Apuntes dispersos para aproximarse al Cabanon

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El día 11 de diciembre de 2013, el arquitecto José Ramón Hernández Correa publicó, en su blog Arquitectamos Locos? un artículo titulado La cabañita y la higiene sexual sobre el Cabanon de Le Corbusier. Artículo que, trabajando sobre referencias de referencias, es decir, contiuando un diálogo sobre esta obra, la desdramatiza leyéndola como una de las obras menores del arquitecto, tramposa por dependiente de la vecina E-1027, la casa de veraneo que Eileen Gray y Jean Badovici se construyeron en Cap Martin.

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El origen: E-1027 antes del Cabanon

El autor empieza su artículo con una reflexión sobre cómo un autor connota una obra ejemplificándolo con una historia protagonizada por Carlos Barral, editor que rehusó Cien años de soledad por considerarla una novela confusa y floja. Hernández afirma que Barral rehúsa el libro por no conocer a su autor, y, a la vez, envidia la suerte de un Barral que ha sido una de las únicas personas en el mundo que ha leído Cien años de soledad sin que le pesase el nombre de García Márquez. Suerte que, por desgracia, cada vez comparte más gente debido al retroceso cultural que está experimentando nuestro país. Y sigue afirmando que el Cabanon se leería muy diferente de desconocer la autoría de la obra, obviedad que da pie a una reflexión.

Cualquier obra de arquitectura tiene una triple lectura crítica. La primera de ellas es relativa a la obra como objeto terminado y autónomo, y debería de ser independiente de su autoría. Pongo debería en condicional porque, afortunadamente, el corpus teórico basado en obras de arquitectura bien hechas es lo suficientemente extenso como para que sea inabarcable, y, en estas circunstancias, uno de los criterios de selección fundamentales es la busca de las obras por autor. Como una especie de sello de calidad, o de grado cero sobre el que empezar a discutir. El esfuerzo que se ha de hacer para leer las obras de manera autónoma es considerable y necesario.

La segunda lectura es relativa a la influencia de esta obra y a su posicionamiento en una red de obras que forma in diálogo, una constelación que remite al mundo del arte en general.

La tercera es relativa al valor de serie de la obra dentro del discurso de un autor, o de un arquitecto en este caso. Hernández, consciente de estas lecturas, visualiza las tres discutiendo su valor como obra autónoma, categorizándola como anécdota dentro de la obra del arquitecto e (inevitablemente) valorando su papel dentro de un rosario de obras relacionadas que hablan de su enorme influencia: esta vía ha sido su puerta de entrada a las otras dos. Viaje que he procurado, de modo consciente, hacer a la inversa.

Le Corbusier se proyectará tres viviendas a lo largo de su vida, de las que construirá dos. La tercera, Ma Maison, devendrá un modelo escalable que pasará a formar parte imprescindible de su arquitectura. Las dos viviendas construidas serán complementarias: una, emplazada en un ático de la Porte Molitor en Paris, sobre un edificio que proyecta y construye él mismo, contiene su vivienda y su taller de pintira. Allí vive mientras trabaja en su estudio. La otra es el Cabanon, emplazado en Cap Martin. Allí veraneará.

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Taller de pintura de Le Corbusier en su vivienda de la Porte Molitor, París

Ma Maison, sin emplazamiento definido, parece más una exploración sobre los mecanismos de funcionamiento interno de su vivienda que un proyecto definido con un emplazamiento concreto. No hay que olvidar que, si hacemos caso de los escritos del arquitecto, este modo de proyectar no le es ajeno: la casa que el arquitecto construye para su madre a orillas del lago Léman, en el municipio de Vevey, comienza como un proyecto sin emplazamiento que se acabará adaptando a posteriori en una parcela concreta de un lugar concreto.

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Ma Maison, planos

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Ma Maison, perspectiva

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Escuela de Arte y Arquitectura, Chandigardh, inspirada directamente en Ma Maison (ver sección central)

Le Corbusier, como mucha de la gente que tiene oportunidad de hacerlo, vive en red. En su caso concreto pasará la madurez viviendo en una red que tiene por nodos obras que él ha proyectado y construido, de las que es el propietario. Le Corbusier estira su vida al margen (si es que queda margen) de sus proyectos sobre un triángulo formado por Paris, Vevey, donde vive su madre, y Cap-Martin: el Mediterráneo que adora hasta el límite de buscarse como pueda una excusa genealógica para justificar su necesidad. En cada lugar donde está el arquitecto vivirá en red. Mucha gente vive en red: desplazamientos diarios, estacionales, anuales. De casa al trabajo, del trabajo a casa. Un bar donde desayunar o tomar algo por la tarde. La casa de un amigo. Y, a partir de aquí, tanta complicación como se quiera. El hogar, o eso que podemos llamar el hogar, es un sistema más que un lugar físico, que tendrá, como último (y más importante) factor el proporcionar seguridad no tanto física como psicológica. Solos en el hogar, encerrados entre cuatro paredes, es complicado que podamos realizarnos como seres humanos.

El Cabanon es una vivienda expresamente diseñada para vivir en red. El famoso baño casi en medio de la sala (en realidad, segregado en un rincón) tiene más una función simbólica que una función real. Le Corbusier da a los aparatos de agua estándar, comprados en cualquier tienda, un enorme valor simbólico, quizá recordando sus orígenes como arquitecto higienista en un París todavía muy necesitado de infraestructuras tan básicas como una habitación de agua en cada vivienda. La cocina, para él, simboliza poco, y, como el arquitecto realiza todas sus comidas fuera de casa, no la necesita. Así que no hay.

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Sala de aguas de la vivienda de Le Corbusier en la Porte Molitor. Foto tomada desde el estar

El hecho más relevante de todo el Cabanon, sin embargo, aparece ocultado en casi todas las fotos y tan sólo insinuado en los planos: la vivienda tiene una medianera. Y no cualquier medianera, sino una medianera contra el restaurante L’Étoile de Mer, proyectado y construido por el propio Le Corbusier para su amigo Thomas Robert Rebutato. El Cabanon no tiene una sola puerta de entrada: tiene dos, una de ellas interior, parecida a la compuerta de un submarino, que da acceso directo al restaurante: no hay Cabanon a parte, separado de l’Étoile de Mer. Las dos piezas forman, desde el principio una unidad arquitectónica. L’Étoile de Mer se ampliará, poco más tarde, con una serie de habitaciones (Unidad de camping, según terminología del arquitecto), proyectadas y construídas por Le Corbusier. Que, ciertamente, habrá hecho comprar mediante terceras personas la casa E-1027, también propiedad suya, con la que tiene una relación más compleja, inabarcable aquí. Y, adicionalmente, se hará disponer a pocos metros del primer Cabanon un segundo Cabanon, exento, que usará como estudio de verano. Por tanto, el Cabanon es (tan sólo para Le Corbusier: no así para quien vaya allí a veranear) el centro de un complejo que tiene como pieza fundamental un elemento que no es propiedad de nadie, el mar, y cuatro (o cinco, contando la E-1027) piezas sin las cuales la vivienda quedará coja: le permitirán alimentarse, bañarse, disfrutar del medio y recibir a sus amigos, con los que disfruta pasando su tiempo libre.

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Puerta interior del Cabanon sobre l’Étoile de mer

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L’Étoile de Mer, adyacente al Cabanon

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Relación entre el Cabanon y l’Étoile de mer

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Unidad de Camping de l’Étoile de mer

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El taller de Le Corbusier adyacente al Cabanon

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Vista de todo el complejo: las construcciones de Le Corbusier amplian y controlan a la E-1027, que funciona como zócalo del complejo

Y es en estas circunstancias que el Cabanon está completo: pieza simbólica, también lo será su carencia de todo el equipamiento necesario para llamarlo hogar como pieza autónoma que jamás va a ser.

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La planta del Cabanon: dos puertas de acceso, sin cocina, baño simbólico. 

El Cabanon nos habla de las escalas de la vivienda y de lo que significa ser consecuente con eso, sabiendo que se vive no tanto en una pieza completa como en un nodo. Un nodo, obviamente, escalable: un nodo dentro de Cap Martin, un nodo con París y Vevey. O con Chandigardh, Nantes o Marsella: la noción de vivienda (cada vez más, en nuestro mundo) sobrepasa con mucho las cuatro paredes de lo que podemos llamar, si hay suerte, nuestra casa.

… y esto sin hablar de las redes virtuales. Lo que es otro artículo.

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Una respuesta a Apuntes dispersos para aproximarse al Cabanon

  1. José Ramón dijo:

    Fantástico.
    Me alegro de haber escrito lo que escribí sólo por haber servido de acicate para que escribieras este artículo.
    Por fin leo un análisis serio y complejo sobre el Cabanon.
    Me descubro. Has trascendido el mero análisis del objeto para reflexionar sobre el acto de habitar y sobre la compleja personalidad de Le Corbusier.
    Muchas gracias.

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