Harquitectes_ Casa 1736

[Este es para Harquitectes, a la espera de que lo reescriba ellos mismos.]

Fotos: Adrià Goula, excepto indicadas.

¿Para qué?

Responde la memoria del proyecto: una casa urbana para una familia de 5 o 6 miembros. Acomodada, añado. La sola existencia de esta casa rebela un cambio de sensibilidad en la manera de vivir la ciudad de este tipo de familias, que, cuarenta años antes, pongamos, tenían como ideal una casa aislada ubicada en un terreno en pendiente para poder mirar por encima de una valla perimetral, único elemento de relación con la ciudad y los vecinos. Esta casa sirve para estar en el ojo del huracán, a dos minutos a pie de un mercado, bien servida por equipamientos municipales y tiendas, con una parada de metro a cinco minutos. Se acepta la densidad de la ciudad, y ello implica dos cosas: verticalidad, porque el suelo es caro, y una apuesta por la creación de nuevos recursos de relación de la vivienda con su entorno, vivienda que vendrá dada por un gálibo y una volumetría prefijadas, un vacío detrás, medianeras a los lados, y una fachada a repensar.

¿Dónde?

La racionalidad dura la distancia de una bala de cañón. Sarrià quedó al margen del Ensanche, organizado según la lógica de los flujos de la circulación suburbana y el agua. Luego resultó que era el pueblo que servía mejor a las ciudades-jardín aspiracionales a disponer en la ladera de Collserola y que quedaba convenientemente cerca de la salida de Barcelona, así que fue escogido por la burguesía como su barrio favorito.

La parcela donde se emplaza la casa es trapezoidal, de lados desiguales, con su eje mayor orientado a este-oeste, lejos de la lógica cartesiana que Cerdà pretendió imponer a la ciudad.

¿Cómo?

Referentes. Harquitectes se apoyan sobre su propia obra para ir evolucionando mediante el perfeccionamiento de sus proyectos pasados -es decir, de la autocrítica-, la dosis de audacia necesaria y, cuando toca, la introducción de nuevos recursos.

Planta baja.
Planta superior.

La Lleialtat Santsenca es un proyecto interesante que reusaba parte de un edificio existente en una parcela de geometrías improbables, poco dado a ser sistematizado, vertical, que forzó a la creación de muchos recursos ad hoc y, más importante, a tirar de intuición para resolver toda esta complejidad. Las dos medianeras de la parcela tienen directrices oblicuas. Los espacios ortogonales han de seguir una o la otra. La composición de la casa acepta las dos y las mezcla, dejando los gruesos constructivos, tan importantes para la inercia térmica, como artefactos que absorban las irregularidades, creando un alucinante paisaje excavado con un aspecto como de cantera. El material principal escogido -un hormigón elaborado in situ con una dosificación con poco cemento vertido con técnicas provenientes de la construcción en tapia- ayuda a esta percepción.

La Lleialtat Santsenca y sus rastros.
Las texturas del hormigón
Las canteras de mármol de Prun, en el Veneto.

Decisiones. Un atrio-claustro central, un espacio vertical -urbano-, el principal de la casa, que es simultáneamente una chimenea que ventila el conjunto y un impluvium de luz -es decir, un espacio modelado por los flujos-, organiza el conjunto. Hacia el jardín, una crujía de espacios de vida superpuestos: cocina, una sala de estar a la que se llega por su propia escalera, las habitaciones de los niños.

A la calle, los espacios más sombríos y cavernosos: la masa como filtro a la ciudad. La penumbra. El reino de la paz, del reposo, de un cierto lujo hedonista y sensual. De la noche. El lugar, por tanto, del dormitorio principal.

El jardín como paisaje exuberante y vertical, sol de oeste, fachadas gruesas, filtros en forma de un muro de persianas de librillo más estrechas de lo normal que dan a la fachada nueva ese aire vertical.

El cerrarse -el bunquerizarse- de la fachada a la calle, una composición plana que expresa la potencia de la masa que la forma.

Y un no sé qué de…

Roma. Por partida triple.

Roma por Pompeya, por los impluvia y las casas patricias entre medianeras que separan universos diferentes. Roma por el cavaedium, esta alucinante construcción consistente en un cuadrado de luz formalizado por cuatro columnas exentas ubicadas en sus vértices paradigma de la domesticidad, de la elegancia, de la belleza, que ha obsesionado a tantos arquitectos a lo largo de la historia.

Un cavaedium pompeyano. Foto: Wikipedia.
Uno de los cavaedium de la casa de Charles Moore en Orinda, California. Foto: ?.
El cavaedium de la Casa 1736.

Roma por el Barroco. La luz, la verticalidad, la innovación, la exuberancia, la lujuria, el exceso: Bernini y sus juegos perspectivos, Borromini y los triángulos equiláteros como mandalas donde la luz es líquida. Ventura Rodríguez componiendo una iglesia con elipses.

Ventura Rodríguez, Iglesia de San Marcos, Madrid, 1753.

Aquí: un atrio y un claustro superpuestos. Una altura simple sobre dos alturas. Un elemento unitario, estirado. Las texturas. La proporción. La luz. Siempre la luz.

Secciones a diferentes escalas de San Carlo alle Quattro Fontane, de Borromini, y de la Casa 1736.

Roma por el posibilismo. Cualquier estilo romano es siempre útil, bastardo, mezclado. Roma no abstrae. Roma construye, expresa el material, lo ordena y lo cede a los ciudadanos en forma de arquitectura. Roma es el uso. La contundencia. Roma es convivir. Roma es la ley que funciona. Roma es el pacto. La casa usa diversos arquetipos -le cueva, el cavaedium, el claustro, la masía-, los domestica, se los apropia y los transforma en una obra que es pura consistencia, una obra disfrutable por sí sola y como parte de la trayectoria de sus creadores.

Si los premios de arquitectura tienen algún sentido actualmente -cosa cada vez más difícil de creer-, esta casa vale un Pritzker.  

Enlace al proyecto en la nueva web de Harquitectes. https://www.harquitectes.com/proyectos/casa-1736/