Aftermath en el Arts Santa Mònica

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Aftermath se expone en el Arts Santa Mònica. Esto se venía cociendo desde antes de que nos marchásemos a montar la exposición para la Bienal de Venecia, y es para nosotros (Jelena Prokopjević, Isaki Lacuesta y yo mismo) motivo de orgullo. No ha sido sólo volver. Ha sido volver a las Ramblas, cobijados bajo el paraguas de una institución que nos ha demostrado interés y que, además, hace seguimiento de la exposición. El Arts Santa Mònica ha demostrado interés en la arquitectura desde su consideración como arte(1) y la ha trabajado en esta dirección. Sólo hay que recordar la exposición RCR Papers, que explicaba la obra del estudio a través de la descontextualización del material de proyecto y su exhibición como obra de arte autónoma. Y no sólo esto: Isaki Lacuesta debutó mostrando arquitectura con una instalación que quería captura las sensaciones que desprende el Espacio Barberí a través de una multiplicidad de proyectores que, coherentemente con el título de la exposición, proyectaban imágenes sobre tiras de papel vegetal que colgaban del techo. La exposición funcionaba a través de la reconexión de la arquitectura con el mundo de las emociones, con lo epidérmico y lo sensorial.

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Murmurs, instalación para RCR Papers (2015). Isaki Lacuesta, autor + foto.

Aftermath tiene la misma vocación de mezcla de las artes, de provocar emociones, de mover al visitante en un camino que va desde las sensaciones a la reflexión. Aftermath tiene, desde el primer día, la vocación de salir de la arquitectura para mostrar mejor la arquitectura. Aftermath quiere ser una obra autónoma, compleja, que a través de su percepción, de su lectura, de su visita completa(2) quiere transmitir un mensaje que se refuerza mediante la exhibición de siete obras de arquitectura explicadas con todo el rigor de que hemos sido capaces. El hecho de ser tres comisarios/diseñadores/directores, cada uno de nosotros con sus obsesiones y temas de interés paralelos (que hemos procurado tornar coincidentes) ha potenciado la complejidad del mensaje: no se trataba tanto de hacer nua obra de síntesis como de ir sumando mensajes de ir incluyendo y construyendo un discurso a partir de toda esta multiplicidad.

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Foto: Jesús Arenas

Aftermath, por tanto, es un proyecto de investigación casi por definición. No podía ser otra cosa si navegábamos por caminos desconocidos.

La versión de la exposición que se exhibe actualmente en el Arts Santa Mònica tenía una regla de juego sagrada para nosotros: tenía que tener sentido por sí misma. No podía ser un refrito del pabellón veneciano colocado en ese mismo espacio de cualquier manera. Lo que daba al tema un plus adicional de dificultad, ya que la exposición había sido concebida en función de un espacio concreto que no tenía absolutamente nada que ver con el espacio que se nos dio en el Santa Mònica. En Venecia concebimos un pabellón. El contenido jugaba por oposición con el continente (allí una atarazana preciosa de unos cuatrocientos metros cuadrados, diez por cuarenta en una sola nave larga y estrecha de geometría irregular): cristal contra madera, ladrillos nuevos montados en seco contra ladrillos viejos, ausencia de detrases para dar sentido al recorrido de vuelta y un largo etcétera. Aquí: la cubrición parcial de un claustro, una sala de diez por veinte (la mitad de Venecia con una proporción completamente diferente, además) y tres de sus alas marcando un circuito circular de entrada y de saluda. Todos los espacios rectangulares. El convento del siglo XVIII escondido tras capas y capas de cartón-yeso. Todo revestido. La geometría primitiva es apenas un recuerdo.

