Las “Casas Americanas” de Figueres

(A Jordi Badia, que me las descubrió)
(Fotos: Jaume Prat, excepto indicadas)


El abrazo que se dieron Franco y Eisenhower el 21 de diciembre de 1959 tuvo un precio. El marco histórico es la Guerra Fría, una Europa divida en dos bloques, siendo su símbolo más explícito un Berlín Oeste rodeado por un muro de hormigón vigilado las veinticuatro horas del día, minado por el lado RFA. Los Estados Unidos de América aguantan económicamente países europeos empobrecidos por la Guerra Mundial, a los que se conceden créditos a intereses bajísimos, soportando a los regímenes políticos imperantes aquel entonces cuando éstos les convienen, estableciendo relaciones comerciales independientemente de su estatus democrático.

Dentro de este marco, España está agonizando desde hace décadas. La Guerra Civil la ha dejado económicamente destrozada, dividida en dos bandos que perduran todavía hoy en día, sometida a una dictadura terrible que la ha aislado del resto del continente, sin relaciones comerciales claras, sin casi economía productiva, sin un sistema educativo eficaz, sin casi nada explotar. Esta es la España que, en virtud del plan del general George Marshall, entonces Secretario de Estado de los Estados Unidos de América y, (no lo olvidemos) Premio Nobel de la Paz en 1953, se convertirá, a cambio de importantes ayudas económicas, el ingreso a la ONU y la subsiguiente ruptura de su aislamiento internacional, en el segundo país más militarizado del bloque occidental europeo después de Alemania.
Los Estados Unidos, conscientes de donde trabajan, importarán, literalmente, pedazos de su país para establecerlos en España: la base aérea de Torrejón de Ardoz (escenario del abrazo entre Eisenhower y Franco) será, por décadas, la más importante de Europa. Rota se convertirá en la base de la Sexta Flota. Todos estos enclaves, más unos cuantos más repartidos por la geografía del país, serán suelo americano, al que habrá que acceder mostrando el pasaporte.
Cataluña no será ajena a esta realidad. El Ampurdán se considerará un emplazamiento estratégico clave: en Pals se establecerá un enclave importante de telecomunicaciones. Cerca, en Sant Climent Sescebes, se ha de controlar una de las bases de instrucción más importantes que tiene el Ejército Español, emplazada, además, a pocos kilómetros de una frontera complicada: de Portbou a la Jonquera no hay ningún paso fronterizo intermedio. Todo esto requerirá una logística y una inteligencia que habrá de ser controlada por oficiales superiores. Éstos se alojarán en la capital de la comarca, Figueres, en un terreno considerado, también, suelo americano, un barrio completamente al margen del resto de la ciudad: actualmente las barreras de la Aduana se conservan, perfectamente visibles, enlazadas entre ellas por lo que se conoce como la calle John Fitgerald Kenedy. El barrio se entrega allá por 1959.
Una parte de estas viviendas se atribuye a Richard Neutra.
Richard Neutra formará parte de la plantilla de arquitectos que trabajan regularmente para el Ejército Americano. El Ejército Americano se puede considerar, prácticamente, un mecenas de la arquitectura, entre los arquitectos militares que construyen por encargo directo, sometidos a la jerarquía militar, y los estudios subcontratados que ejecutan los encargos delicados. Entre estos últimos se contarán Marcel Breuer, SOM; Louis y Albert Kahn (sin parentesco conocido entre ellos, por cierto) o Richard Buckminster Fuller.

SOM (Gordon Bunshaft, arquitecto jefe): Complejo de Instrucción del Ejército del Aire de los Estados Unidos, en Colorado. Al fondo, la bellísima capilla.

Albert Kahn: Factoría Chrisler, originariamente concebida como arsenal de vehículos de combate. Este edificio es previo a cualquier edificio americano de Mies van der Rohe, campus IIT (originariamente Armour Institute) incluido.
La autoría de Neutra de estas casas (y de otros encargos en España) es discutida: a él se atribuyen las viviendas de los oficiales de Torrejón de Ardoz y, recientemente, se ha desmentido su autoría de una colonia que todavía existe en Zaragoza. El Docomomo (web de prestigio considerada toda una referencia en el tema) mantiene la tesis de la autoría de las casas de Figueres. Y, lo más importante, está documentada una visita del Maestro a las casas, previo paso por Barcelona. Si Neutra fuese, realmente, el autor de estas casas, las circunstancias del encargo serían, si más no, curiosas: el arquitecto las habría dibujado y un tercero, con plenos poderes, habría dirigido la obra por su cuenta. Neutra no tendría ningún paso intermedio: del tablero de dibujo a la obra terminada.
No me interesa especialmente saber si las casas son, o no, de Richard Neutra, más allá de una consideración adicional: si no son suyas quiero saber su autor real porque será, con toda seguridad, alguien que valdrá la pena investigar; la calidad de los edificios es tal que se ponen por encima del nombre de quien los concibió.
La urbanización (el barrio) se emplaza en el extremo norte de la ciudad, paralelo a la carretera de la Jonquera. Muy cerca del Motel Empordà, edificio, también, de calidad excepcional (del que ignoro su arquitecto), dotado, por cierto, de un restaurante de calidad pareja a su arquitectura. Muy cerca, a unos cinco minutos a pie, del Museo Dalí, perfectamente visible desde una de las puertas (léase aduanas) de la urbanización. Muy cerca, por cierto, del Centro del Universo, emplazado por Dalí, con toda lógica, en el Cafè Royal de la Rambla. Como sabrá cualquiera que haya tomado allí un vaso de pastís.

