La sombra de Jujol*

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(Sobre 44 viviendas en el Poble Nou proyectadas por Josep Llinàs). Fotos: Jaume Prat, excepto indicadas.

El Poble Nou de Barcelona es territorio protegido. Un paseo atento por sus calles, plazas y otros espacios urbanos difíciles de nombrar(1) pliega la historia de la ciudad desde el periodo íbero hasta la actualidad a través de los materiales, la multiplicidad de trazas, de la trazabilidad de la historia a través de los vestigios que han quedado e, incluso, a través del modo en que crecen los árboles.

Es consultar las crónicas del sitio de Barcelona y darse cuenta de las dificultades con que se encuentran las tropas borbónicas cuando tratan con este terreno, unas marismas llenas de vegetación exuberante, ubérrimas, inestables. Tierra de paso tan inhóspita que gran parte de los viajes a Mataró, 42 km a norte, se hacían por mar(2). Será precisamente la derrota catalana de 1714 lo que motivará que Joris Prosper van Verboom ponga el embrión de la colonización del barrio creando la Barceloneta y consolidando los terrenos para fortificaciones militares como el Fuerte Pienc(3), instalación más pequeña, de gran potencia de fuego, que tenía por objeto evitar el sitio de la Ciudadela, centro y símbolo de la opresión que sufre el país.

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Planos de la línea de costa de Barcelona. El primero, sobre el siglo X. El segudo, justo después de los hechos de 1714. El Poble Nou es una zona de marismas con gran parte de su territorio todavía sumergido. En los dos planos falta la isla de Maians, ubicada en la parte alta de la Barceloneta, de substrato arenoso, que, según alguas fuentes, llegó a estar fortificada.

El Poble Nou presenta, pues, un parcelario agrícola de base orientado en función de la pendiente y la escorrentía, atravesado por las vías de acceso a Barcelona desde el norte, establecidas en función de accidentes y flujos geográficos naturales más que de una trama prefijada.

Estas trazas, perfectamente visibles en el plano topográfico que Ildefons Cerdà(4) traza como documento básico para su Plan de Reforma y Ensanche de Barcelona, se superpondrán literalmente a este plano creando el barrio urbanísticamente más fascinante de toda Barcelona hasta la actualidad: las calles se construirán por tramos, quedando a menudo cortadas, y los interiores de manzana seguirán la trama original sin ser reparcelados. Los caminos de acceso a la ciudad se mantendrán con su trazado original creando un rosario de manzanas irregulares allá donde intersecan con las manzanas Cerdà: una trama hecha de rincones y episodios, casi toda excepción sin regla.

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Plano base para el Ensanche. Autor: Ildefons Cerdà, con Josep Fontserè com ayudante. 1855

El barrio se convertirá en el motor industrial de la Ciudad de Barcelona al alojar muchas fábricas textiles, talleres asociados y, más tarde, empresas de construcción de trenes (como la Maquinista Terrestre y Marítima), talleres mecánicos, empresas del sector alimentario y, al lado de las fábricas, viviendas para buena parte de los obreros y las instalaciones cívicas que estos necesitaban: iglesias, teatros, casinos, bares, tiendas. El Poble Nou se convertirá en un barrio de carácter marcado, orgullosamente independiente, definido por una mezcla de usos (casi una confusión de usos) superpuestos en función de horarios, jerarquías verticales, tamaño y capacidad de funcionamiento en red de cada fábrica: grandes naves conviviendo con viviendas medianera por medianera, pequeños barrios de casas bajas, barracas, edificios de viviendas y oficinas montados sobre un zócalo de naves industriales.

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Viviendas en la calle Pallars montadas sobre un zócalo de naves industriales

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Industria y vivendas mezcladas en la calle Pere IV. Foto: Jaume Orpinell

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Industria y viviendas mezcladas en Pere IV con Selva de Mar

La Olimpíada permitirá al barrio abrirse al mar. La trama Cerdà irá abriendo poco a poco las calles que terminaban cortadas contra fábricas de más de una manzana de superficie. Gran parte del patrimonio industrial se empezará a perder. Años a venir (muy recientemente), la Diagonal, perdida después de la plaza de les Glòries, se abrirá hasta el mar.

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La calle Bolivia, todavía cortada

Actualmente se ha decidido que las industrias –TIC(5) han de convertirse en uno de los motores económicos de la ciudad. Industria con industria y buena parte del Poble Nou convertido en el Distrito 22@: el desbarajuste urbanístico más importante que ha sufrido nuestra ciudad desde Can Tunis, como mínimo. El Distrito 22@ se define a base de un zoning banal, corto de miras, episódico no tanto por intención como por incompetencia. Tipológicamente se ha perdido una de las bases de la arquitectura mediterránea, la medianera, elemento que estorba a los promotores en su deseo de construir unidades de actuación exentas, normalmente sin mezcla de usos ni ningún tipo de intención arquitectónica o urbanística fuera de encajar un programa y dotarlo del grado de representatividad que la empresa en cuestión crea adecuada para su actividad.

Los edificios de oficinas se construyen en base a unos pocos parámetros: luces estructurales tan amplias como sea posible(6), fachadas diáfanas, pocos rincones. Vidrio. Materiales duros, minerales. Metal. Volumetrías cuadradas. Chaflanes obviados: la idea que una parte de la ciudadanía y sus representantes políticos tienen de modernidad, como si no fuese posible construir buenos edificios de oficinas insertos en una trama Cerdà canónica, de materiales como ladrillo u hormigón aparente o compuestos por muros de carga. Etcétera.

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Eduard Gascón-TAC arquitectes: Edificio de oficinas en 22@. La despersonalización del Poble Nou. Foto: Lluís Casals

El fracaso urbanístico del 22@ es producto de una planificación excluyente, totalmente insensible a la historia y al lugar donde se ha decidido emplazar el barrio, que, de verse completada según los deseos del ayuntamiento y los promotores, se parecería bastante al resultado final de una partida de Monopoly: edificios iguales, exentos, de un solo uso, que contemplan las singularidades de su emplazamiento como un estorbo a borrar más que como una oportunidad para crear buena arquitectura. La única esperanza que este barrio pueda llegar a funcionar radica en la incompetencia de sus promotores: un ayuntamiento sin voluntad ni valentía para soportar sus decisiones hasta el final, unos promotores sin la potencia económica suficiente como para acabar de imponer del todo su ley.

En medio de este panorama, un edificio solo no puede cambiar nada. Sí puede tener, en cambio, la capacidad de plegar la historia del lugar, de condensarla. De convertirse en un embrión que resista contra un entorno que ha enloquecido debido al empobrecimiento cultural de la ciudad. Este es el caso del edificio de 44 viviendas que Josep Llinàs entregará el mes que viene a CCOO, sus promotores.

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Es un edificio urbano. Decididamente urbano. El edificio encaja perfectamente en su entorno, y seguirá encajando mientras éste mantenga sus características actuales. Si el entorno muta y acaba fagocitado por el 22@, el edificio, que cumple la normativa definida ad hoc para este barrio, se convertirá en un recuerdo de lo que había, en una protesta contra un entorno probablemente eficaz, pero pobre, impersonal, desangelado.

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El entorno cercano del edificio, ubicado en la calle del Perú, 190, que dobla una Gran Vía con sección de autopista enterrada bordeada por algunos de los edificios más grandes de la ciudad de Barcelona(7) que, por su parte sur, están doblados por una franja de equipamentos, ya sobre la calle del Perú, más pequeños que los edificios de vivienda(8), servidos por una acera anchísima definida por una triple fila de plátanos bien crecidos(9), de hasta cinco plantas de altura. Presenta una mezcla de usos curiosa: trazas del pasado industrial, oficinas (muchas oficinas), outlets de buena moda, centros comerciales, tiendas al detalle, gasolineras, edificios arruinados con escaso interés para ser preservados , el rastro de la mucha gente que vive unas decenas de metros al norte en viviendas volcadas sobre esta franja, Un barrio escasamente conocido, vital, agradable, destinado a ser borrado, fagocitado por este distrito 22@ con voluntad de borrar y uniformizarlo todo.

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El edificio convive perfectamente con todo ésto como un organismo que, más que estar recién acabado, lleve cincuenta años allí. Es muy difícil de fotografiar. Si bien es capaz de conseguir que sus viviendas respiren a la perfección, su volumetría, los árboles crecidos y las piezas de su entorno apenas dejan perspectiva suficiente para la media distancia apropiada para tomar vistas. Tampoco creo que haga falta descubrirlo como objeto autónomo cuando es capaz de tejer una red de relaciones tan rica. Cuando el encaje con el entorno es uno de sus valores fundamentales.

