Exhibir aire

Sobre la bodega del Sindicato Agrícola de Pinell de Brai

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Miembros del Sindicato Agrícola de Pinell de Brai y trabajadores en la obra. Foto recopilada por Alejandro Ros Mateos.

A lo largo de la historia de la arquitectura encontramos muchos programas donde la representatividad es la función. Así, es relativamente sencillo que un observador atento comprenda la función que desarrolla la religión a una sociedad tan sólo observando sus templos. O la función y el papel de la riqueza, de la gestión del dinero, el papel de los espectáculos deportivos, el valor de la cultura o de la educación. Hay edificios que no valen sólo por lo que son capaces de producir en términos cuantificables, sino también por la dignidad que otorgan a la persona que los usa. Y es este imponderable lo que puede llegar a transformarlos en una arquitectura apropiable y comprensible por parte de sus usuarios.

El edificio más importante de Pinell de Brai por encima, incluso, de su iglesia(1), es la bodega del Sindicato Agrícola local, entregado al pueblo alrededor de 1923 por su arquitecto, Cèsar Martinell. La bodega, ubicada sobre el camino de acceso al casco urbano, es un edificio enorme capaz por sí solo de rivalizar volumétricamente con el resto del municipio(2). Es, todavía hoy en día, el orgullo del pueblo. Su catedral(3). Los habitantes no se limitaron a encargar el proyecto a un buen arquitecto y buscar cómo sufragarlo: trabajaron y lucharon tanto como el propio arquitecto, que, décadas más tarde, escribía emocionado sobre el edificio en un libro(4) que él mismo editó para relatar su experiencia sobre las bodegas cooperativas. O más. Martinell relata su experiencia en Pinell en primera persona explicando que, en este caso, la arquitectura resultante es inseparable de la narración de los hechos por orden cronológico. Empecemos por el contexto.

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Interior de la nave principal de la bodega. Foto: Jaume Prat.

Pinell de Brai es, actualmente, un pueblo de unos mil cien habitantes, el último de la Terra Alta por el sur, ubicado en un valle paralelo al curso del río Ebro(5) un poco antes de mitad de camino de la carretera que conduce de Gandesa a Tortosa. Justo después de la Primera Guerra Mundial(6) tendrá casi dos mil habitantes, empobrecidos y enfadados por la imposibilidad de gestionar los frutos de sus cosechas. Los villanos tienen que vender las olivas en Tortosa y la uva en Gandesa, y no suelen salir ganando con el trato. Organizados es un Sindicato afrontarán la construcción de una bodega que les permita producir aceite y vino para volverse independientes de los pueblos vecinos y prescindir de intermediarios a la hora de vender el producto final. Los contactos con Martinell, que llega al pueblo alrededor de 1918 de la mano de Josep Maria Valls, director de los Servicios Técnicos de Agricultura de la Mancomunidad, se traducirán en un primer proyecto de bodega con estructura de encaballadas de cinco nudos de pino de Flandes apoyadas sobre paredes de mampostería y ladrillo. Un edificio relativamente parecido al de Barberà de la Conca, aunque bastante mayor(7). Martinell hace el primer proyecto en 1919 y lo presupuesta en poco menos de trescientas mil pesetas.

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Secciones del primer proyecto. Archivo COAC.

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Piso superior de la nave del molino de aceite, la única que conserva encaballadas de pino de Flandes. Ahora sirve como restaurante. Foto: Jaume Prat.

En el interludio entre la presentación del proyecto y su construcción, el Sindicato de Gandesa, la villa capital de comarca, encargará su propia bodega y empezará a construirla antes que Pinell. La bodega de Gandesa, construida en las mismas condiciones(8), está hecha con más presupuesto y con un valor representativo más alto. Ubicada en la curva que hace el camino de acceso a Gandesa antes de entra en el casco antiguo del pueblo, es una verdadera rótula urbana. Es la puerta de entrada a la ciudad, y, como en el caso de Pinell, será su edificio más importante y representativo.

