Colapsando edificios

La arquitectura siempre llega al final(1). En 1977 se falla el concurso para el Centro Georges Pompidou, en Paris. El edificio, proyectado por Renzo Piano y Richard Rogers(2), arquitecturiza la exhibición descarada, casi pornográfica, de las tripas del edificio: la estructura(3), las instalaciones, los elementos de comunicación vertical. El CGP es, esencialmente, un gran apilamiento de naves diáfanas que han arrinconado a la fachada a (que han conformado su fachada con) todos los elementos y espacios que las han de servir y acondicionar. Todos estos elementos, sobrediseñados hasta la parodia, proclaman, chillan su existencia dispuestos y peinados en función de su aparatosidad, fuera de escala respecto del propio edificio y de su entorno. El contraste, tan valiente como brutal, reflexiona y pone al día el Movimiento Moderno. Que el presidente del jurado fuese Jean Prouvé profundiza y consolida esta relación: más que un edificio revolucionario, el CGP establece las bases para una revolución. Edificios(4) como el Lloyd’s de Londres, de Richard Rogers en solitario, convertirán rápidamente esta sensibilidad en un estilo.

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Renzo Piano, Richard Rogers. Centro Georges Pompidou

Veinte años más tarde, arquitectos como Rem Koolhaas se desligan de la estela del CGP haciendo aparentemente lo mismo con un matiz, sin embargo, que convierte sus propuestas(5) en revolucionarias: las tripas exhibidas se construyen con los mismos elementos, y del mismo modo, que cuando no están preparadas para ser vistas. Koolhaas muestra conductos de aire acondicionado de acero galvanizado barato, maquinarias industriales diseñadas para ser cerradas en recintos de instalaciones, estructuras encofradas para ser revestidas. Luminarias industriales de aparcamiento o de conducto de servicios. Fachadas realizadas con el mismo U-glass concebido para las escaleras de emergencia. Placas de cartón-yeso encintadas sin pintar. Edificios como el Kunsthal, el McCormick Centre o, sobre todo, los túneles de tranvía de la Haya ejemplifican este modo de proyectar. Que creará escuela rápidamente: sólo hay que pensar en Herzog & de Meuron y su Museo de Duisburg, donde se rehabilita una fábrica cegando las ventanas y abriendo una nueva trama de vacíos a escala del museo superpuesta a la antigua mostrando los rastros y el impacto de esta superposición, o en toda la obra de los franceses Lacaton & Vassal, por ejemplo.

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OMA- Rem Koolhaas. McCormick Centre, Chicago

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OMA- Rem Koolhaas. Túnel de metro de la Haya. Foto: Joao Omelas

La arquitectura catalana llega a esto todavía más tarde, siendo capaz, a cambio, de proponer proyectos tan sólidos como las estaciones de metro de la línea 9 de Garcés-deSeta-Bonet o la rehabilitación de la fábrica Fabra & Coats de Bacardit-Ruisánchez.

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Garcés- de Seta- Bonet. Estaciones de metro L-9, Barcelona. Foto: Adrià Goula

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Bacardit-Ruisánchez. Rehabilitación fábrica Fabra & Coats. Foto: Ferran Mateo

Esta estética cruda, que juega con lo vulgar y lo ordinario más que con lo sencillo y lo modesto, siempre una catarsis frágil de estos términos que, actualmente, se ha consolidado(8) en una miríada de proyectos, tiene sus fuentes en diversos movimientos culturales de principios de los 80.

La década de los 80 se inicia con Europa y Norteamérica en crisis. Hace cinco años de la derrota americana en la Guerra de Vietnam, y siete de la crisis del 73, que llevará gobiernos conservadores de línea dura a los USA y a la Gran Bretaña. La URSS, a cinco años de su desaparición, acabará gobernada por Konstantin Chernenko, un ex conserje alcohólico, viva imagen de la gerontocracia que ha enquistado un régimen que en esos momentos parece eterno(9). Como ha sucedido recurrentemente a lo largo de la historia, en medio de esta depresión se produce una revolución cultural de alcance todavía por determinar.

En Nueva York, ciudad en bancarrota, se ha creado una escuela de cine(10) que rueda sin pedir permiso, sin cortar las calles, convirtiendo la ciudad en un protagonista más: Taxi Driver (1979), de Martin Scorsese, podría ser el ejemplo paradigmático. Violenta, desencantada, de mensaje furioso y ambiguo, consolida una estética de la sordidez y la depresión(11).

