Entrevista a Rodrigo Vargas 3/3


Jaume Prat: Tu vinculación con Angola no ha sido ir y proponer, sino que hay una constancia en tu presencia allí. Este papel de la constancia… Recuerdo que, desde mi punto de vista sesgado por trabajar en estudios de arquitectura, me planteé qué había hecho Cerdà después del Plan Cerdà. Y no hay después del Plan Cerdà. Cerdà hace el Plan durante toda su vida y muere haciéndolo. No es cuestión de un dibujo brillante, sino que el dibujo requirió de una gestión que le mantuvo ocupado el resto de mi vida. La cuestión es el papel de la permanencia. De tu permanencia en Angola.

Rodrigo Vargas: La vinculación que tengo con Angola es irregular, sinceramente. Las profesiones se desarrollan en el cuerpo a cuerpo. Sistemáticamente tengo dudas del trabajo que hago, tanto de su calidad como de su idoneidad. Existe esa cuestión cultural que ya comentamos antes… pero llegados a un punto, tienes que lanzarte y proponer. Ya se verá en el proceso si funciona o no, y como rectificar sobre la marcha. Creo que debería de pasar mucho más tiempo en Angola para llegar a entender cómo las dinámicas existentes se pueden transformar en patrones positivos de desarrollo, aunque es una realidad en la que probablemente siempre haya algo que se te escape.

Hay una cuestión que me interesa mucho: Cómo se genera la forma urbana en África. Da para estudiarlo toda la vida y no llegar a entenderlo completamente. Empiezas yendo a lo universal, procesando unos parámetros, un nivel de ocupación, una densidad demográfica, una intensidad de la actividad… Los números los puedes sacar muy fácilmente. El diagnóstico o las conclusiones ya son otra cosa.

Por otro lado, la intermitencia de mis periodos de estancia te dan la oportunidad de captar los cambios de un modo más drástico. Estando allí siempre pierdes perspectiva por la gradualidad de estos cambios. Hay una tendencia a la densificación en determinadas zonas, pero esta se ve superada por la tendencia expansiva de las ciudades que deriva en una morfología urbana dispersa, desde mi punto de vista por falta de capacidad de gestión de la infraestructura pública. Creo que es uno de los principales problemas que se deben abordar en ciudades que tienen en torno al 70-80% de tejido no planificado. Sin embargo, el núcleo fundacional de las ciudades angoleñas, por lo menos de las que he estudiado, es de origen colonial.

Huambo se fundó expresamente para ser capital de Angola en un punto intermedio de esta línea férrea central que comunica la costa con el interior, y se concibió para contrarrestar la influencia de la compañía minera inglesa que explotaba los yacimientos de cobre de la RDC. Se hizo un plan urbano de tipo colonial basado en los parámetros de la ciudad jardín de Ebenezer Howard, una ciudad jardín con una fuerte presencia administrativa… La ciudad planificada es ahora el centro de Huambo. La ciudad orgánica la rodea. Justo al revés de lo que sucede en las ciudades europeas, con núcleos orgánicos principalmente de origen medieval. En Angola es el proceso inverso. Hay una ciudad planificada que en principio funciona muy bien, por la imposición del sistema colonial -la cuestión de quién es ciudadano, de quién tiene derecho a vivir en la ciudad, de cómo se vive- alrededor de la cual en una época previa al post-colonialismo empieza a crecer el tejido orgánico, que sufre una verdadera explosión con la guerra civil. Eso tiene unas tendencias de desarrollo que hay que gestionar y detectar para ver cómo se consolida. Se debe de gestionar una demografía, generar unos recursos, una economía, para que después, poco a poco, se pueda ir, desde una perspectiva de política de gestión de rentas del capital generado, creando un sistema impositivo que revierta en la sostenibilidad de la propia ciudad. Pero lo que decía antes: es peligroso en el sentido de que estás aplicando un sistema de fuera, al que el grueso de la población no está habituado.

TEJIDO COLONIAL
Muestra del tejido colonial original. Dibujo: Rodrigo Vargas.

