Grosvenor Estate Housing: Lutyens en Westminster

(Texto: Cecilia Ferrer y Jaume Prat. Fotografías: Cecilia Ferrer)
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Una porción de verde privado (el contacto con el suelo, el recuerdo de la naturaleza) parece ser la máxima aspiración de buena parte de los habitantes de la ciudad de Londres. Deseo que, cuando se ha de materializar, se traduce en una relación entre superficie de este verde privado y la distancia al centro de la ciudad, concretada en sucesiones de hileras interminables de casas pareadas (detached houses) que, más que degradar el paisaje, han devenido paisaje en sí mismas: arquitectura aditiva formada por sucesiones de la parodia de un jardín de bienvenida, la casa como barrera, un trozo de suelo definido por una fachada y tres medianeras: un modelo que no ha cambiado demasiado desde los tiempos de Howard.

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Portada de Led Zeppelin IV. Diseño: Hamish Grahpreaks Grimes. La nostalgia de la casa con jardín, último rastro de la granja

La Corona Británica, por otro lado, ha sido capaz de mantenerse a lo largo de los siglos gracias a su capacidad para los negocios. Siendo uno de los más lucrativos es, por cierto, la gestión de la propiedad de suelo en el centro de Londres. Buena parte de la city, pues, paga alquiler a la Reina(1), que también ha cedido terrenos para uso público, como los grandes parques: Hyde Park, Regent’s Park o St James’s Park son de propiedad privada en régimen de servitud pública.

Cuando, a principios del siglo XX, una inundación de un Támesis todavía sin controlar afecta buena parte del barrio(2) de Westminster, el Concejal de Salud Pública del ayuntamiento local(3) condena buena parte de las viviendas populares del barrio a la picota al encontrarlas insalubres. Para el realojamiento de los diversos centenares de familias afectadas, entre las que se cuentan algunas de las más pobres del lugar, el Duque de Westminster cedirá Grosvernor, una finca ubicada en el mismo barrio, lejos de la zona inundable, ventajosamente colocada a unos centenares de metros al sur del Parlamento(4), y lo hará con una sola condición: el arquitecto autor del proyecto deberá de ser Sir Edwin Lutyens. Lutyens está, en ese momento, el la cumbre de su prestigio: se ha ocupado de planificar y construir parcialmente Nueva Delhi, ha llenado el centro de Londres de edificios de altísima calidad convirtiéndose, por el camino, en el arquitecto mimado de la Casa real, para la que construirá desde una casa de muñecas(5) hasta los memoriales que hoy en día siguen guardando las tumbas de los soldados británicos muertos en las trincheras de la Primera Guerra Mundial.

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Page Street, inundada antes de la construcción de las viviendas de Lutyens. Fuente: The Huffington Post

Lutyens es, pues, el arquitecto institucional por excelencia, al servicio del gobierno, de la clase alta del país y de la propia Casa real. Y, paradójicamente, será esta última la que lo lleve a confrontarse con la vivienda social, programa todavía inédito en su carrera. Estamos a mediados de los años 20. El Movimiento Moderno ya ha arrancado con toda su fuerza y está produciendo vivienda social de calidad en países como Francia, Italia, Austria y, singularmente, Holanda y Alemania. En el Reino Unido el movimiento se resiste a entrar gracias a la oposición de, entre otros, el propio Lutyens: arquitectos que, desde nuestra perspectiva, percibimos como reaccionarios sin darnos cuenta que su reacción es propositiva. En el Reino Unido se ha construido en metal antes que en ningún otro lugar, con muestras de calidad tan indiscutible como el Crystal Palace. Edificios como el Hotel Ritz de Londres, del propio Lutyens, montan avances tecnológicos casi inéditos en la Europa de la época. El propio Parlamento de Inglaterra se puede considerar un proyecto high-tech. Los arquitectos británicos, sencillamente, no están interesados en su conjunto(6) en encontrar un sistema de expresión alternativo al rosario de lenguajes que se usa en la época. Y es por eso que será tan importante la manera en que Lutyens se enfrente a este encargo de vivienda social, ya que ha de significar una alternativa coherente a las viviendas sociales propuestas por el Movimiento Moderno.

