La máquina humana

(A Josep Lluís Mateo, que donde pone el ojo pone la bala)

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Hacia el final de la década de los sesenta, dos estudiantes del Conservatorio Robert Schumann de Düsseldorf, Florian Scheneider y Ralf Hütter, forman Kraftwerk, grupo heredero de toda la corriente de experimentación que revolucionaba los conservatorios clásicos alemanes en aquellos años. Los fundadores daran la vuelta a todo lo aprendido en sus años de formación formando un puente extraño entre la música clásica y la música popular a través de un artificio que liga inextricablemente la puesta en escena con la forma musical. La inspiración inicial de Kraftwerk descarta completamente la idea del artista romántico en favor de la idea de la cadena de montaje musical. El grupo saltará al escenario con traje y corbata, peinados como un oficinista, en actitud hierática, cada intérprete tras una consola exactamente igual a la de su compañero, que esconde los instrumentos(1), todos ellos electrónicos. Kraftwerk(2) será uno de los grupos pioneros en la digitalización de la música, decisión que sobrepasa en mucho la pura formalidad.

La tecnología digital reduce la información a un flujo discreto de ceros y unos, información en estado puro que tanto puede pertenecer a una canción como a los Presupuestos Generales de un estado cualquiera como a un vídeo pornográfico, la página de un periódico o una secuencia de comandos para detonar un mísil nuclear estratégico. La tecnología digital, pues, es un intermediario pasivo entre un emisor y un receptor universales, abstractos, independientes de su actividad: el medio ya no es el mensaje(3). Kraftwerk rechazará esta idea de intermediación del único modo posible: si el vehículo sonoro primario son ceros y unos(4) el intérprete se ha de convertir en una máquina. Kraftwerk querrá ser(5) una mente-colmena, un centro de cálculo. Un algoritmo. Incluso la voz solista de Ralf Hütter, un cantante bastante dotado, será procesada mediante un vocoder(6). Los instrumentos digitales, adicionalmente, presentan una característica seminal que cambia la música de paradigma: son programables en forma de secuencias de sonido repetidas ad infinitum (los llamados loop) que, moduladas en bloque o, sencillamente, no moduladas en absoluto, forman la base de las canciones. El loop atenta frontalmente contra el carácter lineal de la música clásica, se entronca con las músicas sacras, con la música popular o con las músicas orientales. El loop se mete en el cerebro del oyente por inmersión, sin requerir de la atención constante que demanda la música clásica(7). El loop rompe, adicionalmente, la idea del single que hasta entonces dominaba el mercado. La duración estándar de una pieza de Kraftwerk cuadriplica o quintuplica este formato y lleva al grupo a fijarse en el formato LP(8), abriendo la posibilidad a los discos temáticos.

El sonido del loop es más versátil y democrático que el de una orquesta: diseñado para ser grabado y amplificado, los auditorios podrán ser mayores y no requerirán de un espacio tan específico y caro de alquilar como un auditorio convencional. Los instrumentos son más baratos. Su reproducción en disco, más fiel: es música para ser distribuida en masa sin la menor pérdida de calidad.

En 1978, Kraftwerk, ya en la cima de su prestigio, edita Die mensch machine(9). En el disco aparece la canción Das Model, lo suficientemente corta como para ser editada en formato single, que llegará a número uno de ventas en Alemania y la Gran Bretaña(10). Das Model está compuesta por Ralf Hütter y Florian Schneider. La artista plástica Emil Schult pondrá la letra, que describe la historia de una supermodelo vista por un ex que no sabe si tiene o no ganas de recuperarla. No es una gran letra, lo que redunda en favor de la música, único agente transmisor de emociones. Su estructura musical es muy básica(11): un loop arpegiado tónica-dominante-tónica(12) en A- con un puente en C+ que lleva a un acorde E+ que liga con el tono principal como su dominante mayor. Ninguna otra variación. Principio de la canción-on, final de la canción-off. Sobre esta estructura, Ralf Hütter canta una melodía tan repetitiva y plana como la propia base armónica y los teclados, en contrapunto, matizan la melodía. Las percusiones, en compás binario, están programadas. El resultado trasciende completamente esta interpretación aparentemente banal, y se convierte en una canción rápida dotada de una profundidad sonora sorprendente. Mil detalles la animan, y el grupo será lo suficientemente hábil como para culminarla con una nota sostenida durante tres ciclos enteros, como una especie de queja final: no es necesario ningún solo virtuoso. Tan sólo pulsar una tecla durante el tiempo suficiente. El contraste entre el ritmo animado y el tono menor hace el resto.

