Reflexiones sobre La España Vacía, un libro de Sergio del Molino

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Primer hecho objetivo:
Más de un cincuenta por ciento de la población mundial vive en la ciudad.

Segundo hecho objetivo:
Cuando hoy en día hablamos de una ciudad no hablamos de lo que históricamente se ha entendido como tal. El concepto se ha redefinido, y estamos en condiciones de enunciar con precisión en qué consiste esta redefinición: La escala de la ciudad contemporánea la ha independizado del territorio donde se enclava. Cualquier megalópolis moderna se relaciona con el territorio de una manera agresiva y destructora. Primero lo vacía y lo seca, convirtiendo sus alrededores en una tierra de nadie yerma, en un gran barbecho. Después dispone de este entorno extendiéndose en círculos concéntricos sin otra lógica de funcionamiento que la marcada por las dinámicas internas de unas infraestructuras planificadas siempre a posteriori. Cualquier accidente geográfico más pequeño que un río de medida considerable, el mar o una montaña será obviado, deglutido y digerido sin dejar ni rastro.

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Vista actual de lo que había sido la Bahía de Tokio, progresivamente llena de islas artificiales enlazadas: La ciudad comiéndoselo todo.

La ciudad: ella y la nada. La ciudad conectada umbilicalmente con otros organismos parecidos a través de un aeropuerto, de una línea de tren de alta velocidad o de una autopista cada vez más autónoma del territorio que cruza, definida como está por viaductos, puentes, túneles y cualquier otra construcción que pueda definir este organismo como ser independiente.

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Viaducto de Millau: enlaza Montpeller con Toulouse obviando el territorio donde se asienta.

El campo es cada vez más esto: un campo, un pedazo de tierra a ser nombrado mediante cualquier coartada ecológica (que ya ni natural), numerado, medido, cuantificado y tratado como organismo auxiliar de esta ciudad adyacente. Es naturaleza sin contexto, es substrato, humus, lluvia, reserva de aire puro o de alimento. Nada más.

Esta tendencia es mundial y pocos lugares escapan a ella. Uno de éstos serían los Estados Unidos de América del Norte con su enorme malla ortogonal más o menos homogénea habitada por gente acostumbrada a ser tratada como simples pastores de territorio que habrán de huir a Chicago como poco, mejor a las costas, si quieren significarse o realizarse. Gente tan baqueteada que cuando han tenido oportunidad se han reivindicado eligiendo al único presidente que se ha acordado de ellos ni que sea por motivos electorales y oportunistas: la sofisticación urbana los ha apartado y ahora todos pagamos las consecuencias de ello.

Porque lo más habitual es que la infraestructura cultural e histórica del territorio entre ciudades sea obviada, voluntariamente olvidada, cuando no banalizada, escarnecida o criminalizada. Con una sola honrosa excepción a la regla: Europa, más concretamente Europa central: Francia, Alemania, los Países Bajos. Suiza. Austria. Europa se ha estructurado y ha prosperado gracias a una malla de pequeñas ciudades semiespecializadas que han balanceado el territorio. Los corredores entre ellas, los cruces, las estaciones de intercambio, los canales, se han convertido en pueblos prósperos y bien cuidados. El territorio está lleno, fértil, denso. Está modernizado y bien trabado, cuidado, equilibrado en términos socioeconómicos. Es la base de nuestra estabilidad y de nuestro progreso.

Existe, sin embargo, una excepción a la excepción: España. España es el segundo país más grande de toda la Unión Europea(1). España es uno de los países más despoblados de toda la Unión Europea. España es uno de los países con la población más envejecida de toda la Unión Europea.
España es el país más desequilibrado territorialmente de toda la Unión Europea.
No es, de hecho, que España sea un país poco poblado: es que es un país con un déficit importante de población, déficit que se arrastra como mínimo desde la Gran Gripe de 1918(2). Un déficit muy complicado de paliar porque, sencillamente, nuestra estructura territorial no está preparada para soportar un incremento importante de esta población. Este error, más bien esta catástrofe, hija directa de haber sufrido una guerra civil que la subsiguiente dictadura se ocupó de prolongar hasta 1975 a base de mantener la insoportable distancia entre vencedores y vencidos no se ha paliado en democracia. En este aspecto la continuidad entre los dos regímenes ha sido total.