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Foto: Jesús Arenas

Y la parafernalia exhibida no cabía. Después de cuestionarnos toda la exposición tan desde cero como nos fue posible definimos dos reglas de juego más: mantener la integridad de las siete instalaciones y mantener en la medida de lo posible su orden de exhibición. La exhibición se había concebido desde un primer momento como siete instalaciones trabajadas autónomamente que mantenían entre ellas una buena capacidad de diálogo. Piezas autónomas y relaciones. Piezas que habíamos dibujado desde el inicio de tres maneras diferentes: por separado, insertas en el pabellón y dibujando el circuito autónomo, sin la arquitectura que lo rodeaba, buscando ya una coherencia interna de la exposición al margen del lugar donde se exhibía.
Esto se empezó a trabajar así meses antes de saber que la exhibición retornaría a Barcelona y que se debería de montar en otro espacio.
Así que, ya sin el pabellón veneciano, sin ese espacio encantador que nunca conseguimos independizar de su entorno(3), nuestra sorpresa fue ver como se multiplicaban las relaciones entre las diversas piezas y como la relación del visitante con ellas cambiaba: se volvía más cuerpo a cuerpo, más tensa, más directa. El vidrio ha adquirido una materialidad que no tenía en Venecia, donde era más soporte de fantasmagorías.

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Aftermath en Venecia como Pabellón Catalán. Foto: Iñigo Bujedo-Aguirre

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Foto: Jesús Arenas

El truco: hemos sacado las instalaciones de Can Batlló y el Llobregat fuera de la sala principal. Las dos han quedado tensas, colocadas en espacios casi demasiado pequeños para su gran tamaño. Y eso, de nuevo, las ha vuelto a reforzar. Han ganado nitidez y potencia. El obligar al visitante a moverse para ganar su punto de vista, el obligar al visitante a que tenga más de un punto de vista, por cierto, también ha quedado reforzado.

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Instalación de Can Batlló. Foto: Jesús Arenas

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La instalación del Llobregat. Foto: Jesús Arenas

La banda sonora, tan importante para nosotros, ha quedado también reforzada. Tanto técnicamente (tenemos más y mejores altavoces) como por la propia geometría de la sala(4). Para complementar la exposción (nos faltaba y sobraba espacio a la vez) hemos decidido complementarla con la exhibición de los documentales del webdoc.
Por último, la Taula Creu y las Sillas Biennale(5) (estas últimas presentes en toda la exhibición) se han movido hasta la entrada, donde las vistas laterales quedan potenciadas por una parte de la instalación de Can Batlló (shock inicial) y la vista de un vinilo con los créditos hacia la otra. Y la exposición ha quedado lista.

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Foto: Jesús Arenas

Podéis visitarla hasta el día de San José.
Y, si está en nuestra mano, intentaremos sorprenderos de nuevo.

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Foto: Jesús Arenas

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Foto: Jesús Arenas

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Foto: Jesús Arenas

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Foto: Jesús Arenas

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Foto: Jesús Arenas

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Foto: Jesús Arenas

Jesús Arenas ha hecho expresamente las fotografías que acompañan a este artículo en el marco de una nueva colaboración que abre una nueva etapa para este blog.

(1) Hace un año y medio o así (soy fatal para las fechas) coordiné y moderé un encuentro de arquitectos catalanes organizado por el mismo Arts Santa Mònica en colaboración con RCR arquitectes y Focus Engelhorn donde Jaume Reus, el director del centro, manifestó públicamente su asombro ante la resistencia de los arquitectos a ser llamados artistas cuando para él, y para buena parte de la sociedad, esto es un hecho obvio. La orientación del centro ha sido coherente con esta afirmación.
(2) Una visita completa implica, para nosotros, una triple entrada: la exposición física, ahora en el Santa Mònica, el webdoc virtual con los documentales, que retorna la palabra a los arquitectos usando el mismo lenguaje que el espacio físico, y el catálogo, que reflexiona sobre la arquitectura del pabellón y como ésta se ha ido configurando, así como las diversas obras exhibidas y los temas accesorios a ellas que completan la exposición.
(3) Esta fue una de nuestras grandes sorpresas allá en Venecia: darnos cuenta de cómo la ciudad se metía en la exposición. Ésta, aún demandando un interior puro, no podía sustraerse a la ciudad y esto la reforzaba, allí.
(4) Donde hemos ensayado un método rupestre de control acústico que ha funcionad bien a base de revestirlo todo de cortinas de terciopelo muy pesadas y fruncidas color negro carbón. Lo que, adicionalmente, nos ha servido para anular todavía más el espacio.
(5) Queríamos aprovechar el mobiliario necesario para la promoción de la arquitectura catalana como una capa más. La Taula Creu es obra de Vora Arquitectura y las sillas Biennale son fruto de una colaboración entre el arquitecto Josep Ferrando y la empresa Figueras. El equipo diseñó esta silla como silla capaz de configurar con su sola presencia salas de muy diversa naturaleza (y también con capacidad de crear espacio por sí mismas) hace dos Bienales de Venecia. De aquí el nombre.

