Sobre la cubierta del CEIP Fontajau, Gerona.


Visitado el viernes pasado el edificio. Insistencia de Enric Massip por subir a la cubierta , de acceso complicado. Patio de instalaciones, el interior de una chimenea, una escalera de servicio demasiado corta , acceso a una cubierta invertida de grava, escalera de acero galvanizado y ya he llegado . De golpe se me aparece un espacio completamente ajeno a la cultura occidental, un espacio de raíz japonesa, entroncado , según parece , con el concepto “ma”. La cubierta del edificio es un plano inclinado único ( hablo de un instituto de enseñanza secundaria, un enorme edificio de unos 160 metros de longitud por 15,50 de ancho), un plano inclinado terminado con unas piezas rectangulares de hormigón prefabricado , montados en seco a junta abierta para que se filtre el agua y se recoja en la cubierta invertida inclinada que queda justo debajo. Las losas funcionan como acabado de protección. Un enorme plano inclinado gris, sin otra cualidad que la anteriormente mencionada. Un plano inclinado rematado por un canalón de un metro de ancho, un plano inclinado definido por unos límites de hormigón sin ningún tipo de antepecho , un plano que se escapa , que queda recortado contra el horizonte.
Espacio a la japonesa: la catedral de Gerona , a lo lejos , con su fachada barroca, a esta distancia de un gris sucio parecido al del mismo instituto, vista por la mañana a contraluz, contrastando con el verde de los árboles , recogida por las montañas posteriores. Una antena de comunicaciones se recorta , un barrio de casas nuevas aparece al otro lado de la calle, prácticamente debajo de mis pies . Al sur, una lejana serranía cierra la verja visual , kilómetros allá . Entre las dos cosas, la cubierta. La cubierta con su materialidad, la cubierta con su presencia , la cubierta con sus límites cortados a cuchillo , la cubierta convocando , centrífuga y centrípeta a la vez , hablándonos de lo que abriga pero también del entorno, una frontera entre dos barrios, un patio a sus pies ( quizás la cosa mas floja de todo el proyecto, dejar un patio de juegos a norte , con el edificio proyectando la sombra): la cubierta inundada de sol, texturizada por las losas mal puestas , mal acabadas, la cubierta que vibra agradablemente gracias a ésto: su construcción encintada mediante un cordón de hormigón in situ las atrapa, ,la contiene y hace que lo que realmente le define, su perfil, aparezca siempre limpio, siempre intacto a pesar del plano vibrante , salpicado de pequeñas sombras.
Estoy en la cubierta , me paseo : En medio , el tamaño del edificio cierra visuales, la altura me relaciona con el paisaje lejano, al otro lado de la calle, ventanas medio cerradas, el cristal opaco por la radiación solar , el entorno feo , las copas de los árboles y la brisa : espacio , quizás uno de los pocos espacios abstractos que he visto en toda mi vida: un espacio incontenible, sin límites , pura cualidad, pura continuidad, definido no por los límites sino por las relaciones de las partes. En un extremo del edificio, una enorme plataforma, la cubierta que sube hasta la altura de mis ojos , si me giro ciento ochenta grados estoy en una proa de vértigo, sin ánimos de avanzar a mas de un metro del final, cortado a pico sobre la calle. Sea donde sea, las sensaciones convocan mis ojos , mi memoria , incluso el tacto y el recuerdo de un camino difícil , no convencional, no público, para configurar esta sensación.
El sonido: el sonido y casi el no sonido, el sonido sin cualificar que ayuda a este espacio. Las ondas sonoras no tienen prácticamente nada ni prácticamente lugar donde rebotar. Coches a lo lejos , el viento el ruido de las obras en los solares vecinos: espacio, también espacio , espacio para escuchar. La buena arquitectura entre por el oído antes que por otros sentidos: a través de ella mido los pasos, calculo la altura de los techos, valoro la relación de los materiales con las dimensiones, y sobre todo, entre las sensaciones, el comfort auditivo, el contacto con el espacio que no entra por los ojos , aquellos ítems que descontextualizan las fotos tan fácilmente.
Debajo , un edificio.

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Una foto de obra del Crown Hall


El edificio es una pura estructura. La losa inferior ya está colocada, y tres de les cuatro enormes jácenas también , la losa superior todavía no está hormigonada, ni tan solo encofrada. La arquitectura ya está. Mirando la foto atentamente , observo que las cuatro jácenas no se montan por separad, sino que, para que trabajen unitariamente ,deben estar trabadas de alguna manera. El estructurista definió para este objetivo unas lógicas cruces de sant andrés, que aparecen en escorzo en la foto , únicos elementos entre aquellas gigantescas jácenas que aún sólo se aguantan a sí mismas . Mies no hace nada de nada en este edificio , ni en ningún otro en toda su carrera , ante el hecho que la estructura impone sus propias leyes. Mies és un arquitecto obsesionado en no crear tipos sino arquetipos. Pertenece a ese grupo de arquitectos que no dejan que la realidad transforme las ideas, ni las leyes de la estática, ni las de la gravedad. El arquitecto se obsesionaen su idea de un espacio anisótropo absoluto, prácticamente sin cualidades ni atributos , que podría extenderse idealmente en todas las direcciones sin que nada le afectase: el espacio de los aeropuertos, de los centros comerciales, el espacio industrial, tan enorme que no se puede ni siquiera llegar a definir por sus límites . El contenedor neutro total.
En esta investigación, Mies no deja que la realidad, como he dicho , le afecte en nada: Si define el Crown Hall como cuatro jácenas que aguantan una losa bajo la cual se levanta otra del suelo , construye ésto y punto.El espcio inferior no tendrá cualidades, y será el último castigo inflingido Moholy-Nagy: columnas, subdivisiones , espacios poco cualificados , ausencia de luz natural : no importa. Si aparecen diagonalizaciones en la cubierta, éstas se esconden revistiéndose superior e inferiormente. Si son necesarias las instalaciones , se esconderán sin ningún discurso.
Mies, en el tramo final de su carrera , no altera las condiciones iniciales del sus proyectos para nada : ni el presupuesto, ni el uso, ni el clima, ni ningún otro factor externo lo afecta . Sirva este escrito como denuncia de todo ello, como protesta hacia la renuncia de un arquitecto que consiguió mucho, pero que , después de su llegada a Ámerica, pierde intensidad en la misma manera que pierde interés por la obra construida : recuerdo la imagen de Mies viejo, alcohólico, ojeroso, observando desde un mercedes de color blanco la cubierta de su National Gallery sin considerar necesario bajar. Que habría sido de su obra si la hubiese dirigido como merecía , com hizo con la casa Thugendhat , com hizo con sus obras de Barcelona (tres pabellones, no uno, como se cree).
Me gustan más los tipos que los arquetipos. Me gusta mas la arquitectura que se ensucia con la realidad, que se enriquece con su contacto, la arquitectura a la que le pesan los materiales, la que se sabe ligera desde la tectonicidad.Y la poesía. Y Mies , pese a sí mismo.

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