La casa de los sueños de otro 1/3

Hace unos meses, la inmobiliaria Solvia, ligada al Banco de Sabadell, convocó un concurso que llevaba por título Bienvenido a casa para sondear a los arquitectos sobre el estado de la cuestión en materia de vivienda.

La mecánica del concurso ponía de manifiesto las intenciones de su promotor: no se trataba tanto de abrir un abanico de posibilidades, una matriz que permitiese reflexionar de un modo estructurado sobre el tema, como de una gran operación comercial en que la zanahoria (uno, y sólo uno, jugoso premio en metálico acompañado de unos pocos finalistas) remitía a una promoción explosiva, instantánea, de esas que promete una buena ceremonia de entrega de premios y una nula reflexión posterior antes que un proceso más maduro pero menos espectacular en que la materia se pudiese estudiar con la intensidad que merece.

Este artículo propone una serie de reflexiones sobre la vivienda que parten de las que proponía el concurso para incidir en lo que éste olvida, desprecia o ignora para, al margen de eslóganes y pirotecnias comerciales, plantear algunos temas de reflexión.

1.- Sobre el promotor del concurso.

Solvia es una entidad separada del Banco de Sabadell que se ocupa de su división inmobiliaria. Esta separación es indicativa del modo de pensar del propio banco y de cómo éste trata la arquitectura. Cuando ésta es de consumo interno el banco la suele cuidar y mimar bastante. Sus oficinas centrales de Sant Cugat de alojan en un complejo muy interesante construido en dos fases, la primera por Jaume Bach y la segunda por Jaume y Eugeni Bach. Las oficinas de atención ciudadana se deben a un libro de estilo redactado por Josep Lluís Mateo, que también se ocupa de algunas oficinas singulares. En Can Dragó existe una torre de oficinas del grupo de los arquitectos Brullet/ de Luna, de largo la mejor intervención de la zona.

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Bach arquitectes: Sede del Banco de Sabadell en Sant Cugat. Foto: Adrià Goula.

Cuando la arquitectura se hace para vender pierde toda intensidad y todo cuidado. El grueso del parque de viviendas promovido por Solvia es anodino. De un modo demasiado recurrente como para que el hecho sea casual la empresa hace una cosa peor que mala arquitectura: hace arquitectura mediocre. La mala arquitectura puede tener intención e incluso personalidad. Puede ser un monumento al ego, puede ser producto de una cadena grave de errores, de la corrupción o de la estupidez. Pero pocas veces es neutra. Obviamente ni la defiendo ni la elogio. Tan sólo constato que la mala arquitectura puede ser la cara B de lo que conocemos o valoramos como buena, o interesante, si se quiere. Las promociones de Solvia(1) son de una perfecta mediocridad. No se distinguen entre ellas. No se reconocen. No tienen personalidad. No tienen intención. Ni tan sólo son neutras: son anodinas(2).

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Edificio de viviendas promovido por Solvia que aparecía en la portada de su web el 09-01-2015.

Esta mediocridad que algunos encontramos insultante tiene un efecto psicológico obvio en quien intervenga en la transacción. Proporciona tranquilidad. Calma. La tranquilidad del comprador, que acepta un modelo no tan sólo de vivienda, sino muchas veces de vida, sin cuestionárselo ni reflexionarlo. Que acepta, como reflejo de esto, una vivienda prêt-à-porter y, podríamos decir, prêt-a-habitar de un modo automático y acrítico. Para entender esto describiré los tres agentes implicados.

La rueda comercial empieza a girar por el vendedor, que usa modelos probados, bien resueltos constructivamente, que no darán problemas excesivos en un futuro: promover y tirar. La responsabilidad de este despropósito, sin embargo, no es atribuible tan sólo a los promotores. Es triple, y vale la pena analizarla.

a) El promotor

La promoción era, y, si se sigue realizando con cuidado, es, un trabajo que proporciona réditos económicos entre razonables y muy buenos. Ninguno de ellos se ha invertido en I+D. La promoción de vivienda es una de las disciplinas más conservadoras que conozco. Lo que era cierto especialmente antes de la crisis, cuando el dinero corría y nadie, absolutamente nadie, quería arriesgarse con él. Se hacía y se vendía. Se vendía cualquier cosa. Se vendía todo. Y este todo era un único modelo que iba degenerando cada vez que surgía una mínima dificultad para aplicarlo acríticamente, debido a que no había voluntad de cambio ni flexibilidad. Hace falta entender, también, que si se vendía todo es porque alguien lo compraba, y aquí es donde entra el segundo agente.

b) La sociedad

Representada, en este caso, por la clase media, la más desarrollada antes de la crisis, ahora en franca recesión, que, de un modo mayoritario, escogió invertir antes que vivir. Incluso cuando se trataba de una primera residencia. El panorama estaba suficientemente estudiado, pero tampoco hacía falta demasiado para darse cuenta de que cómo iba: los precios iban subiendo, y no se compraba fijándose en el valor actual de una vivienda, sino en el que se especulaba que podía llegar a tener. Para, acto seguido, seguir inmerso en esta rueda. Hasta que paró.