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Martin Scorsese (Michael Chapman, dir. fotografía). Taxi Driver, 1979: rodar con lo puesto.

En la Gran Bretaña esta cultura se expresa principalmente mediante la música: son los años del nacimiento del punk y la new wave. Grupos como The Sex Pistols, Joy Division, The Clash, The Birthday Party(12), The Cure o The Smiths simplificarán la música tanto en instrumentación como en estructura: canciones cortas, armónicamente primarias(13), con los instrumentos al mismo volumen que la voz, hablan de decepción, depresión, drogas, anarquía y violencia. La periferia(14), donde se vive la depresión de la depresión, será el punto de origen del movimiento, auspiciado a la sombra por una serie de productores de gran cultura y conocimientos musicales.

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Paul Simonon, de The Clash, destrozando su bajo en un concierto en Nueva York. Foto: Pennie Smith

En 1980, Berlin, que ha quedado en zona rusa después de la repartición del territorio en 1945, es la capital de la RDA. Los tres sectores restantes de la ciudad(15) constituyen ahora una isla occidental completamente envuelta por un muro y un campo de minas, conectada umbilicalmente con el resto de la RFA, donde ha quedado adscrita, a través de una carretera y de un puente aéreo. La ciudad está ahogada y arruinada. La música será, igual que en la Gran Bretaña, uno de los vehículos de expresión más importantes para la vida cultural de la ciudad: el club SO3, o músicos como David Bowie e Iggy Pop convierten la ciudad en una base desde donde grabar títulos imprescindibles como Heroes(16), o Lust for life, los dos de 1977, y ponen la semilla para los movimientos locales: grupos como Slime, Razzia o Canalterror(17) fuera de Berlín, o, ya en la ciudad, auchSSlag(18), en Berlín-Este y Einstürzende Neubaten, Die Haut o Nick Cave and The Bad Seeds(19) en Berlín-Oeste.

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Einstürzende Neubaten a principios de los 80

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Die Haut girando con Nick Cave como vocalista. Foto: Leo Van Velzen

Los tres grupos berlineses, confinados literalmente dentro de una valla, establecerán rápidamente relaciones entre ellos. Los tres grupos tendrán en común una vida muy larga (Einstürzende Neubaten y The Bad Seeds siguen grabando y girando, estando los dos en un gran momento de forma) y una mayor riqueza musical que sus colegas del resto de Alemania y del Reino Unido. El punk berlinés será un movimiento transversal, el eslabón que conectará simultáneamente las otras dos ciudades (Nueva York y Londres) y el movimiento con la alta cultura.

La figura clave será el poeta, cantante y guitarrista Blixa Bargeld (seudónimo de Christian Emmerich). Bargeld formará parte de los tres grupos(20) y liderará Einstürzende Neubaten, el primero en fundarse. El Bargeld guitarrista será responsable de toda la experimentación de los primeros Bad Seeds, donde sale a escena tocando una Fender Mustang, de menos registro que las guitarras eléctricas convencionales al ser concebida por Leo Fender como una guitarra barata de estudio. Bargeld empezará su carrera distorsionando el instrumento a base de una pedalera que, a principios de los ochenta, le es robada durante un concierto. El músico no la sustituirá, y, a partir de ese momento, prescindirá de estos aparatos, reduciendo su sonido a lo que sea capaz de producir con las seis cuerdas conectadas al amplificador, sin más. En el primer disco de The Bad Seeds, From her to eternity, Bargeld será el colíder del grupo, que abandonará en 2003 después de la grabación de Nocturama(21). Bargeld parecerá usar The Bad Seeds como una marca blanca de su propio grupo donde pulir y exorcizar sus veleidades melódicas: Einstürzende Neubaten tendrá, así, campo libre para situarse al margen de cualquier circuito convencional.

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Blixa Bargeld

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Nick Cave y Blixa Bargeld, en concierto

…Instead of recreating the sound of breaking glass, just break glass. It’s a lot more fun! You can also get much more expression by hitting things live. Every time you hit a metal bar, you hit it differently. We never really made friends with the velocity of keyboards. The only samples we ever use are string samples to demo the string arrangements. But we then get an arranger in who writes out the string parts and we overdub live strings. Also, playing industrial things live is a very visual thing. Many of the things we do have theatrical value. You can get more expression into music and the audience can actually see what we do. That has great entertainment value, including all the mishaps and fuck-ups.

