Salón de Repúblicas 2/2

Los proyectos

En esta segunda parte del artículo se analizarán los proyectos uno a uno.
Después de un estudio atento de todos ellos he llegado a la conclusión que los proyectos se pueden dividir en 6 + 2. Seis de las entradas son proyectos que podrían haber ganado y acabado bien y dos de ellas (Nieto Sobejano y Garcés-de Seta-Bonet) son proyectos fallidos por dos razones muy diferentes que apuntaré en su momento.
De las otras seis propuestas no hay ninguna genial. El concurso, en conjunto, no pasará a la historia, y como mucho dará lugar a una intervención digna, o incluso buena si finalmente se deciden a ejecutar la opción B (la que claramente interesa a Lord Foster y la única con sentido en este edificio), cosa que dudo no tanto por la calidad del equipo como por la cobardía de los promotores. Ojalá me equivoque.
Para mí el concurso tiene un ganador claro: el equipo OMA – Rem Koolhaas – Linazasoro. Las otras cinco entradas están más o menos a la par y nos hablan de un buen nivel medio. No espectacularmente brillante, pero sí bueno. El orden de presentación no es tanto una clasificación como producto del intento de crear un cierto orden narrativo que sí termina con las dos peores propuestas reseñadas en último lugar. Para no terminar con mal gusto he decidido trasladar la propuesta de Lord Foster y Carlos Rubio desde el quinto lugar donde había decidido colocarla al último como una especie de canto al optimismo que representa haber elegido, a pesar de toda la polémica soterrada que circula alrededor de los porqués de la decisión del jurado, un proyecto interesante y competente. Comencemos.

1: OMA – Rem Koolhaas

Lo uno, lo otro y todo lo contrario.

Mr. Koolhaas es el arquitecto que mejor ha tomado el pulso a la ciudad contemporánea. Sus proyectos, en cualquiera de sus escalas y en cualquier época en que los haya abordado, siempre versan sobre la ciudad.

No es extraño que su entrada de concurso sea la que más tiene a proponer a nivel urbano, y eso es lo que hace que su propuesta sea más atractiva a nivel urbano, y eso es lo que hace que su propuesta sea más atractiva que las otras. Koolhaas no se limita a proyectar un museo interesante: diseña una pieza capaz de cambiar las condiciones de la ciudad en ese punto. El eje urbano que todavía forma la puerta de entrada del edificio es transformado aquí en un abanico. La plataforma, el podio del edificio, salta y su planta baja se acomoda a la topografía, transformando el problema urbanístico en un problema arquitectónico que ya ha sabido resolver muchas veces con eficacia. Aquí lo vuelve a conseguir. Así, el atrio termina convirtiéndose en auditorio, en habitación urbana, en prolongación de la calle. En espacio intermedio que toma sentido como intercambiador entre el museo y la ciudad.

metalocus_prado_competition_oma_08

El Salón de Reinos, la joya de la corona del edificio, queda aquí transformado en algo parecido a las habitaciones de mezcla que ha dispuesto en algún otro proyecto, singularmente en el museo Leeum en Corea: un espacio protegido, un museo dentro del museo, un juego de capas parecido a una muñeca rusa o a sus propios proyectos del Guggenheim y el Hermitage de Las Vegas(1).

2048
Habitación mezcladora del Museo Leeum.

El proyecto, comandado por Ippolito Pestellini, arrastra mucha de la inteligencia que OMA ha volcado en el espléndido proyecto del Fondaco Tedeschi de Venecia: un pastiche que mezcla sin complejos partes nuevas inacabadas con partes viejas completamente restauradas, mármoles tallados por láser que no pueden ser clásicos precisamente por la perfección del procedimiento y piezas aparentemente de catálogo bellísimamente diseñadas, como las luminarias. El proyecto, pues, propone sin complejos la creación de un pastiche: lo viejo y lo nuevo juntos sin ningún tipo de complejo. Asumir no ya un pasado arcádico e ideal, sino un pasado transitivo, un pasado que son muchos pasados, un pasado que nos habla de edificios históricos construidos y parcheados una y mil veces, de arquitectura incremental que, si se tiene e tiempo y la paciencia suficientes, se puede trazar tranquilamente. Pero no hace falta: la mezcla, la inclusión sin complejos y la entrega de todo esto a una ciudad que quiere volcarse a edificios cada vez más promiscuamente abiertos a la calle lo hacen todo.

metalocus_prado_competition_oma_04

ft
La lógica del todo mezclado en el Prado y en la Fondaco Tedeschi.

