La privatización de la democracia

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Una Metrópolis no coloniza para respetar singularidades culturales, no jodamos. Los territorios se ocupan en vistas de su explotación, habitados por oportunistas o colonizadores con voluntad de huida hacia delante que negocian su bienestar entre la creación de una parodia de los rasgos más significativos de su lugar de origen y los rasgos más ventajosos de una cultura local vista a vuelo de pájaro, es decir, desde arriba, desde una pretendida superioridad económica, racial y/o religiosa. Y sin demasiadas ganas de entenderla, evidentemente. Uno de los primeros actos de la Metrópolis hacia su territorio es nombrarlo con una sola palabra que borre, o englobe, todos sus rasgos. Es el caso de los ingleses con la India. Lo más exacto que se puede decir de la India es que es una especie de península a lo bestia limitada en su contacto con el continente por el Himalaya(1). Su diversidad cultural es tal que es dudoso que hubiese demasiada consciencia de su unidad territorial hasta el dominio inglés. Su división territorial contaba con decenas y decenas de estados, algunos más grandes que el estado más grande de Europa, otros pequeños como una ciudad. Su organización social se produce por castas, lo que facilitó, poco más tarde del siglo X, la irrupción del Islam, religión que captó millones de adeptos entre los Intocables, la casta más baja y desfavorecida de la sociedad, hasta el extremo de crear el paradigma de la asociación Islam-Intocables. Una tercera religión aparece, alrededor del siglo XV o XVI, en el norte del continente, bajo el amparo de los ingleses: los Sij, propugnados por oposición al Islam.

El final de la Segunda Guerra Mundial significará, también, el final del Imperio Británico. La inmediata posguerra llevará asociada un proceso de descolonización que liquidará casi todas las colonias sobre 1947(2). La voluntad del Imperio Británico, asociado, en este caso, con las clases dominantes budistas, es mantener íntegro el territorio, que, debido a la presión de la minoría musulmana(3), que se siente gravemente perjudicada por este trato, partirá, menos de veinticinco años más tarde, el continente en tres grandes países: India, Pakistán y Bangla Desh(4). El punto más caliente de las negociaciones para la partición es el Punjab, estado donde el porcentaje de población budista y musulmana es parecido, y estado madre de los Sij. Después de tensar la situación hasta un nivel prebélico se decide partirlo en dos(5). La capital histórica, Lahore, ubicada en el este, quedará en territorio musulmán. La parte india necesita urgentemente una nueva capital, ubicada al norte del estado, en una llanura controlada por el Himalaya. Su nombre será Chandigarh.

Gobernar la India será un hecho de una enorme complejidad. Primero está la estela de Gandhi, que apuesta por una sociedad rural y destecnologizada(6) frente a la sociedad urbana y moderna que quiere Nehru. Después de la herencia colonial la India tenía, en el momento de su partición, casi seiscientos idiomas oficiales. El inglés es mantenido, incluso hoy en día, como principal lengua de relación del país(7), que se incorporará a la Commonwealth. Su primer gobernador será, de hecho, un inglés primo de la Reina, Loud Mountbatten(8). De la estructura colonial se heredará, también, la cuestión del territorio y el modo de hacer y emplazar nuevas ciudades. Así, Chandigarh será planificada originalmente por el equipo del arquitecto americano Alfred Mayer. Nehru, consciente del papel simbólico de la capital, decide incorporar una capa más de complejidad proponiendo un director nuevo para el equipo de arquitectos encargados de la construcción de la ciudad: Le Corbusier, entonces en la cima de su prestigio.

