Cubicar la dignidad 2_2

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Foto: Adrià Goula.

(Sobre una casa entre medianeras del arquitecto Josep Ferrando en Sant Cugat del Vallès)

1_ Esperas

Una medianera, un volumen y la casa está hecha. La distancia entre esta afirmación y el edificio terminado es la distancia del concepto a la obra. La casa, efectivamente, está acabada con esta decisión, pero se requiere del trabajo de adaptación que posibilita que una familia, y, concretamente, la familia promotora de la vivienda, pueda vivir allí confortablemente.

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Planos de la casa. Estudio Josep Ferrando.

Se impone una pequeña reflexión sobre construcción, convención y normativa. Las estructuras convencionales(1) se acostumbran a realizar en hormigón armado(2), un material relativamente nuevo que cuenta con décadas de un uso masivo que ha vulgarizado sus posibilidades a costa de un uso únicamente en forma de estructuras porticadas, monolíticas, a menudo sobredimensionadas, trabajadas exactamente del mismo modo(3) sea en una pequeña vivienda unifamiliar, sea en un gran edificio de viviendas.

La elección del sistema estructural es(4) el recurso principal para la arquitectura. En muchos grandes edificios, configura casi el 100% de esta arquitectura. El cuestionamiento de las estructuras monolíticas dentro de una vivienda(5) es uno de los factores más poderosos que existen para configurar su espacio. Cuando me refiero a un volumen y una medianera quiero decir que la única construcción monolítica de toda la casa es, precisamente, esa medianera, realizada mediante una doble pared de bloque de hormigón bien armada y trabada con el sistema de escaleras, de hormigón in situ. La estructura se usa directamente de acabado. Todos los elementos que configuran la casa se usan directamente de acabado, de hecho, excepto si no se pueden mojar y hay agua. Todas las instalaciones se superponen sin más. La estructura existente de la vivienda, que podría tener perfectamente un par de siglos de antigüedad(6), no es monolítica: paredes de ladrillo trabadas entre ellas y con las casas de al lado y arriostradas con los forjados y la cubierta. Josep Ferrando ha prescindido de los forjados intermedios, conservando sólo la cubierta, así que la estructura de la medianera requiere de este monolitismo tan potente para sujetar todo el conjunto. Y, probablemente, funcione y afecte la estabilidad(7) de hasta unas dos casas más allá. Esta estructura monolítica no llega a la cubierta. No la puede tocar. Si la tocase afectaría su comportamiento estructural y su estabilidad podría verse comprometida: si funciona no lo toques.

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La caja de escalera como sistema estructural. Fotos: Adrià Goula.

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Axonometria del sistema estructural. Estudi Josep Ferrando.

Para el resto de la vivienda, Josep Ferrando ha usado estructuras ligeras de madera que sólo se soportan a sí mismas, desligadas ya de su función de soportar el resto de la casa. Estructuras realizadas con un panel sandwich de madera con aislamiento interior, con inercia y resistencia suficientes como para aguantar cualquier requerimiento estructural que puedan tener. Estructuras baratas y removibles. Estructuras que tienen más que ver con la lógica de una estantería que con la de un forjado. Estructuras dispuestas donde convenga no para el funcionamiento estructural de la vivienda, sino para las demandas de la familia. Así, estos elementos estructurales ligeros se disponen en el vacío en función del programa, y se pueden cambiar tantas veces como se quiera en función de la vida de sus habitantes, con muy poco coste.

Lo que conecta las dos estructuras es un sistema de fijaciones de acero muy sencillas, realizadas con angulares que se dejan vistos. Esperas que tanto pueden estar sujetando paneles como dejarse y abandonarse y disponer otras nuevas donde vuelva a convenir.

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Forjados de madera con sus fijaciones. Foto: Adrià Goula.

Esta manera de trabajar no tan sólo una vivienda, sino, eventualmente, un edificio público, no es nueva en Cataluña y, en manos de dos arquitectos que han sido maestros primero y compañeros de trabajo después de Josep Ferrando, ha dado lugar a edificio de gran belleza e interés. Los arquitectos Manel Brullet y Alfons de Luna realizaron un CAP en Mataró(8) consistente en una serie de paredes de hormigón fuertemente armados y equipados con un sistema de esperas que permiten ir colocando forjados ligeros allá donde el programa lo requiera. La cubierta, desligada de sus solicitaciones estructurales, podría ser un elemento ligero de chapa que ahorró mucho dinero a la administración. El volumen construido resultante, sin necesidad de ningún refuerzo estructural, conseguía, tan sólo existiendo, trabar los muros de hormigón a la única solicitación estructural ante la que resultaban débiles(9): los empujes debidos al viento. El resultado es uno de los CAP más interesantes existentes en Cataluña.