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Kraftwerk, en concierto a principios de los ochenta

Catorce años más tarde, en 1992, Das Model será versionada por el violinista Alexander Balanescu con su grupo de nueva creación, el Balanescu Quartet, en su disco de debut Posessed, dedicado íntegramente a Kraftwerk. Balanescu es, como Hütter y Schneider, un músico de conservatorio, ocho años más joven que ellos. Violinista virtuoso formado en Rumania, de donde es oriundo, Tel Aviv y Nueva York, a los veintiún años será el líder de la orquesta de Michael Nyman, con quien girará durante lustros. Nyman, rendido a su modo de interpretar, compondrá sus cuartetos de cuerda expresamente para él. Pero Balanescu no se parará ahí y romperá fronteras entre géneros, en su caso como intérprete, colaborando con músicos de la talla de David Byrne, Blixa Bargeld(13), Alison Goldfrapp, Philip Glass o John Lurie.

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Alexander Balanescu, por Julia Kresch

El último Alexander Balanescu es hijo del ordenador portátil y el programa ProTools. De los micrófonos baratos. Del fin de la dictadura del estudio de grabación y, en suma, del ancla a un espacio dotado de largas listas de espera y un tiempo de alquiler entre muy caro y prohibitivo, que deja sólo capacidad para grabar a los músicos soportados por una gran infraestructura. Así, para Balanescu las condiciones iniciales para enfrontarse a una grabación han cambiado: el Balanescu Quartet puede grabar discos con calidad profesional literalmente en el comedor de casa, o en la suite de un hotel. O, ya puestos, en un centro cívico público(14).

Das Model será el tema estrella de Posessed. El Balanescu Quartet la suele interpretar recurrentemente en sus conciertos, grabados a menudo en video. El cuarteto ejecuta los loop a mano(16), repitiéndolos con sus instrumentos mientras Alexander Balanescu ejecuta la línea melódica con su violín(17). El cuarteto no es una máquina. Ni lo es ni quiere serlo. La interpretación, por mecánica que se quiera, está sujeta a variaciones de intensidad, de tempo, de textura. Puede sonar diferente de concierto a concierto. El propio Alexander Balanescu interpreta la línea melódica usando a fondo su virtuosismo para distorsionar el sonido, casi como si simulase el paso de un violín por un amplificador de guitarra, tan sólo con sus manos y su arco. La interpretación es voluntariamente tosca. Fuerza errores(18), lleva el violín al límite de sus posibilidades expresivas y, en suma, da completamente la vuelta al estilo expresivo de Kraftwerk. A una interpretación aparentemente fría se corresponde otra de una calidez, de una pasión, de una emotividad que quiere arrastrar al espectador conscientemente.

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El Balanescu Quartet

El Balanescu Quartet es un grupo de artesanos de la música: instrumentistas virtuosos, versátiles tanto en temática como en repertorio. Su música es hija de la anécdota, de la versatilidad. De la emotividad, de la variación: música hija del Romanticismo, del autor. Música para ser representada, música de luz blanca en el escenario que permita observar, sin pirotecnias extrañas, las manos y las caras de los instrumentistas. Música de auditorio y de entrada cara. Matizada, eso sí, por el hecho que el grupo acostumbra a usar amplificación en sus conciertos, aprovechando la tecnología de sonorización disponible en el mercado. Lo que permite ampliar un poco, pero sólo un poco, el aforo y la versatilidad de los auditorios.

Kraftwerk, en cambio, son hijos del estudio. De los conciertos multitudinarios. De la puesta en escena, de los grandes estadios. De la producción en serie, de la copia, de los instrumentos baratos. Del concepto. No se trata tanto de comparar músicos como maneras de entender la producción musical. Se objetará con razón que tan complicado resulta extrapolar un modelo musical como el otro. Se objetará, también, que los instrumentos usados por Kraftwerk casi desde el principio son tan artesanales como los usados por Balanescu: sintetizadores, vocoders y mesas mezcladoras fabricadas ad hoc. Se objetará, también, la exquisita formación de conservatorio de Kraftwerk, grupo formado por dos personas con una educación y una cultura(19) muy superiores a la media. Lo que es indiscutible, sin embargo, es la diferencia de confianza en la artesanía de los dos grupos. Lo que es indiscutible, sin embargo, es el precio actual de un violín de calidad respecto de un ordenador portátil de poco más de trescientos euros con el que, actualmente, es posible reproducir el 99& del sonido de Kraftwerk en serie. No se trata tanto de primar un modelo sobre otro como de reflexionar sobre los potenciales de los dos: en un país bien formado musicalmente se puede pensar fácilmente en producir muchos Balanescus y en hacer viable una artesanía de calidad. Los medios propuestos por Kraftwerk, haciendo buenas sus intenciones iniciales, están al alcance de una buena parte de la población mundial. Lo que esto significa, y la relación entre los dos modelos, así como las posibles implicaciones que una posible transposición directa a la arquitectura implica, quedan a criterio del lector.