Koolhaas es capaz de singularizar la ciudad genérica, de aplanar capas y capas de tiempo en una sola intervención y, a través de ella, de dignificar el conjunto de la ciudad. Y es el único participante que ha conseguido toda esta complejidad en una sola entrada. Y siempre aquel punto de inspiración. Aquel notar que el equipo ha disfrutado proyectando. El mejor proyecto de largo.

metalocus_prado_competition_oma_01

(1) Proyectos tan quijotescos que han desaparecido ya. La ciudad no está diseñada para visitar cultura entre partida y partida de Black Jack.

2- Gluckman- Tang

Sin complejos.

De todas las entradas de concurso esta es la que más ha confiado en una idea feliz inspirada. Lo que ha intentado hacer este edificio es mucho más difícil y arriesgado. De hecho esta ha sido la propuesta que más ha arriesgado de todas de largo. Y el resultado final cumple lo suficiente, y consigue lo suficiente como para que, quizá sin que sea un proyecto redondo, haya merecido ser comentado en segundo lugar.
Gluckman se da cuenta de que el flujo natural de la ciudad en este punto se ha terminado orientando en diagonal. El eje mayor del edificio, aun estando presente, no es tan importante como la dinámica que la ciudad imprime al proyecto, resuelto en diagonal. El equipo se aferra a este rasgo y hacen una propuesta que retuerce el edificio original en función de esta condición urbana.

metalocus_salon-de-reinos_gluckman_10
La diagonal. No hace ni falta dibujarla explícitamente para verla.

Así, el edificio acaba resultando asimétrico en virtud de un nuevo cuerpo que resuelve el contacto con la ciudad, un cuerpo de nueva planta que tiene, ni que sea por la inteligencia de experiencias como las de Steven Holl en los Estados Unidos, una capacidad de diálogo y de respeto hacia el edificio original suficiente.
No es que el diseño del proyecto sea maravilloso para mi, pero con lo que ha intentado este equipo, con su actitud desprejuiciada, que no despreocupada, con su respeto cariñoso y un punto insolente, con su capacidad de desdramatización del lugar hacen que se pueda pensar que esto es lo que se espera de un equipo de Nueva York invitado a realizar una entrada de concurso en Madrid.

metalocus_salon-de-reinos_gluckman_06

Quizá alguien se pueda preguntar “pero qué coño ha hecho este arquitecto?”.

Responder a esta pregunta adecuadamente hace que nos podamos dar cuenta de que aquí hay material para un nuevo capítulo de Las ciudades invisibles.

3- David Chipperfield

El Prado de cámara.

Chipperfield empieza su entrada de concurso valorando a distancia el edificio (bien, ahora el complejo) Villanueva. Su respuesta considera que la nueva intervención no ha de ser tan importante. Con un edificio subsidiario, modesto y bien hecho, hay suficiente. Chipperfield, pues, saca escala a la intervención. Su propuesta para el Prado es la de un museo sencillo, casi íntimo. Chipperfield renuncia a las dobles alturas después de considerar que las grandes alturas de techo que impone el edificio existente ya son suficientes. Chipperfield juega con la proporción, y juega con ella como el maestro que es cuando la clava. Y este es el caso.
Chipperfield estratifica. Escala las fachadas. Saca gravedad al proyecto. Urbanísticamente hablando, nada nuevo: potenciar el eje mayor, dejar el jardincillo a un lado.
Su propuesta es, junto con la de Souto de Moura, un retorno, una afirmación del momento historicista que ha tomado en estos momentos la arquitectura contemporánea. Chipperfield, pues, se limita a cambiar la cara al edifico con carácter e intención, pero de un modo relativamente impersonal. Chipperfield quiere desaparecer, dejando tan sólo el rastro suficiente de su presencia como para que a el jurado incauto que quería una obra de marca no se le escape.
Y lo hace de manera brillante.

metalocus_elprado_chipperfield_12

Chipperfield, pues, está cerca de hacer lo contrario de lo que le piden con esta intervención tan discreta, discreta pero brillante, sensible, bienintencionada y lograda de cabo a rabo, una propuesta que, además, se permite el lujo de hacerlo con un lenguaje que busca el fuera de tiempo desde una cierta contemporaneidad. Sólo hay que mirar la cubierta de zinc para saber de qué hablo.

metalocus_elprado_chipperfield_02

¿Por qué, pues, no hacer pasar esta propuesta por delante de la de Koolhas? La respuesta es clara: porque hace menos ciudad.

4- Cruz & Ortiz

Reciclar Santa Justa funciona.