Figueres. 1.- Emplazamiento de las viviendas, cruzado por la calle John Fitgerald Kenedy. 2.-Castillo de Figueres. 3.-Museo Dalí. 4.-Motel Empordà. 5.- El Café Royal, el Centro del Universo.
Neutra (seguiré con la hipótesis de trabajo que las casas son suyas) concibe cinco edificios exactamente iguales, estándares hasta llegar al extremo casi paródico de estar preparados para enchufarse a la calle por delante y por detrás indistintamente. Cada uno de los cinco edificios contiene cuatro viviendas, dos abajo, dos arriba, y consta de dos edificios más pequeños, de dos viviendas cada uno, apilados en altura, iguales el uno al otro. Los dos edificios pequeños están simetrizados (con tan sólo una pequeña asimetría si el modelo varía en una habitación más o menos), y se orientan todos ellos, independientemente de su posición en la calle, a sur. La tipología de las viviendas es binuclear y compacta, es decir, no hay ningún patio de separación entre la zona (el núcleo) de día y la de noche. Cuatro de los edificios dejan la calle (presidente Kennedy) delante, y uno detrás. El sistema de accesos se confía a las plataformas que las conectan. En los extremos aparecen dos garajes a la manera de Wright, dos cochepuertos (carport en inglés) abiertos, un porque soportado por unas columnas metálicas de sección redonda, tan esbeltos como es posible calcularlos. No hay una sola valla en toda la urbanización: el espacio libre, tapizado de verde con árboles crecidos, se negocia entre los vecinos a ritmo de su humor, sin más.

Los cinco edificios presentan algunas pequeñas diferencias entre ellos. La principal es la manera que tienen de tocar al suelo. En cada caso es diferente, y ha llegado a necesitar, en una de los edificios, el giro de noventa grados del cochepuerto. La parcela está en la ladera de la loma del Castillo de Figueres, y la calle se le enchufa desde la cota más baja. De modo que el primer edificio que hay subiendo presenta un zócalo (aplacado de piedra) de casi una planta, con dependencias alojadas en este zócalo, y los edificios situados a cota más alta tienen unas plantas ajas a las que se accede a nivel. La posición de la chimenea, más algún aplacado, también de piedra, que las forra cuando quedan enfrentadas a la fachada principal, la medida de algunas carpinterías, alguna escalera adicional en las partes comunes de los edificios son otras variaciones que ritman y singularizan los edificios, y que, probablemente, sean debidas al director de obra local, fuese quien fuese, más que al genio del arquitecto californiano. El conjunto se complementa con un sexto edificio a cota de la carretera, un pequeño equipamiento de calidad remarcable, quizá ligado a la aduana.



Pequeñas diferencias. Comparar este edificio con los otros que aparecen. Las carpinterías y persianas no son originales.
Los edificios se construyen con obra de fábrica y se rematan con una cubierta a dos aguas de baja pendiente rematada con tela asfáltica autoprotegida. Las losas son de hormigón y los pavimentos, al menos los exteriores, cerámicos. Las carpintería originales, de madera, presentan un diseño típico americano no demasiado usual en la Cataluña de aquel entonces, a bandas horizontales de suelo a techo, practicables. La estructura es mixta, de hormigón y metálica, cosa que hace suponer el uso de contratistas locales para la ejecución de la obra.

Casa que conserva las carpinterías originales. En este caso, chimenea paralela a fachada aplacada de piedra.


Casa que conserva las carpinterías originales. En este caso, chimenea paralela a fachada aplacada de piedra.
El rasgo más remarcable de toda la intervención es su escala. Cinco edificios en medio de un mar de césped, una calle con el tráfico restringido. Nada más. La escala no es una cosa a decidir por un arquitecto, a priori, y, por tanto, pensar estas viviendas de este modo hace avanzar un paso más el proyecto de Neutra, acostumbrado a concebir exactamente del mismo modo urbanizaciones mucho mayores. En este caso, la medida de la intervención es controlable. Casi un oasis. Y su ubicación, simultáneamente escondida y relacionada con el centro de la ciudad, convierte este modo de concebirla en un proyecto que podría ser extrapolable a otros lugares y a otras situaciones: un interior enorme de manzana a colonizar con baja densidad, vegetación e intimidad muy cerca de una ciudad europea y mediterránea. El barrio, por su escala y colocación, presenta, entonces, lo mejor de América combinado con lo mejor de Europa: densidad, tejido relacional, pequeño comercio, todo cerca de pié, combinado con el lujo de una vida suburbana en una pequeña comunidad controlable en un terreno que permite la interacción de los vecinos sin que pierdan demasiada privacidad por el camino. Justo como muchos interiores de manzana centroeuropeos, pasajes públicos parisienses o londinenses o holandeses (tan parecidos y tan diferentes) o, incluso, los jardines de unos palacios urbanos italianos.
Mas allá de lo que Neutra (si fue Neutra) propuso en el lugar, más allá del modo en cómo se construyo el conjunto, aparece un modelo de hacer ciudad basado no tanto en un modelo y una tipología como en una medida concreta de este modelo: un modo de seriarlo que debería estudiar bien dónde tiene sus límites de medida. Entender, más allá de su pintoresquismo, incluso más allá (por mucho que sea consubstancial a la propuesta) de la calidad de los propios edificios, el barrio de este modo es lo que puede valorar más esta experiencia, lo que puede universalizar lo que es un caso singular, circunstancial, de apropiación de un territorio por parte de una cultura ajena a él hasta poder fusionarla con el hecho local, tomando lo mejor de las dos maneras de vivir.

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