RCR, Premio Pritzker 2017

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Me resulta casi imposible escribir estas líneas de tan embargado por la emoción como llego a estar. RCR. Pritzker. Dos conceptos que en mi cabeza siempre han estado asociados y que ahora se pueden poner juntos por primera vez oficialmente. Estoy contento. Estoy enormemente feliz. No sólo porque creo en la arquitectura de este equipo desde mucho antes de conocerlos personalmente. También porque conozco a Rafael a Carme y a Ramón desde hace un lustro y los quiero. Conocerlos, tratar con ellos, colaborar con ellos ha sido, indudablemente, una de las experiencias más intensas de mi vida profesional. Conocer a sus colaboradores, el equipo humano tras sus obras, tantos nombres que es injusto que diga uno solo por todos los que me dejaría, ha sido tan enriquecedor como conocerlos a ellos. Intentaré dejar que las emociones no me embarguen excesivamente y explicaré la importancia que tiene para la arquitectura la concesión de este premio.

RCR trabajan desde su ciudad natal, Olot. Cuando empezaron su práctica profesional Olot estaba separado de Barcelona por casi tres horas de coche y al menos un puerto de montaña vinieses de donde vinieses. El Pritzker de RCR es un Pritzker descentralizado. Rural en el mejor sentido de la expresión. Rural como es rural la Mequinensa de Jesús Moncada, la Región de Juan Benet o las aldeas que Tolstoi reclamaba describir para describir el mundo. Y RCR no sólo son de Olot. RCR han ganado el Pritzker por sus obras en Olot. RCR son el arquitecto que desde el terruño, desde el fango, se proyectan al mundo entero y lo conquistan. Es desde esta posición ultralocal que han conseguido ser Dubaideses cuando construyen en Dubái o belgas cuando construyen en Bélgica: siempre el mismo espíritu local, vayan donde vayan. Siempre el mismo cuidado por el lugar.

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Foto: Pep Sau

RCR son arquitectos catalanes en el sentido pleno de la expresión. RCR representan nuestra cultura. Nuestro sentido del espacio común, de la luz, de la humedad, de la vegetación. De los olores. RCR representan esa Cataluña interior que no es exactamente la que describen y postulan tanto la Escuela de Barcelona como el GATCPAC anteriormente, esa escuela basada en las casitas blancas mediterráneas, en la brisa y en la parra y en el porche y el vacío pequeño. No. RCR son la Cataluña interior. Son el contraluz de las masías que casi nunca están pintadas de blanco. Son las salas precariamente calefactadas. Son esos soportales que pueden ser tan profundos como la propia masía. Son las casas que no chillan(1). Son ese paisaje de las viñas plantadas sobre tierra volcánica en el Llano de Batet, justo donde se alcanza a ver el mar: y esa descripción de la abadía misteriosa de Umberto Eco en el Nombre de la Rosa llevada a la vida real.

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Foto: Pep Sau

RCR es la búsqueda constante de la belleza. ¿Sabéis cuál quiero decir, no? Esa que te deja desarmado. Esa que te deja confundido, con la boca abierta. Es aquella primera sensación global, holística, aquella arquitectura que entra por los poros, aquella arquitectura que hasta un ciego puede percibir. Aquella arquitectura que se siente, que se escucha, que se huele. Que se toca y que destiñe.

RCR es la búsqueda de las sensaciones absolutas. El silencio. El vacío. La serenidad.

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RCR representan una reformulación radical de la naturaleza. Lo que ellos llaman la Ciudad Desgarrada. Esa ciudad surcada, alimentada, definida por los flujos naturales, por los gradientes de temperatura, por los corrientes de aire y de agua. Esa ciudad que no hace falta iluminar de noche(2), esa ciudad que puede ser compatible con un corredor ecológico. Esa ciudad que propone ir a dormir cuando se hace de noche, y levantarse más temprano. Cultivarse la comida. Tener frío y calor. Esa ciudad que valora la latitud donde se coloca, que valora la diferencia y se sirve de ella para particularizarse y convertirse en un espacio único y atractivo.

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Croquis de Olot como Ciudad Desgarrada.

RCR representan la conexión con el arte. Representan la arquitectura que sale de sí misma. Representan repescar las sensaciones que provoca una pintura, una canción, una escultura, un paisaje.

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No tenemos que pensar en RCR como en unos arquitectos. RCR son más unos poetas. RCR viven, trabajan para construir. Piensan en construcción. No quieren proyectos utópicos. Quieren realidades. Quieren obras que, una a una, todas diferentes, todas maravillosas, transmitan este mensaje por piel. Por contacto. Cerrad los ojos. Sentid. Tocad. Oled.

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Sin saber qué más añadir, feliciades, Rafael, Carme, Ramon. De todo corazón.

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Todas las fotos: Jaume Prat, excepto indicadas.

(1) Título (Les cases que no criden) del mejor libro de arquitectura que jamás haya producido este estudio, y ha producido unos cuantos. sobre las masías de los terrenos volcánicos que rodean Olot.
(2) Mención especial aquí a los maestros Batlle i Roig y a proyectos como la Rehabilitación Medioambiental de los Márgenes del Río Llobregat, tan en sintonía con la obra de RCR.

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3 respuestas a RCR, Premio Pritzker 2017

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