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Recordando a Coderch

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Pati Núñez me regaló hace poco su libre sobre Coderch, libro que ella entiende como la última parte (por ahora) de la exposición que preparó para (y con) la Galería Mínim sobre el proyecto de la Herencia de Coderch. El libro, más que un catálogo al uso, está planeado como una pieza más de la exposición, como un instrumento que permita descargarla de explicaciones cargantes y convertirla en algo más visual, más epidérmico. De la preparación del libro salió (y se nota) la película que Poldo Pomés preparó con fragmentos de las entrevistas que se realizaron como base para el libro. Película que, al final, consiguió un cierto grado de independencia respecto del libro, hecho que todavía le da más valor. Soy uno de los que he tenido la oportunidad de disfrutar completas las tres partes (por ahora) de la exposición: la exhibición en Mínim, la película, vista cómodamente en casa, y el libro: cruzar información y formatos siempre resulta útil como recurso para intentar explicar la complejidad(1).

Lo primero de lo que te das cuenta una vez leído el libro (creo que me di cuenta de ello a priori, cuando lo hojeaba ante la autora) es que éste sobrepasa con mucho la exposición que lo motivó. El libro ha pasado a formar parte de la tríada fundamental de libros necesarios para entender a Coderch, juntamente con las Conversaciones de Enric Sòria (1979: el primero de la lista) y la recopilación de proyectos editada por Carles Fochs y Emili Donato allá por 1985 i 1986, en realidad un catálogo de la exposición que se montó en Madrid como homenaje al arquitecto inmediatamente tras su muerte en 1984(2). Sí: la exposición se realizó en Madrid porque Cataluña como país ignoró su muerte.

De las conversaciones de Sòria no se puede decir nada: es, sencillamente, un libro impecable, imprescindible, que hay que correr a comprarse y leerse muchas veces.

El libro de 1986, titulado simplemente Coderch, presenta dos características. Una: es un gran libro, un libro de esos en formato Obra Completa de Le Corbusier(3) con las plantas bien puestas negro sobre blanco, ilustrado de modo casi entero por las foro de Francesc Català-Roca. Dos, es un libro tramposo. Tramposo porque la información sobre los proyectos es parcial y a menudo inexacta: en el caso de la Casa Ugalde los planos publicados no se corresponden con el proyecto construido. La sesión de fotos que Català-Roca hizo para la casa, siendo una de las mejores sesiones fotográficas que conozco en toda la historia de la arquitectura, más construye un relato sobre la Casa Ugalde que no un objeto de análisis. Como si el esfuerzo por haberla construido no fuese importante. Tramposo porque la propia recopilación de obras que propone el libro en su parte final es una segunda selección parcial que no se aproxima ni de lejos al volumen de obra del arquitecto. De Sitges, por ejemplo, el libro reseña unas tres o cuatro obras. Coderch construyó más de cincuenta (incluidas un barrio de pescadores entero, un mínimo de una escuela y un pequeño estadio de fútbol), la mayoría de las cuales de gran interés.
Lo mejor que se podría decir de este libro es que es el libro que se podía hacer entonces sobre Coderch. Por lo que fuese. Y es el libro con que generaciones enteras de arquitectos hemos entrado en la figura del maestro, sin que hubiese ninguna otra posibilidad de trabajo sobre su obra.

