Cubicar la dignidad 1_2

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Foto: Adrià Goula.

(Sobre una casa entre medianeras del arquitecto Josep Ferrando en Sant Cugat del Vallès)

1_ Material

La condición contemporánea de la arquitectura nos induce a considerar los interiores desde su condición de exterior privativo, o privado. Íntimo. Hacerlo es cuadrar el círculo: abrirse al medio ambiente es incorporarlo a la vivienda. Es reventar la vivienda-burbuja, es ser sensibles a las condiciones exteriores. Notar el frío, el calor, el paso del día, de las estaciones. Diseñara no tanto un organismo acondicionado como un organismo adaptado. No tanto una máquina para habitar como una atmósfera para habitar(1). La casa que Josep Ferrando ha diseñado al lado de la muralla del monasterio de Sant Cugat, uno de los interiores más puros que jamás haya tenido oportunidad de visitar, quedará convertida en este tipo de espacio exterior habitable gracias a su definición como espacio urbano(2). La casa no será tanto un pedazo de naturaleza como una sucesión de espacios con el mismo carácter, nombre y material que los que, adyacentes a ella, forman algunos de los espacios más visibles de la ciudad.

Las circulaciones verticales y el ingreso desde la calle se producen a través de una caja estrecha, larga y alta ejecutada con un bloque de hormigón estándar, de color gris y medidas convencionales, magníficamente ejecutada. Los elementos horizontales son de hormigón in situ. Si atravesamos el umbral de veinte centímetros de esta caja entramos en el reino de la madera. Miremos donde miremos a penas se ve ningún otro material que una madera que lo forma todo: forjados, paredes y mobiliario. La madera puede estar en tablones enteros o en paneles de viruta orientada. La textura variará pero el color será siempre el mismo, porque no se ha usado ninguna otra madera que la de pino.

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Las dos materialidades de la casa. Fotos: Adrià Goula.

Ningún elemento se ha revestido. Todos los elementos de la casa aparecen en su color natural. La condición urbana antes mencionada queda reforzada por esta decisión: la mayor parte de elementos de mobiliario urbano no se revisten jamás. La escala de los espacios, sin embargo, es doméstica, lo que confiere a estos materiales una calidez, una tactilidad, una apariencia que, lejos de toda literalidad, dota a estos interiores de la doble condición de espacio público y espacio íntimo sin ningún tipo de contradicción. Incluso, en el caso de los espacios donde la madera está más presente, de cosa viva.

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Materiales en bruto. Foto: Adrià Goula.

Los espacios aparecen inundados de luz, una luz sorda, cálida, que evita los reflejos. Una luz que ilumina, define, se amplifica a través del rasgo más significativo de esta pequeña construcción: su expresión a través del volumen. La casa permite, desde cualquier posición en la que nos encontramos, ser leída en su totalidad. Ser descubierta, admirada, vivida globalmente, sin ningún tipo de prejuicio para la privacidad de sus habitantes.

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Foto: Adrià Goula.

Por todo esto, experimentar el interior de esta vivienda permite, en muy poco tiempo, tomar consciencia de dos rasgos simultáneos:

-No ves a nadie que no quiera ser visto. Las actividades privadas suceden en algún otro lado. La percepción de toda la vivienda de un solo golpe de vista no estorba a los diversos habitantes de la casa.

-Los vacíos que comunican el interior(3) de la vivienda con el exterior no tienen, ni pueden tener, nombres convencionales. Los que pertenecen a la calle están tratados como lucernarios. Relacionen el exterior con el volumen, no con espacios individuales, autónomos. Relacionan el exterior con visuales interiores. No con piezas. Los que pertenecen al jardín, al espacio interior de la vivienda, toman cuerpo, volumen en ellos mismos. Son un espacio, un umbral que se siente: la luz es escasa, preciosa. La luz es rara avis. La cantidad existente (ni un lux menos) define el volumen y se conduce allá donde los habitantes la necesitan.

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Foto: Adrià Goula.

2_ Los condicionantes

Estamos en Sant Cugat, población que ha renunciado a su carácter(4) para dedicarse a ser una ciudad-dormitorio especializada en un determinado público barcelonés. Sant Cugat: barrios residenciales, una serie de polígonos industriales y de oficinas de buen tamaño divorciados de lo que los rodea, conectados umbilicalmente con la red de transporte público y privado que los alimenta, y un centro histórico convertido, identificado, confundido con un centro comercial. La mayor parte de los pocos vestigios de arquitectura de más de cien años del municipio, a excepción de dos o tres masías, están ubicados en este centro. El catálogo que describe este patrimonio histórico es(5), en el mejor de los casos, arbitrario, errático, peligrosamente incompleto por lo que respecta al patrimonio de los últimos treinta años(6) y equivocado a la hora de juzgar el patrimonio histórico(7). Los técnicos municipales, bajo la consigna de evitar conflictos más que problemas, han contribuido de modo decisivo a crear una ficción de ciudad, un desbarajuste postmoderno cada vez menos defendible: no la arquitectura de un centro histórico más o menos vivido, sino la arquitectura del centro comercial que ha devenido. Más la Roca Village que una ciudad vivida.

La casa que Ferrando ha construido se emplaza en el antiguo camino que comunicaba Valldoreix con Cerdanyola, de estructura suburbana: parcelas estrechas, de unos cuatro metros, y largas, una calle, a esta altura asimétrica, que enfrenta una tira de construcciones a la muralla del monasterio. La calle coincide, a la altura de la casa, con el camino de ronda exterior de la muralla del Monasterio. Las construcciones se han ido adaptando y substituyendo a lo largo del tiempo, y la casa en cuestión ha pasado de ser la última de una fila de casas de planta baja y piso más o menos iguales que comparten fachada y cubierta. Los dos elementos se han catalogado(8) con un grado de conservacionismo tal que ha llegado a peligrar su estabilidad estructural(9). Curioso cuando el edificio adyacente a éste por su derecha es de nueva planta y rompe completa e irreversiblemente el carácter de la calle, sin que, por otro lado, sea una desgracia arquitectónica: se trata de una construcción funcional que aloja una cooperativa.

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La fachada de la casa. Foto: Adrià Goula.

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La colocación de la casa respecto del casco antiguo de Sant Cugat. Imagen: Estudio Josep Ferrando.

El monasterio de Sant Cugat está en alto, y la calle, paralela a las curvas de nivel. La diferencia de nivel entre la parte superior y la inferior de la parcela se acerca a las dos plantas, por lo que el volumen resultante con el que Ferrando pudo trabajar no comprende dos, sino tres niveles de altura estándar trabajados fundamentalmente en sección. El trabajo en planta tiende a la fragmentación del volumen, a la división y especialización de los espacios. El trabajo en sección tiende a cohesionar la vivienda, a dejar que ésta se exprese en verdadera magnitud. Al espacio único.

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La casa en su contexto. Axonometria: Tectonics/ Estudio Josep Ferrando.

La única decisión en planta relevante que se ha tomado tiene que ver, de nuevo, con la estructura urbana de la casa. Adolf Loos, en su etapa como arquitecto municipal de Viena, enfrentado con el problema de la vivienda masiva, decide cruzar, como solución al problema, el sistema constructivo en madera que ha aprendido en los Estados Unidos(10) con la casa entre medianeras europea. El resultado será la Casa de una sola pared. En este sistema de casas entre medianera, para construir la casa siguiente sólo hace falta construir una pared más. El interior viene de regalo. De modo que una casa, una pared. O dos medias, si se quiere. Ferrando, consciente de la asimetría estructural de este sistema, construirá una sola medianera, la correspondiente al acceso, que ya le viene dada por la fachada existente. Esta medianera será la caja de hormigón antes descrita, y contendrá en su interior las circulaciones verticales. Exclusivamente las circulaciones verticales. Una medianera y un volumen. La casa ya está hecha.

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Adolf Loos, Casa de una sola pared. 1921.

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(1) Creo que esta es la frase más bonita que jamás me haya dicho Carme Pigem no tan sólo sobre su arquitectura, sino sobre todas las arquitecturas que le interesan. La casa aquí glosada lo cumple al 100%.
(2) Recuerdo a Oriol Bohigas contando sus escuelas nombrando los diversos espacios que las formaban como trozos de ciudad: calles, plazas, placitas, pasajes. En ningún momento habló de aulas, pasadizos o patios. La mayor parte de estas declaraciones quedaron recogidas en el ebook que coedité en Scalae.
(3) Puro. Tan puro.
(4) Lo poco o mucho que históricamente pudiese tener.
(5) Y creedme: soy indulgente y voy con el freno de mano puesto.
(6) Y empieza a ser preocupante. Sant Cugat es muy rico en vivienda unifamiliar bienestante, una tipología muy sensible a los cambios y difícil de proteger. Cuenta, por ejemplo, con algunas de las mejores casas del equipo Clotet-Tusquets, incluido el Chalet de Glòria Rognoni, de Clotet en solitario, ganador de un FAD, una de las casas más famosas de Coderch (la Luque, reformada con bastante acierto. Ningún arquitecto intervino en esta reforma, lo que da que pensar), casas de Bonet Garí (proyectadas, sin embargo, por un Bonet Armengol de menos de treinta años), Lapeña/Torres, Esteve Bonell, en los dos casos obras tempranas poco conocidas de enorme calidad, o edificios de viviendas de Mateo o Bohifas, así como un par de las mejores intervenciones de Artigues-Sanabria, una de ellas peligrosamente degradada. Y esto en una aproximación superficial.
(7) El catálogo llega a hablar de números de oro y simetrías. Es obvio que buena parte de la arquitectura tiende al número de oro por aproximación, pero su uso explícito pertenece a una arquitectura culta no existente en el municipio. Ninguna de las pequeñas casas entre medianeras catalogadas es simétrica. El módulo de cuatro metros acostumbra a resolverse con dos ventanas por planta, y una de ellas se vuelve puerta. La asimetría de la tipología es, pues, estructural, inherente a su funcionamiento. Por no mencionar desgracias como el derribo sin ningún tipo de explicación de unas preciosas viviendas de ese modernismo de segunda que no sale en ningún manual pero que tanta capacidad tiene para hacer ciudad y su sustitución por unas pareadas anodinas, que se produjo literalmente ante mis ojos. Y ha sido cualquier cosa menos un caso aislado.
(8) No es que lo juzgue ni lo discuta. El tema es hacerlo bajo estos supuestos tan extraños.
(9) La gracia que pueden tener estos elementos es su armonía, su valor de serie. No sus materiales ni su ejecución. No se permitió desmontar el tejado, sin que el ayuntamiento fuese consciente que éste podía haber sido reformado hacía pocas décadas y que, con toda probabilidad, no conservaba los materiales originales. Lo mismo con la fachada. Muchos de los arquitectos locales con más mano izquierda, o más manga ancha, han reformado y substituido los revocos de mortero de cal originales (los mismo que dan esas texturas tan bonitas) por otros más feos e ineficaces.
(10) Más relevante para la arquitectura europea cuando más al norte vamos.

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