Las otras Pedreres 2_4: el discreto encanto de la burguesía.

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A mediados de los sesenta la arquitectura catalana se está empezando a preparar para lo que significará la explosión de principios de los setenta, el momento de más calidad sostenida de toda la segunda mitad del siglo XX, que se extenderá hasta el 81-82, 83 como máximo. Esta explosión, animada e impulsada por arquitectos como Coderch(1), el joven Bofill y el equipo formado por Bohigas, Martorell y Mackay, erigidos en institución, con vocación de crear escuela, será tan central e importante por una peculiaridad muy fácil de explicar: está impulsada, centralizada, expresada máximamente por lo que debería de ser el caballo de batalla principal de la arquitectura: la vivienda. La arquitectura de los setenta va de dar condición urbana a los proyectos de vivienda colectivos. Y va de construir las otras muestras de excelencia como si de ciudades se tratara(2).

Así, la arquitectura de los setenta va de vivienda y urbanismo. Y son los años donde todo pasa: desde las Cocheras de Coderch a propuestas más radicales e interesantes como el Frègoli de Esteve Bonell, la casa Fullà de Clotet y Tusquets, las casas del Guitardó o los Xaudiera de MBM, las viviendas bioclimáticas de Quico Ruis (en dos promociones adyacentes) y, por sobre de todo, por ambición, por voluntad, los esfuerzos de Bofill: el Castillo de Kafka, el barrio Gaudí o, sobre todo, el Walden 7, quizá el edificio de vivienda más ambicioso jamás construido en Cataluña desde la misma Pedrera. Y no es que no se haya superado: es que ni tan sólo se ha intentado igualar. Y no, estas muestras no fueron flor de un solo verano: se pueden encontrar más edificios de viviendas de esa época de calidad similar(3).

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RIcardo Bofill / Taller d’Arquitectura: Walden 7. Foto: Pedro Pegenaute

Una de las casas de pisos que preparará esta eclosión será la propuesta por Manuel de Solà-Morales el año 1964 en la calle Muntaner de Barcelona. Las muestras más significativas de su carrera vendrán cuando el arquitecto sea capaz de combinar arquitectura y urbanismo en un solo proyecto, como es el caso de su barrio en Terrassa, tan reciente que todavía no se ha completado(4), o el excepcional Barrio de la Sang de Alcoi. La casa de la calle Muntaner será un buen laboratorio de todo esto.

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Manuel de Solà-Morales et al: Barri de la Sang en Alcoi y intervención en la Torre-Sana de Terrassa.

La esquina donde se ubica la casa, Muntaner con Avenir, está un par de centenares de metros al norte de la Diagona, donde la trama Cerdà se ha perdido y las calles son más estrechas. No hay chaflanes. El edificio se coloca en la manzana en la parcela opuesta a la de la Pedrera por su diagonal norte-seur, es decir, con la calle de acceso a norte, donde el edificio presentará su mayor superficie de fachada, y con el lado sur abierto al patio interior, volcado sobre un pequeño patio donde se le puede ofrecer muy poca superficie de fachad. El sol, pues, será un problema. La parcela donde se ubica el edifico será muy parecida a la que se encontrará Ricardo Bofill para ubicar su edificio de la calle Nicaragua (otra esquina sin esquina resuelta de un bellísimo gesto que unifica los haceres de Gaudí y Coderch), en realidad un zócalo de apartamentos muy buen resueltos para la gran villa en triples superior donde vivirá el arquitecto hasta su traslado a la Fábrica de Sant Just(5).

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Volviendo a la casa de Muntaner nos encontramos con que el problema principal és cómo casar la posible distribución homogénea y regular que permite la gran fachada a la calle con la dificultad de conseguir que todas las viviendas saquen la nariz al patio interior y al sol, lo que obliga a una distribución radial. Solà-Morales no intentará casar las dos geometrías en ningún momento. En lugar de eso el arquitecto se sacará de la manga un enorme patio que parte en dos el edificio longitudinalmente, creando tres franjas independientes: la de la calle, distribuida ortognalmente, que le permite, además, disponer las cajas de escalera en fachada sin que sufran las viviendas, el vacío del patio interior y el cuerpo volcado al patio de manzana, distribuido radialmente. Solà-Morales, pues, creará viviendas de gran profundidad edificable partidas en dos por el enorme patio interior, tan gran de que también ayudará a solear la banda norte. En el sol se vive. Al norte y a la calle se duerme. Las dos partes de la vivienda quedan conectadas por unas pasarelas que sirven a dos viviendas cada una, y que conectan en línea recta uno de los extremos del cuerpo de día con uno de los extremos del cuerpo de noche, parcelando el patio en sub-patios que sacrifican dimensión por una cierta intimidad: el edificio y está hecho.

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Plantas tipo y alta de la intervención. En la planta alta se puede apreciar el valor de los pasillos en este proyecto.

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Vista del patio que parte en dos el edificio.

Los pisos funcionan exactamente igual que los de la Pedrera: casas burguesas formalmente zonificadas y jerarquizadas donde todos los espacios tienen vida y calidad, tanta que se ha creado una tercera zona en torno del patio tan interesante (probablemente más interesante y todo) como las otras dos.

La consideración de estas viviendas como hijas de la Pedrera no puede ser vista como otra cosa que un elogio a Manuel de Solà-Morales, un arquitecto capaz de leer por encima del enorme carisma y la complejidad del proyecto de Gaudí para poderlo transformar en un recurso aplicable con la energía justa, sin voluntad mimética, sin homenajes impostados. Y más: Solà-Morales sabrá cuando parar para conseguir que su proyecto se exprese con reglas propias y pueda seguir hasta crear un organismo trabado y consecuente.
Es por eso que el arquitecto prescindirá de la unificación de fachadas propuesta por Gaudí en la Pedrera en favor de una fachada diferente para cada una de las situaciones que pueda optimizar la manera de vivir.

