Joan Colom, in memoriam

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Joan Colom fue el fotógrafo de la Rambla de Barcelona. De todas la Rambla. De la Rambla(1) física, de la Rambla humana. De la Rambla pasada y de la Rambla presente.

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Esto toma una relevancia especial hoy en día en virtud de dos hechos:

El primero de ellos es el atentado que sufrieron recientemente. La Rambla es una de las calles más famosas del mundo, un punto de encuentro que forma (o ha formado) parte del imaginario colectivo de todas las generaciones de barceloneses desde, pongamos, 1850. Como tal la Rambla es (y, por desgracia, seguirá siendo) un punto de mira para el terrorismo por ser una de las calles que mejor reflejan nuestro punto de vista con todos sus pros y sus contras. No se pueden contar la Rambla mejor que recordando a Rosa Maria Sardà recitando un monólogo de La Rambla de les Floristes, de Josep Maria de Sagarra, por las múltiples capas del gesto: la de la bellísima obra aludida, la de la actriz usuaria del espacio, la de la valentía de congregar a decenas de miles de personas en el lugar pocas horas después de un atentado.

El segundo hecho es la noticia reciente de la reforma de la Rambla por parte de un equipo multidisciplinar liderado por Itziar González llamado Kilómetro Cero. El equipo cuenta también con las arquitectas Olga Tarrasó y Lola Domènech(2). Buena noticia: sucede demasiado poco a menudo que los encargados de un proyecto de esta magnitud sea un equipo comandado exclusivamente por mujeres. Del proyecto, sin embargo, no ha trascendido ningún detalle si exceptuamos tres secciones a escoger por noséquien que, sin estar bien ni mal, dejan el campo abierto-demasiado-abierto de momento (tanto, que, de hecho, no puedo decir nada más): no hay noción de materialidad, ninguna idea fuerza, ninguna información que permita hacerse una idea del proyecto. Esperemos y veamos.

Lo que más ha trascendido de la obra de Joan Colom es su compromiso. Compromiso de toda una vida registrando la Rambla, desde la postguerra hasta 2010 o quizá más allá.Ccompromiso por visibilizar lo que podríamos llamar la cara B de este espacio. La vida en sentido amplio. Lo que ha hecho de esta calle lo que es. Colom dio visibilidad a quien no la tenía. Colom dio visibilidad a quien no se podía defender. Colom dio visibilidad a los espacios que colgaban de la Rambla convirtiéndose también en el fotógrafo de lo que entonces se llamaba el Barrio Chino(3).

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Y más: Joan Colom captó la belleza oculta en todas estas situaciones. La belleza de la deformación. La belleza de lo grotesco. La belleza del cuerpo extraño, chocante, fuera de lugar.

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Este es el Joan Colom que se hizo famoso.

Pero hay otro inextricablemente ligado a este, otro Joan Colom que es el que me gustaría reivindicar aquí: el Joan Colom artista.

Fijémonos en sus procedimientos. Muchas culturas ancestrales (me vienen a la cabeza los aborígenes australianos o los indios norteamericanos) se negaban a ser fotografiadas bajo la acusación de que las fotografías robaban el alma del fotografiado.
Este hecho es cierto. Una buena fotografía roba el alma de la persona fotografiada y la plasma sobre su soporte. Es exactamente esta la definición de lo que sucede en una imagen contundente.

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El Gran Jefe Toro Sentado, inmortalizado en el sentido literal de la expresión: aquí está su alma.

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Henri Cartier-Bresson (otro grande) robando almas en la India. Según Salman Rushdie, después de fotografiar allí se retiró: se había ganado el derecho a perder intensidad.

Joan Colom hacía exactamente esto.
Joan Colom fotografía escondido. Joan Colom tiene una de sus cámaras trucada para que el objetivo se desplace lateralmente y dispare de lado. Joan Colom se esconde otra cámara compacta en la manga de la americana y dispara de espaldas. Joan Colom mira de reojo. Joan Colom es el fotógrafo que ni quiere estar(4).

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Joan Colom es, consecuentemente, el fotógrafo de la postproducción. Puntos de vista siempre bajos por la posición de la cámara. Revelados muy contrastados y granulados. Reencuadres hechos en el taller.
Joan Colom fotografía por aproximación.
La inspiración de su trabajo es, pues, el proceso. Capturar. Revelar. Reencuadrar. Ya no es aquello de que la inspiración te ha de llegar trabajando. Es que la inspiración es el trabajo.
Así de frágiles son sus fotografías. Y así de potentes: los resultados han de ser consistentes después de muchas capas de trabajo. La foto es una lucha laboriosa.

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Fotografías antes y después de ser reencuadradas.

Y más: Joan Colom es el fotógrafo que da sentido a la arquitectura. Os revelaré una interioridad. Cuando, formando equipo con Jelena Prokopjevic y con Isaki Lacuesta, me ocupé del Pabellón Catalán de la Bienal de Venecia 2016 nuestro primer logotipo, el que presentamos a concurso (logotipo despreciado por el jurado del concurso bajo la frase necesitáis un diseñador gráfico(5)) eran los ojos de Joan Colom. Su mirada.

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Y es que las fotos de Joan Colom son fotos de arquitectura. Fotos de arquitectura vivida. Fotos con alma. Fotos que dejan la arquitectura como marco del cuadro. Fotos que la llenan de historias. Fotos que evidencian sus virtudes y sus defectos y las reformas a posteriori y las pintadas y la dignidad.

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Por todo esto Joan Colom murió después de una vida plena dedicada a dar sentido no sólo a la fotografía, sino también a aquello que registraba: la ciudad, la arquitectura y la gente que la hace. RIP.

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Todas las fotos del artículo son, obviamente, de Joan Colom, excepto este último retrato y las indicadas.

(1) Nota a la nota: El arquitecto Enric Massip-Bosch me hace notar que esta nota es errónea al ser La Rambla la denominación oficial e histórica en catalán. Rectifico el escrito. ¡Gracias por la corrección!
(2) Lola Domènech es autora de uno de los mejores, sino del mejor, proyecto de urbanización que se ha hecho en Barcelona desde 1992: la reforma del Paseo de Sant Joan.
(3) Ahora el Raval. Barrio chino, pero nada que ver con que viviesen chinos allí. Hace unos años descubrí que Barcelona había tenido un barrio chino de verdad: la llamada playa de Pequín, ubicada en algún punto entre la Barceloneta y lo que ahora es la Villa Olímpica: barracas colocadas directamente en la arena, periódicamente barridas por las tempestades. Infravivienda tan precaria que fue incapaz de dejar trazas para un colectivo que la ciudad ha decidido borrar de su historia hasta épocas muy recientes.
(4) Y aquí encontraríamos un primer paralelismo con la arquitectura de Eduardo Souto de Moura, el arquitecto que cada vez más no quiere estar. Y con aquello que ya he comentado alguna vez de Shakespeare. Si leéis artículos antiguos aquí un rato lo encontraréis.
(5) Fieles al hecho de que estábamos trabajando en un proyecto público, Jelena, Isaki y yo decidimos organizar un concurso restringido de urgencia para encontrar al diseñador gráfico. Ganó Toormix, el único equipo que no llevó ningún currículo y vino a la reunión con las manos vacías. Y es que proyectar es un hecho oral.

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