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Su volumetría, dos prismas pegados, uno más alto contra la calle, el otro más bajo contra el interior de manzana, define una fachada corta contra la calle del Perú, orientada al noroeste, dos fachadas largas que tienen algo de testero a convivir ahora con la huella de una fábrica derribada a este y con un edificio de oficinas(10) modesto, de una cierta calidad, a oeste, presentan la incertidumbre de no saber qué se les ha de adosar. A sur, vistas al mar. El edificio presenta una composición compleja capaz de compensar la austeridad de su planteamiento: obra de fábrica, revoco monocapa, vacíos optimizados. Prohibición de voladizos laterales(11): parece ser que los volúmenes puros son más modernos(12). Llinàs opera por deformación, usando el escaso margen de maniobra que se le deja para alterar la percepción del edificio enriqueciéndola, complejificándola, personalizándola y, en última instancia, para mejorar, cuando le ha sido posible, las condiciones de las viviendas

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Uno de los rasgos fundamentales de la composición es la presencia de ventanas en esquina. A los cuatro extremos del edificio unas terrazas vacían parte de esta esquina de modo que el volumen se puede leer siempre íntegro mientras las fachadas se leen de modo continuo(13): no dos testeros y una fachada corta, sino una fachada continua doblada cuatro veces. El resto de huecos está perforado sobre el plano terso y continuo de revoco monocapa tratado en dos colores diferentes: gris y blanco. El blanco no toca nunca el suelo. El gris puede subir, eventualmente, hasta la cubierta definiendo siempre una caja continua e inalterable. Las partes pintadas de blanco presentan una coronación recortada, torturada, que reclama como elementos arquitectónicos los casetones y las chimeneas de cubierta. Que los integra en la composición no intentando esconderlos tras un parapeto más o menos alto, sino convirtiéndolos en paisaje formando una cubierta más heredera del ático de la Pedrera que de la Unité d’habitation.

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Ventanas en esquina y cubierta-paisaje

El edificio quiere complejificar su percepción. Huir de la monotonía, de la caja, del contenedor neutro para, a pequeña escala, reproducir la complejidad del barrio que lo aloja. Para fusionarse y reclamarse heredero de las construcciones previas a la Guerra Civil, proyectadas por arquitectos conscientes de que la coronación de un edificio hace ciudad. Que un mirador, un templete, una barandilla bien diseñada, animan una calle, la singularizan. En circunstancias como las planteadas con la construcción de este edificio, la ornamentación tiene sentido urbano.

En este caso, el patrón ornamental que define el edificio es una fotografía de Francesc Català-Roca llamda Corre, corre, que te pillo!, donde aparecen dos gallinas persiguiéndose por la playa del Somorrostro. Idealmente(14) la fotografía podría haber sido tomada en el eje del edificio sesenta años antes: tiempo plegado. Su perfil, no sería tan diferente al del edificio en sí: un cuerpo más bajo, una cabeza que se levanta hacia el norte. El patrón ornamental, pues, parece no tener escala. 2014 huevos (por aquello del año de entrega) pautan la fachada. Las crestas del edificio podrían abstraerse de las de un gallo, convenientemente filtradas, desfigurativizadas, abstraídas hasta que sean autónomas, hasta que de las leyes de la mímesis pasen a las del edificio. Las gallinas de la fotografía de Català-Roca aparecen pintadas blanco sobre azul(15), repetidas como una especie de cenefa baja que guía a los usuarios hacia las porterías laterales al edificio por la configuración de la planta.

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Francesc Català-Roca: Corre que te pillo. c. 1953 © Fons Fotogràfic F. Català-Roca – Arxiu Fotogràfic de l’Arxiu Històric del Col·legi d’Arquitectes de Catalunya

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Corre, corre, que te pillo! de Català-Roca, en el zócalo del edificio

Aunque el arquitecto va más allá: una vez definido el patrón ornamental pasa de la obra original (la bellísima fotografía de Català-Roca) al edificio sin que una cosa desvirtúe a la otra. Lo que se puede conseguir prescindiendo de las gallinas del fotógrafo para tomar otras de Internet: un motivo figurativo banal basado en una fotografía técnicamente bien hecha en el mejor de los casos(16) toma valor artístico por composición, colocación, seriación, para acabar constituyendo parte inseparable del edificio. La ornamentación actúa como una capa más que no borra el resto de operaciones: no los cambios de color, ni las fajas horizontales, ni la coronación. Todo está integrado.

