El lugar de la Democracia

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El cerebro humano funciona a base de dualidades. Pensamos dialogando. Aprendemos (demasiadas veces nos regimos) comparando, y tan sólo la consciencia de este mecanismo de funcionamiento puede llevarnos, por cortos períodos de tiempo, a pensar de modos alternativos(1).

No es este el modo de pensar de los arquitectos, siempre más básicos, atentos a la lógica simbólica. A lo que podemos contar con las manos. A lo que puede recordar un niño. La arquitectura organiza situaciones complejas a partir de artificios tan sencillos como sea posible. Lógica que encontramos constantemente en cualquier ejemplo válido que podamos imaginar.

En este artículo se analiza la conexión entre dos edificios gubernamentales ubicados en la India, el segundo de los cuales animado por la existencia del primero, del que quiere ser una versión corregida y mejorada. Uno está construido, el otro no. El diálogo entre los dos nos cuenta por qué.

1911: Nueva Delhi

El Imperio Británico enfila sus últimos treinta y seis años de existencia enfrentado, sin saberlo todavía, a dos guerras mundiales que girarán la humanidad como un calcetín dinamitando la primera de ellas la estructura geopolítica europea y la segunda los propios valores fundamentales de una civilización sacudida hasta sus cimientos. Llegando a la reducción del Hombre a su condición más animal para, a partir de ella(2), ser capaz de reconfigurarla enteramente.

Nueva Delhi es hija de las estructuras imperiales tardías, hiperburocratizadas(3), intermediarias entre la Colonia y una Metrópolis ubicada, para el grueso de la población, en otro universo. Un universo que quiere significarse a sí mismo a través de una ciudad nueva que obvie y haga el puente a la capital india histórica, Delhi, para formar un aparato de control que negocie su aspecto entre el recuerdo de la arquitectura colonial y el clima, el simbolismo, las tradiciones y los modos de vivir propios del país donde se aloja.

El rey llamará a su arquitecto de cabecera, Sir Edwin Lutyens, para encargarse de la coordinación del equipo de arquitectos que construirá la ciudad, redactar las líneas maestras de su planificación y construir los edificios más significativos. El resultado final quedará acabado hacia 1930 (en 1926 se inaugura la estación que la conecta con el resto de la india) y llevará el nombre de Nueva Delhi. El centro de la ciudad se dispondrá en la ribera del río Yamuna y tendrá forma ortogonal. Una serie de ejes principales y secundarios girados cuarenta y cinco grados entre ellos conecta las zonas residenciales con los edificios administrativos y los diversos equipamientos. La ciudad se jerarquiza mediante un eje principal orientado este-oeste, perpendicular al curso del río, que deja, en su extremo oeste (a mitad de uno de los lados del octógono), el edificio administrativo más importante de la India: la Casa del Virrey.

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Edwin Lutyens, arquitecto director: Nueva Delhi desde el aire

La Casa del Virrey estará proyectada por el mismo Lutyens. Su escala es gigantesca. Será mayor que el propio Parlamento, ubicado a su derecha(4), y su aspecto es tanto más imponente desde el momento que está flanqueada por dos edificios gigantescos de secretariado, que evidencian la jerarquización, la dificultad de acceso al personaje en cuestión(5). La distancia del poder al ciudadano.

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Casa del Virrey desde el aire

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Los dos secretariados adyacentes a la Casa del Virrey con el edificio del Parlamento, completamente circular

Una vez superada esta barrera, Lutyens maneja con virtuosismo la gigantesca escala para convertir el edificio en una extraordinaria muestra de arquitectura, tan representativa, tan vigente(6) que de Casa del Virrey el edificio se convertirá en la Rashtrapati Bhavan, la Residencia del Primer Ministro de la India para continuar siendo el edificio más representativo del estado hasta hoy en día. Su planta es rectangular, perforada por una serie de patios y atrios. A lado y lado (tanto a este, formando su fachada a la ciudad, como a oeste, formando su fachada doméstica, si doméstica es una palabra aplicable a un edificio de estas características) dos alas crean una especie de patio de acceso que, con un mínimo de construcción, aumenta su medida aparente en muchos miles de metros cuadrados. La culminación del edificio es una cúpula ubicada en su centro geométrico, de sección más parabólica que semicircular, ubicada sobre una serie de tambores que aumentan su altura y esbeltez. La cúpula, visible desde cualquier punto de la ciudad, es el símbolo del edificio(7).

