Los jardines colgantes de Babel 1/2

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Marten Heemskerk, los Jardines Colgantes de Babilonia. Al fondo, la Torre de Babel.

El Origen de la Arquitectura no es un mito. El Origen de la Arquitectura es un factor que cada época, cada movimiento, cada manifiesto, cada arquitecto relevante se cuestionan como punto de partida para su propia arquitectura. Cada Origen de la Arquitectura establece un punto de partida. Establece la razón de una manera de entender la disciplina. El no cuestionamiento de este factor comporta inmediatamente la aceptación de lo que sea que establezca el grado superior a la individualidad: el movimiento, la nación o lo que sea que te identifique, que, seguro, será un movimiento, se quiera o no.

En nuestros tiempos en que crítica se asocia a crisis y crisis a una deficiencia económica más o menos definitoria y estructural de los tiempos que corren en el lugar donde estamos el origen de la arquitectura tiende a fijarse en pequeños gestos, en pequeñas decisiones que, trabajadas por acumulación, dan resultados a gran escala: la unión hace la fuerza. Uno de estos posibles orígenes de la arquitectura podría fijarse en la preparación de la tierra para hacerla apta para la agricultura. Los desmontes, el gesto de desbrozar un terreno de piedras acumulándolas en los límites para formar muros de contención, aplanar terrenos, producir terrazas o simples divisorias entre campos. Los márgenes de piedra seca como origen de la arquitectura(1).

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El arquitecto Juan Navarro Baldeweg ha hablado sobre la Cabaña Primitiva como Origen de la Arquitectura(2). A sus enseñanzas, con el paso de los años, he sido capaz de sumar las siguientes reflexiones:

a) El mito de la Cabaña Primitiva es, antes que nada, esto: un mito. Una ficción, por tanto. Una ficción que vive, que respira, que se define a través de sus representaciones.

Sin representación no hay arquitectura. Como sin representación no hay vida. Vida humana, se entiende. Vida social(3).

b) El Mito de la Cabaña Primitiva considerado desde nuestra perspectiva de principios del siglo XXI se puede investigar de dos modos: desde el origen del propio mito(4) y desde la consideración sobre las condiciones reales o históricas que refleja este mito.

El Mito de la Cabaña Primitiva tiene su origen en la arquitectura cuotidiana. En la vivienda en sentido amplio; no sólo el cobijo para una familia, sino también sus espacios accesorios: silos, establos. Hornos. Heras. La Cabaña Primitiva trasciende todo esto y, en un primer momento, lo sacraliza. La Cabaña Primitiva es, por tanto, el templo(5). Pero la Cabaña Primitiva es, también, la arquitectura de los programas cuotidianos. No la arquitectura cuotidiana, sino la arquitectura capaz de representar esta cotidianeidad.

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La Cabaña Primitiva representada por el Abate Laugier.

La agricultura, los movimientos de tierras, nos han legado la horizontalidad. La armonía del entorno. La Cabaña Primitiva la noción de que cualquier construcción, cualquier programa, pueden ser arquitectura. La trascendencia del entorno social.

Todavía queda un factor relevante para la arquitectura. Un factor previo a estas dos consideraciones. Probablemente la primera y más esencial acción que defina la arquitectura, previa al habitar las construcciones, previa al movimiento de tierras. Previa a la agricultura. Es la acción que crea el paisaje. Es la acción que lo humaniza y, probablemente, sea el equivalente humano al marcaje del territorio propio de los grandes mamíferos. Me refiero al hito.

Considero el hito como el primer origen de la arquitectura. El hito es un aquí y ahora. Un gesto de identificación de un lugar. Es más: el hito crea el lugar. El hito es un gesto por tanto, agresivo. El hito tiene algo de violento. De juego con los límites. El hito flirtea con la idea de fracaso que lleva asociado cualquier reto, por vacío que este sea. El hito es riesgo. El hito es un reto: mirar y ser visto. Comprobar que se es el más fuerte de la zona.

Aunque cualquier programa funcional asociado a los dos orígenes anteriores pueda ser considerado un hito su esencia es la verticalidad. El hito es una construcción perpendicular al suelo. Un desafío a la gravedad. El hito, aun ocupando por definición muy poca superficie en planta, es la forma más influyente en el sentido literal de la expresión que pueda existir.