Alexander Hacke, uno de los miembros fundadores del grupo, resume su espíritu con estas declaraciones. Einstürzende Neubaten son un puente entre las artes visuales, la música y el mundo de la cultura desde el primer día. Situados a medio camino entre la performance, el teatro y los conciertos convencionales, la radicalidad del grupo no se basa tanto en una actitud destructiva, unas letras provocadoras o una puesta en escena basada en provocar rechazo, como es el caso del punk inglés, como en una depuración extrema del lenguaje musical que les lleva a prescindir prácticamente de la armonía y, a menudo, de la melodía. En Kollaps, uno de los trabajos seminales del grupo, la guitarra no está afinada, y es usada como un instrumento de percusión más: distorsión, sonidos metálicos, sonido blanco proveniente del amplificador. Einstürzende Neubaten toca con los sonidos de la ciudad. Quiere tocar, literalmente, la ciudad. Y, a diferencia de los grupos posteriores que practican lo que se acabará llamando sonido industrial (industrial sound), ni samplean ni pregraban estos sonidos.

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Sid Vicious, bajista-que-apenas-sabía-tocar-el-bajo de The Sex Pistols, se inyecta heroína: punk como actitud.

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Alexander Hacke tocando materiales de construcción: punk como sistema.

En 1984, el grupo es llamado para un concierto en el ICA, de Londres. Propondrán el Concierto para Voz y Máquinas, y aparecerán en el escenario con una hormigonera, una sierra de cadena, un martillo neumático, martillos, planchas de acero, botellas de vidrio… y un piano. Durante el concierto, el grupo fabricará hormigón, al que posteriormente añadirán cristales rotos durante la representación. La mezcla herirá algunos espectadores de las primeras filas. Cuando el grupo se dispone a hormigonar el carísimo equipo de sonido de la sala, los miembros de seguridad son llamados a desalojar el escenario. El concierto acabará en batalla campal entre el personal de seguridad y los técnicos del grupo. Un diario londinense de la época definirá el evento como posiblemente, la mejor representación desde la Crucifixión de Jesucristo.

Veinte años más tarde de este concierto esta estética ya ha pasado a la arquitectura y se ha consolidado en proyectos como los anteriormente mencionados. Einstürzende Neubaten se ha convertido en una institución prestigiosa, y sus conciertos en un evento social que sigue interesando al público joven y ha ganado profundidad cultural. Alemania, y Europa más tarde, se han reunificado. Berlín vuelve a ser la capital de siempre, y se paga en Euros igual que en París. El nuevo gobierno, que ha acabado con la RDA(22) aprisionando dos años a Erich Honecker, se enfrenta con un testimonio construido incómodo: el Palacio de la República. El edificio, construido en 1972 por los arquitectos Heinz Graffunder y Karl-Ernst Swora, ha sido la sede de gobierno del Estado de los Trabajadores(23). Una patología constructiva menor(24) será la excusa para condenar el edificio, una muestra de arquitectura moderna merecedora de una tesis doctoral, a la picota. Einstürzende Neubaten(25) liderarán la campaña para salvar el edificio. Cuando esta fracasa, el grupo celebrará un concierto, el 4 de noviembre de 2004, donde se convertirá el edificio en un instrumento musical: de ser más consecuentes hubiesen podido transformar en concierto su derribo. Pero no: el grupo usa su radicalidad no para destruir la cultura, sino para crearla. Para revolucionarla. Para cuestionar, a través de ella, la ciudad y el sistema donde vivimos.

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El Palacio de la República de Berlín. Foto: Bundesarchiv

El edificio está derribado, y el Gobierno está reconstruyendo el Palacio Real, destruido por el canciller Walter Ullbricht después que quedase gravemente dañado en la Segunda Guerra Mundial, que había ocupado este mismo solar: un palacio barroco substituyendo un edificio moderno. Y es que, hoy en día, ser moderno es ser reaccionario(26).

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Prueba de fachada para la reconstrucción del Palacio Real. Foto tomada en 2012 en el mismo solar que el Palacio de la República.

Enlace al concierto de Einstürzende Neubaten del 4 de noviembre de 2004 en el Palacio de la República.

(1) La frase, y la reflexión, son de Juan Domingo Santos.
(2) Con la colaboración imprescindible del ingeniero Peter Rice, que se convertirá en los años posteriores en socio de Renzo Piano.
(3) Y sus uniones: intentad imaginar el edificio sin las Gerberettes.
(4) De una calidad excepcional, por otro lado.
(5) Por fin.
(6) Que bebe, también, de una segunda fuente (que tan sólo se puede insinuar aquí por la extensión del argumento): el uso de materiales en bruto en la arquitectura popular, singularmente la catalana.
(7) Recordar textos tan imprescindibles para entender nuestra cultura como Junk Space, de Rem Koolhaas, o El mundo como supermercado, de Michel Houellebecq.
(8) Y desdibujado, evidenciando la dificultad de proyectar de este modo tan aparentemente (y frívolamente) honesta.
(9) Eternamente gris, también.
(10) Que, a pesar de ser un invento francés, constituye el arte americano por excelencia.
(11) Midnight Cowboy, de John Schlesinger (seminalmente), The French connection, de William Friedkin, o Escape from New York, de John Carpenter, son algunos ejemplos de este tipo de cine, que también conocerá una derivada española de la mano de José Luís Garci en su bellísima película El Crack, que convierte Madrid, Nueva York y la comparación entre las dos ciudades en un personaje más, y en el subtema más interesante y emotivo de la obra.
(12) Primera aparición de Nick Cave en este artículo.
(13) Juegos armónicos de tónica-dominante-tónica o tónica-sensible-tónica dependiendo del tono, sin modulaciones ni acordes puente, ritmos binarios acelerados, mucha distorsión para esconder la falta de técnica de la mayoría de los instrumentistas.
(14) Manchester primero, Bristol más tarde.
(15) Británico, americano, francés.
(16) Que, juntamente con Low y Lodger forma lo que se conoce como la Trilogía Berlinesa.
(17) Las conexiones del punk con el fascismo están bien estudiadas. Recordar los artículos de Tom Wolfe al respecto, escritos en la época, donde se explora la conexión entre punks y skinheads (un skin es un punk que se ha afeitado la cresta), y recordar el propio nombre de uno de los grupos fundamentales del movimiento: Joy Division, homenaje a las brigadas de esclavas sexuales judías forzadas a prostituirse en los campos de concentración nazis.
(18) Grupo que apenas duró un año por la presión del régimen.
(19) The Bad Seeds se origina por el cambio de nombre de The Birthday Party motivado por la emigración de Nick Cave y el multiinstrumentista Mick Harvey a Berlín. Harvey, guitarrista de TBP, debutará en TBS como baterista, para recuperar después su instrumento natural.
(20) De Die Haut tan sólo por un período corto de tiempo, cuando el grupo graba su excepcional Burnin’ the ice, con Nick Cave como vocalista principal.
(21) Y la música de The Bad Seeds cambiará para siempre. El liderazgo musical del grupo (experimento Grinderman mediante) pivotará de Bargeld al australiano Warren Ellis, de formación clásica, que aportará un sonido más crudo, directo, menos experimental, más melódico y cercano a la música contemporánea. Ellis valorará la herencia Bergeld tocando otra guitarra de estudio, la Fender Duo-Sonic, o, incluso, un Mandocrastor, ukelele eléctrico de registro limitadísimo. Su técnica, depuradísima, supera, sin embargo, las limitaciones de los instrumentos, hecho que Bargeld jamás se va a permitir.
(22) Una lectura atenta de las novelas y ensayos de Günter Grass explica bien el tema. Recomiendo especialmente Ein weites feld (Es cuento Largo, publicado por Alfaguara con traducción de Miguel Sáenz), que considero una de les obras mayores del escritor.
(23) A parte de una sede gubernamental, el edificio incorporaba restaurantes y un programa cultural consistente en un museo y unas galerías de arte: el Reichstag actual funciona con un programa sospechosamente parecido.
(24) Y, por descontado, fácilmente reparable.
(25) Contradiciendo su nombre, que se puede traducir como Colapsando Edificios. El grupo edita regularmente una colección de rarezas, experimentos y caras B de singles bajo el nombre genérico de Strategies Against Architecture.
(26) Nuevamente la cita, y la reflexión, es de Juan Domingo Santos: disculpad mi manía de hacer artículos circulares.

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