Espacios sagrados 1_7: una introducción

La finalidad primera de la arquitectura es construir la república. República. Res-publica, expresión latina que significa lugar común. El espacio de relación es la base de todo. Hay un tipo de espacio común escaso en número, presente en todas las culturas de la Tierra: el lugar sagrado. El lugar sagrado es aquel que junta un colectivo para conmocionarlo, hacerlo reflexionar, ponerlo en actitud reverente, pensativa, compleja, según la única palabra de toda la definición del diccionario en la que podría estar de acuerdo.

El término religión vuelve a venir del latín. Religión. Re-ligare. Religar. La religión es aquel hecho complejo que conjunta e identifica un colectivo. La religión, pues, es previa a cualquier idea de Dios. Es la religión la que crea a Dios, y no al revés. Como es el lugar sagrado el que crea la religión dentro de la lógica heideggeriana del construir-habitar-pensar.

El lugar sagrado es una singularidad. La arquitectura aparece como una pequeña intervención que fija el foco de atención sobre el lugar y lo preserva. La singularidad que crea el lugar sagrado nos comunica con la estructura profunda de la Tierra, con su estructura geológica que, con el paso de los milenios, acomoda flujos naturales: agua, viento, un microclima determinado, un gradiente de temperatura especial, pequeñas diferencias que hacen al lugar diferente y que después son explicadas comúnmente como una energía, una vibración, un pulso o un milagro.

Grosso modo me atrevería a calificar los lugares sagrados en dos tipologías:
-El cul-de-sac. La dirección, el punto de partida, aquel lugar que queda al final de un camino donde se ha de ir expresamente.
-El cruce. Aquel lugar al margen del camino estratégicamente emplazado como un punto de encuentro o de control.

Este es el primero de una serie de siete artículos sobre el lugar sagrado. Partiré de los espacios consagrados a una religión para terminar en el lugar sagrado laico, un concepto especialmente pertinente en estos tiempos en que la espiritualidad de nuestra sociedad está en un periodo de cambio profundo. El cristianismo ha sido la religión hegemónica de la península ibérica desde la llegada de los pueblos germánicos(1).

Ahora está en franco declive por una serie de razones bastante conocidas, siendo sustituido por una multiplicidad de cultos que tienen diversos rasgos interesantes en común:
-No se enuncian como tales, llegando al extremo que muchos de sus practicantes podrían llegar a ofenderse si se eleva su sistema de creencias a la categoría de culto. Es decir, son cultos inconscientes.
-Son cultos pragmáticos. Su relación con la espiritualidad es inmediata, frágil y poco comprometida, casi individual, preparada para ser fragmentada en múltiples escisiones.
-Presentan una base intelectual muy frágil.
-Ultraliberalismo. Se mercantilizan con mucha facilidad, resultando usual que su ortodoxia esté mezclada con algún tipo de consumo.

Obviamente el cristianismo no es ajeno a algunos de estos rasgos. Incorpora, sin embargo, varios otros propios que lo hacen seguir siendo deseable a muchos de los cultos que lo suplen, principalmente su complejidad, una complejidad que lo lleva a ser muchas cosas a la vez: una institución apegada al poder, unos encubridores de delitos graves, los depositarios de un corpus intelectual milenario base del pensamiento occidental. El cristianismo goza de una relativa buena salud en el extranjero que ha permitido a muchos intelectuales y personas de ciencia incorporarlo sin fisuras, estridencias o excesivas contradicciones a sus creencias, y que también ha sido capaz de renovarse tanto a sí mismo como a la cultura de un país.

Esta crisis no ha anulado en absoluto la gran sed de espiritualidad de nuestra sociedad, incluso superior a la de muchas épocas precedentes debido al complejísimo panorama social del planeta que, de hecho, incorpora esta misma noción de panorama global, un concepto relativamente nuevo que no sabemos cómo tratar a las puertas de un nuevo sistema de pensamiento, no sabemos exactamente cual.

Escribir un artículo así me obliga a posicionarme. Soy un ateo de base cristiana, porque esta ha sido mi educación(3). Creo en lo espiritual, en lo sobrenatural y en lo sagrado. Lo espiritual y lo sobrenatural son, para mi, atributos humanos. Lo que somos, lo que creemos, lo que somos capaces de hacer, nuestra propia voluntad de trascendencia es inherentemente sobrenatural. Por tanto pongo el ser humano en el centro de mis creencias. Lo sagrado es lo que nos conecta con el lugar donde habitamos. Y este vínculo, en tanto que forjado por nosotros, es también sobrenatural.

Lo sagrado empieza con la toma de consciencia de la naturaleza, de nuestra indefensión, de la hostilidad del lugar. De cómo el trabajo que se hace para condicionarla es incesante y puede ser revertido en cualquier momento, como se da cuenta traumáticamente el grupo de pasajeros accidentados protagonistas de la inquietante The Grey (Joe Carnahan, 2011), enfrentados a un bosque primigenio que los aniquilará.

La escala de la naturaleza, la consciencia de nuestro cuerpo opuesta a lo que nos rodea, del cuerpo concebido como espacio, es otro paso para la concepción de lo sagrado, como se hace el personaje de DH Lawrence la primera vez que se viste con ropas árabes en Lawrence of Arabia (David Lean, 1963).

La singularidad, la excepción, lo discontinuo, lo inexplicable evidenciado en aquello que se percibe diferente del entorno es el último paso para la concepción de lo sagrado. En algunos casos este paso es suficiente, como se puede entender ante esta imagen de Ayers Rock, Australia, paraje sagrado para los aborígenes.

La pequeña acción ante todo esto puede ser tan sencilla y a la vez tan sofisticada como el matrimonio de rocas (Meoto Iwa, en la prefectura de Mie) que los budistas practicaron en Japón como sacralización de la naturaleza.

Por último aparece la habitación de los espacios sagrados, estado que los consolida y los mantiene como tales. Sería el caso de este monasterio en la cima de las rocas de Meteora, en Grecia.

(1) Que, de hecho, practicaban un arrianismo(4) declarado herético al cabo de poco tiempo más, si no lo había sido declarado ya en ese momento. Posteriormente se convertirían en masa a otros corrientes hegemónicos dentro del cristianismo, pero esto sería demasiado largo de contar.
(2) El arquitecto David García-Asenjo Llana es autor de una tesis doctoral donde argumente el arte cristiano como puerta de entrada del arte moderno en la España de postguerra.
(3) Recordemos a Buñuel y a su gracias a Dios que soy ateo. Parecido.
(4) El arrianismo es una corriente del cristianismo que extrae el carácter divino del hijo (Jesucristo) y lo supedita al Padre. Por tanto asimetriza la Santísima Trinidad. Después haría fortuna como base de la tercera religión monoteísta del planeta: el Islam, parcialmente inspirado en sus doctrinas.

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