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Crystal Palace: Joseph Paxton combina técnicas avanzadas de construcción en metal con un lenguaje completamente clásico

Compatibilizar el pedazo de verde privado, el vivir rodeado de naturaleza, la ilusión de una vivienda unifamiliar, con la posición de las viviendas en medio de Westminster, un entorno fuertemente urbano, es la premisa inicial del arquitecto. El encargo es enorme: estamos hablando de unas seiscientas viviendas, un barrio entero de la medida de una población pequeña a enclavar en unos terrenos cruzados por dos calles, Page Street y Vincent Street, perpendiculares al curso del río. Lutyens trabajará con la repetición, la seriación y la variación. Todo estará estandarizado, desde los sistemas constructivos a los propios materiales de construcción pasando por los elementos de proyecto: accesos, viviendas, habitaciones, espacios comunes, bloques de vivienda. El complejo se parte en siete edificios. Todos tienen seis alturas y una misma tipología capaz de producir tres modelos de edificio diferentes (uno repetido tres veces y los otros, dos): los que se repiten tres veces formalizan el frente a Page Street, y los otros definen una especie de centro urbano (o suburbano, porque será, naturalmente, un marque) abierto a Vincent Street. Adicionalmente, una serie de pabellones formalizados en un bello estilo clásico acabarán de organizar los espacios públicos mientras alojan el programa comercial del conjunto. Encontraremos once de estos pabellones, y, posteriormente, se construirá un doceavo enclavado en el centro del parque a modo de centro cívico, un edificio discreto construido con los mismos ladrillos del complejo que, sin ser una obra maestra, no desvirtúa el conjunto.

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Emplazamiento de las viviendas en relación con el curso del Támesis

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Patio de acceso como primer filtro de privacidad

El barrio en sí y cada una de las siete unidades que lo forman se podrán leer como un microcosmos: un pedazo de verde encapsulado, rodeado de un espacio público que alimenta, sirve y contextualiza las viviendas, servidas por corredores de acceso formalizados como si de calles se tratasen. Entre unidad y unidad los edificios se separan por una franja de espacio público de la misma entidad que el espacio de acceso: Lutyens evita el efecto pasaje y da espacio de respiro coherentes a las viviendas, demostrando que el conjunto es unitario: no se trata de yuxtaponer unos cuantos bloques de vivienda correctamente resueltos, sino de conseguir hacer ciudad, también, en su conjunto. El corredor de acceso dará dos fachadas radicalmente diferentes en el conjunto: las volcadas al interior del bloque, resueltas por las pasarelas exteriores y las fachadas exteriores, por donde las viviendas respiran de modo privado. Estas viviendas tendrán una tipología diferente a la que acostumbra a plantear el Movimiento Moderno: cada una de ellas contará con un determinado número de piezas sin especializar y, asociado al acceso, un punto de agua y saneamiento para alojar una cocina y un baño en cada vivienda en un momento en que estas instalaciones todavía eran comunitarias(7).

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Patio interior con la estructura de las pasarelas en damero

Lutyens construirá edificios de tan sólo dos crujías y media: una exterior, una interior y la pasarela de acceso. Este sistema constructivo tiene una derivada tipológica inmediata: evita los pasillos interiores y los espacios no iluminados, volcando todas las piezas a fachada. Todo el sistema constructivo estandariza o prefabrica los elementos, muchos de ellos resueltos en hormigón prefabricado, como las pasarelas interiores. Los gruesos estructurales son mínimos, tratándose de edificios de seis plantas(8). La composición de las fachadas exteriores se hace en función de un solo elemento: una gran ventana con antrepecho bajo que proporciona un buen nivel de iluminación a los interiores, realizada con una carpintería de madera en guillotina. Los cristales son de pequeña dimensión, montados en cuarterones. Todo el conjunto se pinta de blanco y se enrasa al exterior. Lutyens dispondrá estas ventanas en matriz y resolverá los vanos macizos en damero, cuarteándolos en función del módulo de la ventana y resolviendo los antepechos con lienzos alternativos de marrón oscuro y paneles de hormigón prefabricado de un gris claro casi blanco, que se llega a mimetizar con la propia ventana sin querer confundirse con ella, dando al conjunto su imagen característica mientras saca peso a los edificios. Excepto en las esquinas, que giran del mismo material, anclando el edificio al suelo: una cosa es sacar peso al edificio, la otra, muy diferente, desligar los planos de fachada y desmaterializarlo, cosa que jamás interesó al arquitecto. La lógica de damero se lleva, incluso, a la estructura de las pasarelas de acceso, donde los pilares alternan su posición de una planta a la otra, dando todavía más fuerza al antepecho de hormigón que las identifica mientras se reivindica la capacidad de este material de absorber eficazmente esfuerzos de flexión y cortante.