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La Casa del Virrey con su cúpula

Primer interludio: la forma de la Democracia

Grecia, más concretamente, la República de Atenas, es la cuna de la Democracia, forma de gobierno propuesta en oposición a la sucesión de tiranías que la ciudad llevaba sufriendo desde hacía décadas. La Democracia nace, donde, como un blindaje ciudadano ante un tirano dispuesto a tomar el poder por la fuerza y a someterse a sus semejantes(9). Antes que nada, se requiere de un símbolo, de una situación, de una disposición física que permita entender a los ciudadanos la ausencia de jerarquías en su modo de gobernarse. Se clava, pues, una lanza de fresno en el suelo. La punta, clavada profundamente, no puede herir a nadie. Acto seguido, el pueblo se dispone en círculo alrededor de esta lanza, en situación equidistante.

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Templo de Vesta en Roma: el lugar del fuego y la domesticidad

La figura geométrica que simboliza la democracia griega es, pues, un círculo con el centro ocupado.

Esta forma evolucionará hasta formar los Congresos de los Diputados de diversos países del mundo: de los Estados Unidos de América a Ucrania pasando por Alemania, Escocia o España. Un semicírculo inclinado, como un teatro a la griega, sienta a los Representantes del Pueblo. Una tribuna vacía, ocupada por turnos, está delante de todo. El modo en que esta tribuna se una está celosamente reglamentada. Un Presidente del Parlamento(9) tiene como función casi única el velar por el correcto funcionamiento de esta tribuna.

Así, las formas circulares, los centros vacíos o llenos por turno, se adaptan perfectamente a esta manera de representar la democracia.

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El Parlamento Europeo con su centro vacío

Un inciso del inciso nos llevaría al Parlamento de Inglaterra, que enfrenta hileras de bancos donde una serie de diputados se chillan, gesticulan e incluso llegan a sacarse un zapato para pedir atención: no tanto un centro como un Parlamento con toras las de la ley. Ninguna tribuna, sino un sistema de turnos. La representación actualizada de un Senado Romano.

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La Cámara de los Comunes del Parlamento Británico: el nombre hace el espacio

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La cúpula de la Casa del Virrey, pues, representa muchas cosas a la vez: la protección del fuego de los templos vestales. La jerarquía de un centro ocupado. Actualmente, un estado democrático. En la época colonial, el lugar para la conversación: un lugar de entendimiento. Un lugar donde establecer acuerdos.

Segundo interludio: Muhammad Alí Jinnah

La independencia de la colonia inglesa de la India partió el dominio en dos creando los estados de la India y el Pakistán. Este último fue impulsado definitivamente por el abogado Muhammad Alí Jinnah, y segrega las provincias donde la población musulmana(11) era mayoritaria, a este y oeste del país, cominicadas entre ellas por un frágil puente aéreo que tan sólo por un frágil puente aéreo que tan sólo las mantuvo unidas poco más de veinte años hasta su sub-fragmentación en los estados del Pakistán y Bangla Desh(10). Jinnah, un abogado que ha vivido exiliado en Londres buena parte de su vida, que no habla una palabra de urdú, tiene prisa para conseguir la partición de la colonia: un cáncer lo está matando, y es perfectamente consciente que sin su concurso no será posible el estado musulmán que desea. Es ese momento o nunca. Así que, en las negociaciones a tres bandas, el escollo más importante para llegar a un acuerdo la provincia del Punjab, quedará sometida a una decisión salomónica: ser partida en dos ella misma. La capital, Lahore, quedará en el lado paquistaní. La India requiere de una nueva capital, que el gobierno decidirá, como si de un manifestó se tratara, construir de nueva planta en la falda del Himalaya. Se llamará Chandigardh.

1947: Chandigardh

El Primer Ministro indio, Jawaharlal Nehru(12), contactará para los primeros esquemas con el arquitecto inglés Maxwell Fry(13), que se encargará del primer esquema funcional. Posteriormente el gobierno contactará con Le Corbusier para que se haga cargo de la ciudad. Le Corbusier contactará con su ex socio y primo Pierre Jeanneret(14). Grosso modo, Le Corbusier establecerá líneas básicas para la planificación de la ciudad, reciclando y transformando de modo sorprendentemente respetuoso el plan de Fry, que quedará incorporado al equipo, para pasar a ocuparse de lo que realmente le interesa: el Capitolio. El lugar físico que ha de contener los órganos de gobierno del estado(15).

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Chandigardh: misma orientación que Nueva Delhi. Ciudad antropomorfa con el capitolio coronando su extremo noreste

Le Corbusier está obsesionado con el trabajo que Lutyens ha hecho en Nueva Delhi: lo admira, lo valora con una cierta envidia y a la vez es muy crítico con él(16). Lutyens no será un rupturista respecto del lenguaje clásico. Sus aproximaciones a la modernidad no pasarán por una revolución, sino por un cambio tranquilo dentro de los procedimientos y laos modos de hacer de esta tendencia. Explícitamente historicista, el sir inglés se mueve con comodidad en un limbo que mezcla soluciones técnicas y estructurales brillantes(17) vestidas como se necesita a cada momento. No así Le Corbusier, más comprometido con el Movimiento Moderno que ha ayudado a crear por mucho que los recursos expresivos y los trucos que él mismo usará para construir sus edificios lo acercan más al modo de hacer de Lutyens que a la que él mismo ha postulado.

