Moneo lies down on Broadway


A mi primo Xavi Ortells
(texto: Jaume Prat. Fotos: Xavi Ortells)

Rafael Moneo ha construido, en la esquina de Broadway con la calle 120 oeste, su primer edificio en Nueva York, justo al lado de donde mi primo Xavi Ortells cursaba hasta hace pocos días un master en estudios orientales. Todos esos parajes forman parte del campus de la Columbia University, abierto a la ciudad. Justo delante, en la otra esquina, se extiende, longitudinalmente a Broadway, el Union Theological Seminary, que también forma parte de la universidad y está adscrito a la iglesia presbiteriana americana, uno de esos edificios neogóticos de piedra vista, erigido por los arquitectos Allen y Collins, exponente de todo un período de la arquitectura americana.

“He hecho lo que he podido, pero ten en cuenta que no soy arquitecto ni fotógrafo”, me decía Xavi en el mail donde me envió esta sesión de fotos. Tu tranquilo, Xavi: son fabulosas. Él y yo hemos hablado a menudo de arquitectura, y, de hecho, es responsable que haya olvidado algunos de los prejuicios ridículos que me inculcaron en la carrera. Una noche nos pusimos a proyectar una casa para él. Xavi es un tío culto, con una referencias arquitectónicas muy por encima de la media, incluso muy por encima de la media de algunos arquitectos. Me pidió ventanales Arts & Crafts, propios de Horta, de Mackintosh, del primer Mallet-Stevens o de las casas para artistas de Sauvage (sí: tampoco son invento de Le Corbusier). Picado, contesté que eso no podía ser. Con toda tranquilidad, Xavi me miró a los ojos y contestó “¿por qué?”. Me quedé sin argumentos, me reí mucho y, años más tarde, comprobé que Miralles construía como si hubiese llegado a la misma conclusión. Todavía me parece mentira que, años más tarde, tenga que continuar explicando este porqué. Coño, pues porque sí. Porque la luz entra bonita. Porque es técnicamente viable. Porque puede no ser más caro que hacer la ventana de otro modo. Porque los montantes van a protegerla del sol. Porque la carpintería puede usarse, también, como reja. Porque es más barato cambiar un cristal pequeño roto que veinticinco metros cuadrados de cristal templado monolítico. Porque el estilo lo controlamos nosotros y, cuando es al revés, quienquiera que lo haga (o a quien le pase) tiene un problema. Porque lo que está bien está bien.
Xavi me contaba que se fijaba a menudo en el edificio cuando pasaba por delate, y, al preguntarle qué le parecía, contestó “Es… cómo se llama eso… muy compacto? Sí, es eso. Es muy compacto. Eso es lo que más me gusta del edificio”. Por pura observación dedujo el rasgo más significativo de la arquitectura de Moneo.

Las fotografías, tomadas poco antes de la entrega del edificio, explican muy bien lo que es y dónde está. El campus de la Columbia University, obra de los grandes McKim, Mead @ White, los arquitectos referenciales de Nueva York a principios del siglo XX, se realiza enterito en un estilo neoalgunacosa diferente al estilo neootracosa del seminario. Probablemente todos los edificios de Nueva York sean siempre neoalgo, el de Moneo incluido. En cualquier caso: la primera conclusión sobre él (que, afortunadamente, abre más preguntas de las que responde) es que el edificio es a la arquitectura de Nueva York lo que el Museo de Arte Romano de Mérida es a la arquitectura romana: un homenaje.


Rem Koolhaas lo entendió: Nueva York no es moderna. No pude serlo. Quizá por eso se llevó el manifiesto básico de la postmodernidad, el Delirious New York, probablemente el libro de arquitectura más importante de los escritos des de Vers une Architecture, y el único de los grandes tratados básicos que conozco que no contiene la palabra “arquitectura” ni en su título ni en su subtítulo.

El edificio de Moneo es, antes que nada, una representación de la ciudad. Si en Mérida Moneo hace un edificio que interpreta de manera contemporánea lo que es un opus romano, y realiza un museo de hormigón expresado a través de un encofrado perdido de ladrillo de una fuerza expresiva brutal, que contrasta con las losas planas (y, por tanto, nada romanas) de hormigón visto y con los poderosos lucernarios del mismo material, en Nueva York Moneo realiza un homenaje no tanto a la arquitectura de los años 30 como a su estructura con el mismo recurso de hacer arquitectura con las tripas de los edificios a los que remite.

