Las otras Pedreres (y 4): Un Le Corbusier posible.

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0_ La decisión.

Mostrar, per un día, la lógica de trabajo de este blog de manera explícita y directa. Esta serie de artículos sobre las otras Pedreres está, y lo sé, pillada, así que me ha parecido interesante explicar la razón de ello, por lo que he decidido evidenciar la estructura de puntos que conforma el esquema en bruto de un artículo, estructura que normalmente acaba enmascarada o fundida porque no tiene por qué estorbar al lector. Presentarlo en una etapa intermedia hará que este proceso sea trazable, y permitirá reflexionar no sólo sobre el fondo del artículo, sino también sobre su estructura. Colgar proceso y contenido puede iluminar las intenciones tras esta serie tan atrevida.

Empecemos.

1_ Sherlock Holmes no deducía.

A menudo nos encontramos que cuando interpelamos a cierta gente creativa (arquitectos entre ellos) sobre su proceso de trabajo aparece el nombre de este detective(1). Esta pregunta siempre me ha interesado mucho tanto por lo que tiene de extraño asociar el proceso creativo a la deducción como por el hecho de que es falso que Sherlock Holmes dedujese nada.

El problema es, como siempre, hacer caso al autor, obsesionado en sumergir a su personaje en la vida lógica que él, consumado miembro de sociedades espiritistas, ni soñaba. Holmes tampoco sabe explicarse. Afortunadamente la escritura(2) habla por sí sola.
Sherlock Holmes resuelve sus casos convirtiéndolos en una obra de arte. Sherlock Holmes es un creador puro. Sherlock Holmes, pues, no es un tan sólo un creador: es un artista total que inventa una explicación posible, la mínima, la más precisa que enlace todos los datos disponibles.
Cuantos más datos mejor. Sin lagunas.

No hay pasos lógicos en su procedimiento, que tiene dos fases: la primera es de preparación. La segunda es un salto. Y el santo es necesariamente creativo.
Un arquitecto hace lo mismo. No digamos ya un crítico de arquitectura.

La crítica de arquitectura no es un proceso lógico, tampoco. Es tan creativa como un proyecto porque, como un proyecto, es también inventada. Lo que no quiere decir que valga todo, evidentemente. En absoluto. Lo que quiere decir es que la primera fase es fundamental. Sí, la de la lupa y tal. Es el conocimiento, el rigor, la profundidad de la investigación lo que permite saltar. Si se hace sin red el resultado final será inconsistente. Inconsistentemente peligroso. Chungo.

2_ Las cartas sobre la mesa.

La crítica de arquitectura inventa. Los historiadores inventan. No existen aproximaciones objetivas a temas que forzosamente trabajan sobre esquemas construidos. Las explicaciones, sean críticas o historiográficas, dialogan con la realidad e incluso tienen capacidad para crearla.
El problema empieza con las segundas generaciones de interpretadores que asumen premisas iniciales, bases fundamentales elaboradas por terceros, como objetivas, obviando (porque me resisto a creer que sean tan tontos como para creérselo de veras) su origen.

Un pequeño ejemplo en la historia de la arquitectura que pueda hacer comprensible esta reflexión:

La arquitectura nacional catalana es una construcción artificial que simplifica, obvia y engaña sobre la realidad patrimonial de un país estructurado por comarcas naturales donde el paso de un puerto de montaña puede hacernos pasar de un clima mediterráneo a otro continental, o puede implicar un salto de temperatura de cinco grados o pasar de un cielo soleado a un buen chaparrón.

El equívoco vigente hoy en día ha sido identificar arquitectura mediterránea con arquitectura catalana. Falso. Arquitectura mediterránea es la que se da en la franja de terreno comprendida entre la sierra litoral y el mar, y sólo la arquitectura tradicional. Se han cometido errores como considerar el excepcional monasterio de Sant Pere de Rodes, derivado de un modelo nórdico de edificación, como arquitectura mediterránea tan sólo gracias al excepcional talento de sus arquitectos. Arquitectos que se limitaron(3) a adaptar con acierto (con micho acierto) un proyecto tipo extranjero.
La arquitectura catalana propone muchas maneras diferentes de entender la luz, diversos conceptos diferentes de intimidad, diversas tipologías edificatorias, diversos modelos de privacidad, diversos acabados, colores, olores, modelos de compacidad.
Ya no hablemos del diálogo entre las arquitecturas cultas y las tradicionales. Sant Pere de Rodes podría ser un buen ejemplo, también.

