Arquitecturia gana los Leaf Awards 2010 en la categoría de arquitectos jóvenes


foto: Jaume Prat
Arquitecturia (Olga Felip y Josep Camps) ha ganado los Leaf Awards 2010 en la categoría de arquitectos jóvenes, por el Centro Cívico de Ferreries que reseñé (Arquitecturia: Centro Cívico de Ferreries)
La felicitación es triple: por haber ganado, que siempre está bien, porque el edificio es espléndido y porque el premio es europeo. Teniendo muy claro que en todas partes cuecen habas, España (o Cataluña, que, en este caso, es exactamente igual) es un país espantoso: poca meritocracia. Poca cultura democrática. Pasillos, contactos. Prefiero infinitamente los países con mentalidad protestante aunque sean más aburridos y/o llueva más.
Nunca había creído en los premios. Ahora peso más, tengo más información, soy más pragmático. También más hipócrita, y he acabado prestándoles mucha más atención por todo esto.
Los premios son un mecanismo perverso de promoción, aunque entre todos los estemos haciendo imprescindibles. Me explico: pongamos, por ejemplo, los FAD 2010, que están al caer. Esquizofrénicos: de entrada; demasiadas categorías. ¿Por qué el espléndido Paseo Marítimo de Benidorm, de Carlos Ferrater y Xavier Martí no puede competir con el Museo Arqueológico de Vitoria, de Patxi Mangado, igualmente emocionante? ¿No son los dos arquitectura? Etiquetas: ahora el Paseo Marítimo es “espacio público”. Como si el museo permitiese únicamente el acceso a los pelirrojos zurdos. Esta taxonomía empobrece, categoriza y limita mentalmente arquitectos y miembros del jurado (la parte onanista del asunto), y confunde al público. Tendría que haber un solo premio, pero, claro, demasiadas presiones. Demasiada cobardía.
Segundo, este año se han juntado toda una serie de proyectos excepcionales que hacen que, gane quien gane, el veredicto sea injusto: los edificios de Manuel Ocaña, Andrés Jaque, el Grupo Aranea, Patxi Mangado y Carles Ferrater & Xavier Martí merecen ganar. Todos. A partir de un cierto nivel de calidad el verdicto es político; más pasillos.
¿Y al revés? Quiero decir cuando los edificios seleccionados no tienen interés: los FAD jamás se han declarado desiertos, y ha habido años de sequía.
Y los edificios buenos que no se nominan?
Luego está el factor táctico: ¿Qué se quiere explotar, o exportar? ¿Qué tendencias se quieren marcar?
Y más: ¿Qué pasa cuando hay equipos de arquitectos que jamás se equivocan? Siza, Pinós, Llinàs, Moneo, RCR: difícilmente decepcionan. Difícilmente bajan el listón. ¿Los nominamos siempre? ¿Nunca?
En cambio, por alguna extraña razón, nos doblegamos, lo aceptamos. Pasamos de ellos o los criticamos cuando no conocemos a los ganadores. Nos alegramos si lo hacen amigos nuestros o equipos que nos caen bien.
Al final: los Trade, el Cementerio de Igualada, la pavimentación de las calles de Ullastret, la labor de alcaldes como Montserrat Tura o Valentí Agustí, las tentativas de Ignacio Paricio para mejorar el Código Técnico no son ni serán premios FAD.
El barrio de can Tunis, el super de la droga más importante de Barcelona, el barrio más degradado de toda el área metropolitana, fracasado, derribado, aplanado, construido por el arquitecto Jaume Sanmartí, sí lo ganó.

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