Y clavado. Si se mira la fachada principal que se propone para el nuevo edificio se encontrará con que es un calco de la fachada lateral de su estación de Santa Justa.

santa-justa-lateral

metalocus_salon_reinos_cyo_02

El proyecto es demoledor: grácil, elegante, contenido Parece como si siempre hubiese estado allí, y se hace con la gracia suficiente como para hacerlo introduciendo elementos contemporáneos que, además, han sido tomados de otro edificio. Podría parecer gracioso. Podría rozar el ridículo. Pero no: funciona.
Es realmente muy difícil poder llegar a un proyecto así. Y, además, dejando la segunda planta como opción.
Por el resto, esta propuesta no es diferente en intenciones de la de Chipperfield. Más vertical, menos estratificada. Más urbana en escala.

metalocus_salon_reinos_cyo_03

Su debilidad, sin embargo, es que sólo han hecho un edificio. Curioso en un equipo que viene de hacer el gran trabajo que han hecho en el Rijksmuseum de Ámsterdam haciendo exactamente lo contrario: enchufarlo a la ciudad. Convirtiéndolo en una propuesta urbana que lo ha llevado a multiplicar su éxito. ¡Si es que las bicicletas lo cruzan y todo! Lástima no haberlo copiado, teniendo en cuenta el sentido urbano que tendría en Madrid.

5- Eduardo Souto de Moura

Arquitecto de corte.

El maestro Souto continua fiel a su último precepto de cambiarlo todo para que parezca que no has cambiado nada. Souto propone dejar un edificio perfectamente adecuado a su nueva función tuneado de tal modo que puedas llegar a pensar que no ha habido intervención. Su propuesta es, pues, desacomplejadamente historicista. Tranquila. Serena, incluso. Souto estudia el edificio tal y como está, aceptando su condición actual como resultado de esta intervención incremental que Koolhaas evidencia y que él, sencillamente, manipula para adecuarla a un nuevo uso.
Koolhaas arquitecturiza el proceso. Souto busca un resultado.

metalocus_souto-de-moura-prado_09

Souto, como Chipperfield, deja la ciudad tal y como es, aunque él la manipula un poco más. Souto trabaja con el lleno-vacío y detalla, detalla, detalla para cargarse de razones. Y el edificio parece no haberse enterado de nada.

metalocus_souto-de-moura-prado_17

Souto, en su día, me invitó a escandalizarme de esta actitud con un punto provocador. Yo le prometí que, en lugar de hacerlo, pensaría mucho en ello. Sigo haciéndolo y, a la vista de este proyecto, lo tendré que hacer mucho más: tengo la impresión de estarme perdiendo algo interesante.

6- Nieto & Sobejano

El abrazo del oso.

Lo viejo estorba. Nieto & Sobejano realizan un análisis histórico brillante, muy parecido, de hecho, al que realiza Lord Foster para elaborar su propio proyecto. El resultado, sin embargo, es opuesto y constituye uno de los puntos más bajos de la carrera de este estudio de arquitectos normalmente tan interesante.
Nieto & Sobejano encuentran un edificio dentro del edificio, lo limpian, lo adecuan… y lo desprecian. Porque, sencillamente, les estorba. Nieto & Sobejano, en realidad, quieren un proyecto de nueva planta y no se atreven del todo a proponerlo, así que su propuesta se queda a medio camino: ni lo terminan de derribar ni terminan de proponer nada que vaya más allá. O quizá hacen mal las dos cosas. Sólo hace falta observar la grieta entre las dos construcciones, esa grieta de luz, para saber de qué hablo.

metalocus_nietosobejano_prado_00c

Cuando se propone una cosa tan valiente se ha de seguir hasta el final o se queda en nada(1).

Por desgracia, es lo que les ha sucedido.

metalocus_nietosobejano_prado_00a

metalocus_nietosobejano_prado_00d
El retablo de la fachada para exhibir las exposiciones temporaeles. Bonito detalle que da cuenta de la calidad de un estudio a quien este proyecto ha desconcertado.

(1) El arquitecto José Ramón Hernández Correa, en su propio artículo sobre la ampliación del Prado, se llega a cuestionar si el edificio se debería de mantener o no. Nieto & Sobejano intentan seguir esta premisa sin seguirla del todo. Y de aquí su fracaso.

7- Garcés – de Seta – Bonet

Lo prescindible.