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Vista nocturna de Europa. Comparad la estructura territorial española con la de los Países Bajos, Alemania, el Reino Unido o un país mediterráneo como Italia.

El resultado: Buena parte del territorio español está técnicamente vacío. Desesperadamente vacío. Y cuando digo vacío quiero decir que partes de él tienen una densidad poblacional menor que Laponia.

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Vista de la carretera comarcal que enlaza Medinaceli (800 habitantes, sobre la N-II, puerta de entrada a Soria) con el Burgo de Osma (5000 habitantes). Foto: Jaume Prat, 2010.

De hecho: todo lo que no sea la costa, Madrid, Zaragoza, Cataluña, Euskadi y una parte de Andalucía está prácticamente vacío.

Excepto que este vacío no es tal. Este vacío es un lleno cultural estructurado por una red de pueblos, pueblecillos, aldeas y casares(3) herederos del feudalismo, de la estancia de los árabes y de la colonización renacentista. Es un vacío cargado de historia y de significado. Es un vacío creado por toda esta mala gestión secular. Es un vacío formado por territorio abandonado.

Este es el vacío que forma la memoria y buena parte de la identidad de muchos millones de españoles.

De este vacío no se habla. Es un vacío institucionalmente olvidado. Y, contradictoriamente, es un vacío que pervive en la memoria de estos millones de personas, atomizado, formado por una multiplicidad de historias individuales que tienden a perderse. Es un poso, un fondo que ha definido nuestra educación sentimental y buena parte de nuestra cultura.

Y es de este vacío del que habla el libro La España vacía (Editorial Turner, 2016), obra del periodista afincado en Zaragoza Sergio del Molino.

La primera cosa importante a decir es que está bien escrito. Muy bien escrito. Tan bien escrito que define un espacio literario, que es capaz de erigirse en obra autónoma y, a partir de ella, crear una sensación, una atmósfera que da vida a lo que describe. Es, en el sentido literal de la expresión, un libro sensacional(4). Y también es un libro documentado, fundamentado en cifras, datos y estadísticas. La manera de expresar el mensaje es afectiva, pero este afecto se matiza y se convierte en un vehículo de rigor en virtud de la fuerza de su documentación.

En el primer tercio del libro Sergio del Molino realiza una pequeña crítica literaria del que para él es una de las obras fundamentales de la España Vacía: El disputado voto del señor Cayo, de Miguel Delibes.
Lo que dice sobre esta novela puede aplicarse a su propio libro, un ensayo reivindicado como tal(5). EDVSC es una novela expresada a través de un registro lingüístico destinado a hacer sentir al público urbano que lea la novela como extraños de unos paisajes, de una vida que han decidido abandonar, descuidar, despreciar sin conocerla ni entenderla. O peor: pensándose que los prejuicios que tienen sobre ella son ciertos y definen el lugar. EDVSC tiene unas descripciones bellas, precisas y cuidadas de los lugares donde sucede la acción. Descripciones efectuadas con un vocabulario que nos falta. Que podemos llegar a entender buscándolo en el diccionario y en wikipedia pero que difícilmente podremos comprender sin haber ido al lugar. El lenguaje reivindica, o constituye, la cultura del lugar y ejemplifica el divorcio entre la España urbana y esta España Vacía. un divorcio traumático que lastra el país e impide su pleno desarrollo.

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EDVSC conoció su adaptación cinematográfica en 1986 de la mano de Antonio Giménez Rico.