Martinell narra el asombro de los habitantes de Pinell ante la primera visita a la obra de Gandesa(9). La belleza de su estructura a base de arcos parabólicos de ladrillo aparente los captivará, y pedirán si su bodega monta el mismo sistema estructural. No es el caso. Se realiza una valoración para el cambio de sistema que arroja un sobrecoste de mil quinientas pesetas por arco grande y quinientas pesetas por arco pequeño. Es decir, cuatro mil pesetas por crujía. Para entender lo que significa esto hay que remarcar que en 1920 España está en recesión. Mil quinientas pesetas de la época equivalen a unos cuarenta o cuarenta y cinco mil euros de la actualidad(10). El incremento de presupuesto del edificio es del orden del 120%, y el valor final de la bodega será de 687382,33 pesetas. El de toda la instalación (incluida la estación transformadora y el depósito de agua, entre otras conversaciones accesorias) es de 820069,52 pesetas.

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Estudios para los arcos parabólicos de la bodega. Archivo COAC.

Un 120% de incremento de presupuesto para prescindir del travesaño de las encaballadas de madera. Un 120% de presupuesto para mostrar el volumen de aire en toda su verdadera magnitud. Un 120% de presupuesto para sentir el vacío en toda su integridad. La arquitectura será, pues, la exhibición de este vacío. En los dos proyectos el volumen es el mismo. Cambia, tan sólo, su percepción: la presencia de la estructura y la presencia del aire. Y será un factor tan decisivo que justificará todos los esfuerzos necesarios para conseguirlo.

El pueblo aceptará.

En 1921 el nuevo proyecto está listo. Para su construcción se pedirá un crédito a la Mancomunidad que se aprobará demasiado tarde y no llegará nunca. Se pide un segundo crédito a la banca privada. Sus intereses serán tan altos que el pueblo decidirá liquidarlo y quedar en precario por muchos años. El edificio se empezará a usar dos años más tarde. No se terminará jamás(11), a resultas de los recortes necesarios para completar la estructura principal.

Pero habrá arcos parabólicos.

La construcción húmeda, pues, engloba la totalidad de la estructura primaria. La madera no aparece hasta las correas, que soportan las tejas marsellesas de remate(12).

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Secciones del segundo proyecto. Archivo COAC.

La bodega construida, pues, es inseparable de su entorno: del pueblo, de las tierras, de lo que se cultiva. Sin esto no es nada: cuatro pareces vacías resueltas con mejor o peor fortuna con unas formas y una configuración interior que, a pesar de su belleza, no tendrían ningún tipo de razón de ser. Así, antes que nada, en este caso arquitectura es uso. O, mejor dicho, es la relación de este uso con la vida del pueblo, con su voluntad de representación. Ya no dependen de Gandesa ni de Tortosa, y su bodega será más bonita. Arquitectura es el confort entendido como la belleza del lugar de trabajo. El confort entendido como dignidad. La geometría, la estructura y los métodos constructivos son tan sólo armas para conseguir eso.

La bodega es(13) un proyecto tipo diseñado, esto sí, para encajar específicamente en lugares así: no Pinell de Brai, sino pueblos que vivan del vino. El proyecto complementario transformará esta bodega en un organismo imposible de trasplantar a cualquier otro lugar. No hay documentación separada para los dos(14), sino que se confunden inextricablemente en el expediente analizado.

El lugar escogido para la ubicación del edificio será un margen al inicio del pueblo, con una diferencia de nivel de unos cinco o seis metros. La parte baja se vuelca al camino de entrada al pueblo, la parte alta a un camino paralelo al primero que lo rodea por su cota inferior y que, modernamente, ha sido la base de su ensanche. Entre los dos caminos se puede desarrollar una bodega en configuración lineal: el esquema de Rocafort de Queralt(15), desarrollado por el mismo Martinell y el ingeniero-enólogo Erasme Imbert. El margen, actualmente, se ha terraplenado y convertido en la mínima pendiente posible trazada de línea de fachada anterior a línea de fachada posterior. Esto dejaría parte de la bodega enterrada, lo que ha obligado a improvisar unos patios ingleses sin muros de contención, conformados por el pendiente natural de las tierras, tan desafortunados y feos como útiles.