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Comparativa de un piso tipo de Muntaner con un piso tipo de la Pedrera.

Así, al patio interior la fachada resultante seguirá la lógica de las fachadas interiores del plan Cerdà (aunque ya no estemos en él), formalizándose en unas interesantes terrazas semicirculares que, yuxtapuestas, crean un interesantísimo alzado lobulado en la línea de las Torres Blancas de Oíza. Alzado que hoy en día se conserva bien (al igual que el resto del edificio) aunque la mayoría de las terrazas han acabado cubiertas por vidrio. Alzado que tendrá consecuencias a posteriori en alguna otra Pedrera, por cierto.

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La fachada a la calle se pondrá como mínimo tan interesante como la fachada interior, siguiendo un lenguaje tan diferente que parece hecha por otro arquitecto. El primer gesto importante de la fachada a la calle es afirmar la esquina. Expresarse a través de la arista vertical que la define y hacer que ésta provoque un ritmo vertical que se extenderá por toda su superficie. Las ventanas de las habitaciones serán balconeras enfajadas verticalmente y se leerán como una gran grieta vertical. Las cajas de las escaleras, formalizadas con prefabricados de hormigón, sobresalen en un voladizo en punta de diamante y se proyectan sobre la calle. El plano principal se resuelve en ladrillo macizo manual de un color marronoso. El resultado final unifica toda una serie de referencias interesantes, entre las que podemos destacar experiencias paralelas del estudio MBM(6), y la excepcional obra que James Stirling y James Gowan(7) están proponiendo en la Gran Bretaña. Probablemente haya otras referencias más directas que en ningún caso anulan estas que me ha parecido adecuado destacar. La fachada a la calle, finalmente, tendrá este sentimiento tan novecentista de discreción y anonimato tan en boga en un sector de la burguesía catalana, tan alejada(8) de las pretensiones de Gaudí.

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La casa de la calle Muntaner.

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James Stirling, James Gowan, residencia de ancianos en Blackheath, cuatro años anterior a Muntaner.

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Casa Schreiber, proyectada por James Gowan conteporáneamente a la casa de Muntaner.

Solà-Morales, pues, no pretenderá homenajes explícitos ni implícitos. Pretenderá enfrentarse a un proyecto emplazado en un solar complicado del que se pueden extraer unas analogías bastante directas con la Pedrera. Pretenderá, pues, incorporarla a un sistema de referencias vivo, complejo, un corpus con recorrido propio que llevará este proyecto a ser por sí mismo una referencia válida, una lección de arquitectura extrapolable y que, de hecho, va a tener una influencia muy directa en nuestra siguiente Pedrera.

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(planimetría sacada de Quaderns, 70. Disponible gratuitamente en el archivo digital del COAC)

(1) Coderch no hizo nada más que trabajar bien. Tampoco tiene una excesiva voluntad de liderazgo, pero es que era un arquitecto tan bueno que tan sólo su existencia lo cambiaba todo.
(2) No es casual que el maestro Oriol Bohigas declarase que su mayor orgullo como arquitecto que construía fuesen sus escuelas de los setenta, las partes de las cuales tienen nombres de ciudad: ágoras, plazas, calles. Ni lo es que el arquitecto se quejase de que posteriormente las normativas no le dejaban construir sus ideas sobre la educación. Ni lo es que uno de los principales intereses de MBM a la hora de construir sus magníficas casas (Bohigas las llama casas) de vivienda colectiva fuese expresar, significar y dignificar la sociedad.
(3) Y ya no hablemos de lo que pasaba en las viviendas unifamiliares. Pero actualmente la vivienda unifamiliar presenta también una salud aceptable: sólo tenemos que pensar en el hecho de que los RCR hayan obtenido su Pritzker usando la vivienda como laboratorio.
(4) Solà-Morales, en este barrio, se hizo bueno él e hizo buenos a los arquitectos que construyeron allí. Sólo tenemos que pensar en la famosa promoción de Flores-Prats que representa un brutal esfuerzo de proyecto impulsado por la singularidad del planteamiento del lugar.
(5) El edificio de Nicaragua de Bofill seguirá también la noble tradición de la casa Cambó (de Florensa) y del Casal Sant Jordi para Tecla Sala (de Folguera, dos arquitectos injustamente olvidados) de poner el principal en el ático.
(6) Los patriarcas y dominadores absolutos de la escena del momento, erigido Coderch como un outsider capaza de cambiar la orientación de toda nuestra arquitectura en un solo proyecto.
(7) “Big Jim” Stirling y Gowan, con virtuosismo insultante, hacían de la ciudad lo que querían. Y ojo: todo el mundo sabe qué hizo Stirling hasta el final, pero (sin desmerecer su carrera, ya que, confiero, se trata de uno de mis arquitectos favoritos) no se puede despreciar una carrera tan excepcional como la de Gowan. Investigad.
(8) Y nuevamente no es una crítica hablar de este alejamiento. Gaudí tenía los clientes que tenía. Y algunos de ellos eran unos indeseables con buen gusto. Querer tomar distancia respecto de ellos es lógico.

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2 respuestas a Las otras Pedreres 2_4: el discreto encanto de la burguesía.

  1. Iago López dijo:

    Interesantísima la solución del edificio de Solá-Morales. Muchas gracias por compartirla (y por el inteligente análisis relacionándola con la Pedrera)
    Saludos,
    Iago.

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