El libro presenta una estructura clara. Después de una interesante introducción que nos lleva a la Irlanda y el Gales rurales el autor pasa a describir lo que considera el momento fundacional de la España Vacía: el Gran Trauma, o el momento en que el campo español pasa a ser abandonado de golpe. Sus habitantes crearán y habitarán las áreas metropolitanas de las grandes ciudades españolas, siempre pobladas por gente que se siente extraña, que no encaja. Que tiene la sensación de haber perdido algo.
El siguiente paquete del libro explora los tópicos contemporáneos sobre esta España Vacía: del neorruralismo y su fracaso hasta el garrulo de pueblo, desde la violencia hasta el silencio.
La tercera parte es la más interesante. Versa sobre el orgullo. El orgullo de ser de esta España Vacía, el orgullo de sus manifestaciones culturales(6), el orgullo de las manifestaciones del vacío, de las obras telúricas. El orgullo de los nuevos habitantes del vacío, gente concienciada y culta que busca sus raíces.
Aquí el libro se torna global: el vacío pasa a ser este primer vacío entre megalópolis que he descrito. La tierra de nadie desposeía de su substrato. Y aquí es donde el autor se moja explícitamente(7) declarando su amor por estas tierras, declarando su filiación cultural como persona que escribe, reivindica, se expresa a través de este vacío.

Por las tres partes del libro planea la reconversión de esta España Vacía en un lugar sostenible, capaz de absorber población, de actualizar este substrato sin demagogias ni falsas nostalgias. Es decir: el libro es también un proyecto. Un proyecto de paisaje. Un proyecto incipiente de estructuración del territorio.

La España Vacía es una enorme oportunidad. No una oportunidad para especular, no una oportunidad para extender esta urbanidad hipertrofiada, sino una oportunidad para activarla mediante infraestructuras que permitan dar sentido a un territorio. Es una oportunidad para fusionar las ciudades españolas con el territorio que las envuelve. Para crear red. Para llenarla partiendo de lo que hay.

En el libro se habla de las iniciativas surgidas en los años treinta desde la Residencia de Estudiantes y las Misiones Pedagógicas. De proyectos a largo plazo truncados por la dictadura(8) que actualmente son seguidos ni que sea parcialmente para crear base, estructura económica, servicios con todos los defectos y los peligros de convertir esta operación en una red clientelar de subsidios para conformistas de segunda disfrazados de políticos progresistas. Ya ni tan sólo se trata de usar un término tan condescendiente como esperanza. Se trata de arremangarse y trabajar y de hacerlo con lo que hay en el lugar. De ser sensibles y conscientes.

Cualquier iniciativa coherente de desarrollo de España pasa por aquí. Hacernos tomar consciencia, por hacernos querer, comprender, revivir nuestras raíces sin nostalgia es la manera principal de entender este ensayo que, además, se puede disfrutar sencillamente desde su calidad literaria. Y se ha de hacer desde la política: desde la independencia de voto de las delegaciones provinciales, desde la activación de la Cámara Alta o su disolución definitiva o la corrección de una ley electoral viciada, estúpida y contradictoria. Desde una toma de conciencia colectiva que pasa por creernos de una vez todos estos conceptos de sostenibilidad, proximidad y localismo que de tan desprestigiados y gastados como los tenemos se han vaciado de sentido y coherencia. Desde la reactivación de la voluntad política y, finalmente, desde la mirada sin nostalgia. Este libro ayuda a ello.

Pero no será rápido.

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El pueblo soriano de Berlanga (923 habitantes). Foto: Jaume Prat, 2010.

(1) Después de Francia.
(2) Es poco conocido que la Gran Gripe de 1918 (curiosamente conocida en Europa como la Gran Gripe Española) mató en España a tanta gente como la Guerra Civil, constituyendo una catástrofe demográfica de proporciones bíblicas y terminando con toda la bonanza económica que el país consiguió gracias a su neutralidad durante la Primera Gran Guerra.
(3) Entendiendo por casar un conjunto de casas que no llega a formar un pueblo.
(4) O sea, que se expresa a través de las sensaciones que crea.
(5) Dentro de esta noble tradición de ensayos literarios tan invisibles en el panorama editorial mainstream actual: Montaigne, Pla, Foster Wallace o en el plano español Sánchez Ferlosio (que hace décadas que ha renunciado a la novela), Benet o, más recientemente, Javier Cercas.
(6) Las referencias culturales y artísticas trufan todo el libro. Los ejemplos artísticos sobre la España Vacía son, de hecho, el vehículo de expresión de éste. Leerlo llama inmediatamente a una serie de obras a revisar rápidamente. Este ensayo tiene un punto de metaobra.
(7) Ya lo ha hecho implícitamente en todo el ensayo y esto queda como un recurso emotivo que refuerza su mensaje.
(8) Que además fue repartiendo mentiras y más mentiras sobre el cuidado con el que gestionaba estos territorios.