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Vista posterior de la bodega con el margen terraplenado. Foto: Jaume Prat.

La bodega es muy grande. Enorme. Hay que entender el motivo de tanta producción. La Terra Alta, y más esta zona, es rica en viñas de garnacha blanca. La especialidad del lugar es un vino blanco de esta variedad(16). Son vinos muy potentes, que, si fermentasen en las mismas condiciones que otros vinos producidos en otras comarcas, podrían llegar fácilmente a más de 10º(17). Tradicionalmente estos vinos se han comercializado a unos 14º(18). Su comercialización tenía dos destinos inmediatos: el consumo doméstico y la venta al por mayor mayoritariamente en el extranjero para engrosar vinos de menos grado(19). El consumo doméstico de esa época no tenía nada que ver con el actual. El vino era una bebida de diario, y su calidad se negociaba con un precio necesariamente bajo. La producción era, pues, alta y de precio ajustado.

El edificio es, esencialmente, una estructura que cubre unas instalaciones y un almacén. Las instalaciones toman el producto en bruto (uva y aceitunas) y las transforman en el producto final (vino y aceite), que queda almacenado en su interior. En el caso del vino, un almacenaje en buenas condiciones mejora el producto. El enorme volumen de aire que da estas proporciones al espacio no es accesorio: la fermentación del vino es un fenómeno violento, furioso, que fácilmente agota el oxígeno del espacio donde se produce, más teniendo en cuenta que las tinas están abiertas por su parte superior, tapadas tan sólo por unas tapas de mimbre, muchas de las cuales todavía se pueden observar en la instalación. El vino fermenta con una violencia tal que, a menudo, se hace necesario sacarlo dela cuba y hacerlo circular por el volumen. Es por eso que las barandillas de la parte superior tienen sección de cañería: son, de hecho, cañerías por donde circula el líquido durante la fermentación. El sistema, conservado como adorno (y como sistema primario de protección de caídas en las partes no visitables) llegó a ser puesto en servicio. El volumen, pues, es un intento que las condiciones de fermentación no sean anaeróbicas. El espacio será muy vertical y las tinas, exentas, para que puedan circular corrientes de aire. Las oberturas laterales se cubren tan sólo con una celosía, sin vidrio. Aun así hay registradas muertes por asfixia. Es importante imaginar como, diversos meses al año, los encargados de mantenimiento debían cruzar la bodega aguantando la respiración. Un trabajo duro(20).

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Nave lateral de la bodega. La menos rehabilitada, conservando el aspecto original, sin elementos añadidos en la restauración. Foto: Jaume Prat.

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Vista de la nave central con la cañería de distribución (ver nota 21). Foto: Jaume Prat.

Al igual que muchas muestras de arquitectura moderna, el edificio se compone de diversas partes heterogéneas claramente distinguibles que, juntas, componen una globalidad que toma su coherencia a través de la memoria y de la narración. No es extraño que Martinell empiece la explicación del edificio con un cuento: este está incorporado a la arquitectura. La planta del edificio revela una vaga forma zoomórfica, una simetría axial que deja entrever fácilmente una cabeza, un cuello y un cuerpo. La cabeza y el cuello son dos naves de estructura perpendicular al margen, más ancho el cuello que la cabeza, más larga la cabeza que el cuello. Los espacios que forman se destinan a la recepción de la uva, su prensaje y la distribución del mosto. La uva llega en carro a la parte superior del margen y se vuelca directamente en la prensa. Unos voladizos de vuelta cerámica sobre tornapuntas de acero prolongan la primera nave y forman un cubierto para proteger los carros. Aun siendo recibido en la parte superior del margen éste no tiene altura suficiente para distribuir el mosto sin bombearlo, por lo que aparece una cañería inclinada al estilo de la de Gandesa que lleva el líquido a un conducto central desde donde se vierte a las tinas(21). El cuerpo está formado por cinco naves: una central más ancha, dos laterales un poco más estrechas y dos naves que conectan la central con las laterales. Sólo cuatro de estas naves centrales tendrán estructura de arcos parabólicos de ladrillo. La quinta, destinada a molino de aceite y almacenes, seguirá con la estructura de pino de Flandes original, así como las dos naves perpendiculares que forman la cabeza y el cuello. El resultado, sin embargo, se lee unitariamente con mucha facilidad. Las dos pequeñas naves de conexión tendrán la doble función de alojar una hilera adicional de tinas y arriostrar lateralmente los arcos principales. No con paredes, que sería el modo obvio, sino cruzando la estructura principal con arcos parabólicos secundarios(22): un espacio en sí mismo de tanta intensidad como el propio espacio central.