c) La administración

Que negligió su papel regulador. Hizo poco y lo hizo mal, fuese por creer ciegamente en este modelo desesperado, fuese por corrupción estructural, fuese por estupidez. La administración no equilibró la balanza. No promovió ningún experimento. No promovió ninguna reflexión. Se limitó a sobrenormativizar el panorama (lo que se analizará posteriormente) esclerotizándolo, reduciéndolo hasta que todo lo que se promoviese fuese la parodia de un único modelo. Insistiendo en él sin cambiarlo. Dejando hacer y mirando hacia otro lado. Y, en el peor(3) de los casos, llenándose los bolsillos.

d) Los arquitectos

Que tiraron la toalla. Como mucho, y para pocos, para muy pocos, el campo de experimentación fue la vivienda unifamiliar aislada para gente más o menos pudiente, con cultura suficiente como para entender qué se proponía. Aunque lo más común es refugiarse en el formalismo. Una vivienda interesante es aquella que tiene una fachada interesante. La reflexión urbana, la tipológica, la estructural, la tecnológica, quedaron negligidas o relegadas a posiciones marginales: como mucho se insinuaban, o eran seguidas sin medios por algunos arquitectos voluntariosos que, como mucho, podían llegarlas a proponer si quedaban disfrazadas de la más pura convencionalidad, sin poder hacer bandera de ellas(4): la arquitectura se identificaba, en el mejor de los casos, con la decoración, con ejercicios combinados de interiorismo y exteriorismo. O volvía a la Tumba y el Monumento.

Todo esto no era gratuito. Lo que estoy describiendo no es un cúmulo de despropósitos. Lo que estoy describiendo es una cadena de decisiones consciente y meditada que permitió hacer de la vivienda lo que era antes de la crisis. Lo que sigue siendo ahora. Y, por descontado, lo que Solvia sigue buscando: una moneda. Una moneda de curso alegal que se pueda cuantificar fácilmente. La descripción y formalización de un modelo mediocre y gris tiene como objeto estandarizar la vivienda para hacerla fácilmente comparable e intercambiable. Como un billete. Como una moneda física, espacial, donde puedes entrar y por la que te puedes pasear. Donde puedes dormir. Sólo se admitían, o se admiten, dos variables: el tamaño y la zona. A mejor zona y mayor tamaño, más precio. Las diferencias quedan fuera del mercado, incluso si éstas(5) revalorizan la vivienda.

Esta es la realidad: la vivienda era, o es, un valor de cambio. Y la arquitectura, el confort, el hedonismo, la intención, la personalidad, quedan descartados. No venden.

El objeto del concurso, pues, no era darte la bienvenida a casa. No era encontrar una vivienda adecuada. El objeto era encontrar la siguiente tipología susceptible de convertirse en aquél modelo mediocre o mediocrizable(6) que pueda servir de moneda. Porque, no nos engañemos, los propósitos del concurso no pretendían variar la manera de trabajar ni el modelo de negocio: no se contemplaban parámetros clave, sobre los que incidiré posteriormente, aunque la propuesta ganadora, de los arquitectos Gonzalo Gutierrez y Adrià Escolano, un proyecto ciertamente interesante, sí incide en algunos temas calientes.

Informe de Solvia sobre la vivienda, base de su concurso Bienvenido a casa.

(1) Y no sólo las de Solvia. Este panorama es común a cualquier promotora ligada a un banco, y el grueso de las independientes. Si hay excepciones a esto las desconozco completamente.
(2) Y soy consciente que ya he usado esta palabra. No creo que sea la última vez que salga.
(3) Y común, demasiado común.
(4) Sería el caso, por ejemplo de la Illa del Cel de Clotet-Paricio en Diagonal Mar: la vivienda es un espacio virgen, servido por un acceso y una fachada de tres metros de grueso formada por una línea de ventanas industrializadas que contenía la estructura, una terraza y una protección solar exterior. Todo esto se disfrazó y vendió con una distribución burguesa, anodina, convencional, odiada por los propios arquitectos que la propusieron, aunque, dentro de los parámetros mediocres que la habían inspirado, estaba resuelta con eficacia, incluso con brillantez.
(5) Como pasa en algunas de eso que llamamos autor.
(6) Vulgarizable, de nuevo, hasta la parodia.

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2 respuestas a La casa de los sueños de otro 1/3

  1. Daniel dijo:

    estuve pensando en presentarme a este concurso y, tras un par de ratos pensando en ello, lo único que se me ocurría era entregar un texto en el que explicar que lo que hace falta, precisamente, es dejar de modular y estandarizar soluciones. Si hubiera podido, mi propuesta hubiera sido este texto que has escrito.
    “Promover y tirar”, qué dardo!

  2. Iago López dijo:

    Interesante artículo! Por poner una pequeña nota de esperanza, sí existen algunos promotores “ilustrados”, como Otero Pombo (en Santiago de Compostela) y sus interesantes promociones con Víctor López Cotelo.
    Saludos y enhorabuena por el excelente blog!
    Iago López

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