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Limpiar la escena del crimen

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Un sábado de principios de mayo visité y fotografié la Seu Vella de Lérida, que considero uno de los complejos arquitectónicos más interesantes de nuestro país. Publiqué alguna de las foto(1) que exploraban los valores espaciales de las galerías del claustro para encontrarme con la agradable sorpresa de un hilo de comentarios protagonizado por Santos M. Mateos y Damià Martínez sobre la restauración agresiva que se había tenido que realizar en aquel espacio para que luzca como luce ahora, restauración calificada por Mateos como “Gótico del siglo XX”. Este artículo son las páginas que acabé prometiendo sobre el tema de la restauración de patrimonio desde el punto de vista de un arquitecto.

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Foto: Jaume Prat.

La Seu Vella de Lérida: sobre la loma del Canyeret (que preside la ciudad y buena parte de la Plana, dotado, por tanto, de un valor estratégico brutal) encontramos la Catedral antigua de la ciudad, una iglesia gótica primitiva de tres naves asentada sobre pilares románicos con un claustro más moderno (de un gótico puro, por tanto) con uno de sus ejes alineado con el eje mayor de la iglesia. El claustro, pues, cumple las funciones de nártex y fuerza a una entrada oblicua interesantísima que, entre otras cosas, obligó a colocar la puerta de entrada de la iglesia en el eje del claustro, casi exenta. El campanario queda también exento. El eje mayor del conjunto es paralelo a la directriz de la loma y el claustro acaba siendo fuertemente asimétrico: una ala da a unas dependencias auxiliares también góticas, la otra sirve de balcón a la Plana.

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Planta y diversas vistas de la Seu Vella. Fotos: Jaume Prat.

El conjunto propone una cantidad de valores espaciales potentes, sutiles, líricos. Y es simultáneamente un fabuloso ejemplo de arquitectura incremental: en la misma cumbre de la loma está la Suda, la fortificación musulmana previa a la Seu, sobre la cual se fueron construyendo sucesivas fortificaciones cristianas. En el siglo XVIII se consolida el uso de los cañones y las murallas se reconfiguran totalmente con baluartes en punta de diamante. El estado actual es una mezcla desconcertante de partes en uso, en ruinas, excavadas, museizadas, reusadas como restaurante, vividas en ceremonias representativas, etcétera.

Sabía, como dato, que el arquitecto Cèsar Martinell(2) había efectuado una importante intervención en la Seu, de la que estaba orgullosísimo, intervención que, frustrado, no supe encontrar cuando visité el lugar. Hasta que, gracias a Santos M. Mateos, caí en la cuenta. La intervención de Martinell es invisible porque, de hecho, la Seu Vella que ahora visitamos es la Seu de Martinell.

Entera.

Él la reconstruyó. Y la idea de Martinell es desaparecer. Martinell quería dejarnos la Seu en todo el esplendor de su espacio sin estar.

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El estado de la Seu previo a la intervención de Martinell y la comparativa de un rincón antes y después de la reconstrucción. Foto actual: Jaume Prat.

Respecto a la integridad de su trabajo sólo puedo decir, sin datos concretos, que creo en Martinell: su trayectoria y su obra lo avalan. Hemos de presuponer un trabajo cuidadoso y honrado ajustado a los medios y a los conocimientos que tenía, que eran los de la autarquía económica del periodo más duro de la dictadura de Franco.