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Planta del nivel superior de la Bodega de Pinell de Brai, donde se ve toda su extensión. Archivo COAC.

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Sección por la nave de conexión, el cuello. Archivo COAC.

Este espacio será, cuando es atravesado por su parte superior, la clave del proyecto: de una nave anisótropa resuelta con unos arco de poca sección, bien tensionados y diseñados(23) se pasa a un espacio continuo apoyado sobre una verdadera malla espacial que, justo allí donde la vista demanda robustez, encuentra luz y aire. Los arcos parabólicos mayores arrancan de la base de las tinas, y, vistos desde arriba (donde es imposible percibir el sistema estructural en su globalidad) siempre remitirán al espacio que no vemos. La sutileza de Martinell en este espacio es infinita: desdibuja los límites, los confunde, invierte el código visual de alguien acostumbrado a la observación de naves de este tipo y, a la vez, se desliga de otros espacios hermanos; iglesias, basílicas, naves de menor entidad. Pinell llega, antes que otros arquitecturas, a la disolución del espacio, y lo hace dentro de una construcción paradójicamente de límites muy bien definidos, tan hermética al exterior como elocuente y compleja al interior(24).

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Anisotropía del espacio. Fotos: Jaume Prat.

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El Saló del Tinell. Foto aparecida en un ensayo sobre Martinell del que no recogí los datos. (ver nota 23)

El resto de los espacios, también de enorme interés, son más posibilistas. Combinan todo tipo de estructuras: arcos y vueltas de ladrillo, jácenas metálicas y de hormigón y encaballadas de madera de diversas luces en función del uso. El molino de aceite se aloja en un espacio de estructura metálica y de hormigón(25). Las naves de almacenaje de aceite son de vuelta de rasilla plan en tres gruesos (según pliego de condiciones). Una enorme estructura de pilares y jácenas de hormigón cruza la nave de conexión de la prensa y las salas de fermentación, soportando la cañería de bombeo: es la base del depósito de agua jamás construido, de estructura asimétrica, que apoyaba la mayor parte de su peso sobre la pared de mampostería que divide las naves mientras usa esta estructura (que puede ser más ligera) para soportar el resto del peso y equilibrar el conjunto(26).

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Vueltas de ladrillo en la planta baja de la nave del molino de aceite. Foto: Jaume Prat.

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El molino de aceite. Foto: Jaume Prat.

Las instalaciones del edificio, pesadas y complejas, se realizan a base de estructuras metálicas, de cemento y de hormigón. La prensa de vino y todo el molino de aceite están alicatados con azulejos. Las tinas de vino habrán variado su condición del primer al segundo proyecto: de cerámica armada y revocada se pasa al hormigón fratasado con Portland al interior y al exterior, más resistente y fiable de cara a la presión hidrostática. Los pies serán de ladrillo. La variación de los niveles de carga, las vibraciones y los desmontes del terreno obligarán a unos cimientos complejos a varios niveles, que se llevarán buena parte del presupuesto.

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Una de las fachadas laterales, semienterradas gracias a la urbanización moderna. Foto: Jaume Prat.