Le Corbusier se otorgará un papel de arquitecto vigilante de un modo que ahora nos parece muy normal pero que, en aquel entonces, era incipiente: el arquitecto no emigrará a la India(9), sino que viajará allí puntualmente, dejando a cargo de las obras a un equipo formado por Maxwell Fry y Jane Drew complementados con su viejo socio de toda la vida: Pierre Jeanneret(10), que sí se desplazará a vivir a Chandigarh. Le Corbusier aceptará sin trabas el trabajo inicial de Mayer y lo complementará con dos operaciones paralelas: la primera de ellas es relativa al planeamiento urbano, incorporando la jerarquía de vías que lo ha hecho famoso, y, singularmente, la séptima vía(11) que convierte la ciudad en una especie de híbrido entre una villa verde, una ciudad jardín y una ciudad convencional con una organización brillante de sus interiores de manzana, que dan la vuelta como un calcetín para convertirse en los espacios por donde respira toda la edificación. La segunda modificación será relativa al Capitolio(12).

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El plan original de Albert Mayer y la transformación de Le Corbusier.

Le Corbusier convertirá la ciudad en una especie de organismo antropomorfo(13) que culmina en este Capitolio, que quedará convertido en la cabeza de la ciudad. Y aquí es donde Le Corbusier cometerá el error que, una vez enmendado por los promotores, convertirá la ciudad en la maravilla paisajística que es hoy en día.

Le Corbusier no es un demócrata. Sus ideas políticas, muy básicas, se limitan a encontrar un promotor con la cantidad suficiente de poder como para poderle encargar intervenciones de magnitud suficiente como para poder imponer sus ideas. La Autoridad no suele estar representada por un parlamento, o por una corte de justicia, o por los Tres Poderes(14), sino por una persona o un reducido grupo de personas. En este caso, por el Gobernador. Así que el Palacio del Gobernador, un palacio gigantesco, desproporcionado, preside el Capitolio de Le Corbusier. A mano derecha, el Parlamento(15). A mano izquierda, el Palacio de Justicia. Los dos edificios constituyen el marco de un cuadro, una especie de excusa genial para significar este Palacio del Gobernador en medio de todo, relacionado con el Himalaya, poderosamente vertical.

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Alzados del Capitolio con el Palacio de Congresos y el Himalaya.

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Interior del Palacio de Congresos, o la representación de la Autoridad.

El primer edificio a ser terminado será el Palacio de Justicia, seguido por el Secretariado y el Parlamento. El Estado empieza a dar largas para la construcción del Palacio. El Gobernador se marchará a vivir al barrio diplomático de la ciudad, en una casa más o menos estándar(16). Le Corbusier se desgastará en vano publicitando los fantásticos espacios de relación del lugar: sus salas de reunión, sus comedores, sus jardines. Lo reducirá de tamaño. Variará, finalmente, su programa e intentará convertirlo en el Museo del Conocimiento. Todo en vano. Para los indios el Capitolio es el Palacio de Justicia y el Parlamento. El sentido del Capitolio será, entonces, otro: estos dos edificios no enmarcarán un Palacio, una Persona, la Autoridad, el Poder Ejecutivo capaz de encargar proyectos al Arquitecto, sini al paisaje. Al Himalaya.

Le Corbusier responderá a eso pidiendo, expresamente, que al norte del Capitolio no se construya nada. Habrá dos excepciones: el Club Náutico, necesario para explotar un lago, no levantará más de tres metros del suelo y se dispondrá bajo una falla. El Palacio de Justicia necesitará ser ampliado, y el mismo Le Corbusier dispondrá unos anexos modulares que, actualmente, están ejecutados al 100% respetando la integridad del edificio original. El Gobierno local lo tiene claro: el Capitolio es una pieza terminada, respetada, catalogada, donde se han ejecutado todas las piezas de Le Corbusier restantes(17) excepto el Palacio, el Museo o lo que fuese a haber en ese vacío maldito.

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El Club Náutico al norte del Capitolio.

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La ampliación del Palacio de Justicia, finalmente ejecutada según los deseos de Le Corbusier, con más superficie que el proyecto original.

Hasta hoy.

La India tecnológica actual, cada vez más incorporada a la cultura asiática de las grandes empresas, corporaciones paraestatales que fabrican desde lápices a armas(18), con materias primas, centrales energéticas y ciudades propias, tiene en la empresa Tata una de las joyas de su corona. Tata es una empresa familiar(19) que presenta múltiples divisiones y gradientes de tecnología que van desde la más básica hasta un grado de sofisticación desconocido, conocida en positivo por haber sido capaz de democratizar esta tecnología hasta haberla hecho accesible a grandes masas de población.

