Reflexiones sobre La España Vacía, un libro de Sergio del Molino

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Primer hecho objetivo:
Más de un cincuenta por ciento de la población mundial vive en la ciudad.

Segundo hecho objetivo:
Cuando hoy en día hablamos de una ciudad no hablamos de lo que históricamente se ha entendido como tal. El concepto se ha redefinido, y estamos en condiciones de enunciar con precisión en qué consiste esta redefinición: La escala de la ciudad contemporánea la ha independizado del territorio donde se enclava. Cualquier megalópolis moderna se relaciona con el territorio de una manera agresiva y destructora. Primero lo vacía y lo seca, convirtiendo sus alrededores en una tierra de nadie yerma, en un gran barbecho. Después dispone de este entorno extendiéndose en círculos concéntricos sin otra lógica de funcionamiento que la marcada por las dinámicas internas de unas infraestructuras planificadas siempre a posteriori. Cualquier accidente geográfico más pequeño que un río de medida considerable, el mar o una montaña será obviado, deglutido y digerido sin dejar ni rastro.

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Vista actual de lo que había sido la Bahía de Tokio, progresivamente llena de islas artificiales enlazadas: La ciudad comiéndoselo todo.

La ciudad: ella y la nada. La ciudad conectada umbilicalmente con otros organismos parecidos a través de un aeropuerto, de una línea de tren de alta velocidad o de una autopista cada vez más autónoma del territorio que cruza, definida como está por viaductos, puentes, túneles y cualquier otra construcción que pueda definir este organismo como ser independiente.

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Viaducto de Millau: enlaza Montpeller con Toulouse obviando el territorio donde se asienta.

El campo es cada vez más esto: un campo, un pedazo de tierra a ser nombrado mediante cualquier coartada ecológica (que ya ni natural), numerado, medido, cuantificado y tratado como organismo auxiliar de esta ciudad adyacente. Es naturaleza sin contexto, es substrato, humus, lluvia, reserva de aire puro o de alimento. Nada más.

Esta tendencia es mundial y pocos lugares escapan a ella. Uno de éstos serían los Estados Unidos de América del Norte con su enorme malla ortogonal más o menos homogénea habitada por gente acostumbrada a ser tratada como simples pastores de territorio que habrán de huir a Chicago como poco, mejor a las costas, si quieren significarse o realizarse. Gente tan baqueteada que cuando han tenido oportunidad se han reivindicado eligiendo al único presidente que se ha acordado de ellos ni que sea por motivos electorales y oportunistas: la sofisticación urbana los ha apartado y ahora todos pagamos las consecuencias de ello.

Porque lo más habitual es que la infraestructura cultural e histórica del territorio entre ciudades sea obviada, voluntariamente olvidada, cuando no banalizada, escarnecida o criminalizada. Con una sola honrosa excepción a la regla: Europa, más concretamente Europa central: Francia, Alemania, los Países Bajos. Suiza. Austria. Europa se ha estructurado y ha prosperado gracias a una malla de pequeñas ciudades semiespecializadas que han balanceado el territorio. Los corredores entre ellas, los cruces, las estaciones de intercambio, los canales, se han convertido en pueblos prósperos y bien cuidados. El territorio está lleno, fértil, denso. Está modernizado y bien trabado, cuidado, equilibrado en términos socioeconómicos. Es la base de nuestra estabilidad y de nuestro progreso.

Existe, sin embargo, una excepción a la excepción: España. España es el segundo país más grande de toda la Unión Europea(1). España es uno de los países más despoblados de toda la Unión Europea. España es uno de los países con la población más envejecida de toda la Unión Europea.
España es el país más desequilibrado territorialmente de toda la Unión Europea.
No es, de hecho, que España sea un país poco poblado: es que es un país con un déficit importante de población, déficit que se arrastra como mínimo desde la Gran Gripe de 1918(2). Un déficit muy complicado de paliar porque, sencillamente, nuestra estructura territorial no está preparada para soportar un incremento importante de esta población. Este error, más bien esta catástrofe, hija directa de haber sufrido una guerra civil que la subsiguiente dictadura se ocupó de prolongar hasta 1975 a base de mantener la insoportable distancia entre vencedores y vencidos no se ha paliado en democracia. En este aspecto la continuidad entre los dos regímenes ha sido total.