Antes de su intervención el edificio era un ejemplo perfecto de arquitectura reusada: convertido en cuartel, las arcadas el claustro habían sido cegadas y el espacio triturado en horizontal y en vertical, con tabiques y forjados intermedios. El espacio, pues, era irreconocible, pero con todo el encanto de los lugares vividos y cuidados y con aquel romanticismo(3) de la ruina habitada, del lugar que ha conocido tiempos mejores.

Ahora el edificio luce en todo su esplendor. El espacio está, se reconoce, se puede apreciar.

Santos M. Mateos hace una reivindicación: explicarlo. Hacer posible la trazabilidad de la obra de restauración.

La reivindicación es tan obvia que no admite discusión. La historia ha de ser accesible in situ, explicada de manera fácil, total y sin demagogias.

Aun así el problema merece ser analizado desde otras perspectivas si queremos extraer algunas conclusiones que alimenten el debate, si queremos saber qué somos para tener una mínima consciencia de hacia donde vamos.

Algunos puntos:

1_ El marco Europeo.

Europa tiene una historia compleja, convulsa, trágica, que ha dejado muchísimas evidencias en forma de patrimonio construido simultáneamente usado, conmemorado, borrado, transformado, reinventado, gestionado de mil maneras diferentes, algunas respetuosas y otras con intenciones destructivas.
La historia de Europa no es algo pasado. La historia es ahora. La historia es transitiva. Frágil. La historia somos nosotros, seamos conscientes de ello o no. No hace falta ir demasiado atrás para verlo: hace nada que nos acabamos de librar de una presidenta de extrema derecha antieuropeísta en uno de los países centrales de la Unión Europea: Francia. Las consecuencias del ascenso de esta señora al poder hubiesen sido imprevisibles y probablemente nefastas. La Unión Europea, con todos sus defectos, es el cortafuegos de un conflicto global que podría destrozar el continente una vez más. Y no caigamos en el error de considerarnos más civilizados que nuestros predecesores habitantes de la República de Weimar o votantes de Sir Neville Chamberlain o incendiarios de conventos en la Setmana Tràgica. Todos ellos creían que la situación no podía revertir. Todos ellos se consideraban o pacifistas o luchadores por el mejor de los órdenes sociales posibles o partidarios del mal menor. Exactamente como ahora.

No en vano Goya quiso que la Carga de los Mamelucos y los Fusilamientos del Tres de Mayo se exhibiesen en forma de díptico(4): la exhibición de los dos cuadros juntos borra la línea que separa víctimas de verdugos, los vencedores de hoy de los de mañana. Borra la línea que separa la racionalidad de la irracionalidad.

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Francisco de Goya: La Carga de los Mamelucos y Los Fusilamientos del Tres de Mayo tal y como se exhiben hoy en día en el Prado por expreso deseo del autor. Basta con comparar al personaje que degüella al Mameluco en el primer cuadro con el que está levantando los brazos en el segundo para saber la razón.

A nivel arquitectónico: nuestro patrimonio es cuidado, exhibido, usado y gestionado en un juego de equilibrios inestable y constantemente cambiante entre diversos factores entrelazados tan complementarios como contradictorios: la ideología del momento, los usos previos, el respeto acumulado por la construcción, su representatividad, el factor económico que puede reclamar en cualquier momento cualquier construcción para un uso prosaico e inmediato.

Es decir, estamos en Europa. Somos, o estamos haciendo, o procuramos no destrozar, la mejor de las Europas posibles. Y esta es nuestra perspectiva.

2_ El uso del edificio.

El uso de un edificio viene dado por este juego de equilibrios ya mencionado. A más representatividad más juego político detrás. Y todo esto da unos invariables a destacar:

El primero de ellos versa sobre nuestra capacidad de olvido(5). Borramos la memoria de las cosas hasta desnaturalizarlas. La gran mayoría de la población, incluso del público especializado, no tiene ni idea de cómo es la historia de un edificio o de un lugar. Su mirada es siempre contemporánea y llena de prejuicios que sólo pueden ser borrados con estudio, consciencia y voluntad. Siendo el primerio de estos prejuicios la confianza en cualesquiera de las versiones oficiales de la historia.

