El arquitecto sin atributos, 4_ El actor británico

Sir Anthony Burgess definía su lengua materna como una mezcla entre alemán y francés(1). Uno de los ejemplos que explica mejor las rémoras históricas que esto comporta es la familia de palabras referidas al mundo de la interpretación. La profesión de actor en inglés se conoce por su acepción latina: actor. Para definir su tarea no solemos hablar de actuación (to act), sino de interpretación (to play). Por tanto, cuando se refieren a los actores en el contexto de una obra de teatro pasan a ser intérpretes (players). Esta explicación fue brindada por el gran (y resignado) Lluís Homar para contar por qué los actores británicos eran, y son, estructuralmente mejores que los actores españoles. Mientras que unos hablar de fingir los otros hablan de ponerse dentro del personaje y pasarlo por el filtro de la propia personalidad. Entre los dos verbos que definen lo mismo hay un abismo. Es así como se entienden interpretaciones como las de la Royal Shakespeare Company, pero también cómo el cine comercial puede verse enriquecido por estos personajes que, casi hieráticos, interiorizan un torrente de emociones que sólo sale con cuentagotas. Estos personajes implosionan y actúan hacia dentro interpretados por actores de alta escuela como Christian Bale, Scarlett Johansson, Tom Hardy, Cate Blanchett, Ryan Gosling, Kate Winslet (o Cassey Affleck o Amy Adams o Colin Firth o Tilda Swinton. No acabaría.) Decenas de ellos, hasta el extremo que la calidad de las películas de Hollywood la dan no tanto las interpretaciones que estos personajes nos van legando regularmente, sino una plantilla de excelentes actores secundarios casi anónimos virtualmente inagotable.

Si en la entrega anterior hemos convenido que los edificios son personas(2) en esta hablaremos de cómo la interpretación propuesta por estas personas puede irse depurando gradualmente hasta llegar al grado de abstracción propuesto por los actores británicos.
Retomemos la figura de Raimon Duran Reynals. Hemos dejado al arquitecto justo al inicio de la Guerra Civil construyendo dos veces el mismo edificio en sendas versiones moderna y neobrunelleschiana. Vendrá la derrota de las libertades, los años oscuros, el estraperlo. Nuestro hombre será el arquitecto de los advenedizos que soportan la dictadura(3), para los que tirará mayormente por el lado neobrunelleschiano sin que su arquitectura pierda interés. El arquitecto, sin embargo, impulsado por su enorme volumen de obra, tampoco perderá ni la ilusión ni las ganas de expresarse. Pero Duran no es un revolucionario. Duran es un arquitecto de cámara que se debe a sus clientes sin ningún tipo de voluntad teórica. Para él la profesión es construir edificio tras edificio(4).


Raimon Duran Reynals, vivienda en La Fosca, 1945. Foto: Quaderns.

Habrá algún momento de su vida en que esta actitud le empiece a hacer estar de vuelta de todo. Su arquitectura empieza a depurarse, a volverse tersa, a desnudarse de elementos superfluos hasta llegar a sus últimas obras: fachadas lisas, ventanas. Nada más. Duran ha conseguido el grado de significación máxima diciéndolo casi todo sin que parezca que esté haciendo casi nada. La suya no es exactamente una actitud moderna. Como Adolf Loos antes que él, Duran tiene claras sus raíces, la manera en que es capaz de ser más eficaz. Y se va volviendo cada vez más efectivo, más sintético, igual o más expresivo que siempre.
Duran nos enfrenta con un cuestionamiento radical de lo que significa la actitud moderna, esa que supuestamente parte siempre de cero adecuando contextos con medios y finalidades. Él hace exactamente lo contrario. Duran jamás parte de cero(6), sino que lo hace con una mochila bien cargada de intenciones y bagajes que va condensando cada vez más con menos hasta llegar a la pura proporción y al gesto mínimo y a una contención tan hacia dentro que no necesita ni explicarse.


Raimon Duran Reynals, viviendas en el Paral·lel, Barcelona. 1962. Foto: Quaderns.

Uno de sus últimos proyectos es la casa Muntadas (1952), ubicada en la calle Saragossa más arriba y al otro lado de la casa Tàpies de Coderch. El encargo es bastante singular: viviendas-taller para artistas. Duran se enfrentará a él valorando los metros cúbicos por encima de los cuadrados: contenedores a dos alturas expresados mediante ventanas casi cuadradas abiertas sobre un muro revocado. Dos hileras paralelas de ventanas de buena medida que montan unas carpinterías maravillosamente diseñadas. Nada más. La medida de las proporciones de la fachada, la comparación con los edificios vecinos (uno contemporáneo a la izquierda, uno más moderno a la derecha), los ritmos, todo al alcance de quien lo quiera ver: Duran Reynals(7), que ya había conseguido expresar los mecanismos de la abstracción del proyecto, se ha convertido, por fin, en el Arquitecto Sin Atributos.


Raimon Duran Reynals, Casa Muntadas, 1952. Foto: Jaume Prat


José Antonio Coderch, Casa Tàpies, 1963. Foto: Jaume Prat


Raimon Duran Reynals, Casa Muntadas, 1952. Planta de las viviendas.

(1) que en su recorrido mental lo dejaba hablando estos dos idiomas automáticamente. Y quien decía francés decía castellano o italiano, y quen decía alemán decía alguna lengua eslava, y quien decía eso decía ruso… teniendo en cuenta que el señor hablaba veinte idiomas diferentes o así más dos o tres que se inventó(5) lo mismo tenía razón.
(2) Máscaras. Recordemos: persona es la máscara que los actores griegos se ponían para interpretar, una máscara que amplifica la voz y muestra tan sólo una emoción por vez.
(3) Incluido (o sobre todo) el más célebre y execrable de ellos: Julio Muñoz Ramonet, de quien su hermano Eudald será, recordemos, su abogado. Duran construirá para Muñoz Ramonet la interesante torre de oficinas adyacente al Palau Robert, ahí en la parte alta del Paseo de Gràcia, ahora sede de nosécual consejería para callar, imagino, nosécuales bocas.
(4) Un ejemplo sobre la calidad de la obra de este arquitecto. Su trayecto vital lo llevará a construir bastantes obras en el pequeño y culturalmente relevante municipio de Sant Joan de les Abadesses, en el Ripollès: una colonia obrera completa, diversos edificios de viviendas, un par de edificios institucionales, casas, escuelas, una nave industrial. La totalidad de su obra en Sant Joan está catalogada.
(5) Las diversas tribus que salen en la adaptación cinematográfica de La Guerre du Feu (1982), la famosa película que consagró a Jean-Jacques Annaud, hablan idiomas inventados por Burgess: sistemas lingüísticos enteros y coherentes creados prácticamente desde cero. Es el rasgo más apasionante de toda la película, a pesar de que esté hecho para absorberlo y no fijarse en él.
(6) Tampoco lo harán Le Corbusier ni Mies ni Wright ni ninguno de los supuestamente modernos. Pero esta ya es otra historia.
(7) Uno de los arquitectos. Recordemos aquí que Duran es una especie de médium que representa a otros en otros países y épocas. Aquí Duran, aparte de ser un magnífico arquitecto, representa una actitud.

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