Ellos

Escena 1: en un ascensor, un mediodía.
Participantes-Jaume Prat

-un saludado anónimo estándar
Donde se describe un encuentro casual. No me saco la americana para que no se note que estoy sudado. La suya es azul cielo, lleva los zapatos gastados. No se duchó esta mañana, el café con leche que ha ingerido previamente estaba frío, y espera a las cuatro de la tarde para mirar los titulares del sport por Internet. Lleva cinturón marrón con pantalones gris marengo, la corbata es del Corte Inglés y hace muaré. Restos de migas en su pernera izquierda. Para él la crisis es culpa de los especuladores, de los bancos, de los políticos, del mercado intervenido. La puerta se abre y me paso de piso para no seguir con la conversación.
Siempre me ha llamado la atención la busca de culpables que acompaña cualquier situación crítica. ¿Que el mercado inmobiliario colapsa y nuestras viviendas pierden valor? Los especuladores. Cuando pregunto quiénes son, la respuesta es siempre invariable: ellos. Los bancos. Los promotores. Los políticos. Quien sea menos nosotros. Menos nuestro interlocutor, nuestra familia, nuestros amigos. Ellos. Hasta que se me ocurre en mucha gente que compró una vivienda, hace años, pensando que la hipoteca a cincuenta años que firmaba era tan sólo un puente para un negocio que implicaba, en cualquier caso, una subida exponencial del precio del suelo, una revalorización de un 20, de un 30, de un 50%, fácilmente. Firmas, liquidas y a otra. Vendes tu piso a una tercera persona, compras otro a una cuarta. ¿Os suena? A esto se le llama pirámide. Y, por masa crítica, catacrack.
Escena 2: la bandeja de entrada de mi gmail, abierta (clandestinamente) en el trabajo.
Participantes:
-Jaume Prat
-una extrabajadora de Josep Lluís Mateo. Su presencia es virtual, pero me llevo un beso de circunstancias en la mejilla la vez cada cuatro años que tiene la mala suerte de encontrarme.
-una compañera de trabajo
… vuelve a ser mediodía. El trabajo se me está comiendo per me aburro igualmente. Abro un correo de esos colectivos donde se describen una serie de actos contra el todavía-no-inagurado hotel-vela de Bofill. Sin haberlo podido terminar de leer, ya he notado una hinchazón inesperada en los cojones, hasta una medida que los hace incompatibles con el seguir sentado. Casualmente, mi compañera de trabajo ha recibido el mismo correo.
la compañera: no sé por qué per intuyo que no irás al acto anteriormente descrito.
jaume prat: ¿irías tú si el edificio fuese de Mateo? ¿Iría tu amiga?
la compañera: silencio.
Resulta paradójico. Llegado a la facultad allá por el 93, me encontré con que no se daba la asignatura de ética. En su lugar, una serie de interesantísimas veleidades locales (a quien, a despecho de su avanzada edad, sigo envidiado hoy en día por su capacidad de aprovechamiento de sus encantos personales, temarios y otros recursos a su alcance para follárselo todo) nos enseñaban estética. Esta distinción, unida al matrimonio ocasional e interesado entre ambas disciplinas, continúan teniéndome obsesionado. Cuando vemos un edificio, antes de preguntarnos por la naturaleza de su encargo, miramos siempre como ha quedado. Y, por alguna extraña razón, este excepcional arquitecto que es Ricardo Bofill ha sido escogido como chivo expiatorio en la ETSAB. Así que rajar de su hotel-vela sólo por el hecho de ser suyo es cool, y está permitido hacerlo sin tener que seguir pensando.
Escena 3:una aula del edificio Coderch de la ETSAB, segundo semestre de 2008.
Participantes: -Eduard Bru i Bistuer, doctor arquitecto, catedrático de la ETSAB.
-un puñado de alumnos que cursaba, entonces, un máster oficial de la facultad. Aún habiendo participado en él no recuerdo su nombre. Jaume Prat, procurando que no se le enfríe el café, está sentado en la última fila, contra la pared, para que no se note que ha sudado (otra vez). Llegó, como siempre, cinco minutos tarde, habiendo corrido durante todo el trayecto de aproximación a la escuela.
Donde se describe una clase magistral titulada “arquitectura y marca”. Si alguien quiere los apuntes que me los pida. La conferencia empieza con una foto del proyecto que Eduardo Souto da Moura (con los hermanos Terrades como comparsas: si alguien puede confirmar o desmentir este dato que me lo haga saber, y lo rectificaré en caso necesario) está construyendo en Santa Coloma de Gramanet bajo el nombre de “Cubics”. Bru describe una operación de blanqueo de imagen de una operación urbanística dudosa a base de llamar a un arquitecto de talla excepcional, que aporte nombre y talento para maquillar un pequeño desfalco de 210 viviendas y un hotel donde sólo cabía un centro comercial, construidos a parte del propio centro comercial, claro.