Y será esta admiración por Lutyens lo que lo llevará a cometer un error de concepción que ha acabado definiendo, hasta hoy en día, el Capitolio: si Lutyens ha podido arrinconar el Parlamento a la derecha(18) del eje que culmina en la Casa del Virrey, él mismo podrá arrinconarlo a la izquierda(19) de un eje que culmine en la Casa del Gobernador.

Excepto que el Gobernador de Chandigardh no se comporta como un virrey: es el representante electo del pueblo del Punjab, y prefiere vivir en una casa anónima del barrio diplomático. El eje se queda sin culminación, flanqueado a mano izquierda por el Parlamento, y a mano derecha por el Palacio de Justicia. Analicémoslo.

El edificio del Parlamento será, en sí mismo, dual, conteniendo la Cámara Alta alojada bajo un volumen piramidal y la Cámara Baja inserta en el interior de un gigantesco hiperboloide de revolución que preside el complejo: la versión moderna de una cúpula que tiene todas las connotaciones anteriormente citadas. El Secretariado, usado por Lutyens para flanquear la Casa del Virrey convenientemente partido en dos, quedará aquí arrinconado como telón de fondo del Parlamento, convertido en un edificio evolucionado desde una Unidad de Habitación.

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El Parlamento y el Secretariado en una foto de Claudius Petit particularmente querida por Le Corbusier

El Palacio del Gobernador, en medio del complejo, es el edificio que verdaderamente interesa a le Corbusier, que ha concebido(20) los otros dos como el marco de un cuadro. El Palacio del Gobernador es la respuesta del arquitecto a la Casa del Virrey de Lutyens(21). El arquitecto opondrá un volumen relativamente contenido, cuadrado en planta, a la dispersión en planta de la Casa del Virrey. Como aquella, tendrá dos frentes claramente diferenciados: el anterior, representativo, y el posterior, en este caso no el jardón del Gobernador, sino la parte posterior de una ciudad concebida como un mirador al Himalaya filtrado por el Capitolio con el Palacio como último árbitro. De mucho más pequeñas dimensiones, el Palacio de Le Corbusier se desarrollará verticalmente, animado por una plaza de respeto que ya ha movido mucho el suelo: la Fosa de la Consideración, la pequeña colina adyacente. El lago. El propio Monumento a la Mano Abierta. El desarrollo del Palacio llevará sus propios espacios de ocio y su jardín interior, ubicado en la cubierta bajo el símbolo del edificio: una inversión plana de la cúpula de la Casa del Virrey. Así, lo que allí abriga un espacio de decisión aquí cubre un espacio de ocio. Lo que allí protege el fuego, se ilumina cenitalmente, simboliza reunión, aquí se convierte en escenario de encuentros frívolos. En lugar de paso inestable respecto de una enorme masa de hormigón que tira el techo sobre el usuario, un artificio sin concepto estructural resuelto como un forjado curvo soportado por la misma trama de pilares que sube limpia desde los cimientos.

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Con dos consideraciones adicionales:

La primera es sobre la naturaleza de los pilares. Le Corbusier usará, como rareza hasta donde sé inédita en su carrera, unos extraños pilares cruciformes de hormigón, émulo desproporcionado y chapucero de los que había usado Mies van der Rohe en algunos de sus proyectos alemanes, principalmente en el Pabellón de Barcelona y en la Casa Tugendhat. Pilares que tienen la virtud de invitar al movimiento. De ser centrífugos: la trama define unos ejes que requieren de cosas en medio para sugerir el movimiento del espacio. Cierran y a la vez expulsan el espacio, sin el carácter neutro, ausente, de los pilares de hormigón circular más usados por el arquitecto. Los pilares cruciformes hubiesen dado al interior un cierto carácter de obra civil, de infraestructura incapaz de formar espacio por sí misma. De lugar que no contiene ni culmina más allá de su símbolo, esa especie de cúpula invertida que agrede a las formas del Himalaya tras suyo pero que, desde cualquier distancia, posición y altura, culminará el eje más eficazmente.

