En defensa del Atrio de la Alhambra

Que la Alhambra sea la principal atracción turística de la ciudad de Granada quiere decir dos cosas importantes:

-La Alhambra es la gallina de los huevos de oro del turismo de la ciudad. La demanda de visitas al recinto se cuenta por millones, con el consiguiente impacto para las arcas municipales.
El tipo de turismo que viaja a Granada se puede englobar en el turismo cultural, más curioso y, literalmente, inquieto que otros tipos de turismo. Más dispuesto a desviarse de las rutas oficiales, a explorar y mirar por cualquier lado.

-El objeto de la visita está alejado de su función primigenia de palacio real. Y lo está desde hace siglos. Lo que actualmente conocemos como Alhambra de Granada no es un palacio real: es un palacio real abierto al público, debidamente transformado y domesticado para su uso como atracción turística. Es, pues, un consenso. Una ficción de un valor cultural y arquitectónico incalculable.

Todo en la Alhambra es contraintuitivo. El complejo nace como el palacio de un pequeño reino rápidamente tributario de la Corona de Castilla construido con materiales pobres. Piedra local, ladrillo, yeso, barro. Una obra de ingeniería excepcional lo provee del principal elemento que configura su arquitectura: el agua, usada invariablemente en patios interiores de proporciones bien medidas y caracteres muy diferentes centro de unos espacios introvertidos, íntimos, casi secretos. Espacios de reposo para mandatarios con vidas cortas y agitadas. Espacios de disfrute y recogimiento que ni tienen ni necesitan fachadas tal y como nosotros las concebimos. Más que un palacio, la Alhambra es, desde casi la segunda generación que la habitó, una superposición de palacios, de intervenciones diversas, a menudo contradictorias, que la han ido recreciendo y deformando hasta su forma actual. Podemos encontrar fácilmente diversas capas de esgrafiados superpuestas, anulándose entre ellas, fundidas, acumuladas hasta el extremo de no poder fijar ningún momento de proyecto que no sea el actual. Los materiales usados son heterogéneos: desde piedra local hasta mármol de Macael traído de unas canteras a casi cien kilómetros de distancia. Todos oscuros, tonos claros, arte islámico figurativo (como el Patio de los Leones), arte islámico abstracto (como los patrones del yeso o de las baldosas) e, incluso, el edificio renacentista más importante de España: el Palacio de Carlos I, edificio jamás terminado que se terminará de cubrir sobre 1920.

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Tres muestras de arquitectura de la Alhambra inconexas entre sí.

Washington Irving se la encontrará abandonada, parte de su recinto ocupado por familias locales, parte abandonado a las supersticiones que hacían jurar que allí había fantasmas. En los años 30 se reabre el Generalife y se instalan unos surtidores que sus ocupantes originales hubiesen odiado: para ellos el sonido del agua es el sonido de las corrientes naturales, no el sonido del bombeo mecánico. Más adecuado, sin embargo, para un espacio donde, en lugar de una sola familia, encontramos ahora tres o cuatrocientas personas a la vez.

Visitar la Alhambra es un ejercicio complicado. La vista se ha de acostumbrar a funcionar como una radiografía, como un escáner. Mirando no el cuadro de Velázquez, sino el primer boceto que Velázquez pintaba sobre la tela y que después giraba a la hora de afrontar la versión definitiva. La Alhambra no será, en ningún caso, este Velázquez. Será Bacon pintando Velázquez. Será Thomas Ruff fotografiando a Bacon pintando Velázquez. Será una fotografía de la fotografía colgada de Instagram. Ya no visitamos la Alhambra. Visitamos la #Alhambra mientas nos damos cuenta que el hashtag tiene 290000 entradas.

Y más: la Alhambra, convertida en este pósito de mil capas de lectura de donde cada visitante puede sacar cosas diferentes (desde la indiferencia hasta una tesis doctoral), está radicalmente subequipada para recibir toda esta masa de visitantes. Está, de hecho, tan subequipada que puede llegar a ser peligroso para la propia instalación. No hay cafetería, ni baños decentes. No hay instalaciones para personas con movilidad reducida. No hay una librería. No hay restaurante. No hay aparcamiento para buses.

Es este el panorama que intenta resolver el proyecto del Atrio de la Alhambra.

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<El Atrio de la Alhambra y su relación con el entorno.

La Alhambra es, pues, un proyecto vivo. Un complejo históricamente divorciado de Granada que ahora necesita una conexión urgente con la ciudad, y una antesala que permita su visita. No hay un modo fácil de hacerlo. El proyecto redactado por Álvaro Siza y Juan Domingo Santos es consciente de esto, y con una valentía extraordinaria se mide y dialoga con lo existente. El protagonista vertical son los árboles. Apenas sobresale del suelo, para terror de los ingenieros de instalaciones, obligados a trabajar sin cielos rasos para ahorrarse cuarenta centímetros más de cornisa. Las proporciones de los espacios se trabajan con el mismo sistema de medidas de los palacios originales. No hay fachada. Ni se quiere ni se necesita: los árboles, la muralla, el paisaje de cubiertas, siempre usadas para algo por tal de minimizar el tamaño del edificio, son suficientes para manifestarlo. El Atrio nace con una doble condición: el de edificio funcional que no reste, en ningún momento, protagonismo a la Alhambra y el de pieza de arquitectura que sólo puede respetar lo existente desde la consciencia de su tamaño, desde su carácter de puente entre unas arquitecturas concebidas para una intensidad de uso y una función muy diferentes a las actuales a las necesidades de confort, intensidad de uso, tráfico rodado, etcétera.

Los arquitectos han concebido, pues, no un edificio respetuoso, sino el edificio más respetuoso posible con este entorno. Un edificio que no tiene nada que ver con los atentados urbanísticos y paisajísticos que orbitan la Alhambra por su parte posterior, tan insultantemente malos, eso sí, que resulta imposible que puedan ser percibidos como parte de ella: y es este, con toda seguridad, el punto más discutido por los reaccionarios que ahora se oponen al proyecto, que ha recibido una fuerte oposición local sin que estos opositores hayan conseguido poner sobre la mesa un solo argumento racional, tan sólo vaguedades sobre conflictos de comercio y una supuesta aberración histórica que sólo demuestra hasta qué punto algunos desconocen lo que quieren. Incluso hasta qué punto quieren no una presencia, no una realidad, sino una idea que no existe en ningún lugar fuera de su cabeza.

Álvaro Siza ha demostrado, en infinidad de contextos y proyectos muy difíciles, su validez como arquitecto. Es, probablemente, el arquitecto vivo con la trayectoria más importante del mundo. Juan Domingo Santos, en cambio, no necesita demostrar su amor por Granada. Poca gente he conocido que sepa más sobre el recinto. Sin olvidar que el proyecto se ha trabajado en la Fábrica de Azúcar de San Isidro, que el propio arquitecto lucha por salvar desde hace lustros inmerso en un proceso amargo de juicios, apelaciones y, demasiado a menudo, incomprensión. La credibilidad de este equipo a la hora de afrontar el reto que supone el Atrio está fuera de cualquier duda razonable.

Es por esto que se ha puesto en marcha una campaña de recogida de firmas que permita visualizar, o en cierto modo bendecir, este proyecto tan necesario no tan sólo para la instalación, sino por lo que representa para el marco cultural del país.

Si lo consideras conveniente puedes firmar aquí.

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6 respuestas a En defensa del Atrio de la Alhambra

  1. Paco Morente dijo:

    Defender la Alhambra no es abandonarla a su suerte.
    Promocionar Granada no es vampirizar sus riquezas.
    cuidemos y enriquezcamos a nuestra ciudad y a su mágica compañera.
    Bienvenido Atrio

  2. Rafael Morgado dijo:

    Todo es discutible. El adefesio de granito que ha realizado este arquitecto en la cercania del monasterio compostelano de Santo Domingo de Bonaval es desastrosa, impide la visión de una angulo del mismo gracias a su mole informe y lineal mas propia de virtualidades infográficas escandinavas que de arquitecturas petreas imbricadas en contextos arquitectonicos historicos como de los que hablamos. Los nombres no son garantía de nada, lo son las obras.

  3. Pingback: Scalae, Boletín #094 – ARQA

  4. Raya-mijoler dijo:

    Es penoso q ese proyecto se pierda; pero es todavia peor q la Alhambra se vea y se piense,como hace el autor de este articulo, com los mismos valoees y criterios q un parque tematico: coche comida y confor…quien quiera eso no necesita ir a la Alhambra ya le hemos construido el nevada, tb por arquitectos y seguramente tb arquitectas.
    Salud

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