Desde siempre las estructuras metálicas de los edificios en altura americanos han quedado revestidas para protegerlas contra el fuego en primera instancia y para expresar las ideas, el estatus, las fantasías o los gustos de los promotores en segunda. Bueno, y, quizá, de los arquitectos, que nunca parecieron demasiado interesados en abrazar el Movimiento Moderno. El edificio de Moneo, metálico como sus padres, también se ha de revestir. En su caso, ya de vuelta de los homenajes a Sullivan de los años 70 (léase del Bankinter a l’Illa) decidirá hacerlo revistiendo la estructura metálica con metal. El arriostramiento del edificio se lleva a las fachadas, que quedan llenas de tirantes en diagonal que siguen alguna cosa parecida al descenso de cargas. Las cruces de San Andrés no se producen dentro del mismo pórtico, sino que se desdoblan en líneas alternas. En resumen: este edificio tiene por fachada lo que muchos de sus vecinos tienen en su interior, escondido.

Se establece una reflexión importante sobre el revestimiento. El del edificio de Moneo es más complejo todavía que las fachadas de ladrillo macizo de sus vecinos: paneles de aluminio o acero inoxidable rayados en diagonal, revestimientos innífugos para el metal, vidrio montado en carpinterías muy complejas.

El edificio justifica su fachada por su emplazamiento y por su volumetría. La esquina de 120 oeste con Broadway es un solar tomado en sandwich entre dos edicicios neoclásicos característicos de la Columbia University. Moneo siempre podrá alegar que los sigue en espíritu. El edificio es una vez y medio más alto que sus vecinos, y más alto que la torre vecina del seminario. El cambio estilístico ayuda a contextualizarlo.
La condición de edificio continuo que quiere tener el campus se consigue a base de extender unas pasarelas muy intresantes entre los dos edificios, puentes apoyados a los dos lados que parece que tengan que romperse en contacto con el edificio de ladrillo. La pasarela de la calle 120 es continua, y la de Broadway se realiza individualmente en cada piso.

La fachada al patio interior de manzana es un muro cortina convencional con la estructura vista por detrás, y allí sí se rompe la continuidad de los edificios para evitar una esquina-rincón.


Desde lejos: una especie de farolillo que corona el campus flotando aparentemente como si no tuviese base. Más o menos lo contrario de lo que pasa con los edificios del resto de la ciudad.

Los americanos miman y respetan su arquitectura docente. A parte de los buenos edificios singulares realizados por arquitectos propios y extraños (como el mismo Moneo, Rudolph, Wright, Kahn, Hejduk, Stirling, Koolhaas, Morphosis, Aalto, Holl, Le Corbusier y Sert juntos y por separado) están los edificios que conforman el grueso del campus propiamente dicho, con toda una categoría de arquitectos, aquí también, capaces tanto de las obras de continuidad como de las singularidades: Mies van der Rohe enfrente, también SOM, también los McKim, Mead & White, incluso un expresidentes de los Estados Unidos: el excepcional arquitecto Thomas Jefferson, que se encargó de fundar y planificar la Universidad de Virginia. Ejemplos hay tantos que no se pueden ni nombrar aquí, y no sólo en las universidades punteras: pequeños condados del mid-west americano disponen de unos campus que no conocemos en el sur de Europa.

Coderch dedicó su “no son genios lo que necesitamos ahora” a un Moneo joven que havía osado pasar por encima de las competencias que el primero creía que podía asumir diseñado una silla. La colectividad se creyó el manifiesto, y ni Barcelona ni Madrid tienen ahora ningún edificio docente diseñado por alguien que tiene su estudio en el fabuloso Viso madrileño, y que, des de allí, ha proyectado tres al otro lado del Atlántico. Así vamos: sin su nivel medio arquitectónico, sin apenas edificios singulares, sin la dignidad de los “no genios” mientras los nuestros alegran sus yards y courts con sus creaciones donde, seguro, se podrá estudiar mejor que bajo los fluorescentes mediocres que conforman tantas construcciones anodinas en España.

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2 respuestas a Moneo lies down on Broadway

  1. Federico A. dijo:

    Hace unos días Moneo impartió una conferencia en la Escuela de San Sebastián con motivo de la exposición antológica de Miguel Garai, en ella expuso cuatro de sus últimas obras. Entre ellas explicó magníficamente esta obra. En el siguiente enlace se puede ver la conferencia (el edificio de la Universidad de Columbia a partir del min 56, aunque es recomendable toda la conferencia):
    http://ehutb.ehu.es/es/video/index/uuid/548fff80a7367.html

    Enhorabuena por el blog, un saludo.

    • jparquitecte dijo:

      Muchas gracias, Federico. Tal y como dices, las conferencias de Moneo hay que verlas enteras. Lo vi en la ETSAB contando este mismo edificio (y algunos otros, tan interesantes como siempre) y me di cuenta que las explicaciones no podían ser más distintas. Ahora haría el artículo diferente, pero este no lo anularía, sino que lo dejaría aquí como primera aproximación.

      Un saludo!

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