Un factor importante de la historia europea relativo al uso de nuestro patrimonio es el papel de la Iglesia y sus relaciones con el Estado. La Iglesia es el propietario principal de no pocos estados europeos (España entre ellos), un inmenso, inconmensurable parque construido que a menudo, y ahora estamos en uno de estos momentos, es incapaz de gestionar y mantener. El valor estratégico del parque construido de la Iglesia es brutal, al tener edificios presentes en el centro de todas las ciudades y pueblos. Patrimonio susceptible de ser desamortizado, reusado, transformado y derribado, a menudo con poca fortuna o pocas buenas ideas para hacerlo(6). Entre otras cosas porque el debate sobre el uso de este patrimonio no se ha afrontado de manera global.

A otra escala temporal encontramos rastros de civilizaciones pasadas, como la romana, definiendo buena parte de nuestros centros urbanos y de nuestros lugares de reunión sin que seamos demasiado conscientes de ello ni seamos demasiado capaces de gestionarlo de manera eficaz.

3_ La conciencia.

La conciencia sobre el patrimonio no es obvia ni inmediata, y además va por fases. A menudo tomamos consciencia sobre lo que es/simboliza un edificio determinado sin ser conscientes de sus valores arquitectónicos. Casos como el Capitolio de Washington (o todo su Mall, de hecho), los palacios del Elíseo o Buckingham, el Kremlin y la Plaza Roja, o Downing Street serían buenos ejemplos. No ser conscientes del valor arquitectónico del patrimonio nos lleva a gestionarlo de manera mediocre: sólo hay que fijarse en la nefasta ampliación del Congreso de los Diputados para entender a qué me refiero.

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Ampliación del Congreso de los Diputados en Madrid: a la vista de este edificio quién diría que España ha dado tantos enormes arquitectos.

El valor del concepto patrimonio es más incluso más ancho que esto: se refiere al valor intrínseco de un edificio incluso cuando éste no es obvio. Olvidarse de este factor nos lleva a la situación actual donde hay una hiperconciencia de lo que sea que se llame patrimonio (a menudo falsa e impostada)y un grueso de obra construida al que sólo se da valor de uso. Y cuando esta obra construida pasa a tener valor patrimonial es gracias a iniciativas individuales, no sociales: es gracias a propietarios, promotores y arquitectos con conciencia inmersos en un panorama donde la calidad ha quedado totalmente descartada por mercado y usuarios simultáneamente. La calidad, de hecho, el valor añadido, son percibidos como una distorsión negativa. Como un factor de complejidad indeseado.

Las iniciativas que se hayan efectuado al respecto para repararlo han fracasado estrepitosamente, sean éstas directrices o normativas estilísticas, sean comisiones de patrimonio, fallidas por una mezcla de hostilidad colectiva, corrupción estructural(7), inoperancia, arbitrariedad y amiguismo.
Por tanto: hiperconciencia de lo que llamamos patrimonio y un grueso de lo construido gris y mediocre. Patrimonio, por tanto, asociado al rito, a la representatividad y al turismo. O a esa entelequia llamada experiencia(8).

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Turistas en Venecia, ciudad considerada como patrimonio y visitada como tal sin prestar demasiada atención ni tener demasiada inquetud por lo que haya a diez calles o a diez kilómetros de este punto caliente.

El patrimonio está formado, pues, por una serie de construcciones modeladas para que parezcan patrimonio. Modeladas para que parezcan formar parte del pedazo de pasado que se ha elegido por encima de los otros pedazos de pasado, o, peor todavía, por encima de ese proceso transitivo y perfectamente actual que es la historia.

Y así se restaura o se reconstruye.

Otras consideraciones:

-El rigor.