El hito es el menhir. Una construcción sólidamente clavada al suelo, puro eje Z, que se erige y significa un lugar. Crea un lugar. El hito es un gesto masculino. Es un pene erecto. O un cetro, que viene a ser lo mismo, más o menos. Un instrumento de posesión y dominación.

El hito es identificado por lo que probablemente sea el mito arquitectónico más relevante de todos los que existen: la Torre del Babel, el desafío perdido de la humanidad a Dios. Perder el poder de desafiarlo comporta perder, también, el dominio de la primera civilización primigenia(6), que se dividirá para formar el mundo tal y como lo conocemos hoy en día: un mosaico de culturas rico y diverso que, paradójicamente, es visto como el enemigo por cualquier cultura conquistadora(7).

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Un menhir en el terreno y la más famosa representación de la Torre de Babel, debida al pincel de Peter Brueghel el Viejo.

El hito no ha dejado de tener plena vigencia a lo largo de la historia. Del menhir al obelisco. Las pirámides, construidas siempre por encima del ángulo de apilamiento natural del material que las forma. Los faros(8). Un mínimo de cuatro de las Siete Maravillas del Mundo Antigo pueden ser consideradas, directamente, hitos.

El hito sufre una mutación, hasta ahora, definitiva, a partir de últimos del siglo XIX. La revolución es, primero, técnica. Las estructuras de acero y el ascensor permiten conseguir alturas inéditas hasta ese día. Por fin se pueden conseguir construcciones más altas que una montaña.

La segunda fase de esta revolución tiene que ver con el desarrollo de la industria del vidrio y con un hecho económico: estas construcciones tan altas, estos hitos, estos menhires modernos, han de ser rentabilizados y amortizados. Han de ser, por tanto, domesticados y habitados.

Y nace el rascacielos.

El rascacielos es el menhir moderno. El faro moderno. El rascacielos, heredero de las primeras construcciones en altura, evoluciona rápidamente hasta convertirse en la construcción que define el siglo XX. Que permite la evolución y la promiscuidad del tipo. El desarrollo del rascacielos esta asociado a un país: los Estados Unidos de América. A Europa le costó entender el rascacielos y, hasta fechas muy recientes, no lo ha acabado de asimilar, pretendiendo constreñirlo, planificarlo y contenerlo mediante planes absurdos. El rascacielos americano, el rascacielos plenamente desarrollado, se planifica en sección, tan atrevido como sea el emprendedor más atrevido que lo quiera promover o habitar.

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La John Hancock Tower de Chicago, proyectada por Bruce Graham y SOM, y un menhir celta. La única diferencia es la complejidad.

El rascacielos americano tiende a acumularse. Son muy raros los ejemplos de grandes torres americanas aisladas, sin contexto. El rascacielos americano crea barrios de rascacielos, que acaban formando, o identificando, ciudades de rascacielos siempre diversos en usos, formas, cualidades arquitectónicas, alturas, métodos constructivos e, incluso, materiales. Los rascacielos americanos forman bosques. Bosques de rascacielos puros, abstractos y, precisamente, gracias a esta cualidad, con la misma complejidad y diversidad que los bosques de árboles. Dentro de esta ciudad compleja, el igual que un bosque de árboles, la competición se da, a menudo, en altura. Y, eventualmente, podrán aparecer, o mejor dicho, destacar hitos que recuperen, por unos años, el espíritu original del rascacielos.

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Downtown de los Ángeles, o un bosque de rascacielos.

La ciudad americana, pues, es un metarascacielos, expresada a través de su eje Z. Una ciudad compleja y vertical, estratificada.

El ejemplo más puro de ello es la ciudad de Nueva York, un verdadero ecosistema, un hito en sí misma, o, si se quiere, un metahito que recicla, reúsa y canibaliza los diversos hitos individuales. Nueva York presenta miles de ejemplos individuales de arquitectura de enorme calidad(9), pero lo que identifica la ciudad es la ciudad en sí misma.