El libro que nos ocupa, dentro de su enorme ambición, comparte con el libro de 1986 el hecho de ser, de nuevo, el único libro posible que se puede hacer ahora tratando a Coderch de esta manera. La mecánica es simple: tomar familia, amigos, exalumnos, conocidos y saludados de Coderch, más lo que él consideraba su familia adoptiva (el aparejador Jesús Sanz(4), su mano derecha, a quien él trataba como a un hijo, y el arquitecto Jesús Sanz, hijo de éste, a quien consecuentemente Coderch trataba como a un nieto. Sanz hijo será pieza calve en el tema de la Herencia. Pero no nos precipitemos) y hacerlos hablar sobre diversos aspectos profesionales y humanos de Coderch. La mezcla, la confusión entre estos temas es deliberada y acertadísima, ya que es imposible entender la obra de Coderch sin entender su posicionamiento vital. Es más: cualquier(5) gran artista, en este caso un gran arquitecto como Coderch, no es primeramente un gran artista o un gran arquitecto. No. Primeramente Coderch fue un gran hombre. Y la obra de este gran hombre no tiene nada que ver con la arquitectura: tiene que ver con una cosmogonía, con un posicionamiento respecto del Universo materializado, expresado, concretado a través de la arquitectura, ya que es arquitectura lo que estudió. De no haber hecho caso a su madre y haber estudiado ingeniería aeronáutica como era su deseo, su obra hubiese encontrado algún otro camino para materializarse exactamente del mismo modo(7).

Todos los entrevistados, y obviamente el equipo Mínim y Pati Núñez, saben mucho más sobre Coderch de lo que ha salido en este libro. Entre todos han optado por callar. Esperemos que la memoria de lo que saben no quede olvidada y, cuando haya pasado el número de años suficiente como para que esto se pueda editar sin que duela, se pueda plasmar por escrito. El rosario de entrevistas dibuja un Coderch complejo, contradictorio, impulsivo, atormentado y, a la vez, feliz, consciente y orgulloso de su trabajo y de su arte. No creo que nada de lo que no haya salido todavía contradiga esta imagen del arquitecto: tan sólo añadiría más profundidad. Recordar como ejemplo (porque ya se ha publicado) al arquitecto Sixte Ilescas asistiendo impotente a la destrucción del local, y de parte de la documentación, del GATCPAC por parte de una banda de falangistas comandados por un Coderch uniformado pistola en mano. Un Coderch que, después de haberse cargado la memoria de la arquitectura moderna catalana, saldrá del local con una colección completa de revistas AC bajo el brazo para acabar, pocos años más tarde (dos o tres, como mucho) homenajeando al GATCPAC con su propia obra mientras refunda, reinaugura o reinventa la arquitectura moderna catalana (y buena parte de la española) en la postguerra.

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La casita de vacaciones desmontable desarrollada por el GATCPAC y el Chiringuito (sí: “el” Chiringuito original) que Coderch diseña en Sitges en los años cuarenta, a sus treinta años, un calco casi literal y, probablemente, su obra más racionalista. Gracias a Beli Artigas por las fotos y por sus conocimientos del Coderch de Sitges.