El rigor con que se trata una construcción patrimonial nos remite al grado en que se pretende forzar o modelar la historia y a los datos disponibles para modelar este edificio. Y además es independiente de los resultados arquitectónicos, que pueden ser excelentes sobre premisas equivocadas, o que ahora nos parecen equivocadas desde nuestra perspectiva. Las ruinas inventadas del paisajismo inglés o el trabajo de Viollet-le-Duc, admiradísimo por Gaudí, son buenos ejemplos.

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Eugène Violet-le-Duc: Aguja de la Catedral de Notre-Dame de París: pseudogótico inventado de estructura metálica sin rigor histórico alguno que para algunos no queda mal del todo.

-La mitificación del pasado.

A menudo el pasado es menos interesante que el presente. Mitificamos lo antiguo porque es antiguo sin que a menudo la recuperación pura de esta antigüedad sea más interesante que lo que ha pasado en la construcción a posteriori. La muralla romana de Tarragona, ejemplo de lo que ha sucedido en otras tantas murallas de otros tantos pueblos, es un buen ejemplo: el muro pelado quedó recubierto de casas, usado como medianera y cantera hasta que las nuevas construcciones se construían con este material, se adosaban, se fundían. Revertirlo, como se ha comprobado bien, no tan sólo no tiene el más mínimo interés, sino que además, puede ser contradictorio con nuevas muestras de patrimonio interesantes, como la casa Ximenis de Jujol, adosada a la muralla, casa que, sencillamente, no puede derribar nadie que tenga un mínimo amor por la cultura o la civilización. Las construcciones infraestructurales romanas (circos, teatros, foros) tienen el mismo problema, lo que vuelve a ser perceptible en Tarragona, excelente caso de estudio para este debate.

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Josep Maria Jujol: Casa Ximenis, adosada a la muralla romana de Tarragona. Foto: Jaume Prat.

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Vivienda excavada en la muralla romana de Tarragona. Foto: Jaume Prat.

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Viviendas sobre las gradas del circo romano de Tarragona. Su ritmo estructural está heredado de la estructura del graderío. Foto: Jaume Prat.

4_ ¿Y los arquitectos?

El interés creciente por la arquitectura de autor ha llevado a reconfigurar la relación del arquitecto con el edificio existente. Es por eso que tuve el equívoco en la Seu Vella con Cèsar Martinell: consciente de la potencia de la obra de este arquitecto buscaba una intervención de autor para encontrarme que su decisión allí había sido desparecer(9). Actualmente no es lo que se pide a un arquitecto. Ejemplos como Grassi en Sagunto, Moneo en Cartagena, Paredes y Pedrosa en Palencia o Zumthor en Chur o Colonia lo explican. Sobre todo porque son buenos ejemplos. Pero la cosa va más lejos. Ya no se trata de qué se hace o que se deja de hacer con una ruina. De lo que se trata es de que la mirada sobre este patrimonio quede filtrada por la intervención. Es esto lo que cuenta hasta el extremo de hacer desaparecer lo existente. Sólo así se pueden entender las intervenciones recientes de Toni Gironès sobre el patrimonio arqueológico catalán, intervenciones narradas y recogidas por el último número de la revista El Croquis sin el más mínimo cuidado respecto todo lo que no sea la intervención pura y dura, de tal potencia y personalidad(10) que puede leerse con total independencia respecto lo que lo haya motivado.

La intervención es ahora más importante que el patrimonio que supuestamente preserva.

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Paredes & Pedrosa: Intervención sobre la Villa Romana de la Olmeda, Palencia.

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Toni Gironès: Parque arqueológico en Can Tacó.