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La génesis de la altura de Nueva York empieza, de nuevo, por el hito puro, por el anuncio. Por la torre sin ningún programa funcional asociado que estorbe su función primaria de símbolo puro. Para entenderlo sólo tenemos que pensar en la Giralda de Nueva York, proyectada y construida por los arquitectos McKim, Mead & White(10) como elemento vertical del Madison Square Garden, el centro de ocio más importante de la ciudad a principios del siglo XX. La Giralda de Nueva York, hermana hipertrofiada de la de Sevilla(11), fue el edificio más alto de la ciudad desde su terminación el año 1899 hasta el año 1908, cuando fue reemplazada por el edificio Singer, ya un rascacielos al uso. Desde entonces hasta ahora la ciudad se ha visto coronada por edificios comerciales.

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La Giralda de Nueva York (1899-1925), o la altura celebrándose a sí misma.

11 de setiembre de 2001: Bin Laden consigue derribar las Torres Gemelas del Work Trade Center del la ciudad, dos bellísimos edificios proyectados por Minoru Yamasaki(11), devolviendo por unos años al Empire State Building el honor (ahora, triste honor) de ser la construcción más alta de la ciudad. Los Estados Unidos de América, profundamente tocados en su orgullo por esta acción, necesitan restituir, sino ampliar, la edificabilidad perdida por el atentado, ya que el World Trade Centre, lejos de ser tan sólo un hito funcionaba como un inmenso marque de oficinas claves para el funcionamiento económico de la ciudad. Complementariamente a esto aparecían toda una serie de funciones secundarias asociadas a su función simbólica de edificio más alto de la ciudad.

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El World Trade Center de Yamasaki presidiendo la ciudad. Foto: Robert Byrne.

La primera decisión que toma el gobierno, titular de los edificios, es no reconstruir el proyecto original de Yamasaki, la huella del cual constituye ahora un memorial a las víctimas del atentado.

La segunda es construir un hito.

Se presentan una serie de propuestas para reedificar la zona elaboradas por asociaciones de algunos de los equipos de arquitectos más prestigiosos del mundo, que ganará la comandada por el equipo de Daniel Libeskind. Todas ellas presentan una característica común: su carácter de hito colectivo, de metaedificio elaborado, formado, definido por la suma de las diversas torres que se requieren en la operación siguiendo estrategias que van desde un émulo a escala enorme de la estrategia del edificio The Economist en St. James’ St, Londres, hasta unir físicamente las diversas torres de la intervención.

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Propuestas de metaedificios para reconstruir el World Trade Centre: Steven Holl, Richard Meier et al. arriba y Foster + Partners abajo.

Pero no es lo que quiere el gobierno. Los Estados Unidos de América quieren un enorme, gigantesco, edificio individual, el más alto de la ciudad, que corone y culmine Nueva York de nuevo. Este nuevo hito será encargado a dedo a SOM(12), con David Childs como jefe de diseño. El resultado será la torre conocida como World Trade Centre 1 (WTC1 a partir de ahora), o la Torre de la Libertad: la Freedom Tower.

El WTC1 es un menhir puro. Con casi seiscientos metros constituye actualmente el techo de Nueva York y no sé si de los Estados Unidos o de toda América. Un techo curioso: la batalla de los edificios en altura se está volviendo, con la construcción del Bjurg Khalifa y sus homólogos de la Meca o Shanghai, completamente absurda. Las limitaciones técnicas de la altura han desaparecido, o la época para resolverlas se ha vuelto cotidiana, y ahora se trata, tan sólo, de averiguar quien va a ser el primer promotor en llevar la empresa a la bancarrota por haber cruzado el límite comercia: la Torre de Babel revisitada.

El gobierno consideró conveniente plantar un monolito puro en Nueva York. La planta parece un mandala: juegos de diagonales a cuarenta y cinco grados que conducen el casi cuadrado de la planta baja al pequeño círculo de la coronación mediante sucesivas aproximaciones poligonales a una circunferencia, concéntricas y ordenadas de más simple a más compleja conforme avanzamos al centro de la planta. La silueta del edificio define una flecha de paredes inclinadas para hacerse más aerodinámica, más esbelta: trucos barrocos para aumentar alturas relativas. El WTC1 no rasca el cielo: lo agrede. Lo hiere.