MUSSEQUE
Muestra del tejido orgánico o musseque. Dibujo: Rodrigo Vargas.

NUEVA EXTENSIÓN
Muestra del tejido de extensión. Dibujo: Rodrigo Vargas.

Después de todo eso hay que proyectar. Y dar un salto al vacío.

Sí. Pero no es tanto proyectar como intentar comprender esas dinámicas y encauzarlas. Proyectar es otra cosa. En Angola el tema del proyecto urbano está empezando poco a poco. Ahora mismo hay, según mis últimos estudios, un crecimiento de un 15-20% en zonas planificadas sobre el total de la superficie que ocupaban anteriormente la suma del tejido colonial y el orgánico.

Para constreñir el efecto, o la expansión del tejido popular se han hecho zonas planificadas alrededor de estos. Para encauzarlos se trazan unas calles y se divide el terreno en parcelas. Estas parcelas suelen ser muy grandes para lo que nosotros entendemos aquí. Pueden tener veinte por veinte, o veinte por veinticinco, cuatrocientos metros cuadrados de terreno. Y ahí va una vivienda unifamiliar, pero acaba por no ser así. En ellas lo normal es construir del orden de tres viviendas. Lo habitual es que se ocupe el fondo con un anexo, que le llaman ellos. Una crujía adosada a la medianera. Esa es la vivienda mientras se construye la casa principal. Cuando la familia dueña del terreno se traslada a la casa principal alquila el anexo. Y, a lo mejor, mientras tanto se construye otro anexo más que también se alquila. Pueden convivir dos, tres y hasta cuatro familias en un mismo terreno.

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Espacios comunes en una vivienda. Foto: Rodrigo Vargas.

Lo interesante de este medio es la gran mezcla, la gran promiscuidad de actividades y de sectores. En la misma parcela la gente, cultiva, explota una molienda de grano, fabrica materiales de construcción o abre un pequeño negocio –incluso es posible que combine actividades-. La gente coloniza, habita, y al mismo tiempo compone su propio sistema de interacciones en relación al tejido urbano que está alrededor.

En el último trabajo que hice identifico tres tipos de tejido urbano. Uno es el tejido colonial, otro el orgánico y el tercero las nuevas extensiones urbanas -lo que aquí denominaríamos ensanches-. En las nuevas parcelaciones identifico que la mayor actividad se da en el borde, en el límite entre la parcelación regularizada y el tejido popular orgánico. Ese encuentro es altamente rico en actividad, desde venta informal de ropa a actividades como iglesias, bares, paradas de taxis… economía popular y de mercado informal, activa, diversa. Es un fenómeno muy interesante y esos pequeños descubrimientos dan mucha satisfacción, es como una parte de un enigma profesional resuelto. La regularidad del tejido se va difuminando. La gente entronca las vías del tejido regular y las prolonga hacia lo irregular. Hay un proceso de simbiosis hasta un punto en que no sabes qué es tejido es planificado y qué no lo es. Siempre hay unos matices que como profesional puedes detectar, pero muchas veces te quedas en la duda.

Hablabas de organicismo. En un tejido orgánico de verdad, en una célula, la membrana es donde se da el intercambio.

El análisis biológico es perfecto para el urbanismo. Dicen que es el nuevo paradigma científico. Es fácil hacer este tipo de símiles entre los comportamientos biológicos. Ahora hablamos de la ciudad como ecosistema. Esa vía que constituye la piel entre los dos tejidos funciona como lugar de intercambio.

¿En este marco de actuación sirven los referentes que has ido adquiriendo en Europa? ¿Has tenido que partir de cero para afrontarlo?

Sí y no. Vas con tu bagaje y tienes que aplicar tu propia experiencia, que se ve modificada por lo que ves en el terreno. Siempre te queda la duda de si lo haces bien o mal. Así que tienes que lanzarte al abismo y proponer. Si tus propuestas están basadas en lo que vives y en lo que eres capaz de ver tendrás más probabilidades de éxito que si llegas y, simplemente, quieres derribarlo todo o aplicar fórmulas pre-establecidas. He visto planes directores de alguna ciudad que no tenían en cuenta para nada el tejido orgánico, ¡y en esas ciudades es del 80 al 85%!. Si lo único que eres capaz de decir es que “debe irse sustituyendo” estás pretendiendo sustituir el 80% de la ciudad. ¡A lo mejor es más fácil cambiar el 20%!