Y todavía un paso más. Lérida queda presidida por la loma del Canyeret. Al suroeste una carena conecta esta loma con la del Gardeny, también de cumbre plana, donde se colocaron los cuarteles militares una vez abandonados los de la Seu(11). La Caixa decidió convertir la ladera de esta loma en la nueva sede del Caixafòrum, una sede que tenía que asentar un museo sobre la ruta de acceso a pie a los cuarteles. El concurso fue ganado (de nuevo) por Toni Gironès. La crisis estalla en las etapas iniciales de la construcción y el proyecto se abandona. Con posterioridad el mismo Toni Gironès ha decidido convertir la ruina de esta construcción en el Museo del Clima de Lérida: (otra vez) una acertadísima intervención elaborada exactamente con los mismos criterios con que ha realizado sus intervenciones sobre patrimonio arqueológico: la ruina moderna y la historia se colapsan en un mismo plano sin tiempo, se transforman en contexto y son usadas para dar sentido a una construcción completamente nueva que será leída únicamente como construcción completamente nueva.

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Lleida. Obres de construcció del Museu de la Ciència i el Clima de Lleida al turó de Gardeny.
Toni Gironès: Museo del Clima de Lérida.

La estética de la ruina ha borrado la memoria histórica, que actualmente sólo puede ser leída desde un aquí y ahora que torna lo existente, el substrato, las capas, en irrelevantes. Y haríamos bien en recordar lo contrario.

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Una turista sacándose selfies en la Topografía del Terror de Peter Eisenman: la belleza de los bloques de hormigón descontextualizada en un lugar donde se conmemoran seis millones de asesinatos.

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Las ruinas románticas artificiales del jardín de Kingsmere y el 1111 Lincoln rd. de Herzog & de Meuron: variaciones sobre la estética de la ruina.

(1) Publicar es una buena manera de forzarte a retratar y ordenar. Y esta es la primera razón por que lo hago.
(2) Cèsar Martinell, arquitecto nacido en 1888, un año más joven que Le Corbusier, es un hombre de letras y un personaje total de una potencia tal que, de haber nacido quinientos kilómetros al norte, sería ahora una figura de referencia. No sólo estamos ante un amigo de Gaudí capaz de trabajarse una carrera con carácter propio huyendo de la alargadísima sombra del Maestro, sino de un político, de un activista cultural, de un escritor, de un importante decano del Colegio de Arquitectos (el que se come la Guerra Civil), de uno de los introductores de la arquitectura moderna en nuestro país (a través de su divulgación más que de su obra) y, además, todavía tuvo tiempo de fundar en 1944 la revista Quaderns. Y de dirigirla unos años. Casi nada.
(3) Afortunadamente ya se está empezando a hablar del mal que el romanticismo ha hecho a la cultura occidental. no derrotar las vanguardias ni nada: el movimiento a batir es este.
(4) Y el hecho de que por fin le hayan hecho caso y ahora se puedan encontrar expuestos de esta manera en el Museo del Prado arroja una luz fabulosa sobre la civilidad española.
(5) Orwell habla de esto mejor que ningún filósofo en 1984, novela que debería de ser obligatorio leer.
(6) Paralelamente a esto está la enorme crisis estructural de la institución, incapaz de renovarse y enganchar con su mensaje, lo que está reconduciendo las enormes ansias de espiritualidad de la población hacia cultos secundarios inconsistentes, pseudocientíficos, pagados de sí mismos como el animalismo, el veganismo, derechas e izquierdas varias sacralizadas (y por tanto acríticas), la astrología y algunas sectas cristianas, entre otros: lo peor que ha hecho la Iglesia, peor todavía que dilapidar su patrimonio construido, es dilapidar su ingente patrimonio intelectual: le sobra base para renovar su mensaje colocándose a la vanguardia de los cultos y no están haciendo nada para conseguirlo.
(7) Pero en este caso la corrupción ha aparecido y se ha hecho estructural a posteriori. A priori hay esta falta de voluntad colectiva para considerar cualquier parámetro cualitativo de la arquitectura.
(8) Una de las últimas incorporaciones a la lista de palabras que han perdido su significado.
(9) Concepto que me hizo comprender Souto de Moura explicándome una historia que recogí en este artículo.
(10) Y sí: también de tal calidad. No es la calidad arquitectónica lo que se debate en este, ya que he procurado que todos los ejemplos que muestro la tengan.
(11) Reusadas con acierto y transformadas en parque científico por obra y gracia del estudio Pich Aguilera.

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