Las fachadas del edificio son muy masivas, de mampostería revocada al interior y al exterior, pintada de blanco originariamente, como mínimo por fuera(27). Los huecos exhiben marcos de obra cerámicos. Las carpinterías, mayoritariamente de madera de pino, con las vidrieras transparentes de la fachada principal montadas sobre delgadísimos marcos de acero. Los marcos de los agujeros, las impostas, los zócalos de piedra aparente y los remates de los frontones proponen unas fachadas que van perdiendo ornamentación a medida que se alejan de la principal. La posterior, donde se realiza la entrega de la uva, tiene un carácter más doméstico, protegida por un conjunto de carpintería de pino de Flandes protegido por los voladizos cerámicos verdaderamente imponente. La fachada principal, la verdadera cara del pueblo, la representación-de-la-representación, se conserva íntegra gracias a una casualidad afortunada. Martinell encargará a Xavier Nogués(28) un friso cerámico que la recorre longitudinalmente. Los recortes presupuestarios fuerzan a los villanos a prescindir de él, pero Nogués ya lo ha empezado. El friso viajará clandestinamente a Pinell y quedará almacenado en cajas en un sótano, donde pasará la Guerra Civil(29). Será montado en su lugar en 1946 según Martinell y en 1957(30) según Wikipedia. No he podido averiguar nada más sobre la discrepancia de fechas. El friso luce actualmente, perfectamente conservado, en la fachada.

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Alzado principal. Foto: Jaume Prat.

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Estudio para la fachada de la nave central. Archivo COAC.

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Perspectivas de la nave central y de las vueltas de ladrillo. Archivo COAC.

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La fachada principal al camino de acceso a Pinell. Fotos: Jaume Prat.

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La fachada posterior. Foto: Jaume Prat.

La bodega ha sido restaurada con bastante acierto por un equipo de arquitectos que desconozco(31): ahora se puede visitar y vuelve a ser una atracción turística para los escasos conocedores(32) de Martinell y de la instalación. La restauración tiene una virtud principal: la de devolvernos la extrañez que esta instalación provocó en el lugar. La pátina de las décadas de uso le había otorgado un carácter de lugar acomodado, de instalación que parece que haya crecido en el lugar, muy alejada de las intenciones iniciales de Martinell: éste quiso una joya. Algo que destacase, que provocase extrañeza. Que se reconociese como nuevo y moderno. El visitante ha de realizar un gran esfuerzo mental para pasar por encima de casi cien años de avances y darse cuenta de que la instalación, toda ella, tenía un carácter moderno muy radical para su época. Todo es nuevo: desde las cubas (que solían ser de madera independientemente de su medida) hasta la prensa pasando por el molino de aceite o la estación transformadora, que se usará para crear sensación de recinto en la fachada posterior. Los villanos no harán ninguna concesión a la nostalgia: un nuevo lenguaje para unas nuevas instalaciones que procesan la tierra de un modo diferente, magnifican su producción y dan una nueva vida al pueblo. Y es de este modo como hemos de percibir la instalación, sabiendo, también, que su inserción en el lugar ha sido un éxito, y que este éxito forma parte de sus virtudes arquitectónicas. La restauración, por encima de cualquier otra consideración, nos ha devuelto las sensaciones principales.

Y, encima, podemos quedarnos a comer.

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Vistas de la nave central. Fotos: Jaume Prat.

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La nave central hacia la nave lateral. Foto: Jaume Prat.

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La nave lateral. Foto: Jaume Prat.

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Escalera de acceso a la cubierta. Fotos: Jaume Prat.

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Estudios para la escalera de acceso a la cubierta: Dios está en los detalles. Archivo COAC.

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La fachada posterior, la estación transformadora y el recinto. Foto: Jaume Prat

(Gracias al Archivo Martinell, del COAC, y, singularmente, a Andreu Carrascal por su interés y entusiasmo.)