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El vestíbulo del Palacio del Gobernador. Notar el enorme parecido de esta perspectiva con la del centro de la Ciudad de Tres Millones de Habitantes

Los intentos posteriores de Le Corbusier de construir alguna cosa allí, desde una versión más pequeña del Palacio, convertido ahora, mediante un giro copernicano de su argumentación, en la Casa del Hombre, hasta el Museo del Conocimiento, dividido en cuatro talleres con vocación de estar vacíos, en clara competencia con el Museo de Chandigardh construido por el propio arquitecto en la Zona Cultural de la ciudad que él mismo había concebido, fracasarán: el espacio quedará como lo conocemos hoy en día, con la silueta del Himalaya coronando el eje de la ciudad flanqueado por los tres poderes democráticos. Después de su muerte la plaza se dará por completada con el Monumento a la Mano Abierta y la Torre de las Sombras, esta sí un símbolo puro, un monumento al sol y a la arquitectura. Sin necesidad de primeras residencias que escalen la estructura colonial.

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Comparación entre dos plantas de la primera y la segunda versión: los pilares cruciformes como parodia de sí mismos a la hora de escalar el edificio

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El Museo del Conocimiento, último intento desesperado de poner algo en ese hueco

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(1) Es la falacia del monólogo interior literario, recurso de pensamiento que sólo funciona cuando sabes que lo estás haciendo funcionar. Probadlo.
(2) Y eso siendo muy optimistas.
(3) El término que mejor las describe es kafkianas.
(4) Se aceptan todo tipo de especulaciones respecto de esta posición.
(5) El último de los cuales, Lord Mountbatten, primo del rey, será tan eficaz gobernando que quedará convertido en el primer Presidente de la República de la Índia cuando le es concedida su independencia. Mountbatten conseguirá, adicionalmente, convertir el inglés en la lengua principal del nuevo estado.
(6) Hasta hoy en día.
(7) Nueva Delhi no es plana. La topografía del eje principal, que forma una especie de joroba, corta en muchos momentos la percepción del edificio horizontal, haciendo aparecer tan sólo la cúpula desnuda, muchas veces tampoco entera: este es uno de los motivos para hacerla tan alta.
(8) También demasiado largo para ser debatido aquí: soy consciente que la Democracia Ateniense niega la ciudadanía a buena parte de su población, y sólo se extiende a una élite privilegiada del país, que confunde la parte por el todo.
(9) Que suele ser uno de los cargos institucionales más importantes del país. A menudo, el segundo en importancia después del Primer Ministro o del Presidente.
(10) Los órganos de gobierno del nuevo estado establecidos en la nueva capital, Dakka, fueron proyectados y construidos por el último Louis Kahn, que ya había sido arquitecto del Pakistán antes de su partición.
(11) El origen de la controversia entre los hindúes y los musulmanes proviene del hecho que las primeras conversiones en masa a la religión recién llegada, el Islam, se producen entre la casta de los Intocables, estableciéndose el paradigma de considerar que los musulmanes del Indostán son todos exmiembros de esta casta. Confusión que generará odios, rencores y una mala relación que llega hasta hoy en día, de consecuencias geopolíticas demasiado complejas como para contarlas aquí.
(12) Que establecerá un linaje con visos de familia real que, hasta hoy, ha dado diversos primeros ministros al país. Y algunos escándalos.
(13) Como ya se ha visto con el afer Mountbatten, el proceso de independencia indio dejará al nuevo estado y a Inglaterra en buenas relaciones. La actual estructura de gobierno hindú es heredera directa de los organismos coloniales. También lo van a ser los primeros técnicos a los que el nuevo estado recurre para construir infraestructuras necesarias como la propia Chandigardh.
(14) Peleados desde el inicio de la Segunda Guerra Mundial, Jeanneret, con una ideología explícitamente de izquierdas, y el más ambiguo Le Corbusier no reharán nunca la relación previa del mismo modo: la herida es demasiado profunda.
(15) De lo que queda de él, recordemos.
(16) Todavía más que su otra gran referencia: Versalles.
(17) A menudo mucho mejor ejecutadas técnicamente que las que prpone el Movimiento Moderno gracias a la tranquilidad que genera el no tener que explicitarlas ni convertirlas en el vehículo de expersión de sus arquitecturas. Así, la Casa del Virrey será una maravilla técnica dotada de todo tipo de ingenios tecnológicos que no se hacen evidentes en ningún lugar. La cosa no va por aquí.
(18) Ver nota 4.
(19) (volver a) ver nota 4.
(20) Y, no lo dudemos, esta será la base de su éxito
(21) Lo que proporcionará a los hindúes la excusa perfecta para no construirlo: la Casa del Virrey es enorme. El Palacio, para competir con la masa de todo un Parlamento y de una Sede Central de Justicia, se deberá de hinchar muchísimo en metros cuadrados: hasta nueve plantas (nueve!) y un desarrollo en planta bestial, a pesar de su vocación de edificio compacto.

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