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Una de las unidades abiertas a Page Street

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Espacios entre unidades, con el mismo módulo que los patios de acceso

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La capacidad del damero para producir fachadas representativas y adaptarse a las cajas de escalera

EL resultado final es un híbrido entre la gravedad que otorgan una estructura y un planteamiento clásico y la frescura, la dinamicidad que otorgan unas fachadas que quieren sacar peso a la intervención, como si lo que realmente contase fuesen los pabellones de la planta baja, admirablemente construidos y proporcionados, capaces ellos solos de cambiar el carácter de todo el conjunto.

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Una de las unidades con el pabellón en planta baja en primer término

Las viviendas de Grosvernor sobreviven emplazadas en medio de Westminster, perfectamente conservadas, como muestra de una alternativa al Movimiento Moderno que jamás llegó a cuajar, cosa que, de haber sido así, quizá hubiese evitado los discursos postmodernistas posteriores. Fuera de Londres la promoción es prácticamente desconocida, aunque dentro de la ciudad tuvo una enorme influencia sobre las arquitecturas que podríamos llamar brutalistas: de Ernö Goldgfinger a Alison y Peter Smithson, que, antes de elaborar su propuesta para las viviendas Golden Lane (embrión de los posteriores Robin Hood Gardens), estudiaron en profundidad la realización de Lutyens: una crítica razonada a las mismas constituyó el punto de partida que necesitaron para empezar a trabajar. Lutyens permanece, todavía, como una fuente de soluciones a muchos problemas contemporáneos enquistados por unas preguntas demasiado deudoras de los prejuicios de muchos arquitectos a la hora de esperar respuestas.

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Vista del complejo des de Page Street

(1) Con una derivada arquitectónica curiosa: los edificios están construidos para durar, eventualmetne proyectados por buenos arquitectos de todas las épocas. Buena parte del parque inmóvil de la city está, pues, catalogado, con incorporaciones tan recientes (e indiscutibles) como el edificio Lloyd’s, dotado del mismo grado de protección que, pongamos, la Abadía de Westminster o el propio Parlamento.
(2) La ciudad, en terminología local.
(3) Westminster, pues. No Londres.
(4) Edificio excepcional proyectado por un equipo dirigido por Sir Charles Barry, este sí ubicado en zona inundable, hecho obviado por la altísima calidad tanto del proyecto como de su ejecución.
(5) Uno de los mejores proyectos del arquitecto. De cualquier arquitecto.
(6) Los esfuerzos individuales en esta dirección son otra cosa.
(7) Determinadas experiencias suecas o las viviendas que Mies van der Rohe proyecta y construye en la wiesenhoffsiedlung de Stuttgart en 1927 tendrían una tipología similar, en el caso de Mies con acceso central desde uno de los costados de la pastilla, dejando las dos fachadas libres: una tipología que ha tendido al olvido a favor de la más clar conceptualmente (y más deshumanizada) organizada por bandas, actualmente todavía en uso, incluso cuando la reducción de metros cuadrados de los pisos la ha convertido en una parodia patética de sí misma.
(8) Y demuestran la absurdidad de los coeficientes de reducción actuales, que han llevado las estructuras convencionales a un nivel de sobredimensión patético, ridículo, que, demasiado a menudo, atenta contra nuestro prestigio profesional: y es que cualquier incompetente es capaz de aguantar un chalet con pilares de cuarenta centímetros y forjados de gran canto.

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Una respuesta a Grosvenor Estate Housing: Lutyens en Westminster

  1. Juan Merinero dijo:

    Enhorabuena por su artículo, Lutyens es un arquitecto sorprendente, un gran maestro del que siempre se aprende.

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