Y hay otra cuestión: el propio tejido colonial sufre de un cierto grado de informalización. Tenemos treinta años de guerra. Una economía y una escasez de recursos brutal. Muchas ciudades estuvieron mucho tiempo comunicadas por convoyes de camiones que la mayor parte de las veces eran asaltados en el tránsito entre una y otra. La gente, incluso la que tenía recursos, sufría largos periodos de escasez. Y en treinta años se dará una generación y media más, que en Angola serán dos. En treinta años tienes hijos, las familias crecen, muchas veces a un ritmo rápido, y necesitas hacer casas. Si tienes una parcela colonial de ochocientos metros cuadrados con una casa de doscientos vas a ocupar parte de la superficie libre. Algunas parcelas se fragmentan.

En las culturas autóctonas hay mucha convivencia, no se suele fraccionar la propiedad, sino añadir más inmuebles a la que ya existe. Es una cuestión cultural: que tiene que ver con la herencia del medio rural de cómo se coloniza un territorio, cómo se disponen las construcciones dentro de una misma propiedad del agregado familiar. Por ejemplo, tienes una construcción que es el granero, otra que es la cocina, otra que es el horno del pan, otra que es el dormitorio. Luego el espacio de relación social es el espacio exterior que delimitan esas construcciones, que también “son casa”.

Es una tipología específica de casa.

Claro, que también sufre una evolución cuando llega al medio urbano, y que fue la que principalmente colonizó el terreno alrededor del tejido colonial. Al principio de un modo disperso, que luego se va densificando. Esa densificación hace que cada vez las parcelas se aprieten más. Lo normal es que se construya un pabellón. El espacio entre pabellones también, como en el medio rural, es tu casa: donde comes, donde recibes… Eso se traslada al medio urbano y se densifica. También hay un cambio de materiales. Esa herencia cultural se lleva a la ciudad, se modifica en algunos aspectos y se mantiene en otros.

La vivienda burguesa europea reproduce el esquema de la ciudad europea, o al revés. Tenemos zonas de día, de noche, tejidos productivos… esto, trasladado a estas tipologías angoleñas ¿tiene capacidad de crear ciudad de un modo diferente al que conocemos nosotros?

Sí. Sería injusto negar esa capacidad. Al fin y al cabo, la ciudad es un fenómeno definido y consolidado por concentración de personas, de un modo un poco más disperso, con tendencia a la densificación y con una carga cultural propia. Quizá como recurso de economización del territorio ocupado, en este momento, en los barrios de desarrollo orgánico empieza a haber una tendencia a la verticalización. Están apareciendo primeros pisos. Alguno con un nivel económico mayor está haciendo segundos. De un modo muy curioso, dejando esos espacios libres. No ocupando la parcela completamente. Es un fenómeno a estudiar y a potenciar si se quiere alcanzar un grado de sostenibilidad, que no dependa del transporte privado, sobre todo por la extensión que en estos momentos alcanzan las ciudades en Angola en relación a la población que acogen

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Diversos espacios de convivencia en una parcela. Foto: Rodrigo Vargas.

¿Cómo trabajas a nivel constructivo?

Ahora estoy proyectando una casa. Trabajo con unos materiales, con una manera de hacer que creo simple, pero tengo la duda de si me estoy adaptando lo suficiente como para conseguir un resultado óptimo según los medios disponibles. Es curioso, por lo que te decía antes de hasta qué punto son necesarios los arquitectos. Este cliente es un chico de Madrid que vive en Angola. Quiere construir su casa en una zona apartada, porque le es muy difícil soportar el nivel de vibración que tiene la ciudad. Es una casa muy sencilla, que tiene que ser muy barata. Estoy buscando buenas referencias y las adapto.

