Entrevista a Rodrigo Vargas 1/3

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Rodrigo Vargas: Hay una ilustración fantástica de Kai Krause donde se puede comprobar que en el contorno del continente africano caben Estados Unidos, China, gran parte de Europa, Japón… Es un territorio inmenso que nosotros reducimos y uniformamos con un mismo epígrafe: África. Y encima a los países del Mediterráneo no los llamamos África. Los llamamos el Magreb, como queriendo decir que es otra cosa. Principalmente la noción que tenemos de manera general sobre África es lo que está del Sáhara para abajo. Hablamos de toda esa amalgama de matices como del África negra. Y creo que es tremendamente injusto, porque incluso dentro de países tan grandes como puedan ser el Congo, Nigeria, Angola o Namibia hay unas diferencias culturales muy grandes.

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Particularmente, lo que yo conozco de África es Angola, y solamente tres o cuatro ciudades. Podemos decir África para resumir, pero, en realidad, va a ser Angola de lo que hablaremos: de Luanda, la capital, o de ciudades intermedias como Huambo, Lubango o Namibe.

Jaume Prat: ¿Por qué trabajas en Angola?

Llegué al país por una situación personal. Angola, por la situación que vivimos económicamente, es ahora mismo tierra de oportunidades para la gente formada. Hay mucha necesidad de profesionales cualificados, y la economía en la ultimas décadas ha crecido de una manera exponencial. Hay muchísimas cosas por hacer y es muy fácil tener una oferta de trabajo. Después, a la hora de trabajar, es más difícil hacerlo legalmente. Cuesta más porque es un mercado que los propios africanos quieren proteger y explotar por sí mismos, lo que es completamente legítimo y comprensible.

¿Cuál es la relación entre la persona que viene a trabajar desde afuera, los técnicos locales y los clientes?

Las ofertas existen. Es un mercado muy amplio. En principio no hay mucha competencia. Los técnicos de allí no tienen una mala disposición, al menos a primera vista, hacia la gente que llega. Son personas muy abiertas que tienen muchas ganas de escuchar. Son los que de verdad conocen como funcionan las cosas allí. África y Europa son dos mundos diferentes. Allí hay esa voluntad, esa curiosidad de saber, pero eso no quiere decir que cualquier sistema de trabajo sea aplicable en ese contexto de manera inmediata, o que se acepte en primera instancia. En el primer trabajo que tuve, que fue como profesor universitario, hubo un choque cultural bastante importante.

En principio me planteé las clases con un nivel de exigencia semejante al que había recibido en la Escuela de Arquitectura. A ese respecto, hay que aclarar que Angola es un país que ha tenido muchas dificultades, porque en él se han sucedido todos los tipos de guerra del siglo XX, desde la guerra de liberación colonial a principios de los años 60 a convertirse en el Vietnam de África, durante la Guerra Fría, siendo el escenario de la lucha de intereses de los dos bloques imperiales, con actores secundarios muy importantes -Cuba y Sudáfrica de por medio-. También China estuvo financiando en un primer momento a la UNITA, hasta que los EE.UU. tomaron el relevo. Es un conflicto que se prolonga hasta 2002, cuando Savimbi cae y la UNITA firma el armisticio, con grandes picos de violencia y épocas de paz relativa – transformada en realidad en un bandidaje que arrasaba las zonas rurales, menos pobladas-. Imagina lo que pueden significar cuarenta años de guerra para el desarrollo, y por consecuencia, para el sistema educativo de un país.

Me encontré con gente que accede al mundo universitario privado con unas carencias de base altamente comprometedoras y tuve que adaptarme a eso. Mi cometido era dar clases de Historia de la Arquitectura y de Dibujo Técnico en la carrera de Ingeniería Civil para un público que no estaba preparado, que no ha tenido oportunidades de llegar a lo que consideramos un nivel de formación pre-universitario en Europa. Y tuve que hacerlo de otra manera. La cuestión que me planteé es si de esa gente podían salir los futuros profesionales que desarrollasen el país. Llegado allí con el esquema europeo decía que no. Ahora creo que tal vez, como me justificaban mis compañeros del profesorado. No todos tienen que ser profesionales de primer nivel. De una escala del cero al diez no tienen por qué tener todos los ingenieros sobresalientes -tampoco lo son todos los que salen de nuestras universidades-. Quizá teniendo ingenieros de seis, o de siete, se puede llegar a un nivel básico que permita un desarrollo razonable basando la resolución de los problemas del día a día de la profesión en soluciones sencillas. Esas son las cuestiones con las que tienes que contar de partida cuando llegas allí.

Este trabajo me duró bastante poco porque no conseguía alcanzar el mínimo de aprobados por aula rentable para la institución.

Has hablado de trabajar dentro de la legalidad. ¿A qué te refieres con eso?

Te mueves dentro de un sistema en que todo, o casi todo, quizá el 70%, es mercado paralelo. A todos los niveles. Ese mercado de trabajo también existe en el negocio de las profesiones. La sociedad aquí, con un nivel de educación X, es medianamente consciente de qué es lo que vale ser un arquitecto. En Angola, donde un 80% o más de lo que se construye es autoconstrucción, un arquitecto sobra. Un arquitecto, incluso en España, lo contrata una persona que es capaz de asumir de partida los sobrecostes que genera su contratación. Un arquitecto es un valor añadido de un producto que quieres que tenga una cierta coherencia. Estética, principalmente.

Un ingeniero puede hacer una construcción, nos guste más o menos a los arquitectos, dentro de todos los parámetros legales y mecánicos necesarios para que el edificio no se caiga. Un arquitecto te da ese plus de la visión lateral. Eso, en Angola, no existe. Y si existe es porque determinadas personas entienden que les puede diferenciar del resto y porque tienen la capacidad de pagarlo.

¿Cuál es tu cometido como urbanista en Angola?

Ahora mismo trabajo como consultor. Lo último que hice fue una consultoría “indirectamente” para un departamento del Ministerio de Medio Ambiente. Aclaro lo de “indirectamente”: a mi me subcontrata otra consultora local para desarrollar un trabajo sobre “Morfología Urbana e Impacto Ambiental”.

¿De qué vive el país?

Angola vive de la explotación del petróleo y los minerales: diamantes, oro, hierro, entre otras cosas. Es un país muy rico en recursos naturales. El problema es que el tratamiento de esos recursos prácticamente no se realiza en el país. No hay una industria bien desarrollada en relación a la capacidad de recursos naturales que tienen. Ahora mismo hay un problema: con la bajada de los precios del petróleo es posible que se empiecen a recortar los presupuestos de gasto público. De hecho tenía una propuesta para colaborar en un plan de desarrollo urbano en una ciudad del sur, y se ha cancelado por este motivo. Namibe, la ciudad de la que hablo, es un caso muy interesante porque se trata de un puerto en el desierto. Alrededor no hay absolutamente nada. Vive de la pesca y del tránsito de mercancías que llegan a Lubango, otra ciudad del interior. Funciona principalmente como el punto de conexión por mar de Lubango.

Volviendo a la cuestión de los recursos, el país tiene una estructura social débil. Poco más de la mitad de las personas viven por encima del umbral de la pobreza (2 USD/día). Crear un sistema impositivo sostenible en estas condiciones es muy difícil.

¿Qué tasa de analfabetismo hay?

Puede ser un cuarenta por cien. Hablando de memoria. Todos estos datos los veo frecuentemente pero los retengo poco.

Háblame de la estructura física.

Es un país geográficamente muy diverso. La parte norte, que hace frontera con el la Republica Democrática del Congo es una zona de selva tupida. La parte central es un área de sabana y de matorral, frondosa, pero más dispersa, y el sur, tocando con Namibia, es puro desierto. El desierto del Kalahari toca al sur. Por una cuestión de explotación de recursos todas las ciudades se concentraban en los puntos mejor comunicación con las antiguas metrópolis, que en esa época (la colonial) era el mar. Después hay una estructura horizontal que entra en el continente. Se empezó a desarrolar en el siglo XX, apoyándose en la construcción de líneas de ferrocarril. Hay tres sistemas, tres líneas paralelas. La primera va de Luanda hasta Malange; La segunda recorre todo el país hasta el República Democrática del Congo porque había una explotación de cobre muy importante. Lo más rentable era sacarla por el Atlántico. Una compañía inglesa que poseía los derechos de explotación trazó esta línea hasta Lobito, que es una conurbación en la provincia de Benguela. Lobito es el puerto industrial y Benguela la ciudad colonial. La tercera se suponía que tenía que ir por el sur hasta Rhodesia y se quedó en Menongue, capital de la provincia de Cuando-Cubango

No se comunican entre ellas.

No, no lo hacen. La comunicación vertical se da a través del sistema de carreteras, más denso en las zonas costeras, perdiendo capilaridad progresivamente hacia el interior, las zonas menos pobladas. Los portugueses tuvieron durante una época la intención de comunicar Angola con Mozambique, pero no lo consiguieron. Estaba la concurrencia de los ingleses de norte a sur, de Egipto a Sudáfrica, y de los franceses del oeste a este, cruzándose en la zona de Rwanda y Burundi, con las consecuencias a la larga que ya conocemos.

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Las tres líneas del sistema ferroviario de Angola.

¿Sabes algo de la estructura histórica previa a la colonización?