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Manel Brullet, Alfons de Luna: CAP Cirera Molins, Mataró.

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La pared del CAP Cirera Molins, dispuesta a recibir el edificio.

Las viviendas unifamiliares del equipo formado por Alfons Soldevila y Josep Ignasi Llorens construyeron entre los años 70 y mediados de los 80(10) están conceptualmente muy cercanos a la casa de Josep Ferrando. De nueva planta, consistían en un doble muro de bloque de hormigón que formaba el perímetro de la edificación. La hoja exterior soporta la cubierta y, por tanto, evita los puentes térmicos. La hoja interior soporta las esperas que conforman los diversos forjados interiores, siempre ligeros y de madera, construidos, en este caso, en función de una escalera, también ligera y de madera, colocada normalmente en el centro de la edificación, el principal elemento de configuración espacial de la vivienda.

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Alfons Soldevila, Josep Ignasi Llorens, casa experimental MR-6.

Estos dos precedentes definen con precisión la distancia que separa la tradición de la convención. Edificios singulares, casi experimentales, cumplen a la perfección su programa de un modo poco convencional que bebe, sin embargo, de las esencias de la arquitectura de esta parte del Mediterráneo. La casa de Josep Ferrando no necesita beber de estas esencias porque ella misma es una pequeña muestra de cómo se configura este tipo de arquitectura. La intervención, la arquitectura de la vivienda, actualiza de nuevo la tradición de este tipo de construcciones huyendo de todas las capas de mediocridad que la construcción convencional ha depositado sobre esta tipología.

2_ Una sola pared

y las escaleras en su seno. Josep Ferrando se asegura, con ella, la configuración interior de la vivienda como espacio público y el tratamiento de su planta baja(11) como una plaza, un espacio cívico de convivencia para toda la familia. Se asegura, también, la comunicación vertical entre los diversos niveles de la vivienda. Las escaleras son, necesariamente, rectas. La comunicación entre tramos se produce por el volumen principal y se negocia caso a caso. Desde la entrada de la calle un tramo lleva directamente a la planta baja. Este tramo se ve doblado por otro tramo recto que, repetido pero no aplomado, comunica todos los niveles. La planta baja, o la plaza, si se quiere, queda significada, pues, porque desde allí se percibe como una escalera imperial. Uno de los tramos conduce a la entrada, el otro al los niveles superiores. Los tramos de la escalera quedan desalineados y desaparejados de cota, requiriéndose, por tanto, de pasillos en rampa o escaleras para circuitar la pared. Este recurso aparentemente errático está relacionado con la estrategia principal de colonización del vacío.

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Los dos tramos de escaleras inferiores funcionando prácticamente como una escalera imperial. Foto: Adrià Goula.

3_ Refugios

Espacio común y espacios privados para cada miembro de la casa y para cada actividad. Cápsulas, por tanto, donde poder estar y donde sentirse aislado. Donde nadie te moleste. Cápsulas que no afecten la percepción global de la vivienda. Cuando ésta, como sucede en muchas casas conocidas y reconocidas, se basa en puertas que sólo estarán abiertas el día que el fotógrafo registra la vivienda se convierte en un recurso falaz. En la casa de Josep Ferrrando no pasa por la sencilla razón que cada cápsula es, literalmente, eso: una cápsula. Un objeto que, en su interior, aloja una vida individual y, en su exterior, permite ser leída como un objeto de control lumínico que se entronca en la mejor tradición de espacios donde el control lumínico se realiza mediante este tipo de objetos: desde los museos construidos por Alvar Aalto o James Stirling(12) a algunas propuestas de Enric Miralles, como el Museo de Arte Contemporáneo de Zaragoza o el Aulario de la Universidad de Valencia. Estas cápsulas tendrán parte de sus paredes convertidas en paneles pivotantes que permiten, a costa de reducir un poco la privacidad, su participación del volumen principal. Esta tipología soporta muchas maneras diferentes de vivir.