Hay dos arquitectos de África que me interesan mucho. Uno es Diebedó Francis Keré, que cada vez formaliza más, y otro es un arquitecto catalán, Albert Faus, que me parece la bomba por la sinceridad de las obras que hace. Conozco dos: una es un centro cívico, la otra es una escuela. Ves su evolución y es muy limpia. Las obras están en Burkina Faso. Aparte que es un virguero, ¡porque se permite el lujo de hacer muros con cámara! Es una cosa que jamas se me habría ocurrido. En el Centro Cívico hace la hoja exterior de laterita y la interior de adobe, un adobe finito prensado en galleteras, más pequeño del que se usa en Angola. Con un poco de suerte, por lo que tengo entendido en Burkina Faso la laterita la puedes encontrar en la misma excavación de la cimentación. Esto te permite una reducción drástica del impacto ambiental en términos de consumo de CO2, porque la mayoría de los materiales -piedra y barro- que componen la casa los tienes inmediatamente disponibles. En el primer proyecto hace una viga de coronación para los dos muros. El portante es el exterior. Y en el segundo la laterita no es portante y apoya la viga de coronación, oculta detrás de la primera hoja, en el adobe. Me parece curioso porque también, como en el caso de Keré, es una evolución formal, pero de un orden más técnico. Es un detalle constructivo muy bonito: en relación con las primeras casas de ladrillo de mies, ese un tema miesiano del paño, de la fábrica de piedra, que hace un alarde estructural pero escondiendo el verdadero sistema portante dentro de la propia construcción. Keré quizá sea más expresivo en sus cubiertas, y en sus últimas obras las acaba formalizando más. Las cubiertas de Faus son un sistema separado de la caja interior, una protección de sol y de lluvia, ventilada, buscando el acondicionamiento climático de manera pasiva. Hace unos montantes y unas vigas mediante tubulares soldados para ganar inercia, las ancla bien al viento, que es el peor esfuerzo cuando haces ese tipo de cubiertas tan ligeras, y con estas dos cosas ya lo ha resuelto.

La casa que voy a hacer intenta copiar eso. Mi principal duda es el acceso a los materiales y los costes de la obra. En esta, Lubango, ciudad el mercado formal de la construcción está copado por las empresas portuguesas. Con la crisis ha habido un aluvión emigración portuguesa, tanto de técnicos como de profesionales -en muchos casos de antiguos descendientes de colonos retornados-. Siempre pienso en cómo se podría colaborar con empresas locales. Depende un poco del cliente y de la capacidad que tenga. Si fuese yo promotor es como me gustaría funcionar.

Volvamos al urbanismo. Háblame de cómo solucionar la carestía de infraestructuras.

A nivel de infraestructuras, la iluminación es lo más fácil y lo que te permite un desarrollo económico más inmediato en relación a la inversión que supone. Sólo tienes que clavar postes y pasar un cable, es relativamente sencillo y barato. El principal problema es que apenas hay cloacas. En los barrios que están más cerca del tejido colonial hay dinámicas que son positivas. He detectado algunas intervenciones en que los habitantes del barrio construyen sus propias cloacas a cielo abierto, por consenso entre vecinos. Me parece una dinámica muy interesante porque muestra una preocupación real por las condiciones de salubridad del espacio público. Aunque los residuos lleguen al río, aunque esté abierta y haya un riesgo sanitario, pero es el indicador de una voluntad de mejora de las condiciones de vida de la comunidad.

En otros casos, los vecinos sacan un tubo a la calle, a diez centímetros del suelo. El exceso de la fosa sale a la vía pública, que se torna insalubre. Pero si, como urbanista, dices que vas a dar el paso siguiente: un colector de pequeño diámetro que vaya uniendo todos estos puntos de vertido que saque los desechos de la calle ya se consigue un espacio público mucho más cualificado. Hay experiencias al respecto en Sudamérica perfectamente adaptables. El nivel de consenso vecinal a una escala más allá de las cuatro casas puede crear el nivel de sostenibilidad urbana aceptable.

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Infraestructuras de emergencia. Foto: Rodrigo Vargas.

Esto es una organización vertical de base. ¿El gobierno es consciente de ella?

