Una biblioteca


Arata Isozaki consolándose del disgusto de no poder construir la cubierta del Sant Jordi tal como la había imaginado comiendo sushi en al algún japonés de Barcelona: en la mesa de al lado , el alcalde de Palafolls le consuela prometiéndole que lo hará en su municipio. La realidad es ahora un soberbio edificio que se alza en lo que fueron las afueras de la ciudad antes de esta debastadora fiebre edificatoria en la que nos ha conducido a la crisis actual.
El pabellón se alza en el centro de lo que ahora es un enorme vacío urbano, equipamientos deportivos varios , un CAP, alguna escuela, el resto una especia de parque precariamente controlado por unos porches corridos fuera de escala llenos igualmente de bares donde resulta agradable tormarse el vaso del sábado al mediodía , rodeado de las paradas del mercadillo. Un Isozaki demasiado alejado del pueblo como para controlar el genio del lugar toma dos decisiones que, calcula, respectaran el entorno , posibilitando que un equipamiento deportivo de estas dimensiones no cause un impacto ambiental excesivo:
-Primero, el edificio se come su propio espacio público, acomodándose todo el dentro de un círculo trazado en el suelo , que deviene en un muro de altura constante, cota de replanteo superior de la que nace el resto de la edificación: el suelo se descuelga a una altura x, ajeno a la topografía prácticamente plana del lugar , que, sencillamente, matiza la altura del muro. La cubierta flota por encima, apoyada únicamente sobre él

Este muro, eventualmente, se transforma en la no-fachada del edificio, que gira dirigiendo a la única entrada del recinto, ausente a todo lo que rodea y a la vez transforma esta ausencia en una rara especie de sensibilidad.

-Segundo, el edificio no tiene prácticamente exterior: el muro suporta la bellísima cubierta, que nunca levantará más de cuatro metros de cualquier punto exterior del recinto. Así, el edificio no será más que un radio extruído al que someten a dos operaciones principales: la construcción de un pabellón interior que contiene les gradas y los servicios, que nunca tocará el exterior, verdadero edificio dentro de un edificio, que sigue diferentes reglas compositivas (círculo , superficies de doble curvatura, madera , metal, ladrillo marrón-negroso versus rectángulos, aristas vivas, pilares, huesos , hormigón, ladrillos de clinker beige claro) y un brutal corte a secante, excéntrico, a esta cubierta destinada a comerse todo el círculo , con tal de dejar ver la sección en aquel lugar y posibilitar la aparición de una fachada interior que sólo se nos revelará después de cruzar la puerta practicada al muro exterior. Este corteserá, también, el único lugar de todo el edificio exterior donde aparecerá una estructura aparente, necesaria para apuntalar la sección creada. Si el edificio hubiera sido cortado, la cubierta sería completamente autoportante.

Miralles aterriza en el pueblo unos años más tarde, ganando un concurso que , en esencia, propone construir el mismo edificio para alojar ,en esta ocasión , una biblioteca. Curioso funcionamiento de un genio que situa la arquitectura más allá de la novedad, de la esencialidad y otros valores que, desde el renacimiento, se han usado para definir una obra maestra.
Lejos de todo ello, el arquitecto readapta por deformación (su principal manera de operar) un tipo conocido a unas nuevas circunstancias, a un lugar que es el mismo sin serlo, a otro programa de uso más intensivo. Miralles no será ajeno al lugar ,como Isozaki, y, curiosamente, resolverá su problemática con la misma solución exacta: un edificio bajo , todavía más bajo que el pabellón, enfrentado a un incómodo paisaje de bloques de viviendas anodina, de una densidad media sólo ligeramente superior a la que ofrecen las viviendas adosadas (que, por otro lado, tampoco suelen saberse resolver en nuestras latitudes, nunca he sabido por qué).