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En suma: esta confusión entre arquitectura mediterránea y arquitectura catalana ha llegado a construir muestras de arquitectura mediterránea en Viella, en pleno Pirineo (y ubicada en la cuenca de la Garona, que desemboca en Burdeos), en el Llano de Lérida, con clima continental, o en la Plana de Vic.

Extraño como mínimo. Y demuestra cómo las explicaciones, con todo su poder reduccionista, tienen este enorme poder de configurar y estructurar la realidad.

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(Buena) arquitectura pirinenca diseñada y construida desde Barcelona: creando contexto.

3_ Explicaciones pilladas.

Sí, esta serie está pillada. Lo está porque es un proyecto hecho a base de edificios existentes que, sin haber sido falseados ni manipulados, habiendo sido tomados tal como son y por lo que son, se leen de un modo posible sin que este modo tenga por qué haber sido el modo en que han estado concebidos. Lo que es importante, sin embargo, es que esto respete y entienda la realidad como es y por lo que es.

4_ Todos los Le Corbusier posibles.

Sobre Le Corbusier hay mucha literatura, siendo como es el arquitecto que ha sido objeto de más tesis doctorales en toda la historia. Hay muchas explicaciones de Le Corbusier. Y algunas de ellas son muy buenas. Estas buenas explicaciones de Le Corbusier son un proyecto en sí mismas.
El Corbusier sobre el que podemos reflexionar(4), pues, es un Corbusier proyectado. Está el Corbusier de Colin Rowe. Está el de Richard Meier. Está el de Quetglas. El de Stirling. El de Koolhaas. El de Ito. El de Graves: diversos Corbusier con más o menos grado de profundidad, más o menos instrumentalizados para que sean operativos y puedan crear corpus teóricos u obras relacionadas. Y se sigue revisando constantemente.

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El Corbusier de James Stirling.

5_ Le Corbusier conoce a Gaudí.

Le Corbusier el vampiro. Le Corbusier el arquitecto que aprende mirando, bebiendo de cualquier influencia que le pueda interesar. La suya es una mirada directa y profunda, inmediata. Sólo hace falta explorar sus carnets de viaje para entenderlo: formas, colores, técnicas, detalles… su propia obra filtra, fija y asume.

Y no hace falta ser demasiado experto para entender qué le da Cataluña y qué le da Gaudí. Cataluña lo reconectará con el estilo que más ha denostado: el gótico, sobre todo a través de la Basílica de Santa Maria del Mar, donde el espacio estalla lateralmente. En Santa Maria del Mar Le Corbusier aprende (aunque ya se lo ha encontrado en las mezquitas) un espacio expresado exclusivamente a través de la estructura. Pero ojo: un espacio donde es la idea de espacio lo que gobierna la estructura, y no al revés, como pasa en el gótico nórdico, donde las naves laterales de las iglesias se expresan como contrafuertes de la nave central. Aquí las naves laterales tienen casi la misma dimensión que la nave central, y el espacio se expande hacia los lados, y se obtiene un salón, el espacio anisótropo que Le Corbusier va a buscar incesantemente toda su vida.

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Foto: Jaume Prat

Y más: Cataluña da al arquitecto la vuelta catalana, clave para entender su obra, expresada en diversas escalas en diversas tipologías ubicadas en diversos lugares desde la India hasta París.

Gaudí dará a Le Corbusier la superación de estos elementos. Gaudí es un arquitecto sistemático capaz de anular su propio sistema hasta el extremo que parece que construya a sentimiento. Una mirada menos entrenada que la de Le Corbusier sería incapaz de verlo. El sistema de Gaudí es narrativo: plantas centrales cubiertas por estructuras imposibles que sólo toman coherencia cuando tienes su dibujo completo en la cabeza. ¿O qué pinta si no un pilar de ladrillo a cuarenta y cinco grados colgado sobre el acceso de la Cripta de la Colònia Güell?