(1) Una construcción discreta y digna ubicada en medio del pueblo. Si no fuese por el campanario no destacaría volumétricamente, y es esta su principal virtud.
(2) Pinell, ubicado sobre una pequeña colina, rastro urbanístico probablemente árabe común en la zona (Calaceit o la misma Tortosa son dos buenos ejemplos), tiene como característica principal una gran compacidad que muestra el municipio como una masa indiferenciada de construcciones que tienen valor, precisamente, como agregación. Pinell podría llegar a leerse, más que como un pueblo, como un metaedificio de medida suficiente como para integrarse al paisaje circundante.
(3) En el artículo anterior hay más información sobre esta denominación de las bodegas cooperativas del sur de Cataluña. Para quien no se lo quiera leer habrá suficiente con remarcar su carácter de obra coral hecha con la participación y el entusiasmo de todo un pueblo.
(4) Ignoro la editorial. Existe una copia en el archivo y otra en la biblioteca del COAC, y en la de la ETSAB, como mínimo. La edición es del los años 70, y, que yo sepa, no se ha reeditado.
(5) Y separado de él por las sierras de Pàndols y de Cavalls: tierra de secano a pocos kilómetros del agua.
(6) Y al inicio del gobierno de la Mancomunidad de Cataluña, creada aprovechando la confusión y la crisis económica originadas por la guerra.
(7) No olvidemos que el pueblo tendrá no uno, sino dos bodegas cooperativas. Ver artículo anterior.
(8) Es decir, una obra coral de todo el pueblo en la que la gente tenía una altísima implicación: los artesanos cedían su trabajo y los que no eran capaces de producir trabajo especializado solían hacer de peones. La gente se ganaba la obra, la sudaba y la vivía de tal modo que, hoy en día, este esfuerzo sigue perdurando en la memoria colectiva.
(9) Recordemos, el pueblo rival que les marcaba el precio de la uva.
(10) Valoración realizada consultando estadísticas elaboradas sobre la época, la prensa de la época y las propias mediciones de la bodega. Los dos estados de mediciones se conservan, el realizado en 1919 y el modificado de 1921.
(11) El depósito de agua, que presidía el edificio y marcaba su eje de simetría, no se llegará a colocar jamás: con lo que costaba se pagaban tres o cuatro arcos más. Su estructura de soporte, en cambio, sí está colocada.
(12) Sistema denominado en catalán a salt de garsa (a salto de garza). Es decir, una correa por teja. Se dispone una arriba y una abajo, y, por solape, cada correa aguanta dos tejas. Es la estructura más ingrávida y atrevida, la que más optimiza el material, en cualquier cubierta de estas características. La construcción catalana tradicional suele hacer las cubiertas con teja árabe y una correa a cada lado de la teja, soportándolas longitudinalmente (a llata per canal en catalán). Cambiando el sistema el ahorro de material y mano de obra es considerable. Adicionalmente, la cubierta se puede decorar fácilmente por el exterior, y es así como se ejecutó.
(13) Como ya se ha visto por Gandesa y los ejemplos mostrados en el artículo anterior.
(14) En este caso el proyecto tipo es una quimera platónica. La Mancomunidad no hará un concurso para las bodegas que requiera la presentación de un proyecto así, como será el caso de las bibliotecas, agrupadas en dos o tres modelos diferentes con adaptaciones puntuales al lugar. Aquí el proyecto tipo está en la cabeza de Martinell y cada proyecto es diferente e igual, o equivalente, a los otros.
(15) La única bodega sufragada al 100% con créditos de la Mancomunidad.
(16) Que actualmente sigue produciéndose. Se encuentran vinos muy interesantes, modernamente mezclados con otras variedades de uva, y en Gandesa son embotellados bajo la marca Cèsar Martinell: esto sí es un homenaje a la arquitectura.
(17) El límite de grado para una bebida fermentada de modo natural es de unos 20º.
(18) Modernamente, sobre todo en el Priorat, donde algunas de las características del vino son similares, se está experimentando con éxito con vinos más suaves: se pierde potencia, se gana matiz. Los vinos del Penedès raramente suben de los 12º.
(19) Italia era la destinación mayoritaria. También Francia. En el destino el maestro de la bodega, a ojo (o a gusto, cuando tenía gusto) determinaba la proporción de la mezcla, que se comercializaba como vino local.