El libro, más que Recordando a Coderch podría titularse Reinterpretando a Coderch. O, más a lo bestia, Por Fin os Vais a Enterar de Quién es Coderch. Porque el retrato de Coderch que pintan estas entrevistas es bastante más complejo y profundo de lo que nos habían explicado e incluso de lo que intuíamos cuando escuchábamos estas explicaciones siempre insuficientes. La clave para entenderlo todo la da su hijo Pepe. Pepe Coderch, también arquitecto, habla de su padre no como un arquitecto, si no como un artista. Cuando lo leí me pegué un golpe en la cabeza y pensé que claro. Que este hecho era, es, tan obvio que, después de haberlo tenido ante las narices toda mi vida, nunca lo había notado. Importante: no hacer caso jamás en la vida del famoso texto No son genios lo que necesitamos ahora. Jamás. Para nada. En el libro se apunta, sin embargo, una lectura de este texto nueva y diferente, una lectura psicoanalítica: es un texto que retrata a Coderch. Y en estos términos el texto tiene sentido. Pero es falso. Es falso porque Coderch fue, en el sentido literal del término, un genio(7). Un genio artista.

Siempre he pensado a Coderch como una persona que iba por la vida con el freno de mano puesto. El libro me ha demostrado que me equivocaba. Quizá no del todo, pero sí un poco: Coderch encuentra medios expresivos potentísimos, Coderch es capaz de trabajar con raptos de inspiración pura que dan obras de una plasticidad potentísima, casi salvaje. Bruta. Sin domesticar. Obras como la casa Ugalde, por ejemplo, que tendrá antecedentes y réplicas a lo largo de toda la carrera del artista, siendo la más potente de ellas el edificio Girasol de Madrid. Pero Coderch no quedará jamás satisfecho con estas muestras de talento personal difícilmente explicables desde una lógica sistemática. No. Coderch decide implosionar. Y así será el grueso de su obra mayor: reconcentrada. Introvertida. Densa. De puertas adentro. Mirad, si no, la casa Tàpies, brillantemente explicada por Antonio Armesto en el libro: la casa es un velo. Tiene secretos. La casa Tàpies es el Elogio de la Sombra construido. La casa Tàpies tiene recorridos que lo ligan todo y que hacen que cualquier espacio, cualquier rincón, sea extraordinario(8). Pero esta arquitectura que satisface a Coderch se basará en dos trampas que el arquitecto, o el artista, se hace a sí mismo.

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La Casa Ugalde, el Coderch más personal y onírico, y la casa Catasús, el Coderch más cartesiano y racional. Fotos: Català-Roca.

La primera: Coderch es tan absolutamente incapaz de explicar una de sus casas cartesianas y sistemáticas como de explicar la casa Ugalde. Él hace arquitectura. Él es arquitectura. Él no la explica. No puede ni sabe ni le interesa.

La segunda: estas obras más domesticadas son tan potentes, tan artísticas, tan estimables plásticamente como cualquiera de sus obras más sueltas. Coderch es, por encima de todo, un artista.

El libro concluye con un estudio hecho por Elina Vilà sobre el proyecto de la Herencia, el encuentro o reencuentro que motivó toda la exposición. Cuando llega este estudio ya nada nos viene de nuevo, porque los autores del libro han preguntado a cualquier persona que tuviese algo que decir sobre el tema por esta Herencia.

El proyecto ha vuelto a cambiar mi modo de entender a Coderch.

Invitado por Pati Núñez a un encuentro muy divertido en la galería Mínim sobre el Coderch arquitecto, un encuentro donde me encontré bebiendo wisky (hasta acabar relativamente perjudicado) al lado de Octavio Mestre, Jordi Badia y la misma Elina Vilà, decidí basar mi intervención en el estudio de esta Herencia. Después de estudiarla atentamente decidí hablar de las contradicciones de Coderch. Ejemplos: las casas de Coderch suelen esconder sus entradas. En gran parte de las viviendas unifamiliares del arquitecto se entra por el garaje. En las casas de pisos la entrada suele estar atrincherada tras un pasadizo tortuoso con jardineras llenas de plantas crecidas, un lugar sombrío donde un portero no te deja pasar. Después, el interior estalla, se fusiona con diversos exteriores maravillosos: desde patios de pequeña dimensión hasta el mar o las copas de los árboles en la ciudad. También la calle. Las visuales de estos edificios atrincherados suelen ser más largas que la caja urbana. Su espacio interior, abrigado por una espalda potente, revienta. O bien: Coderch impone como nadie el modo de vivir en sus viviendas, siempre jerarquizadas para un modelo de familia que funcione como un heteropatriarcado. Una familia burguesa de derechas, vaya. Pero Coderch será capaz, partiendo de este modelo, de construir algunas de las mejores viviendas sociales jamás concebidas en Cataluña. Viviendas hechas exactamente con la misma calidad y con el mismo espíritu que las viviendas burguesas para gente rica, sin distinción de clase. Sin escatimar el más mínimo esfuerzo. Y todos estos modelos de vivienda tan rígidos destacarán a posteriori por su flexibilidad.