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James Stirling & Michael Wilford: Clore Gallery, Londres. Objetos difusores de luz.

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Alvar Aalto: Museo de Finlandia Central, sección. Objetos difusores de luz.

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Enric Miralles: Museo de arte contemporáneo, Zaragoza. Edificios difusores de luz.

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Sección de la vivienda. Estudio Josep Ferrando.

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Objetos difusores de luz en la casa. Foto: Adrià Goula.

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Complejidad de los objetos difusores. Foto: Adrià Goula.

4_ La memoria

Las cápsulas que colonizan el volumen tienen la forma que un niño asocia con una casita: un volumen elemental con un tejado a dos aguas. Una forma perfectamente reconocible que ha devenido un arquetipo incluso en culturas y lugares donde no se dan este tipo de casitas(13). Una forma usada habitualmente por arquitectos como Sou Fujimoto, Herzog & de Meuron o Langarita-Navarro(14) con un propósito idéntico al de Ferrando: apelar a la memoria. Proporcionar una sensación de refugio elemental, inmediato, subconsciente. Una sensación de comodidad y de placer. La casa es como una ciudad. Esta ciudad está formada, en este caso, por casitas de cuento. Es la abstracción de una elementalidad básica. Es la extracción de las leyes de los dibujos infantiles. Es una mirada diferente a un sistema de expresión alternativo a la perspectiva renacentista(15).

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Sou Fujimoto: Apartamentos en Tokyo.

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Herzog & de Meuron: Casa en Leymen.

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Langarita- Navarro: Nave 15, Matadero Madrid. Jugando con formas arquetípicas. Foto: Jaume Prat.

Josep Ferrando hará, todavía, otra apelación a la memoria abriendo ventanas en las medianeras. Ventanas sobre las paredes existentes. Ventanas que proyectan la casa al tiempo pasado, que la relacionan con el tipo arquitectónico primario. Ventanas que, además, ayudan a crear la ilusión de una casa exenta(16). La ilusión de un espacio urbano, de una calle con construcciones a lado y lado. La posibilidad de introducir esta capa histórica de un modo que no estorbe. Al exterior este recurso se reusará proyectando visuales directas sobre el monasterio vecino.

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Formas arquetípicas: casas dentro de la casa. Foto: Adrià Goula.

5_ Plazas

O la casa con una calle en medio: el Kunsthal, o, mejor, el Teatro Atlántida de Vic, donde la calle se lleva su propia plaza. Aquí, un pasaje desde la calle superior que bordea la muralla del monasterio a la cota inferior del garaje. La plaza sería la sala de estar iluminada cenitalmente.

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Llinàs-Llobet-Ayesta-Vives: Teatro Atlántida, Vic. Calles y plazas en un edificio. Foto: Jaume Prat.

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El estar como plaza pública. Foto: Adrià Goula.

6_ Habitar

Relación y refugio a cualquier escala. No sabemos si esta casa es, en sí misma, una vivienda o una metavivienda. ¿Es la vivienda la casa o lo son las diversas células individuales donde puedes disfrutar de una privacidad absoluta? La solución que esta casa plantea es, si seguimos esta reflexión, extrapolable a una solución de escala mayor, más urbana. La que permitiría definir estas viviendas mínimas, ridículamente pequeñas, si éstas presentan una buena jerarquía de relación con los espacios públicos adyacentes. Si éste éstas están correctamente servidas por los equipamientos necesarios. Si estos equipamientos se dimensionan, tanto en precio como en tamaño, con la cantidad justa de gente que los ha de usar. La medida de la célula básica está en relación directa con las prestaciones del espacio público que la rodea.

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Foto: Adrià Goula.

La vivienda de Sant Cugat es, pues, una casa completa y un modelo que define la condición contemporánea del habitar. También un proyecto que vive de su relación con el lugar. De su respeto hacia él. De las posibilidades de diálogo entre lo que existe, la memoria, la tradición y nuestras necesidades actuales. Es, como cualquier buena muestra de arquitectura, una casa sólidamente enraizada en el aquí y ahora que usa esta condición para convertirse en un modelo válido para diversos contextos y culturas.

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Foto: Adrià Goula.