(20) Adicionalmente, el valor (valor real) necesario para contemplar un interior tan bello. Si en esa época hubiese habido turismo enológico (y Josep Maria Espinàs lo practicó en el 57, ver artículo anterior) el precio de la entrada a la bodega no hubiese sido material: hubiese sido el peligro de poderse quedar sin oxígeno durante la visita.
(21) La estructura de este conducto central aparece trasladada literalmente en muchos edificios y proyectos de Enric Miralles, normalmente como recurso para la conducción de agua. De hecho se puede leer toda la arquitectura de Miralles a partir de la luz cenital y del agua. Y nos dejaríamos poco por el camino.
(22) Los que valían quinientas pelas más construidos en ladrillo, vaya. Sin bromas, que quinientas pelas de la época son unos quince mil euros actuales.
(23) Que tanto podría recordar su queridísimo Saló del Tinell, espacio gótico primerizo resuelto con un mastodóntico arco de medio punto en vez del acostumbrado arco apuntado característico del gótico, lo que le otorga una continuidad espacial y una sensación de salón que sólo tendría parangón en pocos proyectos más, como las Lonjas de Barcelona o, especialmente, Valencia, la Basílica de Santa María del Mar o la Catedral de Mallorca.
(24) No olvidemos jamás la enorme importancia de Cèsar Martinell, que va mucho más allá de la calidad de su obra construida. Fue un arquitecto extraordinariamente culto, gran conocedor del románico, el gótico y el barroco, importante restaurador de patrimonio histórico (y, sino, que pregunten a los andorranos por la tarea que realizó con sus ermitas románicas de campanarios redondos) y buscador inquieto de nuevas arquitecturas. Martinell estará al corriente de la arquitectura contemporánea y, después de la guerra, impulsará Cuadernos de Arquitectura y Urbanismo (1944), del COAC, revista de la que será su primer director, haciendo una enorme tarea de divulgación en una época donde la mayoría de arquitectos catalanes a penas sabían de la existencia de Le Corbusier.
(25) Sin que el trabajo en hormigón sea excepcional, ya que muchas estructuras de la época se trabajan de modo similar, sí es remarcable por lo ajustado de los elementos estructurales: pilares de poca sección, jácenas ahusadas de poco canto. En lugar de matar moscas a cañonazos, las secciones soportan justo lo que han de soportar sin sobredimensionamientos idiotas.
(26) Sin necesidad de salvar demasiadas distancias, este depósito, tomado como edificio independiente, remitiría al concepto estructural del celebrado depósito de agua de la Universidad de Aveiro, del arquitecto Siza Vieira. Aunque, en este caso, la solución estructuran tan sólo pretende aprovechar la capacidad portante de una pared existente. Aunque qué sección más bonita.
(27) Gandesa es blanco por dentro y por fuera. El edificio no ha sido repintado interiormente, por lo que se hace difícil adivinar el color original, que con casi cien años se ha transformado.
(28) Artista novecentista. Pintor, ceramista, escenógrafo y dibujante, hizo prensa satírica, ilustró libros importantes, pinturas y murales al fresco y en cerámica y muchos cuadros. Su obra está mayormente conservada en el MNAC. El mural de Pinell es importante porque reúne y cohesiona características de su obra difíciles de encontrar juntas, principalmente pintura, cerámica y dibujo satírico, o caricaturesco, o humorístico.
(29) Que reconvertirá el edificio en hospital de campaña durante la Batalla del Ebro, momento en que recibirá el impacto de un artefacto explosivo que derribará un arco parabólico. Es presumible que el friso no hubiese sobrevivido.
(30) El mismo año que Josep Maria Espinàs viaja al Priorat. Ver notas del artículo anterior.
(31) Con algún punto discutible, como las barandillas de vidrio que la normativa impone para que el piso superior sea visitable. Lo visité por primera vez antes de su instalación y hubiese podido resultar peligroso para algún visitante despistado. Sin que me gusten, reconozco que resolverlo era complicado.
(32) Al menos dentro del mundo de los arquitectos.

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