O9_un lugar

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(gracias a Josep Lluís Mateo por la cita borgiana)

o9_un lugar es, en realidad, un camino. El camino que Daniel Terzano está recorriendo guiado por su instinto, sin confiar demasiado en apriorismos. Un camino que lo lleva a coincidir con diversas personas que provocan situaciones que desembocan en experiencias vitales que conforman un proyecto. Una de estas situaciones es el workshop RCR-LABA 2013, donde ejerce de artista invitado. Daniel Terzano está trabajando en un espacio que ha limpiado él mismo, justo entrando al Pabellón de los Sueños a mano derecha, en el lado del Espacio Barberí que da a la calle Marià Vayreda, que actualmente funciona como una especie de espalda al no tener habilitadas las puertas de entrada. El espacio limpiado está pavimentado con una arena de playa llena de cristales que el artista va cribando lentamente cada día, que, se especula, podría ser un sistema de extinción de los hornos de fundición. La arena es blanca. Las paredes y el techo de viguetas de acero y bovedillas de baldosa, de múltiples tonos de gris negroso. Las ventanas son altas, orientadas a suroeste. La luz es muy especial: parece venir del suelo y extinguirse en contacto con el techo. El marco de la puerta de acceso, sin hoja, da al patio que sirve de acceso al taller y al Pabellón de los Sueños, plantado de helechos y hayas, sombrío, verde y azul: dos atmósferas radicalmente diferentes a medio metro de distancia.

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El espacio se ha limpiado a mano. Siempre a mano. Daniel Terzano usa las manos para todo, sin intermediación: para, por ejemplo, de estudiante, montar una exposición si lo que pedían era un proyecto de exposición. Proyectos presentados, ejecutados, pensados a mano. Incluso el proyecto final de carrera. La mano que pinta después de la carrera, confrontándose con una tela, con un gesto, con una disciplina paralela que le permita entender mejor el oficio. Es espacio es alto de techo y eso permite percibirlo en todo momento en verdadera magnitud: el patio detrás nuestro, las ventanas altas a la calle que no se ve delante. Hasta un poco más arriba de la vista estamos rodeados de un artefacto compuesto por nueve marcos que sujetan ocho telas y una plancha de acero. Dieciséis metros lineales de superficie a pintar enroscados sobre sí mismos en una configuración variable que va desde la planta central pura a un camino en espiral. Nueve partes. Nueve es un número especial para el artista. Daniel Terzano habla del nueve como del número que no existe: sumada una serie finita de números entre ellos hasta obtener una sola cifra, la adición o substracción del nueve no afecta el resultado final. Nueve es el número que ha marcado todo su proyecto. Un proyecto en dos tiempos, un recorrido vital a través de nueve obras de referencia sobre las que reflexionar. Una base de actuación que, como primer tiempo, guía la manera de operar sobre las telas. El segundo tiempo es un pedazo de terreno de 0,7ha en la Cerdanya. Quince por ciento de pendiente y un bosque adyacente. Estas son las claves para que Daniel Terzano y RCR, trabajando codo a codo, definan su vivienda, su taller y una residencia-hotel para artistas de nueve habitaciones, Que, una vez situadas en el lugar, dejarán intocados el terreno, la pendiente y el bosque: bajo tierra todo hierve. Por encima, hierba y una serie de vacíos que ventilan e iluminan los espacios de estar. El lugar se ha impuesto. Ha dictado leyes. Materiales. Una cartografía y una relación con la naturaleza. Entenderlo, dibujarlo y habitarlo. Sin intermediación.

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La cartografía y la experiencia marcan la acción del Espacio Barberí. Resulta inevitable recordar al Jorge Luís Borges de Del rigor en la ciencia, donde identifica el mapa perfecto con un artificio superpuesto al propio territorio con una relación de uno es a uno. Cuestión de escala. Y de mano. Porque Daniel Terzano hace precisamente eso con sus modelos: transcripciones a escala 1:1 realizadas pasando su brazo por el cuerpo del individuo. Directamente. Al tacto. Resultan relevantes la posición del modelo (tanto su postura como la posición relativa a la tela), el gesto, la actitud. Que él provoca jugando con el espacio que ocupa, transformándolo a cada momento. Transforma el espacio según la hora del día. Según la iluminación. Según la música que pone. Según la posición de los marcos (que pueden llegar a enclaustras al artista y al modelo en un espacio de pocos metros cuadrados mientras suena música angustiosa, o acotar prácticamente todo el espacio limpio, la luz siempre baja a causa del pavimento de arena, o hacer pasar al modelo rozando, literalmente, las telas ya trabajadas), según el grado de interacción. Según las ganas que ponen. Y hay casi sesenta modelos a provocar, trastornar, motivar. A sacar de contexto de un trabajo absorbente para que se den cuenta que, sin este grado de dispersión, nada de lo que hacen tendrá sentido.
Cada situación que vive (o que provoca) cada modelo queda recogida en un único trazo continuo. Rápido. La superposición de todos estos trazos es el equivalente al proyecto de movimiento de tierras, a la bañera que la huella de un edificio deja en el terreno. Poder leer un espacio urbano, una ciudad, a través de esta superposición de huellas (las de un momento dado, la acumulación de las mismas a lo largo de la historia) dan una idea aproximada de lo que puede ser un lienzo de Daniel Terzano. Como en un mapa, el espacio colapsa en dos dimensiones. Es plegable y transportable. Como un mapa, su despliegue crea un espacio que se relaciona directamente con quien lo mira. Y que le permite relacionarse con el objeto cartografiado sin intermediación. Para trazar este mapa el arma ha sido el instinto. Unas condiciones iniciales, un punto de partida y la flexibilidad suficiente como para crear un primer lugar a partir de lo que ya está allí. Justo como el lugar de la Cerdanya.

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Porque o9_un lugar va de esto: la superposición de unas reglas a un lugar que montan y significan un mapa. Que reflexionan sobre la propia naturaleza no del lugar, sino del propio concepto de lugar. De la presencia. De las consciencias. De las interacciones que es capaz de crear. Del diálogo con el material. Del diálogo con la naturaleza. De la fusión de todo esto en un artificio que exprese la máxima complejidad a través de la máxima sencillez. De artificio a artificio. O de naturaleza a naturaleza.

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