Sí, pero hay muchos intereses de por medio. Hay intereses de empresas extranjeras que saben que construyendo ganarán capital… en Angola estalla una burbuja inmobiliaria cada quince días, porque se construyen centenares de viviendas para gente que no puede pagarlas.

Se hizo famosa una ciudad fantasma…

Kilamba, Kilamba-Kiaxi. Eso es un mito, porque sí funciona, al final. Está a 20 km de Luanda. Se ha convertido en una ciudad dormitorio para la clase media que tiene recursos suficientes para ir y volver en coche. En Angola cada vez hay más clase media, pero todavía hay demasiado poca en relación al grueso de la población. Los apartamentos de Kilamba cuestan alrededor de seiscientos dólares al mes. Las clases populares no se lo pueden permitir, su nivel de ingresos depende mucho de su entorno inmediato. Por ejemplo, el caso de las vendedoras ambulantes. Hay mujeres que caminan 20 km al día para hacer venta ambulante. No es lo mismo andar esos 20 km en un entorno donde todo el trayecto es un mercado potencial, porque transcurre por dentro del límite urbano, que ir desde Kilamba hasta Luanda a vender.

Son principalmente los funcionarios públicos y población que ha prosperado, los que tienen acceso a estas viviendas. Es una zona aislada y funciona bien, por el perfil de población que la habita en este momento. Es como los grandes polígonos españoles de los sesenta pero sin la conflictividad por la acumulación de una única franja social con bajos recursos en un determinado entorno. Pero existe el problema del transporte y el colapso del tráfico. Hay gente de Kilamba que tiene que salir a las cinco de la mañana para llegar a las ocho a Luanda. Cuando se cansen el polígono quedará allí vacío, y empezará a ese equilibrio social inducido. Empezarán a aparecer economías más precarias y es muy probable que en un entorno aislado la conflictividad sea más alta. Como hemos visto que ha sucedido en España en tipos de urbanización semejante.

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Kilamba-Kiaxi.

Así el estado actual de este polígono es transitorio.

Ojalá no. Un polígono de viviendas que no crea economía en relación a la población que acoge dura hasta que le dure la ilusión de los habitantes por la casa nueva, cuando esa ilusión termine los que puedan se marcharán y los que no quedarán ahí atrapados a merced de un zona mal planificada.

¿Es posible encauzar estos intereses económicos extranjeros en una planificación positiva?

¿En Europa ha sucedido?

¿No?

Relativamente, también hemos sido victimas de los intereses del gran capital. Lo ideal sería poder encauzarlo. A ver cómo se hace. Si se hace.

¿Trabajas solo?

Ahora estoy acabando los informes del estudio urbano. Lo redacto pero recibo un feedback regular desde Angola sobre las propuestas que lanzo a través de la empresa consultora con la que colaboro. Los datos los recogimos en conjunto con personal local.

¿Qué equipo humano podría ser necesario para esto? En términos posibilistas. ¿Puede revertir en algún tipo de formación?

Hay profesionales que defienden trabajar a todas las escalas. Desde las autoridades locales, independientemente de su grado de formación, autoridades administrativas y profesionales de manera transversal. El problema es que estas propuestas deberían que tener un grado de seguimiento que no siempre se da.

Desde la arquitectura defiendo la implicación de las nuevas generaciones de la universidad. Quizá sea un poco más elitista, porque no todo el mundo puede acceder a ella, pero en contraposición, propongo que se intente salir del divismo en la arquitectura. Pero eso también entronca con las carencias de los propios profesionales como profesores y de la gente que llega a la universidad. Me gustaría que la universidad fuese capaz de trabajar con los pies en la tierra, según las posibilidades reales del lugar. Muchas veces los proyectos que llegan de fuera no acompañan en el ejemplo.

Hay que planificar también la propia universidad.

Está claro que sí. Trabajar con necesidades reales. Lo que se hace en parte, pero en las escuelas de arquitectura se sigue imitando el formalismo que ha protagonizado nuestra enseñanza. Fuimos educados en una escuela de moda, y en Angola, por lo menos, esto se torna en un déficit.

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