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Las gallinas de Internet, ya colocadas

El edificio parte de un proyecto a la contra: contra una normativa y una volumetría impuestas, contra unas tipologías sin margen de maniobra, contra la imposibilidad de poner balcones, contra la voluntad de uniformización del plan 22@, que contradice la propia naturaleza del encargo por su módulo de presupuesto, por los medios precarios. Llinàs positiviza este ir en contra y lo convierte en una propuesta en toda ley. Si no se pueden hacer balcones hacia fuera, se hacen contra el propio edificio en el único lugar donde son posibles: sobre el tejado, marcando su volumen, exhibiendo orgullosamente sus voladizos, obteniendo un módulo que juegue más eficazmente contra el patrón de ventanas, con las chimeneas, con los recortes de la coronación: justo donde ni tan sólo son necesarias las ventanas en esquina.

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Llinàs positiviza el material: monocapa industrial convertido en un manifiesto contra la tersura del vidrio y los materiales que se degradan más que envejecen. Llinàs positiviza todos los accidentes de un edificio convirtiéndolos en arquitectura(17). Llinàs enfrenta un proyecto complejo al simplismo banal(18) del 22@ mediante un edificio donde el uso, su envejecimiento, su entorno, se incorporan a la arquitectura para mejorarla.

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Llinàs enfrenta a la Barcelona que nos imponen una pequeña pieza de la Barcelona que queremos. Tomemos nota.

(*) Título basado en un comentario de Jordi Badia.
(1) …y ni falta que hace. Poner nombre a una cosa es el primer paso para dejar de pensar en su naturaleza. Eso de Dios pidiendo a Adán que bautice la tierra y el acto de posesión y soberbia que representa.
(2) Es muy difícil, por otro lado, hacerse a la idea de hasta qué punto el territorio estaba descohesionado en esa época. No sera hasta bien entrado el siglo XIX que el grueso del tráfico de mercancías entre Tarragona y Barcelona empezará a hacerse por carretera. El viaje se hacía, también, por mar.
(3) Parte de los terrenos que ocupaba el Fuerte Pienc fueron objeto de una intervención de Josep Llinàs para edificar un mercado, una biblioteca y un hogar de ancianos tratados como una intervención unitaria que es, de por sí, un manifiesto anti-zoning.
(4) Con el concurso del maestro de obras Josep Fontserè.
(5) Asociadas al mundo electónico en sentido amplio: software y contenidos, pocas veces hardware.
(6) Obviamente optimizadas en función del binomio luz estructural-coste de esta estructura.
(7) Monstruos que alojan centenares y centenares de viviendas, algunos de ellos (como el ubicado inmediatamente al norte del edificio) de trescientos metros de longitud. No todos mal proyectados: a pocos metros se encuentra uno realizado por el equipo Clotet-Tusquets, que hicieron la única cosa que se podía hacer al enfrentarse a una mole semejante: dignificarla vivienda a vivienda yuxtaponiendo unas plantas exquisitamente bien diseñadas que, al menos, sean capaces de convertir en arquitectura un programa semejante. Y qué testero.
(8) Es decir, de dos a cuatro plantas de altura.
(9) El Poble Nou (unas marismas desecadas, recordemos) tiene tanta agua en el subsuelo que los árboles que crecen siempre están más sanos y más bonitos que en cualquier otro sitio de la ciudad: sóo hace falta mirar los de la Villa Olímpica (comprados en las tierras del Ebro ya crecidos), ahora sanos e imponentes.
(10) Que aloja la cooperativa Abacus y un output de material de oficina perteneciente a la misma empresa en planta baja.
(11) No fuese caso que estos vecinos-que-no-sabemos-quiénes-son se ofendiesen.
(12) Uso esta palabra de una forma imprecisa, vaga, indefinida y ridícula expresamente, procurando ponerme dentro de la cabeza de los autores de la planificación.
(13) No en vano el arquitecto impuso que se dibujasen abatidas y desplegadas.
(14) Y sin que el argumento esté pillado en absoluto: causalidades de la vida.
(15) Esto sí podría estar pillado: blanco sobre azul es el color habitual de las copias de planos al amoníaco: como, igualmente, es tiempo plegado, ahí lo dejo. Más causalidades.
(16) Y ya.
(17) Y en un segundo terrado de la Pedrera.
(18) Y peligroso.

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