Las Catedrales del Vino

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Socios del Sindicato Agrícola de Gandesa trabajando en la construcción de la Bodega Cooperativa. Foto cedida por la familia Forcades. Autor desconocido.

El dia de Sant Jordi pasado, motivado por la complicidad, el buen hacer y las inquietudes de Andreu Carrascal, uno de los responsables del Archivo COAC(1), escribí un artículo al modo de una muñeca rusa: la obra de gobierno de la Mancomunidad(2) quedaba ejemplificada por uno de sus aspectos concretos: la construcción de una red de bibliotecas populares(3) que no tan sólo contribuya a la alfabetización de un país que rondaba el 50% de analfabetismo, sino que lleve, también, ilusión, dignidad y motivos para leer a los neófitos en el tema. La muñeca más pequeña consistía en una crítica estándar de una de esas realizaciones, la Biblioteca Popular del Vendrell, que hoy en día languidece convertida en sede municipal de un ayuntamiento que no ha dudado en cargarse su interior mediante una reforma tan ruda que prácticamente ha matado al edificio.

La asociación de la alfabetización a una red de edificios de muy bajo presupuesto(4) con voluntad de ser útiles y representativos nos habla de la voluntad de vertebración del territorio. Encontraremos un ejemplo todavía más claro en las bodegas cooperativas construidas en su mayoría por Cèsar Martinell(5) mayormente al sur de una línea que cruza oblicuamente Cataluña desde el Garraf hasta el Segrià.

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Bodega del Sindicato Agrícola de Llorenç del Penedès. Foto del fondo del sindicato.

El mayor desastre de toda la historia del campo catalán lo constituye la aparición, en 1879, de la filoxera, una especie de escarabajo que, en 8 años, matará el 99% de las cepas(6). Cuando el desastre ya está consumado se encontrará la solución: replantar las viñas sobre cepas californianas, resistentes al parásito. En el interludio la crisis económica resultante despoblará el campo(7) y modificará su estructura de propiedad. Se hará urgente recuperar el territorio haciendo que la explotación del vino sea rentable de nuevo. Los agricultores, pequeños propietarios que dirigen explotaciones familiares, serán organizados en cooperativas que centralicen la recogida de las cosechas, elaboren el vino y distribuyan el producto y sus beneficios. Algunas de las sedes de estas cooperativas serán bodegas de nueva creación pagadas mediante créditos blandos ofrecidos por la Mancomunidad, que no se limitará a servir el dinero y desaparecer: ofrecerá, también, capacidad de gestión, conocimientos para la elaboración del vino y arquitectos capaces de construir con dignidad estas instalaciones.

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Primera Bodega Cooperativa de Cataluña, ubicada en Barberà de la Conca, en la comarca de la Conca de Barberà. Empezada en 1901. El autor es Joan Esplugas Moncusí, político y empresario. Martinell y Domènech Roura se ocuparán posteriormente de reformar y ampliar la instalación, que hoy en día se conserva a pocas decenas de metros de la segunda Bodega Cooperativa del municipio, construida por Martinell. Foto: a/d.

Tres nombres serán clave para esta tarea: Josep Maria Valls, director de los Servicios Técnicos de Agricultura de la Mancomunidad, el ingeniero Erasme Imbert(8), responsable in situ del acondicionamiento de las instalaciones, y el ya citado Cèsar Martinell, que trabajará en estrecha colaboración con Imbert.

El condicionante principal que se encuentra el equipo cuando empieza a trabajar es que la fermentación de grandes cantidades de vino en cubas abiertas por su parte superior consumen el oxígeno del espacio que ocupan. Se hace necesaria la construcción de grandes naves con una enorme altura de techo y mucha ventilación que, aun así, seguirán siendo anaeróbicas en los momentos críticos del proceso(9). La razón de la proporción de estas bodegas es la de un 50% de espacio vacío sobre el espacio que ocupan las cubas, que pueden alcanzar fácilmente los diez metros de altura. Las paredes exteriores tenían que ser lo más caladas posible sobre esta parte superior vacía, lo que dará lugar a una tipología de espacios basilicales, majestuosos, que el poeta Guimerà(10) llamará, después de una visita a la bodega de la Espluga de Francolí(11), Las Catedrales del Vino. El equipo Martinell/Imbert construirá el primero de todos ellos en Rocafort de Queralt. Será un éxito. Martinell construirá casi cuarenta más, aceptando, por el camino, encargos privados de tipología similar y derivaciones del tipo como el almacén de Sant Guim de Freixenet.

