No he ido a la fiesta del COAC

Rompo la costumbre de escribir siempre de las cosas que me gustan, porque ya está demasiado publicitada la mala arquitectura como para molestarme en escribir más sobre ella, pecados veniales a parte, y dejo, sencillamente, aflorar mi mala leche. Y es que estoy cansado. Cansado de los esfuerzos vanos por encontrar trabajo como arquitecto independiente. Cansado de la ignorancia, no ya del desprecio, del hecho que soy obviado por un mercado que, sencillamente, no arriesga ni apuesta, que parece estar completo con los que ya hay dentro, y que cuando se diversifica, lo hace en dos direcciones completamente opuestas:
mediocridades desilusionantes vendidas bajo la etiqueta de arquitectura de consumo, tejido de equipamientos o vivienda social cansada, ahogado por el de unos años (los de los arquitectos que lo practican, uniformizados todos bajo una pátina de respectabilidad que ha ahogado cualquier tipo de relevo generacional) que han otorgado más cansancio, más vejez que madurez , resentimiento, autocomplacencia , y el de los referentes extranjeros alquilados para grandes proyectos, asociados con caciques locales que aprovechan el trabajo para adoptar cuatro estilemas a algún proyecto igual de grande menos uno, siempre con pinta de puerta posterior en un país al que Dios ha dejado de mirar hace tiempo.
Paso de reivindicaciones vacías de otras zonas de España o del extranjero. Continuo cansado . Cansado por culpa de una biografía personal mal llevada, del error seminal de creer que lo que contaba era, es , la ilusión, una buena arquitectura impuesta a través de la creencia naif de hacer bien las cosas. De la frescura, de les ganas de comerse al mundo o alguna cosa que se le parezca, ganas que se han de arrancar o hostia neta. Ya no es cuestión de lo que se acepte, ni de los méritos pírricos obtenidos trabajando por algún tercero más o menos cubierto de gloria . Es sentirse atrapado , reviviendo un ciclo diario del cual no se puede salir. Perdiendo colaboradores , dejando por el camino las ilusiones quemadas de compañeros de viaje que apuestan por caballos ganadores, y bien hecho que hacen . Y al final queda un mal beber para consolarse, discos a todo volumen , la casa llena de libros sobre maestros demasiado alejados en el tiempo como para resultar vàlidos. Busco trozos desgraciados de vidas ajenas para consolarme: el Corbu pasando frío en una mansarda del Quai Latin par isino del 17, pintando, asistiendo más tarde al estreno Chien Andalou rodeado de unos amigos que yo no he sabido encontrar, absorto en perder batallas como estoy. Mies viviendo en un lavabo, compartiendo estudio, soñando HEBS infabricables a aquel momento. No importa : ni tengo su talento (pero si su fe) ni e su soporte económico, por precario que fuera , ni nada que haga suponer que no me estoy hundiendo en una especie de magma extraño hecho no de caídas o autodestrucciones heroicas tanto como de mediocridad, rendición, consolación a base de quintas temporadas de House y novelas que convergen hacia VC Andrews o Ruiz Zafón o cualquier cosa de fácil digestión.
Ni tan solo tengo derecho de queja: hoy miraba el pabellón de la Zaha Hadid en Zaragoza y es espléndido, pero, con este pero que te hace recelar sin poder criticar sin parecer un resentid, sin poder decir nada coherente de un buen edificio que quizás no tiene razón de se. Y así sigo.
Al final queda un retiro hecho de músicas diversas , ídolos que se mantienen derechos , Tom Waits compartidos con alguien que crees sin alma, algún otro cantante secreto y una mezcla de gustos personales para los días en que no ves a nadie .
Decir que abandono, pero perder la razón de ser a los 33 cuesta . Así que hasta una próxima vez más precaria, y si me rindo mierda para mí, supongo que un poco más de la que ya es . Un poco de un poco de más, sin darme demasiada cuenta , que no haga tanto daño.

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