Hell’s kitchen


Ultimanente ha medio finalizado, en Sant Cugat, un edificio que ha agotado todos los límites de mi paciencia, toda mi capacidad de tragar mediocridades que estropean las ciudades y las consciencias de sus habitantes, que les roban la capacidad de ilusionarse: Se trata de la ampliación de la Casa de la Cultura.
Mi motivación para escribir sobre ello es el movimiento vecinal que se articula en una serie de artículos, pancartas colgadas en los balcones, conversaciones cazadas al vuelo en los comercios, en terrazas, en la calle.
La Casa de Cultura original es producto de la reconversión en centro cívico de la que fue la primera sede de la Universidad Autónoma de Cataluña. Nunca ha sido gran cosa, grande, tosco , revestido de una cerámica de color anodino, mal entregado con su entorno, pésimo compañero de viaje de un Monasterio que ya de por si torturado y abandonado. El edificio no resiste un reflexión a fondo: sencillamente está allí, siguiendo la mala costumbre que tiene este país en mantener durante treinta años obras que, aparentemente, deberían ser efímeras.
Recientemente este han pretendido dignificar este edificio mediante una ampliación. Inicialmente esta consistía en un acondicionamiento de la parte existente , más una pequeña ampliación (creo) con una única sala, que el edificio principal no tenia, y un espacio adicional pera instalaciones.
El concurso se convocó con muchos medios y se vendió como una buena manera de conducir el edificio al siglo XXI, de consolidarlo con un entorno definitivamente consolidado, vividísimo , centro urbano de una ciudad permanentemente subequipada que se acerca ya a los ochenta mil habitantes.
El resultado final ha sido un fiasco completo y absoluto: un error, una broma pesada. Las ratas han abandonado el barco que se hundía, y se ha vendido como un producto de la incompetencia de unos malos arquitectos. Los concursos pueden ser declarados desiertos. Hay mecanismos de control. Proyectos básicos, ejecutivos. Renders, maquetas, planos. Por tanto, quien no sabe como va un proyecto es porque no quiere. Sencillamente. Si un proyecto de promoción pública fracasa no será nunca a causa únicamente de unos arquitectos, habrá fallado todo el resto de mecanismos de control. Dicho esto, los arquitectos lo han hecho fatal. Fatal del todo. Y su parte de responsabilidad es la que más me interesa. en estos momentos .
Descripción de lo que hay: un edificio a cuatro vientos, aislado en un parque, con espacio a sur (precisamente a sur) para crecer a placer. La Casa de Cultura está totalmente sobreexplotada, con (al azar ) corales confinadas en el subterráneo del edificio , mal ventilado y peor iluminado. Y, con esta situación , se elige ubicar la nueva sala de máquinas en el edificio de nueva planta, a sur , ocupando la nueva fachada del edificio. En la buena orientación. Con vistas al parque. Fachada (la nueva a sur) que se ha decidido 100% vidriada, no sé si por falta de imaginación o por voluntad de exhibición impúdica de toda la maquinaria que hay que disponer . Los espacios hipotecados siguen hipotecados, las condiciones ambientales no mejoran, el cuerpo de nueva planta sobre la mejor orientación se ha dejado como una especie de monumento a unas máquinas que se podrían recolocar dentro de algún ángulo muerto dentro de los muchos que hay dentro del viejo edificio.

Encuentro entre los dos edificios , paneles sandwich, ventilaciones, imprecisiones que no se como resolverán.Edificio antiguo desvirtuado
;”> Y más: el precario vidrio usado de revestimiento no para el sonido (ni por masa ni por colocación, a junta abierta) de manera que hay que aislar la sala de máquinas por dentro, trasdosando el 100% de la fachada con unas potentes paneles sandwich metálicos, preparados para ir a la intemperie , de color incierto porque (se supone ) no deben ser vistos . En la fachada sur se ha dispuesto un juego de texturas con diversas (malas) cualidades de vidrio, quizás compuestas con una cierta gracia, que acaba convirtiéndola en una broma , en un único detalle enmarcado por un magma de decisiones mal tomadas.

Lugar donde debía construirse la nueva sala semienterrada , con una cubierta ajardinada a distancia tensa respecto del entorno. .¿ Y qué pasa con estos pilares ?
La nueva sala (que se ejecutará ) queda de nuevo en el subterráneo: salas de máquinas a sur, vidriadas, monumentales, y espacios de uso sin gracia ni luz natural ni buena comunicación con los accesos, que merece una mención a parte. No se arregla, y, por tanto, se sigue accediendo al edificio por una casi-primera planta, con los consiguientes problemas de accesibilidad e incomodidad.
El encuentro entre los dos edificios come a parte: se conforma disponiendo tangencialmente la piel del nuevo cuerpo contra una tribuna semicircular existente, no demasiado afortunada creo, al menos , dotada de una cierta contundencia geométrica que servia para orientar al usuario hacia el acceso. Los arquitectos consiguen, con su decisión, lo más difícil todavía: empeorar el edificio original y matar la poca gracia que pudiese tener el suyo con un intento de fusión imposible contra un edificio que siempre se había planteado exento.

No me gustan los edificios feos y mal resueltos. Pero lo peor de este ha sido la reacción recelosa que ha provocado. De alguna extraña manera que no consigo entender, este edificio no está percibido como una mala muestra de arquitectura, sino como una mala muestra de arquitectura moderna. Fría , pedante, arrogante contra contextos, transeúntes y usuarios. Una paja mental de unos arquitectos que han erigido un monumento a sí mismos , sin oficio ni beneficio, que maltrata un entorno ya desafortunado históricamente. Y estoy enfadado. Enfadado contra elitismos vacíos. Contra el poco oficio. Contra hipocresías varias de unos promotores que ahora dicen sentirse sus representantes enfadados. Contra la estrechez de miras de unos vecinos que, considerados colectivamente, no han demostrado capacidad de abstracción, ni han tenido el humor de aceptar que sus representantes han aceptado un edificio feo justo en frente de su casa.
Sin más reclamo que se piense, por una vez , que el bosque tiene árboles, y este ha salido rana: feo, deforme, sin gracia. Pero un mal proyecto no es un mal estilo ni una mala manera de operar: es un mal proyecto, sin más. Tenemos fe en cosas extrañísimas. Reclamarla versus una arquitectura que difícilmente puede ser peor que ésta no me parece un crimen.

fachada sur . La nueva sala no se ejecutará. Pilares que no crean espacio bajo ellos , testero sin resolver . Sala de máquinas vidriada contra un parque , trasdosada con unos paneles sandwich.

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