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Bodega Cooperativa de Rocafort de Queralt, la primera construida promovida por la Mancomunidad, construída por Cèsar Martinell. Foto: Josep Giribet.

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Interior de la Bodega Cooperativa de l’Espluga de Francolí. Ll. Domènech i Montaner y P. Domènech Roura, arquitectos. Este interior (todavía sin arcos parabólicos, con estructura mixta de cemento prefabricado in situ y ladrillo, prefigurando la imaginería gótica, inspira al poeta Guimerà el término Catedral del Vino. Foto suministrada por el Sindicato Agrícola de l’Esp. de Francolí.

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Ayuntamiento y Escuela Municipal de Salomó, construida por Cèsar Martinell por encargo de la Mancomunidad, empezado en 1917. El edificio es dos años anterior a la Sede del Tribunal de Lister de E.G. Asplund.

La tipología básica de bodega se desarrolla en tres plantas, o dos y media. El edificio requiere ser colocado en un margen de un mínimo de tres o cuatro metros y un ideal de cinco o seis o siete para obtener dos plantas bajas: la superior es la de descarga de la uva, que se volca desde el carro(12) directamente a la prensa, hecha, como todas las cubas, de cemento acabado con azulejo. El mosto se bombea a las cubas de fermentación, ubicadas en el sótano(13) y, ya convertido en vino, se guardará en las tinajas de la nava principal, de estructura de hormigón armado sobre pies de ladrillo. La estructura puede ser de arcos parabólicos o caballos de madera. Las cubiertas, de teja árabe (hay algún modelo en teja marsellesa, sin embargo), se soportan con una estructura simple de correas de madera. Cuando el edificio no puede ser colocado en un margen se presentan variaciones tipológicas interesante, como en el caso de Gandesa(14). La fachada inferior servirá para la distribución del vino y servirá, invariablemente, como fachada representativa del conjunto: lógico si se tiene en cuenta que es la que ven los clientes.

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Foto de la construcción de la segunda Bodega Cooperativa de Barberà de la Conca (ver arriba). Cèsar Martinell, arquitecto. En este caso se combinan los arcos de ladrillo con los caballos de madera para la estructura de la cubierta principal. Foto: Wikipedia.

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La Bodega del Sindicato Agrícola de Gandesa como rótula urbana. Foto: Jaume Prat.

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Sección acuarelada de la bodega de Gandesa con la prensa a ras de suelo. Plano: Archivo Martinell. Gentileza de Andreu Carrascal/ Archivo COAC.

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Perspectiva de la bodega de Gandesa, esquina inferior. Plano: Archivo Martinell. Gentileza de Andreu Carrascal/ Archivo COAC.

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Estudio acuarelado para el mural cerámico de la esquina de la bodega de Gandesa. Plano: Archivo Martinell. Gentileza de Andreu Carrascal/ Archivo COAC.

Estas especificidades arquitectónicas llevan a las bodegas a ser colocadas en la puerta de sus municipios. A funcionar, de hecho, como puerta de estos municipios y, a menudo, como aquello que los representa: Llorenç del Penedès, Vila-rodona o Alió, entre otros pueblos, cuentan con estos edificios como instalación más representativa. Su carácter integrador los lleva a ser el centro de la vida local(15) y a funcionar como auténticos centros cívicos. El poeta Guimerà no hacía sólo referencia, probablemente, a la forma de las bodegas cuando las calificaba de catedrales: constituyen, como una catedral gótica, una auténtica obra colectiva vivida y preservada con el esfuerzo de toda una población, plenamente vigentes hoy en día cuando las tierras que habían de alimentarlos se conservan(16): infraestructuras que hacen honor a su nombre hechas para durar, ilusionar y representar.

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Comida del Sindicato Agrícola de Vila-Rodona en la sede social (ubicada, en este caso, fuera de las bodegas, en medio del pueblo).

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Bodega Cooperativa de Vila-Rodona. Cèsar Martinell, arquitecto. Detalle de la entrada (producida inusualmente por el centro de la fachada larga) e interior con las nuevas cubas de acero inoxidable. Foto: Jaume Prat.

El ejemplo más perfecto jamás construido por Cèsar Martinell es el ubicado en el pueblo de Pinell de Brai, en la Terra Alta, unos kilómetros al sur de Gandesa al margen de la carretera que lleva a Tortosa, poco antes de llegar a la cuenca del Ebro. De él me ocuparé en el siguiente artículo.

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Bodega Cooperativa de Pinell de Brai. Foto: Jaume Prat

(1) También gracias al interés de Caterina Capdevila, del COAC y del arquitecto Ignasi bonet.
(2) Singularmente la gestada por Enric Prat de la Riba, llevada a término y matizada por el siguiente presidente, el arquitecto Josep Puig i Cadafalch. Es presumible que su sensibilidad como arquitecto influyó decisivamente el la calidad de las obras citadas.
(3) O de su embrión. Estamos a menos de quince años del famoso grito de Millán Astray, proferido nada menos que en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca: ¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte! La última parte sería graciosa y todo si no fuese por los miles de personas que se la tomaron en serio.
(4) No olvidemos, para quien no quiera leer el artículo anterior, que la Mancomunidad es la asociación de las cuatro Diputaciones Provinciales catalanas, constituidas en un paragobierno autonómico que ha de estructurar un país reprimido a consciencia durante doscientos años. La causa primera de su unión será, pues, económica, y el talento de sus gestores a la hora de invertir y rentabilizar el dinero a penas tiene parangón en la actualidad.
(5) Pere Domènech Roura, Joan Rubió i Bellver, Josep Puig i Cadafalch e incluso el mismo Antoni Gaudí, entre otros, construirán también bodegas, aunque estos últimos lo harán para promotores privados.
(6) La batalla de los agricultores catalanes contra la filoxera es épica. Como tantas historias que terminan en fracaso completo todavía no tiene quien la escriba. El porcentaje no será del 100% porque las últimas viñas afectadas convivirán con las nuevas replantadas.
(7) Muchos pueblos llegan a perder el 80% de sus habitantes. Esta despoblación llevará asociada una redistribución de la población, y mucha de ella irá a parar a las colonias textiles y a las ciudades.
(8) Imbert es un ingeniero preocupado por la producción del vino. No es exactamente un enólogo, ya que la carrera no existe todavía. Sus orígenes se encuentran en el sur de Francia un poco más tarde. La ciencia de la enología nace en un intento de sistematizar las condiciones irregulares en que se elaboraban los grandes vinos, sometidos a enormes diferencias de calidad de una añada a la siguiente.
(9) Los trabajadores tenían que atravesar las naves corriendo, aguantando la respiración. En caso de perder pie a medio camino y caer se corría peligro de muerte. En la bodega cooperativa de Rubí (obra de Martinell, ahora rehabilitada como centro cívico) hay documentada al menos una muerte por esta causa. Por lo que se me contó, esta clase de accidentes laborales se daban con cierta frecuencia.
(10) A quien, por presiones españolas, se robó el Premio Nobel de Literatura el año 1922 para entregarlo al burgués inquieto Jacinto Benavente.
(11) Proyectado (el único del que tengo constancia) por Lluís Domènech i Montaner y construido por su hijo Pere Domènech Roura, que, posteriormente, construirá con solvencia otras bodegas por las tierras de Lérida.
(12) O del tractor, ahora.
(13) Aunque no siempre. La bodega de Falset, actualmente en funcionamiento, donde se produce la marca Ètim, usa para esto las cubas de planta baja. El precio que se ha debido de pagar para seguir usando el espacio para lo que fue concebido ha sido el derribo de las cubas originales de hormigón y su sustitución por cubas de acero inoxidable. Esta alteración inevitable se encuentra en otras bodegas en uso, como la de Vila-Rodona.
(14) Gandesa se coloca en un terreno totalmente llano. La uva se vuelca en una prensa horadada directamente en el suelo y desde allí el mosto es bombeado mediante una cañería vista para seguir el proceso normal. Esta anomalía es tratada por Martinell como una oportunidad para hacer urbanismo con el edificio, que separa sus naves y las hace pivotar sobre el espacio de descarga, ubicado en una inflexión en el camino principal de acceso al pueblo como auténtica puerta de la ciudad. El depósito de agua se erige en el hito vertical de esta rótula. Actualmente continúa en uso produciendo vinos muy interesantes.
(15) La sociedad catalana tiene en el asociacionismo uno de sus rasgos identitarios: aplecs sardanistas, agrupaciones de danza, compañías de teatro amateur, castellers, cooperativas, asociaciones culturales y políticas, cruzan el territorio y lo definen. No es extraño, en este caldo de cultivo, que las cooperativas asociadas a las bodegas sean el centro de la vida del pueblo, a menudo por encima de la propia iglesia.
(16) Tengo cierta vinculación personal con la comarca del Alt Camp, y gozo de diversas oportunidades al año para visitar como usuario algunas cooperativas de la zona. Algunas de estas bodegas, ahora especializadas (ya que los desplazamientos en coche han acortado mucho las distancias) siguen no tan sólo conservando su uso, sino también su función como centro cívico que vertebra la identidad del pueblo. E incluso de un par más a su lado.

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