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Foto: Adrià Goula.

(1) Hay una raya que separa con precisión la convención de la tradición. La primera es un consenso pactado rápidamente, muchas veces acríticamente, y no tiene tiempo ni memoria. La tradición es exactamente lo contrario: capas y capas de tiempo, de ensayo-error y expertez de un oficio que se ha ido manteniendo y renovando repensándose continuamente. La tradición es una respuesta elaborada y compleja depositada en manos de profesionales bien formados. La convención puede ser un elogio de la chapuza si está impuesta por el dinero.
(2) Hay mil razones para que esto sea de esta manera. Me atrevería a aventurar que las razones principales no son económicas a priori: son culturales. El hormigón es un material resistente y económico que requiere menos mantenimiento que muchos otros sistemas estructurales. Si aceptamos la ficción de que los edificios no necesitan mantenimiento, claro, una de las falacias más falsas y peligrosas que corren en el mundo de la arquitectura y que tanto la ha perjudicado. La normativa ha venido a posteriori. Claramente. Las razones económicas, también: a la gente se le pone en la cabeza que este sistema estructural es el mejor, lo piden en exclusiva y el grueso de constructores acaba no sabiendo hacer otra cosa: círculo vicioso hacia el camino fácil.
(3) A veces hasta caer en la parodia.
(4) O debería de ser. Haber perdido esta prerrogativa es, de hecho, la muestra de debilidad más importante que conozco en nuestra profesión.
(5) A favor de ellas: cuando hay mucha división horizontal una buena masa de hormigón de unos cuantos centímetros de grueso constituye un límite de propiedad muy eficaz, tanto física como psicológicamente, y un factor de amortiguación de sonido importante. Aunque hay otros recursos para conseguirlo. Es por esto que usar forjados más ligeros (y, por tanto, más baratos) es muy adecuado dentro de una sola vivienda, donde los requerimientos acústicos son menores o se pueden conseguir por otras vías.
(6) O más: la cosa es que los materiales que ahora existen no tienen por qué tener esa edad. La casa podría haber sido reconstruida perfectamente a principios del siglo XX reciclando poco material anterior.
(7) Es decir, que colabora a estabilizar.
(8) Que ellos mismos han ampliado mediante un segundo proyecto tan interesante como el primero, aunque ignoro si la crisis ha permitido o no su realización.
(9) Esta debilidad era totalmente intencionada y enseña la sutileza del equipo de arquitectos y de su calculista habitual, Manuel Arguijo. Los muros tuvieron que ser reforzados con cables durante la obra. Cuando los forjados estuvieron construidos estos cables se desmontaron y reusaron sin problemas, y el edificio ya fue estable para siempre.
(10) Están muy poco documentadas, pero existe un libro editado por la misma UPC, donde eran profesores, que recoge estas experiencias. Su autor es Enric Massip-Bosch.
(11) No planta baja respecto de la calle de acceso, claro: planta baja respecto del volumen útil de la vivienda. Para entendernos, la planta baja es aquella que permite salir al jardín a nivel. Aunque buena parte del jardín esté, después, en pendiente.
(12) Pienso, en este caso, en la Clore Gallery, principalmente, el ala de la Tate Gallery construida expresamente para alojar la obra de Turner. La intervención es de una calidad excepcional.
(13) Como podría pasar en nuestras grandes ciudades o en países donde las cubiertas de las construcciones tradicionales son planas, o piramidales, o a cuatro aguas, o donde esta tipología está igualmente extendida en el imaginario colectivo aunque nada la enraíce a la tradición. Como no sea la tradición de cuentos infantiles foráneos, o, más probablemente, del cine.
(14) En la nave 15 del Matadero de Madrid. La líneas que siguen se pueden aplicar perfectamente a esta intervención, que tiene como segundo valor añadido una enorme capacidad de jugar con el kistch sin caer en él: apelar a nuestras emociones primarias recordándote que existe el sentido del ridículo, pero sin caer en él en ningún momento.
(15) Recordar Mies van der Rohe convirtiendo en planta un cuadro de de Stijl o, más emocionante todavía, Enric Miralles convirtiendo en planta una perspectiva de Gaudí en el Parque de los Colores de Mollet.
(16) Que todavía se parecería más, entonces, a las magníficas casas de Soldevila-Llorens ya descritas.

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