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David Childs – SOM: Freedom Tower. Planta + vista con la ciudad.

(1) El arquitecto Juan Domingo Santos me manifestó en cierta ocasión que, para él, éste es el origen de la arquitectura. Su obra, desde las casas en terrenos agrícolas inclinados en las afueras de Granada hasta el Atrio de la Alhambra, realizado en colaboración con Álvaro Siza, es un digno testimonio de ello.
(2) Lo que exploré en un escrito directo y arrebatado que relacionaba las sucesivas representaciones del mito con la obra de Herzog & de Meuron y Peter Zumthor.
(3) Sí, podría empezar a reflexionar sobre los organismos autorreplicantes con base carbono y sobre ácidos ribonucleicos o desoxirribunucleicos, pero esto es un escrito sobre arquitectura y las disquisiciones a base de algoritmos informáticos que trasladan esto mediante la creación de formas azarosas a cubrir gracias al talento de determinados vidrieros o ceramistas catalanes me dejan bastante indiferente.
(4) Esta sería la postura del propio Juan Navarro Baldeweg. Y, mejor todavía, esta sería la postura de la propia obra de Juan Navarro Baldeweg.
(5) Curioso como, en determinadas culturas, este templo contiene la sagrera, es decir, el espacio donde se guarda el grano comunal. La sublimación, la representación de un silo ha terminado por recuperar su función primigenia. Y nada puede conceptualizar la arquitectura de una forma tan precisa como este diálogo.
(6) Otro de los mitos por excelencia de la Humanidad. La relación y el negociado de este mito con nuestra cultura daría para varias tesis doctorales.
(7) La contraposición al Mito de la Torre de Babel son los Jardines Colgantes de Babilonia. Curioso: en todas las versiones de este mito el promotor de estos jardines es una mujer, la reina Seríamis, que decide verticalizar los jardines del rey como ofrenda al pueblo. El mito es riquísimo: la verticalización de los jardines es lo que los convierte en paisaje (aunque cualquier jardín ya lo sea. Pero si es horizontal deviene, como máximo, un paisaje secreto. Es sólo la vertical lo que los transforma en hito.). Per se trata de una verticalización femenina. Dulce. Amable. El gesto es ahora la exaltación de un poder pero, en este caso, de un poder amable que busca convencer, que busca representarse mediante el confort visual de los súbditos. Es también remarcable el hecho que algunos grabadores representase juntas la Torre de Babel y los Jardines Colgantes, el uno al lado del otro. Masculino y femenino. Ying y Yang.
(8) Probablemente la mutación definitiva del Menhir, como ya apunté en el artículo sobre las torres Eiffel y Shukhov realizado a medias con la doctora Jelena Prokopljevic, a quien también se debe la observación del bosque que aparecerá más tarde.
(9) Que yo sepa, Nueva York es la única ciudad que tiene como guía de arquitectura definitiva una enciclopedia editada por Robert Stern que se puede comprar por tomos individuales ordenados cronológicamente. Un documento imprescindible, por cierto.
(10) El equipo de arquitectos más importante en la ciudad a finales del siglo XIX y principios del XX, que ha dejado un legado de decenas y decenas de edificios historicistas de enorme calidad, a menudo construidos por el valenciano formado en Barcelona Rafael Guastavino, que, emigrado a los Estados Unidos, patentó la vuelta catalana en el país, se hizo constructor e hizo un uso intensivo de la misma en proyectos de estos y otros arquitectos.
(11) Arquitecto americano hijo de inmigrantes japoneses, no arquitecto japonés como mucha gente cree.
(12) Skidmore, Owings & Merrill, durante años (si no ahora mismo) la principal firma de arquitectura de los Estados Unidos, que, habiendo formado diseñadores como Gordon Bunshaft (el Pritzker más divertido de la historia), Bruce Grahan o Myron Goldsmith, se ha hecho por sí sola un nombre en la historia de la arquitectura. Se fundó entre los años 20 y 30 del siglo XX en Nueva York, por lo que está a punto de ser centenaria.

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