Mi manera de abordar la Herencia, con el poco tiempo que tenía para estudiarla, fue finalista: de los estudios obsesionados sobre el tema realizados casi enteramente por el arquitecto Jesús Sanz colaborando con Coderch al margen de su estudio pasé a su intento de materialización en Cerdanyola, encontrando el solar que el Incasòl adjudicó y asentando el edificio según unos trazos que me permitieron reconstruir el plano de emplazamiento.

El resultado era increíble.

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Croquis en collage de Coderch para la adaptación de la Herencia en Cerdanyola del Vallès. Abajo, el solar propuesto con su urbanización actual: igualito.

Pero, en parte, fallé. Fallé o desarrollé tan sólo una parte de la Herencia: la parte que podía convertirse en una materialización concreta, la parte en que podía sentirme más cómodo desde esta intuición no verbalizada de considerar a Coderch como un artista que se expresa mediante la materialización concreta de ideas abstractas.

No he dejado de reflexionar sobre esta Herencia en ningún momento. Y ahora, a raíz de este libro, estoy en posición de hacer una nueva relectura que pueda interesar a quien toma y lea el libro. Aceptando que el propio nombre de la Herencia es una broma que el mismo arquitecto hacía a su familia consanguínea y adoptada (los Coderch y los Sanz, vaya) encuentro ahora que, tras esta broma, este proyecto es de veras la Herencia de Coderch. Me explico:

Coderch es consciente de la forma de sus edificios, de su valor plástico, de su belleza. De la proporción, de la materialidad, etcétera. Pero Coderch no busca eso a priori, sino que es una consecuencia de una serie de investigaciones sobre el uso de los edificios y sobre la calidad de sus espacios interiores. Coderch, según algunos críticos(9), se pierde en algún momento de su carrera de tanto que usa el retranqueo y el pliegue en sus plantas, degenerando la pureza de realizaciones como la casa Catasús a favor de una complejidad bastarda y muy difícil de abarcar ligada a programas normalmente enormes: la casa Zobel, en Sotogrande, es un buen ejemplo de ello. Las Cocheras serían el ejemplo paradigmático. Las viviendas Kursaal de Donostia serían, aunque no realizadas el ejemplo más bello. En estos edificios la arquitectura coderchiana ha mutado completamente. Y actualmente tenemos la expresión adecuada para describirlo.
Coderch trabaja según una lógica fractal(10). Incluso llega a prefigurar resultados formales que tengan que ver con las formas derivadas de los procesos iterativos que conforman estos fractales. Coderch, en su búsqueda de la flexibilidad, saltará de pantalla y llegará a trabajar sobre unos temas que no se aplicarán a la arquitectura hasta al menos una generación o dos más. No es que Coderch se pierda, pues: es que Coderch se encuentra. Y este encontrarse lleva la arquitectura allí donde no había estado nunca. Pensad en ello.

Casa Catasús, Arq. José Coderch 1956, Sitges.
La casa Catasús (1956): la culminación del Coderch sintético.

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Casa Zóbel (1972): el Coderch fractal.

