Los jardines colgantes de Babel 2/2

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Por años pareció que la construcción del WTC2 recaía en el equipo del arquitecto británico Norman Foster, que elaboró otro proyecto ciertamente interesante, aun siendo, volumétricamente, más de lo mismo: un nuevo monolito, aunque, en este caso, de uno de los autores que más ha tenido que decir sobre la tipología de las torres en altura en toda la historia reciente de la arquitectura. Finalmente el proyecto ha recaído en BIG, el equipo comandado por el arquitecto danés Bjarke Ingels.

Y Bjarke Ingels ha propuesto un edificio completamente diferente. Nada inédito, por otro lado: el proyecto no va de esto. De entrada estamos hablando de un edificio de gran altura, unos 1340 pies. Cuatrocientos metros ubicados en Nueva York no pueden pasar desapercibidos. Seguidamente, tal y como explica el mismo Bjarle Ingels en un brillantísimo video de promoción, todas las operaciones volumétricas propuestas en el edificio están más o menos relacionadas con el entorno del edificio. El WTC2 no quiere ser un monolito. Quiere ser una ciudad vertical. Quiere asentarse en Nueva York siguiendo las reglas de su entorno de manera precisa. El WTC1 no se puede transportar. En el solar de al lado el edificio sería diferente.

Tres gestos fundamentales: el edificio, en virtud de una servitud del casi olvidado plan de Libeskind pervertido en función de la voluntad de protagonismo del WTC1, se dispone oblicuo en su solar para liberar una visual limpia desde la capilla de San Pablo hasta el Memorial del World Trade Center original. Esta oblicuidad será aprovechada intensivamente como generatriz para el resto de geometrías del edificio.

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El segundo gesto consiste en matar las ansias de protagonismo del WTC1. El WTC2 es casi ciento cincuenta metros más bajo (unos treinta descontando el pináculo), pero su altura continua siendo significativa respecto del WTC1 y respecto de Nueva York: de no existir el proyecto precedente sería igualmente el edificio más alto de la ciudad(1). E Ingels aprovecha esta altura para desplomar su edificio exactamente la misma inclinación que el WTC1 usa para hacerse más esbelto. Y los dos edificios vuelven a ser uno. Y el monolito muere, reincorporado a la ciudad con la misma naturalidad que si estuviese entre medianeras. Intentad calcular qué voladizo y qué momento torsor supone esto en un edificio de cuatrocientos metros de altura. Pero no importa. Es épica cuotidiana. Lo que importa es que la ciudad lo pide.

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El tercer gesto relaciona la torre con la Capilla de San Pablo. David y Goliat. ¿Qué puede medir esa capilla? Veinte, treinta, cuarenta metros, volviéndonos locos? Un diez por ciento de la altura del WTC2, tirando largo, aplicando cocientes de seguridad a esta extrapolación para que resulte todavía más alta. Bjarke Ingels escalona su edificio en el sentido de la Capilla de San Pablo, creando unos jardines verticales. Un paisaje verde vertical.

Los Jardines Colgantes de Nueva York.

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El WTC2 es un paisaje vertical. Es un edificio híbrido que, sin pretender esconder su altura, no quiere ser una torre. Con cuatrocientos metros de altura y un programa funcional por cumplir el edificio no puede hacer otra cosa que celebrar su tercera dimensión. Que definirse a través de ella. El WTC2 es un recurso para humanizar la enorme edificabilidad que la ciudad requiere en este solar. No un rasgo arrogante, sino un árbol más del bosque. El WTC2 reinterpreta, adicionalmente, algunas de las investigaciones que su predecesor Norman Foster ha introducido en los edificios en altura. Foster que postula puestos de trabajo abiertos, racionales y poco jerarquizados a la que le dejan hacerlo(2), tiende a obviar la altura de sus torres con recursos que igualan las características de los puestos de trabajo en todas las alturas; de las cámaras de descompresión para poder abrir ventanas a doscientos metros y los atrios interiores del Commertzbank de Frankfurt a los jardines colgantes en espiral de la torre Swiss Re (ahora conocida bajo otro nombre) en la City de Londres, donde el jefe de la compañía tenía despachos que seguían el mismo módulo que el puesto de trabajo convencional. Foster homogeiniza la sección de sus rascacielos. BIG no. O no del todo, pero, en cambio, los mecanismos compensatorios que introduce en cualquier altura, desde la planta baja, o, incluso, desde el semisótano de el edificio hasta la planta superior cada altura hasta la planta superior cada altura tiene algo que la singulariza, que la hace atractiva. No es esta apisonadora científica que Foster usa, sino más bien una especie de juego, un recurso más instintivo, o, si se quiere, la necesidad de no contar con una planta tipo anodina que, en este enorme desarrollo vertical, no funcionaría demasiado bien.

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Torre Swiss Re. Se pueden apreciar las marcas que dejan en fachada los jardines que homogeinizan las diversas plantas del edificio. Sección del Commertzbank, que ya prefigura la espiral de la torre Swiss Re. Proyectos de Foster + Partners.

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Contacto con el suelo del WTC2, detalle.

Ingels habla, también, de la acumulación vertical del os inmuebles del SOHO, recurso que, de haber servido para modular adecuadamente las alturas de los diversos escalones de la torre, se habrá empleado de modo brillante y sutil: la torre presenta un tratamiento unitario de la fachada que tiende a borrar cualquier rastro de estas operaciones para restituir íntegra su volumetría, haciendo buena la afirmación anterior que en ningún momento se ha querido enmascarar su enorme altura.

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Esquemas compositivos del WTC2.

El WTC2 no es un edificio único, ni original: es un edificio que aprovecha su colocación y su carisma para proponer la altura como un mecanismo estructurador de la ciudad contemporánea. Que allana el camino para su estratificación a diversas alturas. El WTC2 será uno de los primeros edificios que lleve la gran altura a ser un mecanismo cívico, y es este su principal valor. Ahora sólo hace falta seguir el proceso que llevará el proyecto a ser materializado mientras deseamos que se enriquezca por el camino.

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(1) Lo que pasa es que también hay un WTC3, ya en obras, proyectado por el equipo de Richard Rogers, que podría ser que fuese tan alto o más que el WTC2. Y qué bien que le va esta complejidad a la ciudad.
(2) También es un feroz arquitecto comercial capaz de construir espacios exclusivos que muy pocas personas en el mundo se pueden pagar. Aunque, y es una opinión subjetiva, parece encontrarse mucho más cómodo definiendo estos espacios más planos, más democráticos. Al menos esto parece demostrar la autoridad con que define los proyectos donde son protagonistas.

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Una respuesta a Los jardines colgantes de Babel 2/2

  1. Iago López dijo:

    Dejo el enlace al análisis (bastante más crítico) que hace el blog “Misfits Architecture” por si a alguien le interesa otra visión:
    http://misfitsarchitecture.com/2015/06/30/14-more-big/
    Saludos,
    Iago López

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