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Es por eso que Le Corbusier quedará fascinado por las Escuelas de la Sagrada Família. No es que sea el mejor proyecto de Gaudí, es que es su proyecto complejo más sintético y comprensible, y Le Corbusier no es ni un investigador ni un erudito. No tiene tiempo de más, pero con el tiempo que les dedica hará maravillas.

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Apunte de Le Corbusier sobre las Escuelas(?) de la Sagrada Familia. El interrogante es por las paredes rectas, presentes en su taller pero no allí. En cambio las ventanas sí pertenecen a este edificio. Confuso.

Le Corbusier se encontrará con Gaudí, y por lo que sé el encuentro no fue mucho más allá: mucha distancia comunicativa tanto lingüística como cultural.

Le Corbusier no es un arquitecto gaudiniano. Le Corbusier usa a Gaudí: su fuerza plástica, su ambición formal y expresiva(5).

Le Corbusier visitará la Sagrada Familia. Y, más importante, visitará el taller de la Sagrada Familia, la obra que más le va a interesar y probablemente la obra más interesante de Gaudí.

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Antoni Gaudí, Taller de la Sagrada Família (quemado en 1936). Pongo la foto porque el edificio es tan alucinante incluso para Gaudí que puede llegar a parecer inventado.

No creo que pudiese dejar de conocer la Pedrera (más bien me parece imposible), pero no le conozco ninguna manifestación al respecto(6). Así que trabajaré sobre la base que Le Corbusier no la conoce en profundidad. Le Corbusier llega a construir su propia Pedrera estudiando lo que estudia Gaudí. No estudiando a Gaudí.

6_ Vivir bajo una vuelta.

Depués de unos inicios económicamente inciertos (nos hemos de imaginar a Le Corbusier dibujando la Villa Contemporánea para Tres Millones de Habitantes mientras vive en una buhardilla insalubre: la necesidad del higienismo la vivía en carnes propias. Las ganas de derriarlo todo, también), Le Corbusier podrá, hacia los años treinta, proyectar y construir su propia vivienda, un principal en la Porte Molitor de París, ante el Parque de los Príncipes. Y el arquitecto escogerá vivir en su propia Pedrera.

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El edificio en su emplazamiento. Notar la dimensión del patio interior mancomunado.

La Pedrera original, como la mayoría de pisos que Gaudí construirá en Barcelona, puede ser entendida también(7) como una vivienda principal adosada a otras viviendas secundarias y estancias de servicio hasta completar el volumen edificable propuesto. O sea: un principal y lo que lo rodea. Las circunstancias urbanísticas y las ansias de control social, y quizá una rémora de cuando no había ascensores, posibilitan la colocación del principal en la primera planta del edificio, que en España acabará tomando este nombre incluso cuando el piso o los pisos que se coloquen en ella ya no sean propiamente principales.

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La Pedrera de Le Corbusier será un proyecto de paisaje.

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La cama de Le Corbusier, levantada para poder disfrutar de la vista del Parque de los Príncipes estando acostado.

El principal será trasladado al ático del edificio ocupando las dos últimas plantas. El ascensor lo permite. La parcela ha sido escogida expresamente para esto, ya que al enfrentarse con el Parque de los Príncipes jamás tendrá vecinos delante. Cosa que se mantiene en la actualidad con la única diferencia que el nuevo Parque de los Príncipes ya no permitiría al arquitecto ver los partidos del Paris Saint Germain gratis desde su comedor.

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Foto de época que muestra una probable afición de Le Corbusier por el Paris Saint Germain: su casa como proyecto de paisaje.

La volumetría del edificio, una parcela ancha entre medianeras de ocho alturas, deja dos pelotas de espacio sobre las fachadas a la calle y un núcleo interior ancho de escalera y servicios más o menos cruzado en la zona central definiendo dos patios, uno rectangular (el patio de servicio propiamente dicho, ventilando cocinas y escalera) y un patio con una extraña forma de trapecio al lado destilado a zonas de relación, patio cuya dimensión es prolongada por el patio de la finca vecina hasta adquirir unas dimensiones más que respetables.