Enlace a Das Model interpretada por Kraftwerk

Enlace a Das Model interpretada por el Balanescu Quartet

(1) Hasta que se hicieron fabricar consolas integradas a medida, momento en que la puesta en escena puede cerrar el círculo.
(2) La propia escena musical alemana propiciará una escisión temprana del grupo, y dos de sus componentes iniciales, Michael Rother y Klaus Dinger, formarán Neu! poco tiempo después de los primeros ensayos de Kraftwerk.
(3) Marshall McLuhan escribió exactamente lo contrario. El arquitecto Miguel Villegas es quien dio la vuelta a la frase, y yo quien tardé cuarenta y ocho horas en empezar a entenderlo.
(4) Pensemos, y es importante, que estamos en plena era analógica: las grabaciones se realizan en cintas de máster multipista, se mezclan artesanalmente y el sonido pasa, sin ningún tipo de transformación ni compresión, a ser impreso en un disco de vinilo o en una cinta de casete. La completa digitalización del proceso era, en esos años, ciencia ficción.
(5) Es decir, representará.
(6) El vocoder nace como un medio de comprimir digitalmente la voz humana desarrollado por Bell. La idea es extraer de la voz toda la información prescindible para que ésta ocupe el menor ancho de banda posible y, así, se pueda dotar de mayor número de líneas las ya colapsadas centralitas de los años treinta. El resultado final, suficientemente conocido para el gran público, robotizará la voz y la desnaturalizará completamente al prescindir de sus armónicos naturales. Será a posteriori (gracias, entre otros, al propio concurso de Kraftwerk, que se los hacía fabricar a medida) que se descubrirán sus posibilidades como instrumento musical.
(7) Finalmente, un recurso de clase: la música clásica es hija de auditorios sonorizados sin micrófonos donde se demanda atención y concentración constante a un público que considera una cuestión de prestigio entender el recorrido mental del compositor que ofrezca una pieza diseñada para ser escuchada en exclusiva, con atención y esfuerzo. O, como mínimo, para que lo parezca. Su dificultad de ejecución requerirá de orquestas muy caras mantenidas por entradas más caras todavía y subvenciones, muchas subvenciones: la apariencia y el prestigio social han fijado un paradigma muy difícil de cambiar.
(8) Recogiendo la herencia de los últimos discos de los Beatles, de grupos como Pink Floyd, Soft Machine o de músicos como Franz Zappa, que ya habrá sacado al mercado su disco unitario Lumpy Gravy.
(9) La Máquina Humana.
(10) Toda religión debe de tener una meca, y la Gran Bretaña es quien decide quién es quién en el mundo de la música: Londres, Bristol, Manchester, Liverpool, Birmingham, Glasgow, Brighton, Belfast. Cada ciudad tiene por sí sola una historia musical más rica que la de muchos países enteros.
(11) Escribo los acordes a la inglesa. A es la nota la. Cada nota, una letra hasta el sol, que es una G. La B es un si natural (en notación alemana, un si bemol). El + ó – al final de cada letra la transforma en un acorde mayor o menor, según el caso. Cuando los acordes son de séptima o de novena, lo que no es el caso de este artículo, se indica con un número. Los acordes superpuestos al texto en verso de la canción son la notación básica (y la única requerida el 99% de las veces) del mundo pop y rock.
(12) Las notas, o los acordes, se cuentan a partir del todo de la misma. La dominante es la quinta, que en el caso de la menor corresponderá a mi menor. La sensible es la séptima y sólo suele usarse en los tonos menores. La tercera es la tercera, sin ningún otro nombre, y estos números corresponden a las combinaciones de notas que suenan más agradables al oído humano.
(13) Con quien ha hecho un trabajo impresionante en su penúltimo disco, Still Smiling(2013), firmado a medias con Teho Teardo.
(14) El músico Quimi Portet me contó, como ejemplo de cómo han cambiado las técnicas de grabación, que ha grabado sus últimos discos con las ventanas de su estudio abiertas. Hace pocos lustros la sola presencia de una ventana (abierta o cerrada) en un estudio de grabación era considerada un anatema.
(15) Bajo su título inglés The Model. Kraftwerk edita, desde muy temprano, versiones en alemán y en inglés de sus discos. En este artículo he usado los nombres en alemán porque las composiciones se realizan originariamente en este idioma.
(16) Lo que podemos llamar falso loop. Tom Waits basa toda la estructura musical de su disco Real Gone en el falso loop.
(17) Existe una versión en directo, muy inferior, en que David Byrne canta la letra sobre la versión del Balanescu Quartet reforzado, en este caso, con dos músicos adicionales. El virtuosismo vocal, el sentido de la ironía y el carisma de Byrne van a favor de la canción. La ambigüedad de los arreglos, sin embargo, le quita mucha intensidad.
(18) La historia de los errores forzados, o encontrados, en el mundo de la música es muy potente. La voz al principio de Sweet Home Alabama, de Lynyrd Skynyrd, es una instrucción que Ronnie van Zandt, el cantante, da al técnico de sonido sin saber que el micro está abierto. En el disco Made in Japan de Deep Purple el guitarrista Richie Blackmore se equivoca en el riff inicial de Smoke on the Water. Muchas interpretaciones de las dos canciones recogen y ejecutan expresamente estos errores como parte integrante de la canción.
(19) Cultura general. Kraftwerk es producto de una serie de reflexiones intelectuales radicales sobre la música y su historia al alcance de muy pocos. Aunque también son un modelo seriable.

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