A partir de aquí todo se tuerce(20).

Tata es, en estos momentos, uno de los principales contrapoderes en la India. Su riqueza, incluso después de los impuestos, rivaliza con la de muchos estados. En el Punjab han decidido simbolizar su poder simbolizando, del modo más burdo, chapucero y soez posible su estar por encima del bien y del mal. El modo de hacerlo ha sido planear, al norte del Capitolio, la construcción de veintisiete torres de hasta treinta y cinco plantas de altura que lo controlen y lo sometan. El nombre del complejo es Tata Camelot(21). No he hablado de sutileza(22) porque está fuera de lugar hacerlo. Una OPA hostil a un gobierno no lo permite.

El Gobierno del Punjab, con su gesto de no construir el palacio, consiguió su propia representación ideal de la Democracia unida al respeto al paisaje, al lugar. Y eso es, también, la arquitectura: contexto. Si el primer gesto arquitectónico es desafiar la gravedad disponiendo una piedra derecha, o cruzándola por encima de otras dos, gravedad acaba siendo todo: el tiempo es gravedad. La historia es gravedad. El contexto creado por todo esto es gravedad. Hay muchas maneras de influirlo, de alterarlo, de variarlo, de ampliarlo. La propuesta en este caso tiene unas implicaciones obvias: es la construcción de otro Capitolio que, este sí, gobernará de veras el Punjab. Mr. Tata, desde la planta 35 de una de las torres altas, controlando el Palacio de Justicia y las dos cámaras del Parlamento. Y que no se me enfaden, que cierro el grifo.

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Colocación e impacto de Tata Camelot sobre el Capitolio.

Chandigarh, la ciudad, ha creado territorio. Tejido. Lo ha creado, lo ha estructurado y lo ha gobernado. Tata Camelot nace con voluntad de ghetto. Es la antiurbanidad. Es el Comité de Empresa de la India, finalmente construido.

De ha impulsado una campaña de recogida de firmas(23) contra este hecho. Si estáis interesados podéis firmar aquí.

CODA: el patrimonio moderno en el mundo.

En el primer tercio del siglo XIX se empieza a usar el hormigón armado en Francia. En 1887, el mismo año que nace Le Corbusier, se construye en Inglaterra la primera casa de hormigón prefabricado. El movimiento Arts & Crafts y, singularmente, el arquitecto Richad Bailie Scott lo usarán intensamente, convirtiéndose en sus apóstoles. El siglo XIX es también el de la construcción en hierro: ingenieros como Eiffel o Labrouste así lo confirman(24). Las arquitecturas producidas de este modo en esta época presentan dos características importantes a tener en cuenta: la primera de ellas son los préstamos formales históricos. Eiffel trabaja con arcos de medio punto, no tan optimizados a los esfuerzos de sus estructuras como, pongamos, los arcos catenáricos o los hiperbólicos. Y lo hace porque estos arcos, perfectamente calculables por otro lado, tienen una tradición histórica que los primeros no tienen. Su pensamiento ingenieril muere a la hora de optimizar las formas: no tiene la formación necesaria para hacerlo(25).

La segunda característica es la artesanalidad de la tecnología empleada: encofrados complejos, estructuras metálicas compuestas in situ a partir de pletinas y perfiles en L, los únicos disponibles en la época. Miles y miles de roblones que otorgan su aspecto característico a las obras.

Gaudí, otro arquitecto que no dudará a usar el hormigón cuando le convenga, hablará ya de la dificultad de conseguir la mano de obra que le interesa: sabe que se acerca un cambio de paradigma. Lo intuye e incluso lo llega a prefigurar(26).