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Vista nocturna de Europa. Comparad la estructura territorial española con la de los Países Bajos, Alemania, el Reino Unido o un país mediterráneo como Italia.

El resultado: Buena parte del territorio español está técnicamente vacío. Desesperadamente vacío. Y cuando digo vacío quiero decir que partes de él tienen una densidad poblacional menor que Laponia.

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Vista de la carretera comarcal que enlaza Medinaceli (800 habitantes, sobre la N-II, puerta de entrada a Soria) con el Burgo de Osma (5000 habitantes). Foto: Jaume Prat, 2010.

De hecho: todo lo que no sea la costa, Madrid, Zaragoza, Cataluña, Euskadi y una parte de Andalucía está prácticamente vacío.

Excepto que este vacío no es tal. Este vacío es un lleno cultural estructurado por una red de pueblos, pueblecillos, aldeas y casares(3) herederos del feudalismo, de la estancia de los árabes y de la colonización renacentista. Es un vacío cargado de historia y de significado. Es un vacío creado por toda esta mala gestión secular. Es un vacío formado por territorio abandonado.

Este es el vacío que forma la memoria y buena parte de la identidad de muchos millones de españoles.

De este vacío no se habla. Es un vacío institucionalmente olvidado. Y, contradictoriamente, es un vacío que pervive en la memoria de estos millones de personas, atomizado, formado por una multiplicidad de historias individuales que tienden a perderse. Es un poso, un fondo que ha definido nuestra educación sentimental y buena parte de nuestra cultura.

Y es de este vacío del que habla el libro La España vacía (Editorial Turner, 2016), obra del periodista afincado en Zaragoza Sergio del Molino.

La primera cosa importante a decir es que está bien escrito. Muy bien escrito. Tan bien escrito que define un espacio literario, que es capaz de erigirse en obra autónoma y, a partir de ella, crear una sensación, una atmósfera que da vida a lo que describe. Es, en el sentido literal de la expresión, un libro sensacional(4). Y también es un libro documentado, fundamentado en cifras, datos y estadísticas. La manera de expresar el mensaje es afectiva, pero este afecto se matiza y se convierte en un vehículo de rigor en virtud de la fuerza de su documentación.

En el primer tercio del libro Sergio del Molino realiza una pequeña crítica literaria del que para él es una de las obras fundamentales de la España Vacía: El disputado voto del señor Cayo, de Miguel Delibes.
Lo que dice sobre esta novela puede aplicarse a su propio libro, un ensayo reivindicado como tal(5). EDVSC es una novela expresada a través de un registro lingüístico destinado a hacer sentir al público urbano que lea la novela como extraños de unos paisajes, de una vida que han decidido abandonar, descuidar, despreciar sin conocerla ni entenderla. O peor: pensándose que los prejuicios que tienen sobre ella son ciertos y definen el lugar. EDVSC tiene unas descripciones bellas, precisas y cuidadas de los lugares donde sucede la acción. Descripciones efectuadas con un vocabulario que nos falta. Que podemos llegar a entender buscándolo en el diccionario y en wikipedia pero que difícilmente podremos comprender sin haber ido al lugar. El lenguaje reivindica, o constituye, la cultura del lugar y ejemplifica el divorcio entre la España urbana y esta España Vacía. un divorcio traumático que lastra el país e impide su pleno desarrollo.

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EDVSC conoció su adaptación cinematográfica en 1986 de la mano de Antonio Giménez Rico.

El libro presenta una estructura clara. Después de una interesante introducción que nos lleva a la Irlanda y el Gales rurales el autor pasa a describir lo que considera el momento fundacional de la España Vacía: el Gran Trauma, o el momento en que el campo español pasa a ser abandonado de golpe. Sus habitantes crearán y habitarán las áreas metropolitanas de las grandes ciudades españolas, siempre pobladas por gente que se siente extraña, que no encaja. Que tiene la sensación de haber perdido algo.
El siguiente paquete del libro explora los tópicos contemporáneos sobre esta España Vacía: del neorruralismo y su fracaso hasta el garrulo de pueblo, desde la violencia hasta el silencio.
La tercera parte es la más interesante. Versa sobre el orgullo. El orgullo de ser de esta España Vacía, el orgullo de sus manifestaciones culturales(6), el orgullo de las manifestaciones del vacío, de las obras telúricas. El orgullo de los nuevos habitantes del vacío, gente concienciada y culta que busca sus raíces.
Aquí el libro se torna global: el vacío pasa a ser este primer vacío entre megalópolis que he descrito. La tierra de nadie desposeía de su substrato. Y aquí es donde el autor se moja explícitamente(7) declarando su amor por estas tierras, declarando su filiación cultural como persona que escribe, reivindica, se expresa a través de este vacío.

