Corbu consiste en fabricar un lugar . El lugar . Y lo hace a semblanza de como Picasso pintara sus “Meninas”

Curioso el cuadro de Picasso comparado con el original de Velázquez (que, no puedo esconderlo , considero infinitamente superior). El sevillano traslada el centro de un cuadro destinado a su lucimiento personal (casi entra en el terreno de la autofelación ) a la figura de la bellísima infanta Margarita, una de las bellezas más etéreas toda la historia de la pintura. El pintor (de hecho la razón de ser de todo el cuadro) queda desplazado a un segundo término , autoretratado en un perpetuo gesto de sabiduría , capturando aquel instante mágico, aquella mirada fascinadora (a la altura de la de la Gioconda), traviesa y serena a la vez , tranquila, alegre, contenida, una mirada que pertenece a alguien consciente, ya de tan pequeña , de su aspecto mayestático.

Picasso, al contrario, prefiere trasladarse al centro del cuadro. Ah, perdón, que es Velázquez el pintado, no el. Tiende a olvidárseme análogamente a como se le olvidaba al propio Picasso, que define y explica, que desvela la belleza de la sala retratada, del espacio , de la luz, para poner en el justo centro, como una Madonna. Como Madonna, directamente. Como si fuera un Julio Iglesias de la pintura con talento.

Le Corbusier, en Ronchamp, hace lo que Picasso pintando las “Meninas”. No se puede olvidar que la capilla es , tal vez , la obra de rehabilitación mas famosa de todo el Movimiento Moderno. El encargo original consistía en reconstruir una capilla , lugar de peregrinación local, destrozada durante Segunda Guerra Mundial, utilizando sus propias ruinas . Le Corbusier se limitará a ordenar las piedras que quedan, a su manera. Un pequeño centro de visitantes y una vivienda para el guarda completan la operación.
La diferencia fundamental respecto la capilla original consistirá en una evidencia tan grande que mucha gente no lo ve: el prado que permite ver con claridad el edificio. Así, Le Corbusier peina el bosque fabricando su propio espacio de respeto : muy pegado por la parte posterior de la capilla (más lo habría estado si el arquitecto hubiese podido construir el campanario, muy parecido, por cierto , al que Jujol esboza, veinte o treinta años antes, para su santuario de Montferri, y que Bassegoda pudo , por fin, construir) y separado por delante , porque la copa de los árboles no tape la capilla. Las vistas lejanas llegan a los diez kilómetros con toda facilidad , en dirección, precisamente, a la larguísima carretera de aproximación.

Hay dos formas de pensar el prado : la maliciosa y la cortés. Bien pensado por naturaleza , tiendo a la segunda, gracias. Describo la maliciosa: el edificio que se ve desde diez kilómetros de distancia porque el prado claro permite fotografiarlo con toda la comodidad con una cámara de de 50mm convencional, como las que existían en aquellos tiempos . Prometo algún día hablar de las bondades del objetivo de 50mm, que es al de 28mm actual (el objetivo de moda, substituyendo el de 35mm, y ya se empiezan a encontrar a precios populares de 20mm, 18mm o incluso de 14mm con corrector de verticales, donde debes estar muy seguro de lo que haces para que tus pies no salgan en la foto) lo que el erotismo es a la pornografía: te obliga a fijar la mirada, a hacer un esfuerzo de síntesis que convierte cada foto en un pequeño cuadro.

La manera cortés de pensar el prado describe mis propias sensaciones el día de la visita . Llegamos a la capilla un día de invierno, tarde: oscurecía . Corriendo , me dediqué a hacer las cuatro fotografías tópicas de rigor (se sabe que son tópicas, y que son de rigor, y por Dios , ¿qué tiene la gente en la cabeza cuando las hace, joder?) porqué siempre miran la capilla, poniéndose de espalda al paisaje.¿ No se dan cuenta de que es al revés ? Al revés! La capilla es una máquina para mirar, para pensar, adorar, para convocar este paisaje . Sale de allí. Como elemento autónomo arquitectónico no es nada !). Después , entré . El brise-soleil estaba retroiluminado por el sol que moría talmente un árbol de navidad, y llenaba el interior de una luz mágica. Mejor dicho, de una penumbra mágica, que casi no me dejaba ver las manos . Me di cuenta del silencio. El silencio de la capilla era, es, su rasgo más recomendable. Un silencio respetuoso, distante, denso, físico. Un silencio tranquilo como la sonrisa de la e infanta Margarita que pintó Velázquez.


El interior está hecho de texturas y rincones. Rincones donde pensar. Rincones donde la luz, entrando directamente por el techo, señala altares bajos como una mesa de boga. Deben servir para tomarse un café con algún Dios que, de buen seguro, si tuviera ganas de revelarse a alguien, elegiría este lugar Vas andando (lentamente, muy lentamente). Los zapatos friegan un suelo rugoso , en penumbra. Lo sentía irregular, desnivelado, quizás por el recuerdo del escalón que separa el altar interior principal de la zona de los bancos. Las paredes estucadas muy bastamente . Hieren, pero, como si fuese un monje cartujanos, no podía separarme : necesitaba aquella presencia física, sucia de polvo de , patinada.
Todo invita a la lentitud.Los pasos se acompasan al lugar , la voz baja de volumen (callé del todo casi todo el rato ) y, al poco rato , acabas en paz con tus pensamientos, arrinconándolos por un rato para pasar al terreno de la pura sensación.