Sólo hay algo peor que intentarlo y fracasar (caso de Nieto & Sobejano): ser un mediocre.
El proyecto de Garcés – de Seta – Bonet es irrelevante. Nulo. Destemplado. Y lo peor es que viene de la mano de un arquitecto que sabe hacer buenos museos.
Garcés, sin embargo, tiene una intervención reciente que ya avisaba de su incapacidad para trabajar en contextos fuertes: el Centro Cívico de Molins de Rei, edificio que destroza la Federación Obrera Anarquista(1), obra mayor de Cèsar Martinell, para convertirla en un híbrido entre un edificio de nueva planta que aprovecha una volumetría y unas fachadas y un pastiche que no tiene en cuenta en ningún momento su lugar de emplazamiento. Garcés destrozó irremediablemente el edificio de Martinell. Lo machacó, vació y maltrató para después maquillar el resultado con una estética de pladur-blanco-sobre-ladrillo-viejo propia de un decorador de franquicia de tienda de ropa a quien no importe en absoluto el emplazamiento de su tienda.

Y lo peor es que lo hizo con un edificio en buen estado.

molins-01
La fachada de la Federació tal y como la restauró Garcés. Al menos esto lo hizo bien. Foto: Adrià Goula.

federacio
El teatro que supuestamente se demolió por estar en mal estado pocos días antes de su derribo: mentida.

garces-de-seta-bonet-arquitectes-adria-goula-centro-civico-en-molins-de-rei
El espacio interior que sustituyó a un teatro en buen estado: arte pobre impostor.

Aquí, igual. Garcés ni lo intenta. Su proyecto, vacío, oportunidad perdida, dispone una colección de tics ya probados agrupando espacios poco atractivos sin orden ni concierto tras una fachada que usa como recurso de ampliación unas lamas presuntamente neutras que aprobaríamos con un cinco pelado si las hiciese un estudiante de primer curso de arquitectura.

metalocus_salon-de-reinos-garces_10

El Prado de Garcés es un proyecto de arquitecto a quien ya no interesa la arquitectura.
Recuerdo haber coincidido físicamente con Pierre de Meuron pocos días después de que le diesen la noticia de su no-clasificación para el concurso del Prado. El arquitecto estaba roto, furioso, decepcionado. Se notaba que le hacía ilusión.
Lo que más mal me sabe es que se ha quedado su lugar alguien que ha tomado esta oportunidad y la ha tirado a la basura.

metalocus_salon-de-reinos-garces_01

Yo no le pagaba ni la indemnización.

(1) Edificio incomodísimo, por tanto. Lo confiscó la dictadura, la democracia se lo quedó, lo semiabandonó y consideró que lo mejor que podía hacer era borrar su memoria y su identidad. Y siempre, siempre hay algún arquitecto dispuesto a colaborar con el poder para hacer algo así.

8- Foster + partners

El edificio dentro del edificio.

Lord Foster ha ganado el concurso. Por la razón que sea.
Vaya por delante que el suyo es un proyectazo. Lord Foster es un arquitecto incapaz de equivocarse. Lord Foster es el arquitecto que no juega a los dados. Lord Foster proyecta de manera contundente. Autoritaria. Incontestable.
Aquí: un estudio urbanístico, esta vez sí, bien aprovechado, permite al equipo darse cuenta de que el edificio a tratar es producto del recrecimiento de un edificio previo al que se adosó una nueva crujía allá por el siglo XVIII. Como el edificio con valor es el primero el arquitecto desmonta la ampliación y le casca un palio delante. El proyecto ya está hecho.

metalocus_prado_foster_salon_de_reinos_06

Bien, esta es la segunda opción. La primera complica un poco más esta maniobra manteniendo una parte de la fachada del XVIII como límite del palio, gesto destinado a contentar la parte más conservadora del jurado. Gesto sobrante, vaya.

foster-croquis

El proyecto de Lord Foster es la segunda opción: un edificio descubierto y un palio.

Defectillo: el enorme volumen que requiere el programa se dispone en una cubierta gruesa que pasa por encima de todo el conjunto y debilita el gesto resultante. El proyecto tiene capacidad de hacer ciudad y de conectarse con el Prado viejo. El proyecto, pues, tiene sentido y gracia. En el marco de este concurso y con todas las vicisitudes que lo han envuelto me parece no ya un mal menor, sino un edificio que, si se tienen ganas de hacerlo bien, puede acabar con gracia y sentido.

metalocus_prado_foster_salon_de_reinos_04

Y quizá en proyecto no sea tan importante.

Eso sí: por favor, Lord Foster: deje el Gernika donde está. No le hace falta para nada.

Ahora, a trabajar.

Esta entrada fue publicada en crítica, Cruz & Ortiz y etiquetada , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *