La vivienda difusa

sociedad. (Del lat. sociĕtas, -ātis).
1. f. Reunión mayor o menor de personas, familias, pueblos o naciones.

2. f. Agrupación natural o pactada de personas, que constituyen unidad distinta de cada uno de sus individuos, con el fin de cumplir, mediante la mutua cooperación, todos o alguno de los fines de la vida.

(Extraído del diccionario de la RAE)

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Toyo Ito: Propuesta para la Biblioteca del Campus de Jussieu, Paris. 1992

La sociedad, cualquier sociedad, es, por definición, compleja, y en ella coexisten un rosario de modos de habitar diversos que, sin entrar en consideraciones sociológicas que no estoy cualificado para hacer, se pueden pensar como uno de sus factores estructurales. Uno de sus rasgos definitorios es el modelo de vivienda que propone. El modelo de habitante propuesto es, invariablemente e históricamente, alguien autosuficiente económicamente. Alguien libre. Alguien con capacidad propositiva, a quien sus obligaciones le permiten pensar. No necesariamente creativo, pero sí con consciencia de sí mismo y con opinión formada respecto a lo que lo rodea. Alguien que, antes de, pongamos, la Revolución Francesa, necesariamente tenía que pertenecer a las clases altas o a la nobleza, y que, desde entonces, pertenece a algún estrato intermedio de un espectro social más diversificado y complejo, con muchas más capas y ramificaciones.

Nuestra sociedad, por primera vez en la historia (siempre tan sólo para una parte de sus habitantes: entrar a hablar del desequilibrio estructural de la sociedad y de sus factores de corrección sobrepasa, de nuevo, este artículo), tiene consciencia global plena. Su modelo de habitante paradigmático estaría definido por el flujo. Por un movimiento físico: desplazamientos diarios con una base fijada en el lugar (necesariamente pequeño) donde duerme, desplazamientos estacionales, desplazamientos laborales más o menos largos que, idealmente, pueden alcanzar al mundo entero. El habitante que define nuestra sociedad es un individuo. Su familia es tan sólo un dato más mezclado con muchas otras relaciones: relaciones de amistad, laborales, circunstanciales. Todo en su vida es transitorio, fluido: desde su lugar de trabajo a su pareja pasando por sus gustos, o, incluso, su sistema de creencias.

Este habitante vive mayoritariamente en el espacio público: espacios de uso social, compartidos entre varias personas, escenario de un entrelazamiento constante de relaciones sociales conocidas y desconocidas. Es un habitante urbano. Es, por tanto, un habitante anónimo, y es este anonimato la garantía de su intimidad en un entorno sistemáticamente monitorizado donde del trayecto de casa a un lugar de trabajo puedes ser captado por unas trecientas cámaras. Vive en el flujo, y él mismo es flujo. Las redes, y la Red, son su hábitat natural: los transportes públicos, un vehículo propio o alquilado (modelos de propiedad híbridos), los aeropuertos, las estaciones, la propia calle. Los desplazamientos entre los nodos de actividad es uno de sus hábitats principales. Hasta el extremo, como veremos más adelante, de poder convertir el propio desplazamiento en un nodo de actividad, en un modelo mixto complejo.

Lo que tradicionalmente se ha llamado vivienda (en realidad una combinación entre límite de propiedad y refugio) es uno de sus nodos. Puede ser propiedad del habitante o alquilado, suyo en exclusiva o compartido. La condición de espacio físico inmóvil, y, por tanto, cuantificable económicamente y sujeto a un encargo, una normativa, unos condicionantes a subvertir o no y unos honorarios han hecho que sea la parte de la vivienda más evolucionada y bien tratada arquitectónicamente hablando. Resulta curiosa la influencia desperjudiciada de métodos constructivos que no habían formado parte de ningún tipo de arquitectura, provenientes de sistemas económicos precarios: los pertenecientes a la barraca, al almacén agrícola, a la nave industrial o a la arquitectura popular.

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Herreros arquitectos: Casa Garoza. La estética de la nave industrial

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La Ciudad Abierta: estética autoconstruida

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RCR arquitectes: Casa Horizonte. La estética de las construcciones agrícolas auxiliares. Foto: Jaume Prat

Estas viviendas, y su transposición, cuando se produzca (más cuestión de modelo cultural que no de una solución arquitectónica o de modelo económico) a presupuestos más modestos y escalas mayores son tan sólo una parte de la vivienda. El resto, espacio público capaz de encapsular espacios privado transitorios o para pequeños colectivos en su seno, que duren lo que dura la presencia del habitante en el lugar, cada vez más bien resueltos y abundantes, ubicados en programas tan diversos en programa y escala como un aeropuerto, una biblioteca pública, un centro cívico o un edificio de oficinas. Espacios públicos que no necesariamente han de estar identificados con capital y titularidad pública: resulta significativo el ejemplo de las cafeterías Starbucks y sus agrupaciones de sofás y mesillas convertidas en salitas de estar, modelo cada vez más común en cafeterías no franquiciadas, o tiendas de ropa que incorporan salas de espera, o cines con butacas más amplias que un sofá.

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Las cafeterías Starbucks o un remedo de salas de estar transitorias

Los programas públicos, necesariamente ligados a una función social, han sabido reaccionar bien a la nueva condición del habitante, convirtiéndose en islas de actividad y de flujo: zonas de paso y cápsulas privativas, reflexionando sobre modelos ya existentes como el de la biblioteca pública.

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Peter Zumthor: Kunsthaus, Bregenz. La sala homogénea

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SANAA: Rolex Learning Center, Lausana. Bolsas de actividad y flujo

Dentro de estos espacios, este habitante cuenta con una serie de prótesis que le permiten convertir en privativo, en individual, parte del espacio público que ocupa por el tiempo justo en que lo ocupa, sin dejar rastro antes o después. Estas prótesis son pequeñas, de alta tecnología, diseñadas para que su escasa presencia física cree espacio. Los tres tipos básicos. Los tres tipos básicos son los auriculares, el ordenador personal y la tableta.
Los auriculares crean un espacio virtual alrededor de su usuario que, adicionalmente, llega a anular el espacio físico. La audición de un concierto, de un disco grabado por músicos competentes (concepto extendido en este artículo) o de un programa de radio transporta a quien esté escuchando atentamente a un lugar diferente. La ilusión se podrá mantener tanto rato como dure la concentración.

El ordenador personal, dos piezas de plástico o metal plegadas sobre un eje excéntrico, define, desplegado, una burbuja de intimidad creada por el espacio comprendido entre la pantalla (un entorno de trabajo, de relación, una ventana) y el cuerpo del individuo, apto para el trabajo y el ocio.
La tableta (iPad y derivados) es una pantalla táctil ligeramente más pequeña que una pantalla de ordenador portátil. No se pliega sobre sí misma y está pensada para disponerse plana sobre una mesa de trabajo, o sobre las rodillas. Un giroscopio permite obviar su orientación física y hacerla funcionar a 360º. La principal diferencia respecto del ordenador portátil es que, al abrir el espacio y romper la burbuja, está pensada para su uso social: desde una reunión de trabajo a un pase de fotografías entre amigos, o una videoconferencia.
Las prótesis se pueden enriquecer con toda una serie de subprótesis, básicamente memoria, que permiten ampliar y combinar toda la parafernalia tecnológica anterior hasta unas posibilidades de personalización casi ilimitadas. Su peso total no excederá los tres kilos, y pueden ser transportadas (individualmente o en conjunto) en un bolso con facilidad. Desplegadas, crean un espacio individual, o un pequeño espacio global englobado en los espacios-nodo (una biblioteca, un bar, una estación, una oficina de alquiler, etcétera) transitorio, que desaparecerá sin dejar rastro tan rápidamente como los artefactos se apaguen: espacios cambiantes, fluidos, soportados para una infraestructura preparada para que sucedan.

La arquitectura, por las razones antes mencionadas, se ha ocupado poco de este modo de habitar tomado en conjunto, a pesar de que haya conseguido dar buenas respuestas para cada nodo considerado individualmente. Una de las más brillantes es el Pao de la Mujer Nómada, que Toyo Ito desarrolló de un modo explícito o implícito desde los primeros años 80 en diversos proyectos utópicos o en partes de proyectos construidos.

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La anécdota de estos espacios (no de todos ellos) es su modo de formalizarlos, que no nos ha de hacer caer en la trampa de considerar el Pao como un ejercicio de estilo. Ito ha trabajando la difusión, la poca materia, las veladuras translúcidas, la fluidez, como un estilo constructivo: mallas metálicas, tejidos, metacrilato, cristales con diversos grados de transparencia, celosías de diversas escalas y materiales, ejercicios de estilo (esta vez sí) como la Torre de los vientos: maneras de entender un espacio escurridizo, sin límites definidos, extendido por toda la ciudad, ubicado en los intersticios. Que envuelve y acompaña al habitante en función de sus actividades, encapsulándolo cuando se está quieto, siguiéndolo como un rastro cuando se mueve.

El Pao de la Mujer Nómada está elevado. Su suelo es transparente. A penas tiene paredes. Su estructura podría ser transportable para una persona, formada por barras metálicas de materiales ligeros (nunca acero) y sección mínima, trianguladas para obtener la rigidez necesaria. Acabada con textiles, cortinas LED, mallas metálicas. Organizadas (en una posición más radical que el Cabanon o la Casa de Kolonihaven de Enric Miralles) exclusivamente por las actividades de sus habitantes. Mujeres, escogidas éstas con toda la intención. Cabe recordar que la tradición japonesa identifica la casa, una casa física, corpórea, hecha más de sombras que de luces, el depósito y altar de los dioses personales, inamovible y grave, con la resencia de la mujer. La casa japonesa no tiene cerradura, tan sólo un cerrojo interior con que la mujer, en ausencia del hombre, se encierra por dentro. No puede ser abandonada, lo que la convierte, para esta mujer-cabeza de familia más en una cárcel que en un hogar. La Mujer Nómada se desliga del espacio físico. Crea su espacio, crea habitar, allí donde va. Su relación con el resto de miembros de su familia es de igual a igual, no tanto un pilar como un nodo de una red de soporte mútuo.

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Pao de la Mujer Nómada: interior

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Toyo Ito: Silver hut, 1984. Dormitorio de los hijos del arquitecto

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Enric Miralles, Benedetta Tagliabue: Casa Kolonihaven, 1996. Los movimientos del habitante configuran sus bordes, confinándose en ella misma

La Mujer Nómada (como curiosidad) será interpretada, en las fotografías de los prototipos, por una Kazuyo Sejima de veintiocho años de edad.

El Pao de la Mujer Nómada es una nube. Dentro, el lugar de dormir, el de estar, el de maquillarse. El Pao de la Mujer Nómada es el grumo sobre el que se organizan las circulaciones de la Mediateca de Sendai. Será, también, la base conceptual de sus pilares. Será la habitación de los hijos del arquitecto, la casa de Groningen o, de un modo literal, las butacas-espacio de la propia Sendai o, más radicalmente, de la Biblioteca de la Universidad de Tama.

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El Pao nube

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Toyo Ito: Biblioteca de la Universidad de Tama. Dentro, fragmentos del Pao

El Pao de la Mujer Nómada es (de un modo más implícito que explícito, obviamente) la base del espacio creado por un ordenador portátil. Por una tableta. Sejima, en las fotografías, luce orgullosa unos auriculares último modelo. La Casa Urbana de Ryue Nishizawa y muchos otros proyectos, desligados de los aspectos estilísticos de Ito, son también un Pao.

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La reflexión sobre este tipo de espacios, reflexión que se podría extender a las civilizaciones que han arquitecturizado (y especializado) el vestido, reflexión ya no sobre estructuras y normativas, sino sobre tecnologías a desarrollar, sobre espacios virtuales, tabletas de memoria, hologramas, redes portátiles, sobre la gestión segura de espacios semiabiertos donde dormir, de espacios de almacenaje, higiene personal, relaciones íntimas, junto con una reconfiguración cultural del concepto de privacidad e intimidad (no hace falta preocuparse: ya ha empezado a producirse, y está en curso) configurará y permitirá entender no la arquitectura del futuro, sino una arquitectura del presente perfectamente adaptada a las necesidades de unos usuarios no tan descolocados como faltados de una infraestructura que les permita vivir de un modo más cómodo la vida que muchos de ellos ya están llevando.

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Ryue Nishizawa: Casa Urbana, 2011. Un nodo de la casa difusa

P.S. para arquitectos: Convertirlo en un modelo de negocio sostenible que permita a un arquitecto la estabilidad económica suficiente como para seguir reflexionando e investigando el tema es otro deber urgente de una profesión cara vez más necesaria y más descolocada que da dar palos de ciego sobre el presente.

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2 respuestas a La vivienda difusa

  1. Alejandra dijo:

    Hola. He estado leyendo tu artículo y estoy trabajando algunos puntos en común que me gustaría compartir y comentar contigo. Estoy estudiando el Pao de las muchachas nómadas de Tokio, y tratando de hacer una reinterpretación actualizada y occidentalizada de éste.
    Me parece muy interesante lo que dices cuando hablas de los espacios de Starbucks o del Rolex Learning Center, que se componen de dispositivos nómadas que el usuario utiliza en el espacio para crear su subespacio. Creo que es evidente la similitud con el mobiliario que Ito crea para el Pao. Se trata de elementos exentos de la estructura de la “vivienda” que marcan las actividades que en él se realizan y crean al fin y al cabo lo que es el Pao, sólo que con este mobiliario el subespacio que se crea es más evidente.
    Leyendo acerca del tema de la vigencia del Pao, me topé con este artículo de RUEspace http://www.ruespace.com/2010/11/25-anos-de-la-chica-nomada.html que defiende la vigencia de este modelo ya que el modo en que vivimos en nuestros hogares no ha cambiado pese a que nuestra manera de afrontar la vida sí lo ha hecho.
    Sin embargo, yo entiendo que si bien nuestras viviendas no están todavía adaptadas a los nuevos modos de vida que muchos de nosotros llevamos, como afirmaba Ito en los comienzos de desarrollo del Pao, sí que se ha producido un cambio importante en la vigencia del Pao en cuanto que ha cambiado el papel de la mujer. Habría que plantearse si los dispositivos que ahora necesita una muchacha nómada en Tokio son los de belleza, inteligencia y descanso. Y más allá, en mi trabajo estoy investigando si serían necesarios estos artilugios, pues como bien indicas en tu texto, la era informática ha permitido que se creen estos subespacios sin necesidad de unos límites físicos.
    Por supuesto los valores económicos son también importantes en esta discusión, pues cambiaria tanto el modelo constructivo que la ciudad sufriría cambios que no se puede permitir ahora mismo. ¿Sería posible adaptar las ciudades actuales a ciudades con estos espacios? Más allá de la magia de Starbucks…

    Gracias por su tiempo, espero que podamos seguir esta conversación ya que me sería de gran ayuda para el desarrollo de mi investigación.
    Un saludo.
    Alejandra Matínez Pina.

    • jparquitecte dijo:

      A mi parecer la respuesta a lo que estás comentando es doble: la realidad pasa por encima de la arquitectura, y muchas de estas estructuras se crean allí donde haga falta, y las crean emprendedores que son capaces de tener la sensibilidad suficiente como para ver esto y monetarizarlo, o explotarlo comercialmente. Aunque los Starbucks son un ejemplo en el que yo no me siento nada cómodo, por cierto. Pero ahí están, la gente los usa y esa incomodidad mía podría propiciar la segunda parte de la respuesta, que es que los arquitectos tenemos mucho que decir sobre el tema, y tomar atajos y ahorrarnos tiempos de derivas e incertidumbres. Esta manera de vivir difusa cambiará la manera de entender las viviendas (ya lo está haciendo) y si somos sensibles a lo que ello puede dar en la arquitectura nos irá bien e irá bien a la sociedad: proyectar al margen de los programas actuales, conseguir que esta reducción de espacio dormitorio no derive en subviviendas, desligar de una vez el valor del suelo de la arquitectura… algunas son utópicas, otras, posibles. La combinación de factores es lo que debería de dar el camino. Creo.

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