Como es habitual en los proyectos de Miralles, el solar nunca es un solar, sino un lugar sin definir , un espacio interior-exterior de una manzana ni abierta ni cerrada , abierta lateralment a un parque desalmado con árboles crecidos,al otro a un torrente y en los dos restantes a estas construcciones mediocres que he mencionado antes . En este caso , el arquitecto dejará, curiosamente, el lugar sin definir completamente, dejando esta labor a un tercer desconocido (y haciendo vanos esfuerzos de su propio estudio para completarlo a posteriori), un nuevo arquitecto que deberá convocar el lugar y enchufarlo, años venideros, cuando se conozca el funcionamiento de este magma de viviendas descohesionadas, en un tejido urbano inexistente actualmente.Este entorno marcará claramente la diferencia entre el pabellón y la biblioteca: Miralles no obvia el parque vecino, ni su relación con el programa. Leer entre los árboles es agradable, hedonista. En un parque se pueden desarrollar una serie de actividades que prácticament pueden transformarlo en la verdadera biblioteca, relegando el recinto a un simple almacén de libros. Por eso , su recinto incluye , prácticamente es, el parque , que el arquitecto delimita no rodeándolo , sino por el medio , transformando el recinto centrípeto de Isozaki en otro centrífugo, palo clavado en el suelo que se puede circuita. Para conseguirlo , sencillamente cortará el edificio original a trozos, como si fuera un pan, y de cada línea de fractura disparará paredes que conectan su edificio con el parque . Estas paredes crean recintos que, eventualmente cubiertos, se convertirán en la biblioteca.


La parte cubierta del edificio (al que algunos denominan “edificio” análogamente a como podríamos denominar “pie” a un ser humano completo) queda definida por las conexiones transversales entre las diversas paredes, por el movimiento consciente que se realiza buscando salas o libros , o paseando, o entrando, etc. La biblioteca en sí se concibe como una acción , como un lugar estático, como una suma de individuos buscando y encontrando su posición, protegidos sólo del viento , o del frío, o al sol, o debajo de un árbol. Mientras no lo hacen todo es inestabilidad, movimiento, acción pura. Cuando se encuentra la posición, la silla , la comodidaad, el libro, el lugar , el sol o la sombra, llega la paz : el espacio se convierte en una máquina de pensar prácticamente individualizada, a medida de nuestras acciones o de los sucesos colectivos que se producirán.

Los materiales, escasos: metal, madera (incluso revestida), cerámica, hormigón. La estructura contrasta con la ligereza de las bovédas , sobredimensionada, casi confiada sin más al celo de un calculista de estructuras desbocado, pasado de rosca él o su programa de cálculo. La pintura nos recuerda que es aplicada sin tocar nunca los extremos del paramento sobre el que se aplica. Anula cualidades de los materiales que reviste, contrapone , sigue la luz como un reflector, la acompaña y la matiza. Los pavimentos juegan con el movimiento del público, como si ellos también buscasen los libros por las diferentes estanterías, usadas para ayudar o castigar los caprichos de los bibliotecarios, posibilitando involuntarias afinidades electivas: Pío Moa contra Philip Roth o Manuel Azaña, Speer contra Samuel Johnson contra Voltaire contra Amis, Camus, Céline u otros franceses pesados o no. Algún olvidado autor local autopublicado (soporte genèrico).


Al final, Miralles parece olvidar que la arquitectura siempre está en cualquier otro lado y la presenta, comoo en todos sus otros proyectos, por acumulación: por capas, por exceso, ésto más eso más aquello , sin saber donde ha empezado ,huyendo de recintos y de cualquier cosa que la pueda contener, hasta nombres, clasificaciones o su propia obra.

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Paredes vacías y un gatito simpático

(viaje ínfimo sin cámara al parque de la Arbreda, Begur)

Destíno de paso al final de un camino de término, hacia un arroz de cabra tomado en la Gola del Ter, a la sombra de un obispo medio muerto con un castillo por anillo, conozco el parque de la Arbreda.Circumstancias personales consiguieron, hace años,que recelase del equipo director de las obras, Aranda-Pigem-vilalta, estudio de Olot en linea ascendente al que ya me he referido a propósito de una guarderia de colores al lado del cementirio de Manlleu, de agradable recuerdo y valla galvanizada de múltiples redondos de distintos diámetros diferentes a distancias diferentes , ya medio oxidada, eficaz símbolo de lo que inicialmente me parecía la arquitectura del grupo:esteticista, elegante, frágil, prácticamente efímera. La facultad de derecho de Gerona, la guardería de colores exhibían al momento de su visita aplacados de vidrio reventados por la dilatación, cercados por marcos perimetrales que petaban cualquier cosa que rodearan. Goteras, fijaciones de bancos que bailaban. Cicatrices que descuidaban el aspecto global de una construcción precisa, preciosista.
Posteriormente esta misma construcción se fue cerrando, contagiándose de este aspecto frágil, vacilante , de sus primeras obras: superficies planas que, de repente , adquieren vibración, movimiento, un aspecto casi-vegetal logrado mayoritariamente a base de pletinas trabajadas y dobladas a mano , diferentes entre sí,hijas de esta arbitrariedad que proporciona una sencilla regla de juego , invariablemente rematadas por algún elemento horizontal que las contenía, como si quisiesen escapar (cosa que han terminado haciendo a posteriori). Seriación pop-art, objectivitzación por adicción de pequeños elementos en un volumen global sin ninguna transición de elementos a escala intermedia .
Actualmente, estas superficies comienzan a moverse , a cortarse , a perder su planeidad y a tomar protagonismo por si mismas, separadas de una caja que ha estallado en diversos planos esfoliados , cada vez más mezcladas con elementos arquitectónicos no protagonistas del vocabulario convencional de los arquitectos ,tapices ,árboles , báculos.