La planta tipo tiene dos viviendas que usan el patio para disponer estas zonas de relación chulas. La vivienda de Le Corbusier ocupa una planta entera y la cubierta, pero con truco: en realidad las zona de vivienda convencionales no son demasiado diferentes en planta de las viviendas tipo inferiores.
La otra mitad de la casa contendrá el taller. La escalera común se reúsa como escalera interior para conectar esta planta con una terraza-jardín con un pequeño despachito.

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El estar interior de la vivienda respirando por el patio y relacionando todas las partes.

Todo es dual en la vida de Le Corbusier: desde su sexualidad hasta su lógica de trabajo o la organización de la casa donde vive, y esto se transmite en su plástica y en su arquitectura (lo que viene a ser lo mismo), que no es que sea asimétrica: es otra cosa. Es un paisaje con dos mitades claramente opuestas, confrontadas, tensadas por ejes(8).

Será coherente, pues, que la vivienda de Le Corbusier tenga esta estructura y se exprese así ya en su propio nombre: vivienda-taller. Todo es vivienda, entendámonos. Es vivienda donde se come y donde se duerme y sonde uno se relaja(9), es vivienda donde pintas y donde lees y donde haces gimnasia y donde trabajas todas las mañanas. Vivienda es una determinada condición de estar.

Si buscamos habitar en el diccionario el resultado es decepcionante, porque nos encontramos ante una de esas odiadas definiciones circulares que no dicen nada. Habitar es morar y morar es habitar. El círculo se rompe cuando aparece el verbo residir. Residir es un verbo interesante: remite a la permanencia continuada en un lugar no sólo para regenerarte o relajarte, sino también para ejercer otros tipos de actividad como puede ser el trabajo. Es por eso que algunos menestrales llaman al lugar donde trabajan su “casa”.

Para Le Corbusier lo que marca la diferencia entre su vivienda y su estudio de arquitectura de la Rue de Sèvres es el trabajo en solitario. En casa se trabaja así.
En el taller, en grupo.

En su casa las zonas de actividad están cuidadosamente segregadas y polarizadas: dormir, comer, lavarse se realiza en el espacio que da a una fachada. Pintar en el que da a la otra.

El espacio físico marcará esto. Y, en este caso, el espacio quedará marcado y condicionado por su sección. Y será así por primera vez en estos cuatro artículos.

La sección de la vivienda de la Porte Molitor será la inversa de una sección clásica, que suele definirse como la mitad de la planta levantada o abatida sobre el eje Z. En la Porte Molitor el patio se torna cóncavo en planta. Los extremos de la vivienda son ortogonales. En sección: la parte del patio, techo plano. Las partes ortogonales se cobijan bajo sendas grandes vueltas relativamente parecidas a la forma del patio en planta. Las vueltas podrían recordar al ático de la Pedrera, aquel que no sabemos si Le Corbusier visitó o no.

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Planta tipo de apartamentos y la planta del principal de Le Corbusier con su sección.

Excepto que en ático de la Pedrera no hay ni una sola vuelta.

El ático de la Pedrera sale de la necesidad de remontar un piso sobre una estructura no calculada para soportarlo. Este piso ha de pesar lo menos posible, lo que quiere decir que no puede tener viguetas de hierro. Gaudí lo va a resolver cubriéndolo con una simple solera plana de cuatro gruesos de baldosa (diez o doce centímetros, no más) con una cierta inclinación para escupir el agua, ya que no monta ningún tipo de impermeabilización. La estructura de soporte de la solera está formada por una serie de arcos parabólicos de cinco centímetros de ancho realizados con ladrillo de plano (como se realiza un tabique) dispuestos cada sesenta u ochenta centímetros. Los arcos van acomodando su luz a las crujías variables, por lo que se van abriendo y subiendo de sección creando uno de los paisajes más alucinantes de toda la historia de la arquitectura moderna. La sucesión de arcos, vista al escorzo, crea la ilusión de una vuelta sin que realmente haya ninguna.