Salí al exterior: practicados en la pared (LA pared. Ya sabéis a que pared me refiero) había una serie de huecos en los que podías sentarte o apoyarte. Encima de nosotros, el voladizo de la cubierta,, que se alzaba hacia el cielo sin terminar de contener el espacio. El valle bajo nuestros pies era penumbra. La iluminación exterior todavía no se había encendido. Espacio bajo nosotros . Las copas de los árboles a mis pies, la vista pasando limpia sobre ellas. La capilla que nos protegía, y, detrás , los árboles . Toda una máquina para hacerte sentir bien. . La cubierta del centro de visitantes, completamente recta, acababa las visuales cercanas , remarcando la artificialidad del conjunto. A un lado , la pirámide (la verdadera capilla Ronchamp, cementerio de las piedras que sobraron de la reconstrucción, ahora pieza clave para contener el espacio). La casita del guardia no se ve: queda entre el bosque , donde se le pueda dejar en paz, emplazada en su propio pequeño claro, en una posición y un diálogo con el bosque que siempre he creído que la convierten en una maqueta de como habría sido la capilla original.
Conozco las explicaciones originales, y alternativas a la mía, por estas cosas que he descrito: el prado sirve para alojar a los fieles el día de peregrinaje, cuando la capilla se gira como un calcetín y sirve de gran altar, al modo de un templo griego, para oficiar una misa multitudinaria al aire libre. Curioso: todas las fotos de la obra completa (las autorizadas por el propio Corbu) son tomadas ese día en concreto. Curioso también. La foto de la capilla grande, publicada a dos paginas completas, enorme, deja a un lado (para anclar el edificio) la pared ciega del centro de visitantes, que nadie retrata cuando va, no fuera el caso que estorbara la vista de aquella proa. Las fotos exteriores del edificio vacío de gente , sin fieles , son de dos tipos: o bien detalles sobre como está hecho el edificio (al fin y al cabo , las obras completas eran un artificio de propaganda para conseguir encargos) o bien fotos donde se ve alguna pared rasante… y aquel exterior del cual he hablado. Sí, hemos impuesto un paradigma al mirar la capilla, y lo explicamos completamente al revés de como el arquitecto lo había pensado: como un objecto autónomo, plantado en medio de un prado cualquiera, que podría ser en la frontera Suiza o en Kuala Lumpur. Se me objectará que esto es falso, pero nunca la en la vida he visto , en las clases , fotos que no sean estas : la capilla más o menos bien encuadrada , toda blanca ella, con sus formas extrañas , atractivas, y un profesor declamando sobre los múltiples detallitos que la conforman: que si el pilar, las escaleras, las líneas de luz. Vale. Si ésto les sirve….




Tengo la impresión , desde siempre, que este es un edificio incómodo. Por la manera de explicarlo. Como he comentado, por la de retratarlo, siempre remarcando, tanto oralmente como gráfica, la extrañeza del objecto. Después se pasa a desvelar los trucos que el arquitecto ha usado para llegar allí: el camino que la cruza, los peregrinos, el brise-soleil, la estructura que constantemente pone de manifiesto de manera sutil, brillante. ¿Es necesario ? Conocer esto es conocer un método, conocer la cocina de uno de los mejores edificios creados por un arquitecto des del Partenón. Pero no es lo más importante. lo importante sería, es, ser honesto con la la manera de uno de hacer arquitectura . Es ser honesto con el propio edificio. Disfrutándolo como un fiel. Como un usuario más de esta iglesia , de este lugar de culto, de reflexión. Huyendo de analogías impuestas. Huyendo de este trozo de papel (que espero no haber perdido ) donde dice que eres arquitecto , y que, parece , prive a mucha gente de disfrutar de las cosas mas ingenuas cuando es necesario, más indolentemente.

El edificio no se acaba aquí. Ni para mi ni para nadie. Y invito a visitarlo sin pensar en como nos lo han interpretado. Picasso pintó sus “Meninas” colocándose en el centro del cuadro, sin sutilidades , casi con violencia, queriendo reivindicar un paralelismo con otro genio de la pintura , quizás más tranquilo, menos convulso, o más sutil. Casi como una angustia, como un grito, con una necesidad vital. En ocasiones creo que muchos arquitectos quieren ver a Ronchamp de este mismo modo. Y no hace falta. Disfrutemos de la sonrisa de la infanta Margarita. Y , quizás , algún día, podremos capturar una expresión así de huidiza nosotros mismos , fijándonos en ella, en una ella de carne y huesos , y no en un reflejo de un cuadro, en una sombra (que es lo que encuentras cuando te acercas y te enfrentas a aquellas cuatro pinceladas desnutridas, mágicas ) ) que se parece demasiado a las que vemos en los protagonistas de “la Caverna” de Platón.

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