Es una cuestión olvidada en África. Siempre se ha dicho que no había civilización, entendiendo civilización como cultura cívica, Civitas, la Ciudad que se desarrolla en un marco geográfico reducido en relación a la concentración de personas que acoge. No es verdad. Hay un texto, que fue candidato a los Premios de Ensayo Casa África 2013, al que fui invitado como jurado, que hablaba de la historia de África a través de sus civilizaciones. Como, por ejemplo, la civilización Ghana, que allá por los siglos XI y XII abarcaba el territorio de lo que es hoy Mali y Mauritania, aproximadamente. En este ensayo se justifica la falta de vestigios de las antiguas ciudades de estas culturas a partir del sistema constructivo más común al sur de Sáhara, la construcción de tierra y de madera, que deja muy pocos restos. Y por eso no hay tantos registros de las civilizaciones. Pensemos que las mezquitas de adobe de Tombuctú se deterioran muy fácilmente. Igual que otras formas de construcción que hay en el interior de Nigeria que tienen forma de obús, que requieren un mantenimiento continuo después del periodo de lluvias. Sí, existía cultura cívica, pero no ha dejado grandes vestigios. El Gran Zimbawe, en el país con el mismo nombre, es un caso particular de construcción circular, amurallada, en piedra, muy interesante. Es una maravilla, pero tampoco se conoce mucho su historia, ni cómo se desarrolló, ni qué pudo haber allí a ciencia cierta.
El siguiente paso en la historia de la civilización sub-sahariana sería el periodo de islamización que penetra por el Índico. Aproximadamente cada doscientos kilómetros fundaban una ciudad que estaba basada en el comercio de esclavos, igual que las fundadas por los europeos, que entraron por la costa Atlántica.
En África se produce una sucesión de civilizaciones hasta llegar al nuevo periodo de ciudades creadas por occidente en el continente africano durante el s. XX.

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Mezquita de Djenne, ejemplo de construcción en tierra.

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Ruinas del Gran Zimbawe.

Además de esto se dan migraciones internas de las poblaciones propias del continente. En Angola, más o menos simultáneamente a la colonización europea a partir del s.XVI se produce un desplazamiento de los pueblos Khoi-San por la llegada de los Bantús procedentes de la zona de los grandes lagos.

En lo que se refiere a civilizaciones locales precoloniales, en Angola existía un núcleo urbano de mucha relevancia: M’Banza-Kongo, también con construcciones en piedra, donde ahora mismo se están desarrollando labores de investigación arqueológica. Los portugueses le dieron el nombre de San Salvador del Congo. La línea de actuación típica de las colonizaciones de apropiarse de las manifestaciones más importantes de la cultura colonizada para justificar los procesos de la misma colonización.

Esto ha dejado vestigios en Angola? No te pregunto tanto por restos arqueológicos como por la manera de vivir.

Por lo que he podido averiguar, la población angoleña se ve diezmada muy fuertemente por la trata de esclavos. Aunque las cifras varían mucho, las cantidades estimadas del trasvase de población de un continente al otro va de los cuatro a los doce millones.

Estamos hablando de hasta doce millones de angoleños deportados.

Sí. Si estamos hablando de que la trata de esclavos puede ir desde el siglo XVI hasta el XVIII, doce millones de personas es una barbaridad. Más de la mitad de lo que se estimaba que hubiese en todo el país. Eso es capaz de destrozar cualquier estructura del tejido social que la población pueda haber establecido.

La trata de esclavos marca un punto de inflexión en la historia de Angola.

Imagina lo que es esa devastación demográfica. Es equiparable a un holocausto.

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Estudio de unos negreros para optimizar el material a transportar en su barco.

¿Y la agricultura antes de la llegada de los portugueses con su sistema colonial?

Lo desconozco. Hay culturas que son más agrícolas que otras. En el sur del país las culturas autóctonas son más de orden ganadero, y en el centro más agricultoras. Están más fijadas en un territorio.
La lectura bíblica de Caín y Abel se puede aplicar aquí también, en cierto modo… la cultura cainita como el origen de la civilización que se fija en un territorio y que se manifiesta de una forma generalizada a lo largo y a lo ancho del áfrica sub-sahariana, se puede aplicar también en Angola.

Como los Hutus y los Tutsis en Rwanda.

Sí… Los Hutus son bantús de tradición agrícola, los Tutsis son nilóticos, y de tradición ganadera. Luego está la cuestión de cómo Occidente influyó en estas culturas manipulando a su conveniencia los conflictos existentes. No quiero decir que no hubiese problemas históricos ellas, claro, no vamos a ser cándidos y pensar que se trataba de comunidades ideales. Por ejemplo, hay un grupo en el sur de Angola, los Kubales, que tiene como uno de sus ritos el robar ganado al pueblo vecino. Entras en la edad adulta cuando eres capaz de hacerlo. Si los problemas que de estas tradiciones se derivan se resuelven en un conflicto de machetes y lanzas probablemente habrá menos bajas que si se resuelve con granadas, morteros y Kalashnikov. Si la potencia comercial de turno además se dedica a instigar esos conflictos ya presentes según sus propios intereses es de esperar que el grado de violencia, de devastación y mortandad sea más alto, y sus consecuencias imprevisibles. Pero esto posiblemente es una reflexión un poco reductora de los conflictos latentes por mi parte.

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