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La cubierta de la Pedrera en Professione: reporter (1975), de Antonioni: la Pedrera pasa al imaginario colectivo. Sí, son Jack Nicholson y Maria Schneider encima de una solera de baldosa.

Le Corbusier sí la construirá, y la pondrá perpendicular a las vistas, de modo que su parte baja las enmarque, las llame y las intensifique. El interior es un depósito de penumbra revocado en blanco.

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Los arcos de Gaudí, las vueltas de Le Corbusier y su relación con el paisaje.

7_ La ciudad que quieres hacer.

Le Corbusier: edificios alimentados por un repositorio de verde y aire, es decir, por un exterior descontrolado donde hay sol y brisa y viento y todo está limpio. Los edificios, sobre pilotes: una burbuja.

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Gaudí: eficificios como una esponja, como un mecanismo relacional y agresivo que se extiende por toda la ciudad. Que sale de la parcela. Que se trae su propio verde. Que excede y apabulla.

Los dos, con sus Pedreres respectivas, hacen la ciudad que quieren hacer. Y la hacen con tipologías relativamente parecidas.

Le Corbusier, hasta donde sé, no repetirá la tipología de su vivienda excepto en viviendas unifamiliares(10). Es muy sintomático que esta excepción se produzca precisamente en su propia vivienda, un experimento en su carrera. Un experimento logrado que no repetirá: un experimento con patio, un experimento con sombras, un experimento subjetivo, emocionante, un punto irracional dentro de su racionalidad (justo como la arquitectura de Gaudí) con tantas y tantas excepciones y esos guiños al romanticismo: la pared de piedra sin revocar, las hierbas descuidadas en cubierta, el bidet en la sala de estar que tanto fastidiaba a su mujer… todo esto convierte la vivienda de Le Corbusier en una obra gaudiniana. La obra gaudiniana de alguien que ha comido lo mismo que ha comido el maestro.

No es fácil saber qué hubiese pasado con la arquitectura de Le Corbusier si hubiese tirado por aquí.

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Le Corbusier: Ma maison, o la casa ideal que proyecto para sí mismo: dualidades y vueltas catalanas.

8_ Un Le Corbusier posible.

Este artículo ha propuesto una interpretación de una obra concreta de Le Corbusier y su relación con un edificio que orbita problemas e intenciones (intenciones de todo tipo) similares.

Es un proyecto posible, y me interésa más esto que no que sea un proyecto real, siempre y cuando las premisas sobre las que se basa esta interpretación respeten la totalidad de la realidad construida de este y todos los otros proyectos aludidos.

Y es de esto, de hecho de lo que ha ido toda esta serie.

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Las vueltas del ático de Le Corbusier y las secciones de las dos Pedreras más o menos a la misma escala: puede estar pillado, pero hay motivo.

(1) Aunque Coderch prefería a Maigret.
(2) Alta literatura, digan lo que digan.
(3) Y quiero que se entienda que esta expresión, “limitarse”, no implica que no sea una de las mejores obras de arquitectura del mundo y que esta adaptación no tenga, por tanto, un mérito brutal. Un mérito genial, de hecho.
(4) Otra cosa es que cuando decides ir a la fuente primaria (documentos, libros, edificios, pinturas producidas por el propio Le Corbusier) y trabajar a partir de ellas. Pero dudo que aun así quedes libre de influencias.
(5) Porque si hablamos de cualquier otro tipo de ambición Le Corbusier no necesita maestros.
(6) Y agradeceré cualquier pista que se me pueda dar al respecto.
(7) Sí: es una lectura que no había hecho todavía. Me la guardaba para ahora.
(8) Si he conseguido entenderlo y transmitirlo bien el mérito será de Pep Quetglas, que nos lo contaba en clase. Si he fracasado el demérito será mío.
(9) Y te relajas contra el patio interior, en aquella zona de relación. Una rareza en la arquitectura del maestro. No será la única.
(10) Hay esa excepción maravillosa que es la Escuela de Arquitectura de Chandigardh, una adaptación pasada de escala de una vivienda que proyectará para sí mismo. Jamás se hablará lo suficiente de la importancia de este edificio tanto para el Corbusier más sentimental como para su obra de un modo más objetivo.

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