Respecto al programa, RCR han vivido toda la vida de cuestionarse las cosas de raíz , ni que sea para dar sentido a posteriori a la cuestión esteticista de un título que se resiste a ser un nombre y un apellido sobre una tipología. Así, la hiperespecificidad de una vivienda, de cualquier elemento de diseño arquitectónico ha llevado al cuestionamiento de la convencionalidad y a la creación de nuevas tipologías extrapolables a otros casos, a través, precisamente, de estos títulos: casa-paraviento, casa-mancha, etc. Como el parque de la Arbreda, los arquitectos van un paso más allá: el proyecto no va tanto de la construcción de un parque como de la creación de un lugar , a un pinar prosaico situado al fondo de una ladera , mal orientada, ocupando el cauce de un torrente seco . Espacio central que signifique las casas del alrededor , siempre mirando enfrente , las unas montadas sobre las otras , cubiertas de teja árabe, ventanas arqueadas, bloques de viviendas prosaicos y tres Ferraris en dos minutos , uno negro, otro azul oscuro y un tercero rojo que hacía demasiado ruido : una rotonda, una carretera, que resigue una única curva de nivel de , lleva de entrada al núcleo central de Begur, siempre mirando al mar desde arriba . El parque presenta, así, una doble lectura: lugar tanto para ser vivido como para ser visto , fachada exuberante, lugar de reposo de visuales sin ningún referente claro hasta el momento, en la la ladera mala de una montaña , orientados a norte y sin a posibilidad de mar.El resto: potencialidad, programa inventado construido más a base de lo que no se sabe que se hará que de lo que se quiere acotar que pase, espacio libre para moverse, para jugar, para mirar. Esculturas hechas más a base de sacar elementos que de ponerlos. Un centro cívico que es una puerta, que es una boca escénica, edificio colgado que no toca el suelo , creando un túnel-escenario, puerta de entrada, cubierta descolgada hasta encontrarse un suelo que nunca es plano, porche donde comer, donde cortejar , donde liar un porro con los amigos , un pic-nic, una partida de ping-pong. Un uso inteligente de la vegetación: donde se pone,o no se pone , qué sombrea. Qué tapiza, que crece, qué agua bebe. Qué se mantiene y qué salta , qué se replanta. Todo autóctono , parecido talmente como si estuviese allí desde antes. Pinos, encinas , plantas aromáticas . Pocos materiales, prácticamente sólo uno: hierro oxidado , enormes pletinas levantadas desde el suelo delimitando planteles de especies diferentes, ahora bien crecidas y mantenidas dentro de su propio límite tres años después de la inauguración, levantando poco más que la altura de una persona y acentuando el carácter de olla a presión del conjunto. Platabandas , bancos de piedra artificial, poligonales prosaicas con aspecto de estar marcadas en el suelo con un bastón. Y las paredes: vacías. Pletinas dobladas sobre si mismas con el grosor deseado: treinta centímetros, metro veinte, lo que sea. Falsa materialidad, juegos de sombras interiores, habitáculos de gatos que viven allí, simpáticos, paredes no preparadas para ser tocadas, ni rozadas, pero sí circuitadas cerca , asociadas con rampas de distancias y inclinaciones cambiantes, abrazando una estructura convencional de pilares de hormigón. RCR consigue , con eso , la esencia de la arquitectura contemporánea: revestimiento sobre revestimiento sobre revestimiento, hasta la última capa , la visible, es la que identifica la imagen global del conjunto.

RCR se saltan todos los pasos intermedios haciendo que este revestimiento, como tal, como revestimiento, sea la única cosa que existe, envolviendo, dejando un paisaje secreto, no por ser mirado ni vivido dentro de él, como un monumento a las cosas que no existen, punto de reflexión de una arquitectura más preocupada por como la tratará el photoshop que por las consideraciones éticas que se derivan de su manera constuirse.

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Cheap clothes