El lugar en la mesa

Esta documentación gráfica acompaña el artículo El lugar en la mesa, publicado en Diario 16 sobre la pieza de Pep Admetlla en la bodega Vinyes dels Aspres de Cantallops.

El interior de la pieza. Foto: Jaume Prat
La maqueta. Foto: Pep Admetlla.
Boceto preparatorio. Pep Admetlla.
Foto: Jaume Prat
Foto: Pep Admetlla.
El Cementerio de botellas
Foto: Jaume Prat
Mesa de catas que acompaña al Cementerio de botellas. Foto: Jaume Prat.
Foto: Jaume Prat
Maqueta de la escalera. Foto: Pep Admetlla.
Maqueta de la escalera. Foto: Pep Admetlla.
Foto: Jaume Prat
Foto: Jaume Prat
Foto: Jaume Prat
Posted in Uncategorized | Leave a comment

Una novela modernista

Recuerdas los libros porque te cantan. Cuando un libro te gusta tanto que te marca y no lo puedes olvidar es porque esa música se ha instalado dentro tuyo y se ha quedado a vivir allí. Y vuelves a la escritora porque buscarás esa voz, esa capacidad de rimar, de frasear, de modular. De cantar. Cualquier escritor de la historia, de Shakespeare a Rodoreda, tiene esta capacidad.

     El descubrimiento de una música particular es aquello que me ha chocado desde la primera página de Canto yo y la montaña baila (Anagrama), de Irene Solà. No recuerdo un impacto semejante desde Los detectives salvajes (también Anagrama), vendida en su momento como la novela que Borges habría querido escribir, lo que me hizo pensar que sí hombre, mis dallonses morenos, pero seguí leyendo y me levanté del sofá rendido y pensando que, efectivamente, era la novela que Borges habría querido escribir. Si tuviésemos que vender de la misma manera Canto yo y la montaña baila podríamos decir que es la novela que Verdaguer hubiese querido escribir. Y ahora Irene Solà ya puede hacer lo que quiera porque aquí tiene un seguidor incondicional.Porque tiene voz. Porque tiene tono. Porque tiene ritmo. Porque lloré leyendo los poemas de Hilari. Y porque mientras te emocionas leyendo estos poemas ella se ríe. La novela e Irene.

     Canto yo y la montaña baila es la historia de un lugar, los Pirineos a la altura del Alto Ripollès, de las montañas que bordean el valle de Camprodon, desde su formación hasta hoy. Y es pertinente contarlo de este modo porque así la cultura empieza con lo telúrico. La montaña nos habla, y habla también quien vive allí y quien muere allí, y nos hablan las piedras y los cervatillos y los osos y los perros y los fantasmas. Sí, Canto yo y la montaña baila es una preciosa historia con unos personajes potentes, muy potentes, que forman parte de este continuo narrativo y con él de este lugar en un fresco en que no sobra ninguna voz ni ningún tiempo ni ninguna deriva, porque todo está perfectamente atado en una historia que es muy parecida a la historia de todos los lugares altos pero a la vez es la historia de este lugar y de estos personajes y es la historia que se tenía que explicar precisamente ahora y precisamente de esta manera, con esa ligereza que no hace perder la gravedad del lugar y de los hechos, con ese tono casi infantil que sólo encuentras en esas literaturas capaces de marcarte en cualquier edad. Y ahora viene cuando uso la condición femenina de la autora al revés, porque los personajes femeninos son los más potentes e interesantes y mágicos pero joder, qué bien que sabe retratar a los hombres con aquellos silencios asfixiantes y esa incapacidad para comunicarse.

El lenguaje, el maravilloso registro de esta escritura, es lo que lo ata todo. La prosa se transforma en unos poemas integrados en el relato, pero la prosa es en sí tan poética y potente que sólo te cala en el tercer o cuarto poema que, abrigado de este modo, ha de destacar mucho y ser muy bueno para que sea significativo. Y lo es. Y todo escrito por una escritora que no tiene ni treinta años, alguien que, pasando por encima del panorama narrativo convencional de nuestro país, se integra en aquél modernismo rabioso, incivilizado, salvaje, que caracterizó parte de la literatura catalana hasta que fue borrado por un Novecentismo que, como en el resto de las artes catalanas, ha terminado por identificarse con la cultura nacional. Canto yo y la montaña baila es una novela rural, de las montañas altas y de los paisajes que te puede matar, rabiosamente contemporánea, que da voz a unas mujeres rurales que han sido y son todavía las olvidadas de las olvidadas. Canto yo y la montaña baila es un nuevo brote de la rama alternativa de la literatura catalana, la que practicaron Caterina Albert (o Víctor Català), Guimerà y Verdaguer, tan sugestivo como había sido el resto de la rama hasta que la arrancaron. Pero Solà ha demostrado que está viva. Por lo que más queráis, no dejéis de leer este libro. Ya me lo contaréis.

Posted in crítica literaria, Irene Solà | Tagged , | Leave a comment