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Viviendas Gran Kursaal, Donostia (1971): quizá el proyecto más bello de toda la carrera de Coderch.

Pero esto: Estamos ante un artista contradictorio. Y aquí vuelve a aparecer la figura de Juan Benet como pieza clave para entender la Herencia mediante un paralelismo. Juan Benet es conocido, sobre todo, por sus primeros libros, como Coderch por sus primeras obras, principalmente por la excepcional Volverás a Región, una de las novelas que, directamente definen todo un periodo de la historia de España(11). Benet escribirá una segunda parte de Volverás a Región (de hecho una precuela) que algunos de sus amigos y críticos, como Manuel Vicent o Javier Marías, consideran su obra mayor: una trilogía llamadas Herrumbrosas Lanzas que Benet escribe, diseña y cartografía: leed el libro y entenderéis de qué hablo. Incluso llega a proponer la portada (el cuadro Hombre a Caballo, de Gerard ter Borch) que Alfaguara respetó en la edición que todavía se puede encontrar en las librerías (espero). La trilogía inicialmente prevista por Benet quedará inconclusa. El primer volumen, hecho, terminado, revisado y editado en vida de Benet, es la culminación de su obra. Tras suyo podemos encontrar, actualmente, las notas relativas al segundo volumen de la trilogía y unos cuantos fragmentos de novela. Del tercero no se conserva nada, o no se ha editado nada.
Vicent siempre ha dicho que, en realidad, esta es la forma más benetiana posible para un proyecto como Herrumbrosas Lanzas. No se podía terminar. No se podía concluir o no hubiese sido ya una obra, o “la” obra de Benet.

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Gerard ter Borch, Hombre a Caballo (1634)

La Herencia, igual. Tenía que terminar no con una materialización concreta. No con un edificio más del maestro. Ni tan sólo si éste hubiese sido el mejor jamás diseñado por él. No. Tenía que acabar en forma de bolsas de basura llenas de papeles sulfurizados medio arrugados compartiendo taxi con el gran Juan Huarte. Tenía que acabar desgraciada por un Sáenz de Oiza que, al aceptar el encargo de continuarla, sólo podía fracasar miserablemente. Y, quizá, quijotescamente.

Tenía que acabar en forma de croquis torturados, sucios, retorcidos y recortados.

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No podía acabar como Coderch solía acabar sus proyectos construidos: expulsado de su estudio por Sanz padre para que el proyecto pudiese evolucionar unos días sin la supervisión de un arquitecto que jamás, jamás podía estar totalmente satisfecho con lo que hacía.

Quedan muchas interpretaciones a realizar sobre la obra de Coderch. Este libro ayudará a aclarar algunas más.

PS: Josep Maria Ballarín.

Josep Maria Ballarín, Mossèn Ballarín, es (era: moría en 2016 poco después de la entrevista para el libro) un personaje importante en Cataluña. Y el mejor amigo de Coderch. La suya era una amistad extraña y bella, lo que convierte la entrevista que le realizaron en la más emotiva, de largo, del libro. Vale la pena no tan sólo leerla con atención por las claves que aporta para comprender a Coderch, sino profundizar en los escritos de Ballarín (Ballarín era un escritor de primera fila extraordinariamente dotado para una prosa aparentemente, engañosamente, sencilla, clara, que roza la poesía en todas sus líneas), entre ellos el que cierra el libro editado por Carles Fochs, que sigue siendo, indudablemente, el mejor escrito que jamás haya hecho nadie, y que probablemente se haga, sobre el arquitecto. Invito a todos a leerlo, tanto por lo que se dice en él como por su belleza. Y existe una buena traducción al castellano del mismo.