El cambio llega con el Movimiento Moderno, que nace como un cambio de paradigma consciente con más respeto, o con más inercia, respecto de la historia de la que sus impulsores están dispuestos a admitir. O a admitirse. Las referencias se amplían: no son ya sólo históricas. También son naturales. Matemáticas. Biológicas. Primivas(27). Es, sobre todo, un nuevo lenguaje. Un nuevo signo de los tiempos. Abstracto. Duro. También sensual.

El Movimiento Moderno pone énfasis en el procedimiento. En el proceso. En el intelecto. La mano, en un primer momento, queda descartada. Nada se puede tocar directamente. Se rompe con la perspectiva y su jerarquía visual. El Renacimiento se ha terminado. El Movimiento Moderno es un salto al vacío. Los encargos se amplían y diversifican. El modelo del arquitecto cambia radicalmente. La construcción se torna infinitamente más compleja. Entran los parámetros sanitarios, el confort.

Todo esto todavía no se ha digerido. Sencillamente, la sociedad todavía no ha superado el siglo XIX y su pasión por la artesanía(28). Las obras modernas, incluso las más relevantes, van cayendo una tras otra, negándonos uno de los patrimonios más importantes que el siglo XX ha legado a la humanidad. Obras de Paul Rudolph, Wright, el mismo Le Corbusier, Fisac, de la Sota, Coderch e incluso Enric Miralles, entre muchos otros, demasiados otros, han sido derribadas o irremediablemente mutiladas. Educar en el respeto en lo que ya es una parte importante de nuestra historia es un hecho imperioso antes que ésta no sea borrada, vulgarizada y convertida en un juguete a mayor gloria de la especulación de empresas como Tata. De todas las Tatas del mundo.

