No hacer nada

La plaza Barcelona de Sant Cugat es uno de los espacios urbanos más agradables de la ciudad. Centro del segundo ensanche decimonónico, alimentaba, hasta hace pocos años al ayuntamiento de la ciudad, trasladado, actualmente, a un edificio desafortunado de nueva planta ubicado en la Rambla del Celler, funcionando como pieza principal de un plan urbanístico extraordinariamente mal hecho. La plaza, liberada de esta servidumbre, es ahora un salón de unas proporciones muy agradables, históricamente urbanizado a partir de unas calles perimetrales pavimentadas con adoquines. La plaza tiene una pendiente diagonal de más o menos un cinco o un seis por cierto, que obligó a nivelar el rectángulo central, de sablón, mediante un podio de piedra con unos parterres. La vegetación primaria consiste en unos plataneros crecidos, bien conservados actualmente.

La plaza, después del traslado del Ayuntamiento, se reformó mediante un proyecto modélico. Pocas veces he visto un equipo de arquitectos mantener la integridad de un espacio urbano de un modo tan eficaz. Todo lo que se ha sacado, o substituido, o añadido, mejora las condiciones precedentes. Y todo de un modo tan sutil que apenas parece que un equipo de técnicos haya pasado por allí. Su único precedente que conozco (un proyecto completamente paralelo, previo en el tiempo) es la Plaza Léon Aucoc, de Burdeos, obra de Lacaton & Vassal. Allí, los arquitectos ganaron un concurso de reforma literalmente no haciéndole nada al espacio urbano: otra vez un rectángulo de sablón con árboles crecidos (por la fotografía parecen olmos) al cual se le añadieron, para mantener su integridad, los servicios de los que carecía: contenedores, cloacas nuevas, alguna farola. Poco más. En este caso, el equipo protagonista ha sido Duran Arquitectes, ubicado en Terrassa, que ya habían urbanizado, con cierta eficacia, otras plazas de Sant Cugat. Una ojeada a su web muestra que la reforma de la plaza Barcelona es su obra mayor.

Lacaton & Vassal: Place Léon Aucoc, Bordeus.

En este caso, el espacio tenía algún problema menor que los arquitectos han mejorado: los bordes del rectángulo de sablón presentaban un diseño tosco hecho a base de una piedra basta que componía parterres, escalones rudos y agresivos, que separaba demasiado (a veces visualmente) este interior de los espacios de circulación perimetrales, que estorbaba innecesariamente la belleza del espacio.

La manera de resolver este problema ha sido tan sencilla como eficaz: tratar todo el perímetro como una plataforma única de pórfido que, además, recicla parte de los adoquines existentes para los espacios reservados a la circulación rodada vecinal y de carga y descarga, que se va doblando , en forma de escalones, para contener el sablón plano. El diseño de esta plataforma es donde se han concentrado todos los esfuerzos proyectuales. El resto, gestión. Gestión convertida en diseño: mantener las farolas (a los que se ha sacado los cristales de la linterna y se ha acoplado una bombilla de bajo consumo en la parte superior del sombrero, con un difusor adecuado para dar una luz dispersa sobre el suelo), poner cuatro bancos nuevos, un pequeño escenario en la parte superior, adecuado para las fiestas mayores. Adecuar los servicios. Poco más.

El único elemento nuevo de diseño consiste en una farola única para el rectángulo de sablón, una red de catenarias que soportan unos globos de cristal de diseño bonito tensadas a partir de unos tubos de acero troncocónicos dispuestos en el perímetro, que forman un plano de luz que queda más o menos en el arranque de las copas de los plataneros.

Cualquier vecino tendrá el recuerdo de la plaza antigua, con todas las prestaciones de un espacio urbano nuevo. El diseño no es innovador : es una lavada de cara, una puesta al día que valora y mantiene los valores urbanos de un espacio urbano tan bien diseñado.

Adicionalmente, la reforma ha arreglado un despropósito provocado por el mal diseño del nuevo ayuntamiento, que había relegado el espacio de las bodas a uno de sus laterales, sórdido, sin identidad ni sentido, un espacio tan feo que parecía diseñado por un miembro del Opus Dei contrario a las bodas civiles: la dignidad de la plaza ha re-dignificado el edificio del antiguo Ayuntamiento (entre medianeras. Un edificio público de estas características debería de estar, siempre, entre medianeras. Sirviendo al pueblo), obra de Elies Rogent, que ha reciclado el lugar donde, actualmente, se celebran estas ceremonias representativas.

Esta reforma muestra como una de las mejores características de un diseño es que no parezca que esté.

La Plaça Barcelona, a principios del siglo XX

La reforma.

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