Por las tres partes del libro planea la reconversión de esta España Vacía en un lugar sostenible, capaz de absorber población, de actualizar este substrato sin demagogias ni falsas nostalgias. Es decir: el libro es también un proyecto. Un proyecto de paisaje. Un proyecto incipiente de estructuración del territorio.

La España Vacía es una enorme oportunidad. No una oportunidad para especular, no una oportunidad para extender esta urbanidad hipertrofiada, sino una oportunidad para activarla mediante infraestructuras que permitan dar sentido a un territorio. Es una oportunidad para fusionar las ciudades españolas con el territorio que las envuelve. Para crear red. Para llenarla partiendo de lo que hay.

En el libro se habla de las iniciativas surgidas en los años treinta desde la Residencia de Estudiantes y las Misiones Pedagógicas. De proyectos a largo plazo truncados por la dictadura(8) que actualmente son seguidos ni que sea parcialmente para crear base, estructura económica, servicios con todos los defectos y los peligros de convertir esta operación en una red clientelar de subsidios para conformistas de segunda disfrazados de políticos progresistas. Ya ni tan sólo se trata de usar un término tan condescendiente como esperanza. Se trata de arremangarse y trabajar y de hacerlo con lo que hay en el lugar. De ser sensibles y conscientes.

Cualquier iniciativa coherente de desarrollo de España pasa por aquí. Hacernos tomar consciencia, por hacernos querer, comprender, revivir nuestras raíces sin nostalgia es la manera principal de entender este ensayo que, además, se puede disfrutar sencillamente desde su calidad literaria. Y se ha de hacer desde la política: desde la independencia de voto de las delegaciones provinciales, desde la activación de la Cámara Alta o su disolución definitiva o la corrección de una ley electoral viciada, estúpida y contradictoria. Desde una toma de conciencia colectiva que pasa por creernos de una vez todos estos conceptos de sostenibilidad, proximidad y localismo que de tan desprestigiados y gastados como los tenemos se han vaciado de sentido y coherencia. Desde la reactivación de la voluntad política y, finalmente, desde la mirada sin nostalgia. Este libro ayuda a ello.

Pero no será rápido.

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El pueblo soriano de Berlanga (923 habitantes). Foto: Jaume Prat, 2010.

(1) Después de Francia.
(2) Es poco conocido que la Gran Gripe de 1918 (curiosamente conocida en Europa como la Gran Gripe Española) mató en España a tanta gente como la Guerra Civil, constituyendo una catástrofe demográfica de proporciones bíblicas y terminando con toda la bonanza económica que el país consiguió gracias a su neutralidad durante la Primera Gran Guerra.
(3) Entendiendo por casar un conjunto de casas que no llega a formar un pueblo.
(4) O sea, que se expresa a través de las sensaciones que crea.
(5) Dentro de esta noble tradición de ensayos literarios tan invisibles en el panorama editorial mainstream actual: Montaigne, Pla, Foster Wallace o en el plano español Sánchez Ferlosio (que hace décadas que ha renunciado a la novela), Benet o, más recientemente, Javier Cercas.
(6) Las referencias culturales y artísticas trufan todo el libro. Los ejemplos artísticos sobre la España Vacía son, de hecho, el vehículo de expresión de éste. Leerlo llama inmediatamente a una serie de obras a revisar rápidamente. Este ensayo tiene un punto de metaobra.
(7) Ya lo ha hecho implícitamente en todo el ensayo y esto queda como un recurso emotivo que refuerza su mensaje.
(8) Que además fue repartiendo mentiras y más mentiras sobre el cuidado con el que gestionaba estos territorios.

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