(1) De hecho, tiempo geológico ha, la India formaba el extremo sur de África. Un cataclismo la despegó y fue derivando por el Océano Índico, formando su dorsal, hasta chocar contra Asia. El resultado de esta hostia de proporciones planetarias es la cordillera del Himalaya, de nueva creación, considerada en tiempo geológico, claro, que contiene las montañas más altas del planeta: es lo que sucede cuando chocan dos masas de tierra de esta magnitud.
(2) El año de la independencia de Israel y Palestina, también. Otro proceso descolonizador que llevó asociada la partición del territorio y el surgimiento de un conflicto todavía vigente.
(3) Es clave recordar el papel del abogado Muhammad Alí Jinnah, némesis de Gandhi y Nehru, que, desde su exquisita educación británica, y sin hablar una palabra de parsi, será el artífice de la creación del Pakistan, considerado por sus promotores como garante de la dignidad de los musulmanes indios.
(4) Dos en 1947. El Pakistán nace como un país partido en dos mitades desiguales unidas por un puente aéreo ubicadas en las dos partes del territorio con más presencia musulmana en los extremos este y oeste. El extraordinario desbarajuste logístico que significa organizar un país así lo partirá en dos sobre 1970, cuando el este se escinde y se transforma en Bangla Desh.
(5) En este caso la población no se encuentra distribuida territorialmente, sino mezclada. Así que la partición originará dos migraciones paralelas. Miles de personas se verán desplazadas. Los conflictos entre las dos columnas de refugiados, que a menudo correrán juntas en sentido opuesto separadas por tan sólo unos centenares de metros, supondrán miles de muertos y una herida abierta hoy en día.
(6) El conflicto llega, incluso, a la bandera del país. Gandhi quiere colocar una pequeña y humilde rueca frente al símbolo solar que se terminará imponiendo, y llega a amenazar con su enésima huelga de hambre de no conseguirlo.
(7) Con la consiguiente ventaja para la gente educada en el país, que dispone de este idioma a un nivel casi natal en su educación básica.
(8) Adicionalmente, la amistad y la estimación que Lady Mountbatten profesaba a Gandhi (mutua, por otro lado) evitará al país más de un conflicto interno grave.
(9) Cosa que, curiosamente, sí solían hacer los arquitectos de la Metrópolis, lo que les atorgaba un plus de sensibilidad cultural bastante interesante.
(10) Pierre Jeanneret está, en ese momento, cansado e irreconciliablemente peleado con Le Corbusier a causa de su papel en la Segunda Guerra Mundial: mientras Jeanneret habrá colaborado activamente con la resistencia, Le Corbusier se habrá exiliado interiormente, esperando su momento y, esencialmente, actuando como si el conflicto no fuese con él. Aceptará el trabajo por hambre, produciendo un resultado absolutamente excepcional.
(11) Aquellas tiras verdes tan orgánicas que recogen la trama urbana y se orientan, cómo no, al Himalaya.
(12) Presumiblemente Nehru lo contrató para que hiciese algo así más que no para que pusiese cuatro arbolitos en una vía verde. Que los arquitectos hacemos monumentos, caray.
(13) Que culmina buena parte de lo que había propuesto a lo largo de toda su vida. Un día escribiré un artículo sobre el tema, prometido.
(14) Que constituyen, arquitecturizados en forma de plaza, o de algo parecido a una plaza, el centro de Brasilia, por ejemplo.
(15) Y, tras suyo, bien apartadito, que no estorbe, el Secretariado con esa pinta fantástica de Unité pasada de vueltas.
(16) Lo pillas, lo pillas?
(17) Una vez definidos los edificios moverá el suelo en medio de los mismos: la Fosa de la Consideración, la estupenda Torre de las Sombras o el Monumento de la Mano Abierta, en realidad el perfil de las montañas de delante de la casa de su madre transformados en un fabuloso símbolo de paz, muy superior, por cierto, al sugerido por Gandhi, otro señor que creía poco en la democracia: quiso derrotarla a base de huelgas de hambre.
(18) Es un secreto a voces que las grandes corporaciones niponas, las madres de las otras, disponen de planes de contingencia para belicizar buena parte de su producción en caso necesario.
(19) Y no hay que olvidar lo que puede significar familia en la India. Lo que, unido a la polarización extrema de la sociedad, lleva al extremo de que alguna de las viviendas unifamiliares más grandes del mundo estén ubicadas allí. En Mumbai, sin ir más lejos, hay una que ocupa un rascacielos entero, Literalmente, Eh, y que no es un mal proyecto.
(20) Por ejemplo, la irrupción en el mercado europeo de Tata, perfectamente comprensible desde un punto de vista estrictamente liberal, ha sido frenada en virtud de no sé qué pactos de estado. Y es que su automóvil estándar comercializado a dos o tres mil euros podría hundir el mercado automovilístico local. Se pactan compensaciones y a correr.
(21) Con dos cojones. Escribí algo sobre el mito de Camelot el año pasado.
(22) Sutilez: el Palacio de Justicia quedará pequeño rápidamente. Le Corbusier propone una ampliación por módulos cuadrados que se van adicionando por su diagonal, un sistema usado luego intensamente por su excolaborador Rogelio Salmona en su Colombia natal, por cierto. La discreción del edificio es tal que mucha gente ni tan sólo sabe que ha sido ampliado por el arquitecto.
(23) Uy, sí, mirad como tiembla Mr. Tata. Aunque nunca se sabe.
(24) Obviamente no son casos aislados.
(25) La estructura portante interna de la Catedral de San Pablo, en Londres, barroca, calculada por Hooke y Wren, arquitectos y matemáticos, sí será parabólica. Demasiado temprano como para terminar por plasmarlo formalmente, pero ya es un paso importante que Eiffel no tendrá en cuenta.
(26) Buscad información sobre su propio taller en la Sagrada Familia, quizá su mejor edificio, incendiado durante la Guerra Civil, y flipad.
(27) Es una época rosseauniana. El Buen Salvaje no contaminado es la clave. De aquí intereses por África i viajes a oriente, por ejemplo.
(28) Sólo cuenta lo que es grande o lo que es extravagante. Y así es como se ha forjado el mito popular moderno. Nada más. Por desgracia.
(29) Cuando fueron a quejarse a los promotores por la desgracia arquitectónica que supone la intervención, éstos contestaron que no podían quejarse de nada, ya que las torres son verdes. Tal cual.

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2 respuestas a La privatización de la democracia

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