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Recordando a Coderch. Pati Núñez. Librooks

(1) Inserto aquí una nota personal, porque Aftermath, el pabellón veneciano que preparamos Jelena Prokopjlevic, Isaki Lacuesta y yo mismo pretendía exactamente lo mismo: ofrecer material diferente, visiones diferentes, aspectos diferentes de la exposición en el web, en el catálogo y en la exhibición material. Que, debidamente transformada, se exhibirá unos meses en el Centre d’Art Santa Mònica. La exhibición material quería tener, además, una doble lectura adicional: continente y contenido, aunque inextricablemente ligados, hablaban de cosas diversas y complementarias. La gracia es que todo esto no se habló en ningún momento con Pati, de modo que llegamos a resultados coincidentes desde caminos diversos.
(2) Por tanto parece ser que (y tiene un punto vergonzoso, esto) los catálogos de exposición adaptados o trascendidos tienden a ser la fuente imprescindible de conocimiento de Coderch.
(3) Y ahora me ha venido como un tiro a la cabeza el hecho de que quizá Coderch no estaría contento con esto: Es conocido su odio por el maestro suizo, odio complementado (con gran alegría por mi parte) por otro odio comprensible por el sobrevalorado arquitecto Francesc Mitjans.
(4) Coderch intentó infructuosamente que el COAC diese el título de arquitecto a Jesús Sanz. Según Coderch (y para mi su palabra es suficiente) se lo merecía. Sanz se suma, pues, a la lista de personas que merecerían el título y no lo tiene, encabezadísima por Josep Fontserè i Mestre (en este caso fui yo quien lo propuse, también infructuosamente). Isaki Lacuesta o Àngels Margarit merecerían un reconocimiento parecido.
(5) Y es un decir cualquiera: no hay tantos.
(6) Pensemos, por ejemplo, en el ingeniero de Puentes y Caminos (con despacho abierto y una carrera profesional considerable a sus espaldas) Juan Benet Goitia, uno de los literatos máximos de este país con una obra increíblemente consecuente con su formación de ingeniero. Una obra que clama al cielo que no fuese reconocida con el premio Nobel, por cierto. Benet volverá a salir en este escrito por sus paralelismos con Coderch.
(7) Un genio es alguien que cambia la historia. Que cambia la manera de entender o de ejercer un arte. Después del paso de Coderch por la arquitectura catalana ésta ya no se puede concebir de ninguna otra manera que no sea a través de su interpretación. Y eso nuevo e inédito, y tiene una potencia tal que se da como obvio cuando no lo es, ni tiene por qué serlo.
(8) Coderch, en su estudio, hacía dibujar absolutametne todos los alzados de un edificio. Y cuando digo todos quiero decir todos: por las dos caras de todas las paredes. La arquitectura de Coderch se dibuja habitación por habitación, baldosa a baldosa, carpintería a carpintería. Nada se deja al azar.
(9) Recuerdo opiniones en esta dirección de Antonio Pizza, por ejemplo, que no sé si ahora habrá cambiado de opinión o no. Había otros que pensaban así.
(10) Y tiene narices, porque lo hace casi contemporáneamente a las primeras investigaciones de Benoit Mandelbrot sobre el tema, las que lo inauguran para la matemática. Y sospecho que estamos ante uno de esos casos en que dos personas que no tienen conocimiento la una de la otra llegan al mismo resultado a través de lugares diferentes. No se puede olvidar que Mandelbrot fue un personaje tan marginal en su época que sólo una compañía privada, IBM, subvencionó a fondo perdido sus investigaciones después de que fuese rechazado por todas y cada una de las universidades que se lo propusieron.
(11) Hay algunas más. La Colmena. El Jarama. En Cataluña, Incerta Glòria (que se llegó a traducir al castellano). Y, por encima de todas, un Tiempo de Silencio con una particularidad curiosa: Luís Martín Santos, su escritor, es uno de los mejores amigos, y rival literario, de Juan Benet. Y Juan Benet saldrá en la novela en forma de personaje: Matías es él. Este hecho, sumado a la prematura y dolorosa muerte de Luís Martín Santos, tendrán a Benet obsesionado el resto de su vida.

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