Fin de las escenas. El día 27 asistí, atónito, en directo, a una serie de detenciones impactantes, motivadas, en buena parte, por este proyecto del que Souto de Moura se ha hecho cargo en Santa Coloma: Muñoz, Alavedra, Prenafeta. Quizá más. En el noticiario, contrapicado del hotel, casi terminado, de Souto da Moura. Me hago la pregunta encima: ¿Dónde quedamos los arquitectos en todo este asunto? ¿Dónde queda un fabuloso, excepcional, proyecto de Souto da Moura en todo esto? Dilema moral: ¿Contribuir a esta farsa ilegal con su talento, con sus ganas, con su capacidad para transformar un desastre urbanístico en un proyecto digno, que incluso tenga la capacidad de vertebrar una zona marginada y complicada, o rechazarlo con un “ya lo hará otro” que puede condenar esta ilegalidad inevitable en un infierno para los habitantes de esta zona desestructurada que, además, tendrán que sufrir un centro comercial sin alma no otra virtud que la de haber engrosado las certificaciones trimestrales de una constructora?
Los arquitectos hemos estado siempre al servicio del poder económico y/o político. Construimos lo que es necesario, pero también edificios que, sin más, significan. O ¿cómo llamar, entonces, a las tumbas, a los monumentos, a las iglesias nunca ocupadas en más de un veinte por ciento? ¿A los rascacielos corporativos sistemáticamente medio vacíos? ¿A los museos, a los aeropuertos vacíos, sin fondos de arte o con tan sólo un único avión cada tres días? Todo esto ha pasado siempre, pero ahora existe un componente especulativo que mata la profesión, haciéndole perder competencias y poder por encima de otros profesionales más mesurados como ingenieros y aparejadores. Y no es cosa de cuatro starchitects descarriados que quieran ir por libre: la responsabilidad es colectiva. He presenciado esfuerzos enormes de colegios de arquitectos (el catalán, el madrileño, el consejo superior de los arquitectos de España) para crear su propio star-system. Y, personalmente, aún estando en contra, trabajé en las obras del Forum 2004. Mi jefa de proyectos (si no se quedó conmigo) era una ex antisistema que había sido ocupa. Tengo compañeros trabajando en rascacielos corporativos que se definen de izquierdas, y muchos de ellos, también, han ido y van a reuniones antisistema. Anti el sistema que están colaborando a mantener, vaya. Inquiridos, las respuestas son invariables: “yo no lo firmo”. “No tengo nada que ver”. Son ellos, vaya. Siempre ellos.
Hace mucho tiempo que creo que los arquitectos deberíamos tener un código ético vinculante. Una especie de juramento hipocrático. Al no estar sólo quedan las leyes, y la certidumbre (espero) de una pena caso que nos las saltemos: medidas extremas. Si apelo a nuestra conciencia personal choco con los condicionamientos sociales: Fèlix Millet. Belén Estéban. MuñozAlavedraPrenafeta. La financiación de los partidos. La tele. Todos los que diciendo que se han marcado un trío con su madre y un hámster acaban cobrando más que el director de la Vanguardia.
Recuerdo una conversación reciente con un vecino de mi Santa Eulàlia natal sobre el arquitecto Ramon Puig i Gairalt: una serie de entusiastas de este arquitecto, de manera independiente, se han puesto en contacto conmigo, y, de manara muy amable, me han dado información de primera mano (padres que los habían llegado a conocer): él y su hermano Antoni eran arquitectos humanistas, músicos, amigos de Pau Casals (Antoni construyó su villa en Sant Salvador, ahora visitable). Los dos muertos, con un año de diferencia, en plena guerra civil, en un quirófano que más parecía un matadero. Mi vecino recordaba a su padre, barrendero, como muchos vecinos del barrio. Promovió un edificio de viviendas, ahora amenazado, para él, su familia y algunos amigos y conocidos que, pagando un alquiler bajo, le ayudaban a mantener el edificio. Lo que más me llamó la atención tanto de esta anécdota como de otras parecidas que me han llegado es la total ausencia de especiulación que denota. Puig i Gairalt ajustó sus honorarios al máximo. Los paletas trabajaron a horas muertas, la familia ayudando físicamente. Había un sentido ajustado del negocio. Ahora sólo pensamos en forrarnos, y el margen de beneficio industrial pelado parece cosa de broma. Por parte de todos. Los precios de los solares están hinchados de base, por propietarios a menudo sin experiencia pero con ganas de ganar dinero. Intermediarios. Pisos como negocio especulativo.
No tengo respuesta. Ni soluciones mágicas, fuera de la disciplina, el autocontrol y un sentido de la mesura cada vez más quijotesco. Poco más que esto puedo decir, excepto invitar a quien lea esto a pensar. No en los otros. No en ellos. En nosotros, y en nuestra responsabilidad ante una situación que, si nos despistamos, puede llevar a Yola Berrocal a la presidencia de España, de pura desafección de los votantes.
Cuando oí las últimas noticias me vino a la cabeza un fragmento del discurso de tomad e posesión de un presidente de los USA que distaba mucho de ser perfecto: John Fitgeral Kennedy. En medio de una crisis fortísima pidió a los americanos que dejasen de preocuparse por qué podía hacer su país por ellos. La pregunta correcta era qué podían hacer ellos por su país. Pues eso.

Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *