Corbu & the Dominos: Sendai

1989. Toyo Ito se enfrenta al edificio público más importante de Sendai, de programa muy complejo: más allá de la mediateca que da título al proyecto, el edificio es un centro cívico completo, con salas multiusos, la sede de diversas asociaciones de barrio, una cafetería, espacios para representación y una plaza cubierta. Un punto de encuentro en toda regla en un solar de buena medida sobre la avenida principal de la ciudad, a pocos metros del Ayuntamiento. El programa es muy extenso, más de veinte mil metros cuadrados, y el solar se ha de ocupar en altura. Ito resolverá el problema reflexionando sobre la estructura flexible por excelencia del siglo XX: la Maison Dom-Ino de Le Corbusier, que él entiende como una estructura vertical soportada por una serie de pilares con una conexión vertical colocada donde convenga. La reflexión (esta vez exhaustiva) sobre los elementos que forman el edificio le dará la solución adoptada. Le Corbusier, en su proyecto, da respuesta a todos los elementos que configuran un edificio menos a uno: las instalaciones. En la propuesta original está la posibilidad de compartimentar el edificio, de moblarlo, de iluminarlo, de acceder… de cualquier cosa menos el paso de las instalaciones. Que Ito entiende como vectores ascendentes y descendentes de flujo: aire acondicionado, aguas pluviales, fecales y de boca, electricidad, datos. Y personas. Ito interpretará al público que use el edificio como un dato más, otro flujo circulatorio a superponer a todos los anteriores. La respuesta al proyecto será unitaria: sobre una planta baja entendida como una plaza urbana, de mucha altura, dispone tantas bandejas como superficie requiera el programa (o programas), bandejas complejas formadas por un soporte de hormigón forrado con un suelo y un techo técnicos que permita el paso de las instalaciones, y soportadas por unos elementos que, a falta de un término mejor, llamaremos columnas. Columnas de una complejidad excepcional, formadas por una trama de pilares metálicos de sección cilíndrica, vacíos por dentro, dispuestos en una celosía retorcida sobre sí misma hasta formar un tubo continuo de sección e inclinación variable que atraviese, enhebradas, todas las bandejas. El resultado formal de estas columnas es casi vegetal: una trama de soportes mínimos entrelazados con ellos mismos formando entidades mayores de gran capacidad resistente. Incluso al sismo, como se tuvo la desgracia de comprobar en el terremoto de Fukushima: en Sendai la intensidad fue de 9 en la escala de Richter, y el edificio no es que lo resistiese: es que no se fue la luz. Por dentro de estas columnas circulan todos los flujos anteriormente citados. Con el añadido que Ito se da cuenta que los flujos que requieren de una sección de tubo más ancha o son discontinuos o son transparentes: personas y aire. Y que, por tanto, pueden ser encapsulados dentro de cristal transparente. Las escaleras y los ascensores a penas estorban la vista, y el aire acondicionado pasa por dentro de una columna tratada como un plenum. La dimensión del edificio dio a estos elementos un plus de complejidad: de lejos no pesan, y, de cerca, la tremenda sección de las columnas que forman la celosía dota al edificio de una materialidad y una contundencia insospechadas.
La luz exterior se trata, también, como información, y se matiza igualmente por capas, como si el edificio estuviese vestido: filtros y filtros de cristal serigrafiado que matizan, sin negar, la transparencia.
Para cumplir las normativas japonesas el edificio tuvo que cegar completamente la fachada lateral a la de su acceso. Mal menor que lo hizo construible.

El interior: una espalda, 270º de luz, las columnas. Cualquier otra cosa que se requiera será tratada como un mueble. Y, dentro del repertorio de muebles, ni tan sólo hace falta que todos sean del arquitecto: SANAA acondicionó una planta o dos del edificio. El mostrador de la planta baja podría haber sido diseñado por Dalí y Tusquets. Los tabiques se mueven. Poco más.

La Maison Dom-Ino, un proyecto incompleto expresado más a través de su potencial que de un resultado final coherente, nunca construido como tal, acabará deviniendo, en su forma expuesta, un proyecto construido que, a través de sus propias imperfecciones, dialoga con el primero y, a través de él, con toda la historia de la arquitectura comprendida entre los dos proyectos para hacer entrar la arquitectura en un nuevo paradigma sin renunciar a la utilidad de un edificio acotado con un programa acotado en una ciudad concreta. El resultado final: si exceptuamos los tabiques móviles, puro estatismo que invita, como ningún otro edificio precedente (ni tan sólo un aeropuerto), al movimiento: todo es flujo. Todo son datos. Nosotros, como si fuésemos electrones, somos flujo y datos a la vez, dependiendo de nuestra actividad, de nuestro movimiento, de nuestra posición relativa dentro del edificio. No es extraño que uno de los muebles diseñados para el consumo de audiovisuales dentro de la biblioteca sea una versión dels Pao de la Mujer Nómada, del mismo autor: una casa. Un artefacto que nos ancle a un punto fijo, con fachadas, con un acceso determinado, con la posibilidad de convertirse en un nodo que facilite el movimiento a su alrededor. Sendai es un metaproyecto, un modo de colonizar el espacio (eventualmente de habitarlo) que, más que redefinir la arquitectura del siglo XXI, redefine a sus usuarios, contextualizándolos en un ecosistema artificial, urbano, que define nuestra situación actual.


Toyo Ito: Pao de la mujer nómada.

Esta entrada fue publicada en crítica. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *